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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-06-2018

Biosindicalismo alimentario

ngel Calle Collado
eldiario.es

El reciente Congreso Internacional de Agroecologa celebrado en Crdoba, en el que se encontraron cerca de 500 personas de 12 pases distintos


Cmo tendramos que organizarnos para alimentarnos de otra forma? El reciente Congreso Internacional de Agroecologa celebrado en Crdoba, en el que se encontraron cerca de 500 personas de 12 pases distintos, nos propuso (re)politizar nuestros sistemas agroalimentarios. Asumir la alimentacin como un hecho social del que depende la reproduccin de nuestras vidas, nuestra cultura, nuestros territorios. No es, por tanto, reducible a un nuevo nicho de consumo, a una produccin crecientemente industrializada o a una bsqueda reducida a facilitar (cada vez para menos gente y en condiciones menos saludables) una ingestin diaria de dos mil y pico caloras.

La falta de (re)politizacin alimentaria impone varios cercamientos a los habitantes del Sur global y crea una situacin de crisis al conjunto de la humanidad. Son cercamientos fsicos los monopolios de campos para alimentar la dieta hipercrnica de una minora. Son cercamientos polticos la intensificacin productiva con apoyos pblicos; o la ayuda alimentaria que propicia un control social de quienes son situados ms abajo en nuestras sociedades duales. Tambin sabemos de cercamientos econmicos: tendrs que beber de paquetes tecnolgicos cada vez ms costosos, ajenos e inteligentes y venders a la gran distribucin como nica salida. No faltan los cercamientos transversales: fundamentalmente mujeres y mayoritariamente las campesinas y campesinos lejanos a las grandes urbes habrn de sostener las cadenas que van de la siembra a la mesa para que los cuerpos y sus lazos sigan sostenindose. Y quienes habitamos algn Norte, algn espacio social con ciertas condiciones para la eleccin y el acceso regular a comida, tambin recibiremos nuestra parte de la plaga: nutricin no adecuada, participacin en un consumo que no para de retroalimentar el cambio climtico; desinformacin meditica y publicitaria que nos impide destejer el negocio de la comida, alejndonos del derecho a una alimentacin saludable, a un medio rural que nos sostenga, y a tecnologas no basadas en los intereses exclusivos de lites y pseudociencia.

Qu hacer? Hemos sabido en este y otros encuentros sobre agroecologa que an en condiciones adversas la produccin y no slo la alimentacin ecolgicas estn encontrando resuellos en nuevas iniciativas, en nuevos perfiles de simpatizantes y consumidoras que se acercan por problemas de salud o sensibilidad ambiental. Somos conscientes de que necesitamos disputar esferas de legitimacin, investigacin y apoyo del rgimen organizado de malnutricin del planeta. Tenemos que frenar los epistemicidios que borran saberes fundamentales para la nutricin: sobre biodiversidad, en la cultura gastronmica, en el conocimiento y valoracin de nuestros medios rurales y sus formas diversas y especficas de producir de forma sana. Nos han impresionado los testimonios de organizacin desde abajo de miles de agricultores y agricultoras de La Via Campesina, la visibilizacin de redes de mujeres a travs de proyectos como Ganaderas en Red, saber de renovadoras escuelas agroecolgicas que siguen a Paulo Freire o a Ivan Illich por toda Europa y Amrica Latina, entender que la escala no es un problema cuando se cuentan con mimbres de comunalidades (lazos y comunidades) que construyen cooperativismo como la Tozepan en Mxico para ms de 30.000 familias, junto con otras iniciativas que trabajan la intercooperacin y la defensa de nuestra casa comn, como son los mercados sociales-solidarios, las agriculturas (peri)urbanas o las plataformas en defensa del territorio y en apoyo de manejos agroecolgicos, propias en este pas de una Agroecologa en 3 C: aquella centrada en circuitos cortos, cooperacin local, cuidados de la casa y de los lazos sociales.

Precisamos reinventar las formas de alimentarnos y las formas de relacionarnos. Innovar no puede significar adaptarse a las tecnologas y concentraciones que impone el actual rgimen alimentario, sostenido por instituciones pblicas. Son tiempos para un Biosindicalismo Alimentario: organizarse y organizar la produccin alimentaria desde el derecho a la alimentacin y a la nutricin saludables y adecuadas; fomentar la relocalizacin de producciones y mercados ante un previsible colapso (energtico, econmico y social) de nuestros regmenes agroalimentarios; as como impulsar nuestras economas vivas, aquellas enraizadas conjuntamente en economas sociales, solidarias, ecolgicas, feministas. En definitiva, la alimentacin como eje de lucha frente a las vidas que se arrebatan, se invisibilizan, se malnutren, se desemplean, se agonizan en pos de unos beneficios monetarios que no se pueden comer y que nos suicidan ambientalmente.

Y por quines y para quines? La produccin agroecolgica que plantea una vinculacin sostenible con nuestros territorios, los mundos rurales que luchan por seguir vivos y las excluidas alimentarias de cualquier Sur global, as como las personas afectadas por las consecuencias ambientales y nutricionales del actual negocio de la comida, deberan ser las cuatro patas principales de una articulacin que se ancla en territorios pero que quiere disputar conjuntamente regmenes agroalimentarios. Hablo de sindicalismo para recordar las bases de produccin, circulacin y consumo que tienen los alimentos en el marco de economas capitalistas. Se trata de organizar cadenas de otra forma: biorregiones en lugar de logsticas definidas por mercados centralizadores; circuitos cortos y directos como base para sembrar otras relaciones entre produccin y consumo. En definitiva, un nuevo hardware. Para lo que necesitamos as mismo un nuevo software alimentario: unas ciudades que reclaman el derecho a la alimentacin, demandando equipamientos esenciales donde asentar esos derechos, asumiendo que deben ceder privilegios en su ingestin de materia y energa hacia territorios ms autnomos; un mundo rural que tendra que custodiar dichos territorios para que sigan siendo bienes comunes, nutriendo ciclos que aumentan la fertilidad y no la disminuyen. Lo Bio, por ltimo, no slo como expresin de cierre de ciclos y produccin ecolgica, tambin como esferas de contrapoder que van de la mano de luchas por la justicia ambiental o por la co-gestin solidaria de territorios. Bio que es planetario, articulador entre economas centrales y perifricas donde sucumbe el Sur global, ya muy instalado en los propios pases europeos. Bio que niega y contesta las etiquetas de lo ecolgico entendidas como un certificado, como un nuevo cdigo de barras. Bio que articula el campo alimentario desde demandas de salud, de justicia ambiental, de radicalizacin de la democracia y de reproducciones centradas en la vida.

Fuente: http://www.eldiario.es/ultima-llamada/Biosindicalismo-alimentario_6_780831928.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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