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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-06-2018

El ocio de la tierra

Mario Valds Navia
La Joven Cuba


Los espirituanos formamos un pequeo gnero humano que se caracteriza por muchos atributos, pero el ms llamativo es la mezcla de urbanismo y ruralidad que siempre nos acompaa. A pesar de tener ms de 500 aos, Sancti Spiritus es una ciudad donde el campo est tan presente que vivimos orgullosos de ser guajiros. Por eso me duele tanto ver tanta tierra desatendida por todo el pas y dejada a merced de su hado protector: el marab, en medio de tantos llamados infructuosos a alcanzar la soberana alimentaria.

Lo peor es que hace 189 aos, en 1829, ya el Segundo Descubridor de Cuba, Alejandro de Humboldt, se haba quejado del problema y advertido la gran contradiccin que an encierra: nos encontramos con una importacin anual de comestibles de siete y medio millones de pesos que exige anualmente al comercio exterior una poblacin de menos de un milln de hombres libres, colocada sobre el suelo ms frtil, y el ms capaz, por su extensin, de alimentar a una poblacin por lo menos seis veces ms considerable.

La persistencia histrica del problema tiene varias causas pero una es sostenida: el predominio del latifundio. En toda nuestra historia su tendencia ha sido cada vez ms creciente: en la colonia fueron las plantaciones esclavistas; en la repblica, las grandes propiedades de los monopolios azucareros yanquis y los terratenientes criollos y en la Revolucin, la consolidacin de las inmensas granjas/planes estatales que unificaron decenas de fincas y colonias en inmensos latifundios socialistas.

El pensamiento econmico cubano ha estudiado este fenmeno desde la colonia hasta nuestros das pero, siendo optimistas, vale decir que el cuartico est igualito. Desde Jos A. Saco, F. Fras, R. de la Sagra y R. Guerra, hasta el investigador actual Armando Nova Gonzlez, los estudiosos han revelado sus insuficiencias y mostrado el modo de superarlo que es comn para todas las pocas: sustituir el paradigma latifundista por el de la mediana y pequea produccin, diversificada, tecnificada y ecolgicamente sustentable.

Pero parece que los intereses de los grandes propietarios se han mostrado siempre ms fuertes que los argumentos de sus detractores. En la etapa socialista, la decisin de no repartir las tierras nacionalizadas con las leyes de reforma agraria de 1959 y 1963, sino mantenerlas unidas en granjas estatales tipo sovjoses, para dedicarlas a la produccin extensiva, fue el germen del nuevo latifundio. Sus extensiones se ampliaron posteriormente con la poltica anti-ecolgica del desmonte masivo para ampliar las tierras de labranza, a lo que se sum el proceso de cooperativizacin, reforzado a partir de los 70, que condujo a la creacin de CPA tipo koljoses, algunas muy productivas y otras ya desaparecidas.

Desde que se inici la Actualizacin se plante la necesidad de entregar tierras ociosas a los cubanos que quisieran trabajarlas no dudo que en cualquier momento se apele a colonos extranjeros, como era comn en otras pocas− y se emiti el decreto-ley 259 que permiti entregar ms de un milln de hectreas a productores familiares. El proceso ha sido lento y cargado de trabas pues se inici sin suministros, crditos, ni compras mayoristas, cuestiones que ya se han introducido parcialmente de tal forma que sus frutos son evidentes en varias ramas y regiones del pas.

Pero lo peor es que queda ms de un milln de hectreas ociosas por distribuir y no se puede hacerlo porque las empresas propietarias no las entregan ni con los guardias. Esta paradoja de ndole kafkiana no ha podido ser superada ni por los ucases de la alta direccin del pas en los eventos ms importantes, ni por la apelacin patritica a la seguridad alimentaria como un componente estratgico de la seguridad nacional.

Todo parece indicar que har falta una tercera ley de reforma agraria que le arrebate las tierras ociosas a los grandes propietarios actuales, o en cualquier momento aparecer una versin cubana del MST que empezar a auto-apropiarse de las excelentes tierras que las grandes empresas acaparan para s. Sospecho que esto se debe a que quizs se enteraron de que el marab entr a Cuba como planta ornamental y consideran que as coadyuvan a adornar las mrgenes de nuestra autopista nacional y, de paso, evitan el ocio de la tierra.

Fuente: http://jovencuba.com/2018/06/20/el-ocio-de-la-tierra/



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