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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2018

Cuestiones metodolgicas para pensar los tiempos histricos

Andrs Lund Medina
Rebelin


La historia no tiene sentido filosfico. Es, sin embargo, polticamente inteligible y estratgicamente pensable
Daniel Bensad, Marx intempestivo    


Los tiempos histricos resultan incomprensibles o falseados si se piensan desde un determinismo y/o fatalismo econmico; tampoco pueden ser pensados por un finalismo histrico ni, mucho menos, por un esquema universal de la Historia. De hecho, todo momento histrico del tiempo largo de la Modernidad es una coyuntura concreta y conflictiva, en donde la necesidad se une al azar y, tambin, a la libertad. La Historia debe ser liberada de fatalismos para recuperar en ella la posibilidad de la libertad (aunque sea condicionada, obstaculizada, negada), pues slo con ella es posible pensar y proyectar una accin poltica emancipadora que puede hacer historia (con conciencia y fines liberadores).

-Y es que la propia Modernidad es una temporalidad desgarrada por las tendencias emancipadoras que la atraviesan y por las directrices del dominio capitalista que se desarrollan en su seno, por la apertura constante de posibles histricos (contingentes y potenciales) as como por los desarrollos desiguales y combinados de las esferas sociales.

No hay, entonces, un Tiempo histrico homogneo, unilineal, necesario, que se dirige hacia la Razn, la Libertad, el Progreso, el Comunismo o el Apocalipsis. Por lo contrario, los tiempos histricos (y, sobre todo, los Modernos) son heterogneos, abiertos y arbreos, con tendencias y contratiempos, con discordancias y posibilidades de una intervencin colectiva humana libre, consciente y finalstica.

Con todo, es necesario admitir que la vertiente capitalista de la Modernidad impone una aceleracin de los tiempos sociales.

Para la enajenada y enajenante esfera econmica del mundo moderno, esto es: para el Capital, el tiempo es dinero (D), de modo que con celeridad genera sin cesar novedades mercantiles, tecnolgicas y cientficas en su impulso productivista (M), generando tambin un consumismo compulsivo para que las ganancias se realicen (D-M-D). Por eso, este tiempo siempre tiene prisa y corre con rapidez.

No existe tal vrtigo en las otras esferas sociales, pese a estar integradas en una totalidad compleja y dinmica. Sin embargo, stas no dejan de vivir una aceleracin de sus temporalidades, influidas directa o indirectamente por el dinamismo capitalista. Pero para entender el tiempo social se debe reconstruir tal totalidad procesual, en sus mltiples determinaciones, en sus discordancias.

Por ejemplo, la cultura tambin est sujeta a un permanente cambio, aunque ms lento y parcial. Toda cultura est determinada tanto por las significaciones imaginarias (de identidad y de sentido) que instituyen mundos de vida diversos, como por el cruce de ideologas (saberes interesados) en pugna y creencias que contienen elementos conservadores as como resistencias a la homogenizacin disolvente del capitalismo y atisbos de utopa.

En nuestros das, los Medios de comunicacin de masas se ocupan de conducir, controlar y ritmar esos cambios culturales, jugando un papel central en el dominio poltico al intentar formar un consenso (necesariamente superficial en la sociedad del espectculo que proyectan los medios) y al forzar la reproduccin ideolgica de la sociedad instituida.

En el caso de la esfera poltica, siempre existe el riesgo de una ruptura de los tiempos, por ser sta una esfera desgarrada y en pugna constante. Por eso, toda institucin del poder trata de impedir que el conflicto social, velado y soslayado, salga a la luz. El dominio de lo poltico consiste, justamente, en evitar que la soterrada y permanente lucha de clases trascienda al terreno de la poltica: al de la puesta en cuestin del poder que ejerce el grupo dominante sobre la vida pblica, pues ello puede generar una inesperada irrupcin de los grupos dominados en la disputa poltica que precipite transformaciones vertiginosas en el conjunto de la sociedad (una ruptura temporal intempestiva).

Es por eso que el Estado se ocupa de encubrir o naturalizar los conflictos sociales irreconciliables (generados por la pobreza, la desigualdad, las injusticias sociales, la explotacin, las opresiones diversas o la exclusin), o bien de regularlos para que no alcancen el terreno de la poltica. El Estado enajenado moderno pretende congelar los tiempos sociales permitiendo el juego poltico (elecciones y sistema de partidos que no cuestionan el poder de las oligarquas dominantes ni la Dictadura del Capital) al tiempo que confisca la poltica. Y sin el espacio pblico de la poltica, de la intervencin en ella para decidir sobre los asuntos de la polis, los presuntos ciudadanos siempre sern idiotas aislados en su mundo privado, alejados de las decisiones centrales de la vida pblica y dominados por poderes ajenos.

En cambio, en la esfera del arte, en donde no hay control alguno y existe una contaminacin de la mercantilizacin de las relaciones sociales, el juego creativo avanz a un ritmo tan acelerado que el arte moderno se divorci de la vida social, a veces cuestionndola y en ocasiones sirvindole como mera mercanca-espectculo.

Por todo lo anterior, la Modernidad se caracteriza por los tiempos (econmicos, polticos, culturales) desacordes, rotos, inarmnicos, contradictorios. Pero esos "tiempos modernos" se rigen por los "ciclos infernales del Capital" -esa fuerza econmica enajenada y enajenante que estudi Marx-, por las transformaciones que estas rotaciones imponen al mundo y las resistencias que suscitan, por la barbarie que despliegan y por las posibilidades revolucionarias que abren.

En una oleada de expansin de esa potencia enajenada se levant un sistema colonial pero en otro impulso de ideas y luchas libertarias se desmont parcialmente. En un ciclo se industrializ la produccin y al mismo tiempo se constitua el movimiento obrero, cobrando forma el imaginario socialista y la lucha anticapitalista. En una amplia rotacin el Capital se transform en imperialismo, abriendo una poca de guerras y revoluciones. Se abra de esta manera otra acelerada temporalidad: la era de la revolucin permanente, con sus avances (la revolucin de Octubre, la revolucin mexicana, los movimientos anticoloniales, la rebelin del 68) y sus retrocesos (la revolucin traicionada por el Termidor estalinista o por el PRI, las guerras mundiales, las contrarreformas neoliberales, la recolonizacin mundial). No hay ningn fin de la historia pues nuestros tiempos an son de luchas.

Sin embargo, el largo plazo de la era de la revolucin permanente se ha puesto en entredicho porque el desarrollo capitalista ha abierto amargas posibilidades catastrficas con el Calentamiento Climtico Global y el Ecocidio planetario en curso.

Los posibles futuros de libertad y de despliegue de las potencialidades humanas parecen clausurarse por un presente obstinado en llevar al desastre ecolgico y social a la humanidad.

Todo parece indicar que si no le ponemos un freno a la enajenada Mquina productivista del capitalismo, sta nos llevar al desastre ecolgico (a una Nueva Era geolgica sin humanos) y social (a una drstica reduccin de la poblacin), e incluso al fin de la civilizacin humana. Gracias a la enloquecida dinmica capitalista, est en juego el tiempo largo civilizatorio para humanizar el mundo social y emancipar del Capital a la humanidad.

Nuestra Apuesta revolucionaria para cambiar la vida, transformar el mundo y cuidar a la naturaleza se hace ms incierta pero ms urgente, pues queda claro que el capitalismo carece ya de futuro que no sea este presente obstinado en la barbarie y el desastre civilizatorio.

Un capitalismo sin futuro es aquel cuya esfera econmica gira sin control humano hacia la catstrofe ecolgica (Calentamiento Global y Ecocidio planetario). Una economa que slo promueve la barbarie social, sea con una renovada explotacin (intensa, con salarios insuficientes, sin derechos ni prestaciones) o con la restauracin de diversas esclavitudes (infantiles, laborales, sexuales), sea con el despojo, mercantilizacin y privatizacin de todo (humanos, recursos naturales, bienes pblicos, conocimientos, cdigos genticos, etc.) o con la masiva y tajante exclusin de naciones, clases y capas sociales enteras de formas de vida dignas.

Un capitalismo sin futuro es aquel cuya cultura ha sido erosionada por la idolatra al Dinero y la compulsin consumista, promoviendo el individualismo asocial y la criminalidad, as como modos de vida colonizados por las relaciones mercantilizadas y lo cuantitativo, eclipsando de este modo los valores cualitativos y el propio sentido de la vida, permitiendo as el avance de la insignificancia: una cultura vaca que reproduce vidas privatizadas y enajenadas, en las que se cultiva la evasin y la desmemoria. Un capitalismo sin futuro ni sentido es el que quiere reducir la existencia humana de las poblaciones no excluidas o esclavizadas, a trabajar, ver la televisin (o navegar por Internet) y consumir.

Un capitalismo sin futuro es aquel que se encuentra con una Modernidad poltica quebrada, que al mismo tiempo que desnuda el poder oligrquico (quitndole sus ropajes democrticos) promueve la despolitizacin y la idiotizacin generalizada; una modernidad donde lo poltico domina sin consensos o hegemona, por la mera coercin, la guerra permanente y el terrorismo de Estado, mientras derrumba sus instituciones polticas civilizadoras: el Estado social y el Estado de Derecho. Instituciones levantadas, por cierto, en esos tiempos intempestivos de las revueltas y las revoluciones instituciones que hoy se encuentran en vas de ser sustituidas por un abierto Estado policiaco, que tiende ya a dominar naturalizando al Estado de Excepcin.

Un capitalismo sin futuro es aquel que ante el reto del Cambio Climtico construye un megabanco de semillas en el Polo Norte, como una Nueva Arca de No, compra derechos para seguir contaminando, planta rboles y apaga la luz pero no est dispuesto a consumir menos combustibles fsiles que emiten gases de efecto invernadero en la atmsfera ni, mucho menos, a cerrar las industrias petroleras, de carbn, automovilsticas, siderrgicas, mineras. El capitalismo carece de futuro porque slo puede ofrecer ms de lo mismo, su presente obstinado: productivismo/consumismo, polarizacin social y enajenacin humana, devastacin ecolgica y ms gases de efecto invernadero en la atmsfera.

No est claro cunto ms durar el sistema capitalista, pues ello depender de la irrupcin de las mayoras en la poltica o del colapso del Cambio Climtico, pero es patente que se ha agotado ya el Tiempo del Dinero y de la Mercanca, el del Valor abstracto (enajenado) y la Plusvala, el del Mercado y la Mquina productivista.

Por eso, tambin, es urgente apostar por Otro Tiempo Posible, ms lento y verdaderamente humano: el tiempo cualitativo en el que, con libertad, democracia e igualdad, sea posible el florecimiento de la humanidad y el cuidado de la naturaleza. Pero esa apuesta es irremediablemente poltica y pasa por la reconstruccin de una izquierda anticapitalista y ecosocialista que impulse la generacin de una enorme fuerza social que, al confrontarse con el capitalismo, luche por un futuro y una humanidad ms all del Capital...

-Sin embargo, tambin podemos pensar los tiempos histricos sin tomar partido, sin politizarlos, sin ubicarnos en una trinchera. Entonces nos salimos de la coyuntura presente y slo percibimos a la Historia como un relato contado por un idiota, lleno de furia y ruido, que no significa nada.

-Pero, si a esas vamos, habra que decir que la vida humana tambin carece de sentido, aunque existir humanamente es tratar de darle sentido. Lo mismo puede ocurrir con la historia presente que cada uno vivimos: al politizarla podemos comprenderla e intentar darle sentido.

Para pensar los tiempos histricos necesitamos politizarlos y tomar partido. Por eso podemos terminar estas notas metodolgicas recordando, otra vez, a Daniel Bensad: "Politizada, la historia se vuelve inteligible para quien quiera actuar para cambiar el mundo." (Marx intempestivo)

Y, finalmente, eso -cambiar el mundo- es lo que quiere la poltica de una izquierda que toma partido y vuelve su horizonte utpico (ecosocialista) proyecto poltico, razn estratgica y accin poltica que no se queda en resistencias sin horizonte de futuro. Porque, no lo olvidemos, el futuro (y el pasado!) siempre se disputan desde este presente desgarrado. Walter Benjamin sostena que no hay un instante que no traiga consigo su chance revolucionaria Para el pensador revolucionario, la chance revolucionaria peculiar de cada instante histrico resulta de la situacin poltica.

Se trata, entonces, de pensar la situacin poltica para aprovechar el chance revolucionario.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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