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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-06-2018

Humanos en jaulas

Daniel Bernab
La Marea

El desastre, descontando muertes, familias destrozadas, explotacin en la tierra prometida, es que estamos interiorizando que el crimen de clase, de pobreza, de extranjera, es un mal necesario


Una imagen de Hijos de los hombres

 En el ao 2006 se estren Hijos de los hombres , una pelcula de Alfonso Cuarn basada en la novela de la escritora P.D. James. Del desarrollo del argumento tiraba una hiptesis distpica: la especie humana era incapaz de reproducirse. Apenas se nos daban pistas sobre el desencadenante de nuestra extincin, s de las consecuencias de la catstrofe. Sin horizonte, la sociedad se haba desmoronado y solo quedaba la orgullosa Gran Bretaa como faro de la civilizacin, eso s, en su peor forma.

La accin, situada a mitad de la dcada de los aos veinte del presente siglo, nos mostraba un pas fascista a travs de los ojos de un funcionario cualquiera, interpretado por Clive Owen, que acaba envuelto en una trama subversiva por su pasado activista. Quiz lo peor del derrumbe que aparece en pantalla no son las realistas escenas blicas del final de la historia con un plano secuencia magistral, sino la sociedad mostrada al principio de la trama donde se adivinan dos clases de personas, las que an conservan la ciudadana britnica y las que no .

Mientras que una parte del pas parece seguir con su devenir cotidiano, agachando la cabeza como topos con complejo de desmemoria, se suceden escenas en las que riadas humanas son confinadas en jaulas, conducidas industrialmente hacia una especie de campo de refugiados en la costa sur inglesa . Unos compran su desayuno en un Londres hipercontaminado, otros aguardan un destino incierto intentando comunicarse con un guardia impertrrito clavado al suelo junto a su rifle de asalto. Agitar unos papeles, un salvoconducto sin validez a travs de unas rejas, como smbolo de esas formas intiles que tratan de hacernos respetables.

Cuando vi la pelcula, hace doce aos, me toc de manera especial. Seguramente porque el protagonista tena una edad parecida a la que yo tendr en el horizonte temporal propuesto. Era extrao, en aquella poca, ver como pasado remoto las protestas contra la guerra de Iraq, el ajetreado comienzo de siglo. Ms extrao imaginarse que a la prspera sociedad del fin de la historia le poda aguardar un devenir tan funesto. An as, durante todo este tiempo, he recomendado la pelcula con un antettulo inquietante: si quieres saber cmo va a ser nuestro futuro, chale un vistazo.

Lo que no pensaba, lo que no pensbamos, es que nuestro presente alcanzara tan rpido ese umbral. Es estremecedor que la realidad confirme las peores ficciones.

Cuando Hijos de los hombres fue rodada, su motor de conflicto fue la presidencia de George Bush Jr., el artfice en dinamitar un derecho internacional que, incluso con sus lmites, haba servido para evitar algunas escaladas blicas. Aquella mentira de las armas de destruccin masiva , presentada ante la ONU por Colin Powell en tres tristes power points, no fue solo la excusa para la intervencin armada en Iraq, sino el punto de quiebra para dinamitar los consensos diplomticos de posguerra e introducir un cierto elemento privatizador en las invasiones. La idea no era nueva, sino el regreso de la Compaa Britnica de las Indias Orientales.

Hoy me encuentro con un vdeo en redes sociales de esos que hay que reproducir dos veces para asimilar lo visto. Un pabelln, poco ms que un polideportivo de provincias, alberga a seres humanos en jaulas. Un hombre armado conduce a un grupo de periodistas con la intencin de demostrar la tolerancia cero una expresin de arquitectura ridcula que su gobierno depara a la inmigracin ilegal . Las imgenes han sido grabadas en Texas, Estados Unidos. Y si han tenido un eco especial ha sido por un detalle administrativo: la separacin forzosa de menores de sus familias. La burocracia como asepsia ante lo ms humano.

Nosotros, habitantes de la Europa del progreso, no tenemos ni a Mxico ni la megalomana del muro, pero s al Mediterrneo y frica al sur. El verano, que antes era la estacin de las tensiones bajas, se ha presentado estos ltimos aos como la oportunidad idnea para que grupos de personas intenten saltar el mar para llegar a una tierra que consideran propicia. El resultado son barcos a la deriva, centenares de ahogados, un juego siniestro entre mafias y rescatadores donde las piezas son humanos que en un lado parecen sobrar y en el otro incomodar.

De vez en cuando aparece una foto, un reportaje, que remueve conciencias. El problema es que elpathos de la mayora de ciudadanos se disuelve entre la incapacidad y el hartazgo cotidiano. Mientras, la ultraderecha, que ha dejado de ser carne de documental histrico para pasar a ser condimento de la actualidad parlamentaria, hace su agosto publicitario hablando de invasiones, cruzadas y recursos limitados. Ya no son una ancdota pintoresca, gobiernan pases por toda Europa.

Algunos ciudadanos, hurfanos de voz y de contexto, les compran el discurso. Odiar a fondos de inversin y bancos centrales es emocionalmente complicado. Visualizar al moro integrista o al salvaje africano es mucho ms fcil. Podemos hablar ahora de postverdad y cargar contra los angry white men. Lo cierto es que los ltimos cuarenta aos de neoliberalismo han engendrado esto premeditadamente: cuando no tienes identidad de clase pero tu vida se sigue rigiendo por las intemperies de lo asalariado, te echas en brazos de quien te recuerda, de quien te pone cara, de quien te proporciona un papel, por muy mezquino, miserable y grotesco que resulte.

Mientras, un tiparraco que parece salido de los postres de una comida de promotores inmobiliarios y proxenetas, dice que va a censar a los gitanos . Se llama Salvini, es el ministro de Interior italiano. Maneja presupuesto, tiene autoridad, dispone de un cuerpo de miles de hombres armados y uniformados que acatan sus rdenes.

De momento los seres humanos podemos seguir con nuestro ciclo reproductivo, por lo dems la ficcin cinematogrfica del inicio ha quedado ensombrecida por nuestro presente.

La prensa liberal, alguna con cierta decencia humanitaria, otra olvidando por completo sus valores cristianos, juega al despiste, al cortoplacismo electoral o a lo sumo al anlisis de las malas decisiones. Parece cierto que hay votos, simpatas y salidas desesperadas que resultan letales para los derechos humanos. Parece obvio que hay una cohorte de advenedizos que estn revolucionando sus pases contra la UE, no desde lo popular sino desde lo sectario. Lo cual no implica que reducir la enfermedad a los sntomas sea un anlisis acertado, a lo sumo apropiado para quien tiene pecados que esconder. Este no es el resultado de una serie de catastrficas desdichas, de una jugada adversa con los dados. Es lo que pasa cuando la poltica se reduce a la funcin de bedel en el casino global.

Los inmigrantes, los refugiados, por perder han perdido hasta la identidad. En un mundo donde sufrimos de agorafobia al abandonar nuestro preciado individualismo, pero a la vez nos angustiamos por fingirnos diferentes, superiores al vecino, las personas que cruzan el mar no son nada ms que una etiqueta ambigua y difusa. Detrs de la tiritona y la manta, detrs de los ojos suplicantes y temerosos, detrs de las manos que se estiran por asir un salvavidas, hay personas tan complejas como usted y yo.

Quiz se encuentre una enfermera siria, atea, que en el ao 2006 se rea con alguna telecomedia. Quiz un sudans que vibr con una final de la Champions League. Quiz una futura madre nigeriana que quiere un futuro para sus hijos. Y s. Quiz haya algn integrista, algn delincuente, algn asesino. El mal huye de la miseria y la guerra tanto como la normalidad y el bien.

El problema, lo que se suele olvidar, es que esta gente no atraviesa frica, en un viaje lleno de peligros de un par de aos, por gusto. Lo que se obvia es que la destruccin de los Estados sirio y libio ha sido una bomba de relojera para nuestra preciada integridad territorial. Lo que no se quiere ver es que nadie deja atrs su tierra, su familia, su cultura, su pasado, si no tiene razones poderossimas, a menudo de vida o muerte. Quiz a usted no le agraden los inmigrantes, posiblemente a ellos tampoco les hace ninguna gracia tener que convertirse en uno.

El desastre, descontando muertes, familias destrozadas, explotacin en la tierra prometida, es que estamos interiorizando que el crimen de clase, de pobreza, de extranjera, es un mal necesario. Acabaremos tambin en jaulas, agitando papeles ante soldados desconocidos, siendo un nmero ms de una estadstica indiferente.

Fuente: https://www.lamarea.com/2018/06/20/humanos-en-jaulas/



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