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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2018

Fundamentalismo y laicismo

Rosa Regs
Pblico

Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado tambin por Nazann Armanian, Enrique J. Dez Gutirrez, Mara Jos Farias Dulce, Pedro Lpez Lpez, Javier Sdaba Garay y Waleed Saleh Alkhalifa


Todos sabemos que segn sea quin escriba la historia, los conceptos de bondad y maldad, sabidura y estulticia, terrorismo y lucha por la libertad adquieren tintes distintos de los que conforman nuestra particular moral cotidiana. Como si nosotros no furamos capaces de comprender lo que los grandes de la tierra hablan o como si hubiera un orden superior que se rigiera por leyes morales distintas de las nuestras. Y del mismo modo que sabemos que la historia la escriben los vencedores, no nos extraa que los que detentan el poder adjudiquen a los movimientos que se les oponen calificativos que estn en consonancia con la versin que quieren que el mundo tenga de sus mandatos y de sus guerras, aun antes de que los sabios se pongan a escribir la historia. El lenguaje no es nunca inocente, y visto el uso que los poderosos han hecho de l deberamos desconfiar de entrada de las definiciones con las que pretenden explicar y justificar los conflictos que hoy nos agobian que siempre son sus conflictos una los nuestros.

Hemos visto definir el malestar de los pueblos adjudicndoles objetivos que no siempre se corresponden con los hechos. Cada cual, una vez en el poder y dueo de los ejrcitos y de los destinos de los hombres, quiere ser adems el dueo absoluto de las conciencias y se otorga el calificativo de luchador por la libertad, aunque est masacrando y destruyendo a quienes se le oponen o le impiden alcanzar sus objetivos.

De hecho, y casi sin darnos cuenta, aceptamos las definiciones que nos impone el bando al que pertenecemos, sea porque no tenemos ya sentido crtico, sea porque jams lo usamos con lo que es nuestro. Y si capitalismo se opona a comunismo, protestantes a catlicos, colonizadores a colonizados, defensores de la cultura y la religin a salvajes -como nos ensearon en la escuela en los tiempos ominosos de la dictadura y antes an-, hoy se nos impone una visin del mundo segn la cual hay dos bandos irreductibles: terroristas y defensores de la democracia y la libertad, aunque poco nos costara comprender que tan terroristas son los de un bando como los de otro. Pero nos han enseado a juzgar los conflictos y las diferencias usando distintas varas de medir por lo nuestro y por lo ajeno, de ah que nos neguemos a ver cmo comenz la lucha, quin provoc la primera embestida, y cul fue el desarrollo de aquellos iniciales escarceos, limitndonos a juzgar un acontecimiento reciente como si estuviera desprovisto de historia. Es que cuando los terribles atentados terroristas perpetrados por rabes nacidos en su territorio, que sufri, por ejemplo, Francia hace bien poco, alguna vez se habl de los bombardeos franceses de uno, dos, tres o cinco aos antes contra la poblacin siria y la de otros pases de Oriente Medio de donde eran oriundos los terroristas, por no citar la macabra historia colonial francesa en aquellos territorios a mediados del siglo pasado, o las cruzadas emprendidas por la Francia de los Capeto y el Sacro Imperio Romano durante dos siglos de la ms oscura Edad Media cuya humillacin, viva an en su corazn, los sirios vivieron como el inicio de un intento por parte de Francia de ser sometidos a Occidente que sigue vigente hoy? No, apenas un suspiro en la explicacin del odio profundo e irracional que mueve a tantos nacidos en Europa de origen rabe, casi echndoles en cara que, a pesar de habrseles permitido a ellos o a sus padres vivir en las condiciones que viven en los barrios marginados de todas las ciudades del pas, devuelvan con su desagradecimiento, su odio y su violencia los beneficios recibidos. Y es cierto, pero tambin es cierto lo contrario, en Francia y en cualquier segmento de historia violenta de cualquier pas del mundo que nos detengamos a estudiar: todos en mayor o menor medida somos responsables del terrorismo, nosotros, y todos los pueblos del mundo, por ms que todos tengamos hroes y heronas que en su da se pusieron ante un can para defender o atacar un objetivo, segn fuera la ideologa de quien nos gobernaba en aquel momento.

Recuerdo an los tiempos en que hablbamos del enfrentamiento norte y sur, trminos olvidados como si de verdad la tan glosada globalizacin hubiera acabado para siempre con la diferencia entre pobres y ricos, o al menos supusiera la posibilidad de que paulatinamente se fuera acabando con ella, como si la palabra con que la nombramos y el concepto que contiene pudieran esgrimirse ante los que acusan al neoliberalismo ms salvaje de haber invadido el mundo y haber arrasado la esperanza de encontrar otra forma de progreso que no se hiciera a costa de la pobreza del 80% de la humanidad.

Hoy todos los enfrentamientos anteriores, derechas e izquierdas, pobres y ricos, catlicos y protestantes, conservadores y progresistas, incluso nacionalistas de la periferia y del centro, y tantos otros, parecen haberse diluido ante la explicacin definitiva que se nos ha impuesto: lo que ocurre en este mundo que vivimos, lo que ha de unirnos frente al peligro que nos amenaza, es que nos encontramos frente a una guerra de culturas, de civilizaciones.

No obstante, a poco que nos dediquemos a ver la realidad que nos rodea, nos daremos cuenta de que el verdadero enfrentamiento no est en las culturas ni en las civilizaciones, sino entre los que defienden un fundamentalismo sin fisuras y los laicistas. Y entendemos fundamentalistas a los que se sienten ejecutores de la voluntad de un dios todopoderoso y magnnimo, dicen, que no tiene porqu explicar ni justificar lo que nosotros pobres mortales no entendemos, y se niegan a formar parte de un bloque homogneo, sino que como buenos fundamentalistas no admiten competencia y ven a otros fundamentalistas como representantes de otras culturas de brbaros sometidos a otra idea falsa de su mismo dios, incluso otro Dios, que no solo no es el verdadero, sino que ni siquiera existe, cuya idea vive aupada en una monstruosa artimaa con el fin de crear una sociedad falsa, cruel y siniestra contraria a la verdadera cultura, a la tradicin y a la civilizacin, que solo merece el castigo y la desaparicin. Porque el fundamentalista est convencido, o acta como si lo estuviera, de que los dems dioses son copias burdas y sacrlegas del ser supremo que l adora, obedece y defiende, el nico que engrandece a su pueblo y le da la fuerza, el coraje y la justificacin para someter o destruir a los que obedecen a los falsos dioses.

Bush contaba con el apoyo de la Coalicin Cristiana, un movimiento nacional que no slo estaba contra el aborto y los homosexuales, sino que se pronunci con respecto al huracn de Nueva Orlens como un castigo de Dios. Y que al son del eslogan debemos rescatar nuestra repblica de manos de los ateos y con el patrocinio del presidente conmovi las conciencias americanas que le daran la victoria. Acaso Bush no hablaba de una guerra de acuerdo con el mandato de Dios contra los infieles? No deca que haba que obedecer a Dios, que est con la nacin norteamericana? Y no declar Blair, su aliado en la guerra de Irak, que se sum a la invasin por obedecer los designios de Dios y que por tanto slo Dios podra juzgarle?

Bien mirado, no son distintos de los fundamentalistas musulmanes que en nombre de Al dictan fatwas contra los infieles y necesitan mrtires para combatir la decadencia de Occidente, calificando de Satn a Bush del mismo modo que Bush los calific a ellos como eje del mal.

Hoy Bush ya no existe, pero s quienes defienden lo que l defenda, y adems con el mismo entusiasmo e igual forma de atacar al contrario, que convierten en justificacin de la guerra quinta o sexta que emprenden en un mismo ao con la mano en el corazn y la mente en el Altsimo que los ampara.

Quin de entre los que dudan de las informaciones que a travs de nuestra prensa nos llegan de las agencias de noticias norteamericanas, no entiende que esto mismo se dirime en la absurda, siniestra y mal llamada guerra civil de Siria? Acaso pasamos por alto que la guerra y la defensa de los terroristas por parte de Arabia Saud, Israel y los occidentales, en la defensa de los igualmente mal llamados luchadores por la libertad que acaban convirtindose en grupsculos terroristas, no tiene en cuenta que su afn prioritario es convertir la sociedad multiconfesional siria en otra rendida a ciegas a un nico Dios, Al en este caso, que lo sabe todo y lo exige todo? Efectivamente, as han acabado en manos y al servicio de fundamentalistas mucho ms preparados y poderosos. La multi confesionalidad en la que cada religin, sea cual sea su nmero de fieles, y sea cual sea el paraso que nos espera incluso si no nos espera ninguno, con sus distintas formas de entender el delito y la convivencia tiene los mismos derechos y privilegios que las dems, es una forma de laicismo que se contrapone al fundamentalismo, es decir a la defensa del poder total de nuestros dioses monotestas sea cual sea el nombre y aspecto con que lo revisten quienes llevan siglos imponiendo su doctrina por todos los medios a su alcance.

Dos concepciones que explican el mundo a travs de la divinidad en manos del poder que monta guerras e invasiones en nombre de un Dios que est con ellos, exigindoles comportamientos que prescinden de los derechos civiles, de los derechos humanos, para los que no cuentan los valores universales y laicos, de justicia, libertad e igualdad.

As es el fundamentalismo: antepone las creencias a las ideas, y lo que hoy estamos viviendo en sus distintas versiones es el intento por parte de quienes detentan el poder de imponer al mundo un dios guerrero y todopoderoso al que hay que obedecer, aunque nos exija matar a nuestro hijo para demostrarle fidelidad, y en nombre del cual efectivamente matamos, torturamos, destruimos y expoliamos al planeta, a los pases y a sus ciudadanos, sean fieles de otro dios o tengan la conciencia libre de opresiones celestiales. No importa cul sea el dios elegido ni como vaya disfrazado y de qu: al poder cualquier dios le sirve con tal que tenga armas capaces de someter a hombres y mujeres con promesas o amenazas que exijan obediencia y creen adiccin. Siempre despiadado y tan etreo e imaginativo como un dios virtual o tan material y tangible como el poderoso dios del beneficio, por ejemplo, de la ciega especulain y del feroz consumismo que nos convierte en voraces monstruos que a su servicio mantenemos en la miseria a ms de medio mundo mientras destruimos a conciencia la tierra, los mares y el aire que respiramos.

Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/25901/fundamentalismo-y-laicismo/



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