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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2018

Yo s quin soy: intelectuales y sociedad en Cuba

Teresa Daz Canals
IPS

La funcin social del escritor: ocuparse de lo que le concierne, adelantarse a su poca, criticar, mostrar el mundo que le ha tocado en suerte vivir.


Yo s quin soy es una frase de El Quijote, significa la esencia misma de lo quijotesco que es tener una fe inquebrantable en s mismo.

Mediante una llamada telefnica se me comunic el ao pasado que un ensayo mo que integraba un libro colectivo haba resultado rechazado por una editorial acadmica. La evaluacin de alguien concluy que el trabajo era no cientfico. Si ese ensayo no hubiera recibido una mencin especial en un concurso del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), mi reaccin hubiera sido de mucha vergenza. Tampoco soy partidaria del pavoneo y la desmesura; solo record la frase del Eclesiasts: quin aade ciencia, aade dolor. Sonre ante tal decisin, comprend que todo lo profundo necesita una mscara.

Mucho despus de lo sucedido en la dcada del setenta del pasado siglo, denominado Quinquenio Gris le Los siete contra Tebas, de Antn Arrufat. Esta publicacin de 1968, recibi un Premio de la UNEAC. Es absurdo que a esta obra se le aadiera una declaracin que hoy produce pena. En ese tiempo estudiaba en secundaria y estaba lejos de constatar cmo unos seres humanos pueden juzgar de manera injusta a otros desde el poder, aunque ya para ese tiempo algunas palabras comenzaban a tomar preponderancia en los predios juveniles: combatividad y lucha ideolgica, sin que la mayora supiera exactamente a qu se referan. Escribir constituye un acto de fidelidad, requiere sacar algo de s mismo. Cuando se exterioriza una supuesta verdad no es andar con cascabeles.

Recuerdo una vez que publiqu en la revista Palabra Nueva y me encontr con una antigua compaera de estudios. Lo primero que me dijo fue que me haba ledo. Inmediatamente me arroj a la cara: cunto te pagan? Sent que la rspida pregunta era una acusacin: mercenaria. Todo lo contrario fue mi visita a esa redaccin. El entonces director me pidi que colaborara con ellos: sus temas de tica nos interesan profesora. Sal contenta de all, ya para m la filosofa no resultaba un esfuerzo solitario que naca y terminaba conmigo.

Hace un tiempo seleccion un tema de discusin para mis estudiantes: la vulgaridad, palabra inventada por Germaine de Stal (1766-1817). Les ped que me llevaran ejemplos de chabacanera en la msica. Uno de ellos pas su mvil. Los jvenes se rean, dudaban. Me pusieron al da de lo que se escucha en una guagua, en el barrio, en cualquier fiesta. Parece que la vulgaridad no es problema ideolgico. Cmo ensearle a mis alumnos que la virtud suprema es la elegancia, cmo transmitirles, acusados ellos mismos de estar perdidos, que la moral es un estilo de vida, si incluso la vieja profesora es sospechosa de un no s qu.

Una de las frases ms tristes de la historia del pensamiento es la pronunciada por el filsofo Baruch de Spinoza (1632-1677): No hay fuerza intrnseca de la idea verdadera. Lo que quiere decir que la verdad es siempre dbil. Los intelectuales deben alertar de los peligros del abandono del arte de la convivencia: el civismo. Si no damos importancia a la convivencia entre los cubanos, a esa corrupcin larvaria, donde te roban en cualquier establecimiento pblico, si estimulamos a los nios a menear sus cinturas en las escuelas, estamos por el camino de la lgica indigente, esa lgica que hizo que algunos, para vergenza nacional, les robaran a los muertos y agonizantes del avin cado el pasado 18 de mayo.

El creador y la formacin del pblico, de Julio Cortzar, fue presentado en La Habana en la dcada del sesenta del pasado siglo. Fusion la palabra intelectual con la de creador. La misin del creador Cortzar la ve bastante confusa. Por una parte, distingue al creador que cumple una obra solitaria (hacer un libro, una escultura, una pintura, componer msica, etc.) y explica cmo ello est al margen de cualquier formacin. Entiende formacin ms como alienacin que como un autntico enriquecimiento cultural. Por ejemplo, en una sociedad capitalista existe la tendencia al consumismo, a uniformar a un pblico, a un conformismo esttico. En el socialismo, Cortzar advierte que se puede manifestar una supuesta creacin con una visin maniquea, desconfiada de toda visin abierta. Se impone una seriedad puesta como una peluca, un vocabulario en el que las palabras terminan huecas en discursos, ensayos, artculos. El pblico receptor recibe esa formacin. Este autor advierte que cualquier creador debe ser un toque de alarma, una persona que arroja una piedra ante un agua estancada. No necesariamente el pblico tiene que comprenderlo. La Biblia, El segundo sexo, Ulises, son obras que trascendieron no porque grandes masas los leyeran, sino porque abrieron otros caminos.

Una vez, uno de mis estudiantes me pidi formar parte de un panel que se llamaba La batalla de los intelectuales. Me qued perpleja, la palabra batalla no me gusta y estimo que la tarea intelectual no debe estar vinculada con un lenguaje blico.

El discurso de la intensidad

Hay una idea que Cintio Vitier subrayaba con nfasis: la capacidad histrica de un pas no se debe a su extensin sino a su intensidad. El discurso de la intensidad se hizo ser humano, se llam Jos Mart. Tambin est presente en el dilogo entre el cubano y su paisaje.

Cuba nace como nacin de una revolucin. La actual, para que sea verdaderamente martiana debe convertirse en un estado nacional pensante. Revolucin y reflexin es todava el reto en Cuba. Es constante la identificacin entre revolucin y nacin. Se traducen como una misma cosa. Tal vez de esa fusin naciera el sndrome del secreto, que resulta ridculo. Por otra parte, las noticias son cada vez ms vacas y no logro descubrir si esto es consecuencia del nivel de alejamiento de la realidad por parte de los funcionarios, indiferentes con ese cubano de a pie, como se nombra al pueblo que al mismo tiempo se halaga, mientras est siempre a la espera, tranquilo, y agradezca por todo, o es por puro cinismo del que habla.

En Los pasos recobrados, Alejo Carpentier (1904-1980) explica la funcin social del escritor: ocuparse de lo que le concierne, adelantarse a su poca, criticar, mostrar el mundo que le ha tocado en suerte vivir. En el Papel social del novelista argumenta la necesidad de entender el lenguaje de ese mundo. No se trata de leer la prensa y sacar de ella un lenguaje literario, de percibir lo que nos concierne y seleccionar los diferentes compromisos que nos solicitan. Existen peligros en esos compromisos adverta porque hay malos compromisos, el compromiso en falso, el compromiso forzado por determinadas circunstancias. Podemos equivocarnos y dejar toda una vida intelectual en manos de un compromiso. Los intelectuales tienen que aprender a decir s y no. Es importante hablar con una voz colectiva y a su vez tener derecho a hablar con una sola voz. No es la incondicionalidad a ciegas, sino la del dilogo.

En 1995 asist a un encuentro en Puerto Rico. Al final de las intervenciones, se par un cubano residente en esa isla y pregunt qu hacamos los intelectuales que vivamos aqu, en postura de franco reproche. No le contest en pblico, porque era muy humillante revelar las peripecias a las que fui sometida por ese viaje. Todos juntos me acosan (Job, 16,10).

Yo firmo

Tengo ante m un texto de Fina Garca Marruz: El libro de Job. Una joya de los intelectuales de aqu. Comparo la pregunta del cubano de Puerto Rico a la que le hicieron los amigos de Job cuando este protest a Dios por su infortunio. Este dolor de familias separadas, de vivir siempre sacrificados, lo puede entender quien lo vive.

Me fui de la vida laboral oficial con apenas nada, triste, decepcionada. Mis lamentaciones no fueron solo personales, aunque tengo derecho, como Job, a la angustia. No obstante, s quin soy. Cada cosa se esfuerza, cuanto est en ella, por perseverar en su ser. Perseveremos. La escritura es firma. Yo firmo, porque puede intentar ser como el amor otra no fuerza desarmante.

Termino como concluy Arrufat su poema aplastado y reaparecido. Esta es la respuesta a los intelectuales cubanos, los de aqu y los de all, repleta de esperanza de paz: Estamos tristes y alegres al vernos/ otra vez . Pero no nos avergonzaremos/ maana de abrazarnos y comer el cordero.

Teresa Daz Canals, profesora y ensayista cubana

Fuente: http://www.ipscuba.net/espacios/la-esquina-de-padura/la-buena-memoria/yo-se-quien-soy-intelectuales-y-sociedad-en-cuba/


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