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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2018

La exclusin histrica de las comunidades negras e indgenas
Cimarrones y prceres: nadie se muere en tierra

Juan Montao Escobar
Rebelin


Kanisa mok! [1]

(Piense un poco!)

Miles de libros, del piso al techo, hacen el cuento largo y extendido de la casa grande colonial. Los prceres blancos descansan en mausoleos patriticos, rompen clepsidras en las pginas de historia de las bibliotecas nacionales y perpetan sus vidas en calles y avenidas de las ciudades. Escasez asombrosa de mujeres y ninguna persona negra, despus de las capitales europeas estaba la casona y sus mundos sin ms gente que ellos, bendecidos por manchas prpuras, sables y la palabra escrita. La importancia es el mtodo clasificatoria desde el comienzo del poder republicano en las Amricas. Los escribidores de historia desde las primeras palabras defendieron el privilegio sin fin de su proyecto poltico y su perduracin por lustros, dcadas y siglos. La palabra dibuj el laberinto y cre los jeroglficos para los aborgenes que estaban ms all de la vista vespertina. Con la palabra escrita disearon las verdades que hasta ahora son; apenas se actualizan decires, estilos, elocuencias y filosofas.

 

Mpasi na ngai ezali s mobesu

(Mi dolor es absolutamente crudo)

En el territorio de la hacienda hubo dos impaciencias independentistas, cada una con el afn de crear algo llamado patria y lo que se entendiera por aquello, cada una con sus simbolismos y cada una con su proyecto poltico. Las alegoras de los libros, hijos de documentos escritos por los cronistas de mantel largo y aguamanil para lavar el exceso de halagos y tinta, se recargaron de pomposidad para metabolizar en el imaginario las leyendas que venan de cualquier lado y por defecto de temores crean en su cercana. Boukman o Mackandal. Ese silencio de los mineros de all del socavn pareca afilar machetes vengativos, los agricultores de sol a sol golpean con rabia inocultable el suelo, las mujeres atienden a las familias con la misma sonrisa de ayer y de hace aos (una mscara rencorosa) y los libertos que no les quitan los ojos de encima como si ubicaran el golpe fatal. Y sospechas que all, manigua adentro, se estaran inventando otras Repblicas de Hait. En la costa pacfica de aquello que hasta no hace mucho se llamaba Nueva Granada y Real Audiencia de Quito, ahora Gran Colombia y Distrito del Sur (o de Quito) no deba ser distinto de lo que ocurra en otras regiones de las Amricas. Ideas iguales o parecidas, maquinaciones y resultados cambiantes en la forma y jams en el fondo. A los puertos llegan las noticias en boca marineros ansiosos de conversas, para intercambiar lo que saben y recibir novedades. En las conversaciones de tabernas o en los almacenes, justo ah gente vociferante relataba lo visto y lo odo sobre guerras y alzamientos de caminantes indemnes sobre brasas; aquellos cuentos iban de boca en boca configurando relatos para la deseable imitacin. No pocos odos crean en los relatos y en pajaritos preados. As eran los tiempos. Por esas vas de la oralidad y magias cimarronas se repetan hasta llegar a los habitantes de las cabauelas ms annimas.

 

Balingui bafutisa ngai niongo, niongo oyo nadefa t

(Quieren que pague una deuda que no es ma)

Con la proclamacin de la independencia de aquello que empez a llamarse Gran Colombia, el poder colonial era un rumor menos infame que las lluvias pacficas de junio y su capacidad de imponerse disminua por la mezcla de estrategias de resistencia de la comunidad cimarrona: negociacin + actividad blica. La competencia tena dinero ingls y haitiano para conseguir sus metas polticas. La fastidiosa neblina opresiva del colonialismo, en retirada era cierto, fue sustituido por la solidez decisiva y pesada del Gobierno de los prceres blancos de la independencia. Ni o ni. As pues, ni Simn Bolvar ni nadie ms en las Amricas se atrevi a proclamar repblicas de ciudadanos sin importar claridad u oscuridad de piel o estatuto de nobleza social en el derrotado colonialismo espaol. No hubiera sido una audacia de poltica libertaria sino un simple acto de justicia con quienes treparon montaas, cruzaron llanuras y dejaron sus muertos en lugares lejanos. No solo era esa palabra promotora de pensamientos riesgosos ms an su aplicacin debi juzgarse como error maldito. Justicia para los nadies?

Las ciudades inauguraban repblicas mezquinas y de muy pocos, porque los nadies estaban por all, a la distancia que los prceres queran y exigan, as estuvieran en la cocina. Se los divisaba cultivando la comida, llevando sus coches o tejiendo las telas de sus abrigos. En todas las Amricas fue igual, una a otra estaban dos repblicas vecinas y lejanas, juntas y distantes, las del privilegio por el color de una sangre imposible y las de los nadies con sangre color real. Estas bifurcaciones cambiaran para olvidar, en ese primer inicio de todas las voces todas, cada demanda temporal de aquellas ciudadanas de umbral. El espejismo alcanzaba a los herederos de esa diversidad de grupos sociales que apenas alcanzaron el cociente del reparto de la riqueza de la repblica inicial y las impaciencias del apellido originario o carimbo [2] les mandaba a crear nuevas repblicas con leyes mejoradas para ampliar la base de distribucin y oportunidad. El descontento es cclico, porque despus de una dcada se vuelve a la exigencia del primer inacabado da republicano: otra constitucin. Si con cada librito de mandatos supremos nos devolvemos a esa base republicana hipottica (libertad, igualdad y fraternidad) significa que se insiste en la necedad de republicanismos traquetos [3] . En el Ecuador ya se cuentan veinte libritos y ya se recogen firmas para exigir el veintiuno. Si esas lluvias no mojan las que vienen ahogarn. Cimarronismo cachavireo constituyente desencantado.

Adems entre los prceres blancos ya tenan sus sospechas, enconos y conspiraciones como para invitar a unos nadies, quienes fueran o se dijeran, a unos cimarrones por ms que contaban aos de montes y cachimbeos independentistas; no qu va, todava ms no siempre decan aquello que pensaban y si lo comunicaban era en plan de exigencias y alzamiento por ms derechos igualitarios. Las referencias inspiradas en la Revolucin Francesa solo eran vainas imitativas en dichos y elocuencia para escribanos ociosos y amigos de negros, 1789 languideci con las leyendas haitianas. A quin quieren, caballeros, a Boukman o a Mackandal? La Francia revolucionaria se deshaca en el aguacero diluvial de Paya de Oro o de las haciendas del valle del Chota-Mira. La silueta de un Hait espectral pona resguardos y muros premonitorios en el republicanismo americano.

 

Tropezn con la montaa, vaya necedad!

A los prceres blancos, ms o menos como ahora, no eran las distancias ideolgicas que los distanciaban; tampoco eran las maniguas, protectoras de cuerpos y nimas descontentos, donde terminaba el lmite de sus haciendas; sus grandes miedos estaban en la prdida de las recin adquiridas riquezas minerales y vegetales en favor de las comunidades negras o indgenas. Devolverlas ahora? Jams. Hubo de consagrarse el despojo reciente y convertirlo en propiedad definitiva por razones de sangre, mritos de guerras y potestad incuestionable. Ni idea de un tal Carlos Marx, aunque intuan con la claridad de los veranos de estas playas o serranas que la historia de las humanidades es la historia de la luchas de clases sociales. Ponga en el costal de clases sociales a cimarrones libertos (o esclavizados) precursores de estos momentos, indgenas de silencios enigmticos, guerreros de todas partes sin oficio ni beneficio y el total de mujeres de voces sordas para ellos. All estaba el poder poltico, por las energas mgicas de la multitud, pero ellos lo administraban por el prestigio de la mitologa de la sangre colonial y el esoterismo superior de la autoridad estrenada por los huesos pelados de Boyac o Pichincha. Esa historia est an condenada a repetirse con alevosa insistencia. A veces unas intiles muertes barriobajeras traen otro librito constitucional o sea la misma y anacrnica repblica de piel barnizada que los prceres quieren mostrar como otra.

El reparto de la Historia (as con H) y los bienes convirti el orden colonial en caos republicano, luego los escribanos repararan bajezas y mezquindades hasta convertir aquello en religin continua de divinidades bigotonas y en respetuosos sables filudos del poder. Todo ello sin pausas y con himnos grandiosos que estorban el respeto intercomunitario e intercomunal por la veneracin a Estados de porra. Simn Bolvar escribi la profeca: Si he de decir mi pensamiento, yo no he visto en Colombia [4] nada que parezca gobierno ni administracin ni orden siquiera. Es verdad que empezamos esta nueva carrera y que la guerra y la revolucin han fijado toda nuestra atencin en los negocios hostiles [5] .

A los prceres como Simn Bolvar casi siempre los alcanza, bastante tarde por cierto, la maldicin de la palabra incumplida y en la puerta grande de Oloddumare es cuando los atropella la desazn por aquello que falt un chininn de hacer o quizs no tienen ya el valor para combatir el borbotn de recuerdos y se mueren en vientos cruzados de nostalgias mal vividas en esos minutos finales. El prcer no se perdon que veinte aos despus los resultados parecan ser peores que aquello que trat de corregir. Presintiendo los fros de la eternidad record con nitidez prstina: babetaka libanga na ngomba te, se na libanga ya moke [6] . Esas palabras se las dijo un anciano liberto que estaba bajo el cuidado Hiplita Bolvar (a ella el Libertador llamaba su madre), un da en sus ajetreos insurreccionales anticolonialistas se tropez con la silla, en donde estaba sentado calentando los huesos con el sol maanero. Simn Bolvar le puso la mano en el hombro a manera de respeto y disculpa, fue cuando el congols de nacin solt la recomendacin, alguien se la tradujo y no volvi a recordarla hasta este da de noviembre de 1830. Ahora deba sentirse igual que aquel abuelo, solo que su cansancio era infinitamente mayor por las insatisfacciones y la vislumbre de estas repblicas en formacin. Debi sentirse acoquinado por la probabilidad cierta y decidi escribirlo: 1) La Amrica es ingobernable para nosotros. 2) El que sirve una revolucin ara en el mar. 3) La nica cosa que se puede hacer en Amrica es emigrar. 4) Este pas caer infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para despus pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas [] [7] . Anot con trazos largos, ese da todava ms agobiado por pesadumbres ariscas.  

Algunas costumbres son la segunda piel de las personas, al Prcer jams se le dorman los gallos madrugadores, sola levantarse a esperar la primera claridad del da, despus del caf cimarrn, segn la frmula de Hiplita Bolvar, escriba cartas y despus del almuerzo esperaba conversadores o las noticias de los nuevos desmadres republicanos. Se acord de terminar la carta al general Juan J. Flores. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, ste sera el ltimo periodo de la Amrica... [8] Cuando crey que era el final de la carta, alguien grit: nadie se muere de hambre en tierra [9] , con esa frase, determinante y burlona, dedicada a Flores cerr el pliego y fue entregado para el envo. No recobr el humor de aos atrs y ms bien se arruin el nimo en el sopor premonitorio de que eran sus ltimos das. Es el nico prcer que las calles de todas las ciudades americanas cargan con su nombre.

 

 

Notas:

[1] De ahora en adelante todas las frases en lingala. Las frases en lingala fueron tomadas del Diccionario Lingala-espaol, Espaol-Lingala, de Jean Kapenda, edicin financiada por la UNESCO, editada por el Fondo Editorial Pedro Jorge Vera de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamn Carrin, Quito, 2001.

[2] Marca en la piel de las personas negras esclavizadas.

[3] Colombianismo para definir al lumpen adinerado, por trfico ilegal de drogas, con su desquiciado sistema de valores que incluye la ostentacin de riqueza material, la imposicin del miedo por la exhibicin brutal de su capacidad de violencia y el engaoso relacionamiento social.

[4] Se refiere a la Gran Colombia.

[5] Carta al general Daniel Florencio OLeary, su antiguo edecn (Guayaquil, 13 de diciembre de 1829)

[6] Uno no se tropieza con la montaa sino con la piedra, en lingala.

[7] Carta al general Juan Jos Flores, jefe del estado de Ecuador (Barranquilla, 9 de noviembre de 1830). Fragmento.

[8] p. Cit.

[9] p. Cit.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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