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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-06-2018

El poltico como espcimen

Jaime Richart
Rebelin


El oficio y profesin ejercidas en tanto que especialidad, si bien aquilatan la solvencia y eficacia de un quehacer, imprimen carcter al individuo y al tiempo deforman en cierto modo su percepcin de la realidad respecto a quien no es especialista. Pues es norma y normal la dificultad que experimenta el profesional para salirse del objeto de su habitual estudio o examen y tomar distancia suficiente de esa visin y de s mismo para contemplar la otra realidad como los dems mortales. Reflexiona poco fuera de la materia que domina. Es ms, cuanto ms celo menos reflexiona sobre lo que no es lo suyo, y ms se deforma como pensante. Por ello el especialista, y el poltico lo es, suele hablar por clichs, eslganes y tpicos...

En efecto. Hay numerosas situaciones en todos los pases vertebrados en democracia de partidos, pero sobre todo en Espaa, que ponen de manifiesto la distancia mental existente entre el ciudadano comn y el poltico. Sobre todo cuando el poltico ya est en la gobernanza. Cuando ostenta el poder, unos ms y otros menos pero todos, el poltico es irremediablemente corrupto. Fuerzas colosales ajenas a l, por ms empeo que ponga en evitarlo, condicionan su voluntad lo bastante como para hacer muy problemtica su exacta integridad y su coherencia de una manera permanente. Entre lo que piensa y siente, lo que dice, lo que quiere hacer, lo que hace... y lo que puede hacer, apenas hay correspondencia salvo en asuntos de escaso fuste. Unas veces porque se ve obligado a hacer lo que no quiere y otras por verse obligado a desistir de lo que quera hacer, el poltico gobernante ms honesto es un juguete de los poderes fcticos evanescentes: el econmico, el religioso y el castrense. Antes de llegar al poder, su afn se lo oculta, pero luego va comprobando que al intentar llevarlas a la prctica, sus ideas o su ideologa se malogran. Si el poltico sigue en el poder, esperando la oportunidad que unas veces nunca se presenta y otras tarda mucho en presentarse, para quienes no somos polticos el dirigente ya est en cierta manera corrompido. Pues su actitud, y llegado el caso su conducta, entre pasivas y frustradas por la impotencia, invitan a la ciudadana a imitarle. Pues de ese modo puede sta enmascarar y justificar su corrupcin, aunque ante la justicia no le sirva de nada, al igual que la monarqua y la dictadura generan imitadores del dictador o del monarca, en los aspectos ms sombros de ambas instituciones.

Digamos que lo expuesto no tiene solucin. Slo remiendos y pblica condescendencia. Pero lo que s influye, y mucho, en la condicin del poltico en el poder y en su posibilidad de atemperarse, son estas dos cosas: una es el tiempo de permanencia. Cuanto menos tiempo lo ostente, menos probabilidad de corromperse. La otra es la forma de Estado. Una Repblica favorece mucho menos la corrupcin que la Monarqua, pues aun estando siempre expuesto a ella, el dirigente de la Repblica est ms cerca del pueblo y de su modo de ver las cosas que el monarca rodeado de las lites. Mientras que el gobernante de la monarqua, est ms lejos del pueblo de igual modo que el rey lo est de sus plebeyos.

Que no sea posible evitar todo eso porque la poltica y los polticos son imprescindibles y preferibles a cualquier otra forma de gobierno y de estado, es algo tan discutible como tantas otras cosas, pero en todo caso asunto a tratar aparte. Eppur si muove...

 

Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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