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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2018

Cine
Unidas contra "El orden divino"

Manuel Ligero
La Marea


Una imagen de El orden divino.

Hay determinados temas en los que la democracia debe hacerse a un lado. No hay muchos, pero s unos pocos. Si, por ejemplo, se convocara un referndum sobre la esclavitud, el resultado sera moralmente irrelevante. Ni siquiera un 99% de votos a favor podra justificarla. De igual forma, resulta inconcebible plantear un plebiscito en el que los hombres decidan sobre el derecho de las mujeres al voto, y sin embargo eso es lo que ocurri en Suiza en 1971. No es una errata: 1971. Ayer, como quien dice. Hasta entonces las mujeres no pudieron votar en el pas donde todo se decide votando.

El sufragio femenino dependa de los gobiernos cantonales hasta esa fecha, en la que se impuso a nivel federal tras el referndum, pero hubo algunos territorios especialmente contumaces: habra que esperar hasta 1990 para que el cantn de Appenzell Rodas Interiores (de habla alemana y religin catlica) permitiera a las mujeres ejercer el voto en los asuntos locales. Y no lo hizo por voluntad propia, tuvo que ser el Tribunal Federal el que los obligara a terminar con aquel sinsentido. Es un problema de tica, de pura tica, reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, deca Clara Campoamor en 1931. Solo aquel que no considera a la mujer ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y el ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre.

La cineasta Petra Volpe narra la emancipacin de las mujeres suizas en la pelcula El orden divino y uno de sus aciertos es contar esta gran historia en minsculas, desde la perspectiva de una ama de casa que un buen da decide que aquello tena que terminar y se pone a la cabeza de la reivindicacin en su pequeo pueblo. Nora (un personaje al que la actriz alemana Marie Leuenberger aporta una luz fascinante) est aburrida de pasar la aspiradora y lavar calcetines. Quiere trabajar fuera de casa, pero ni su marido (con buen fondo pero educado en el patriarcado ms estricto) ni su suegro (el gran tirano de la familia) se lo permiten.

Al mismo tiempo, ve cmo su sobrina de 15 aos acaba en un reformatorio porque se fuga a Zrich con su novio en un intento por escapar de un pueblo en el que se asfixia y donde la insultan por haber salido con varios chicos. Ese ser el punto de partida para el gran cambio.

Algunos crticos han encontrado un bonito paralelismo entre el personaje de Nora y el de Heidi, ya que Petra Volpe firm en 2015 el guion de una estimable adaptacin del clsico de Johanna Spyri: el mundo de ambas dar un vuelco en sus incursiones en la gran ciudad. Heidi aprender a leer en Frncfort y Nora aprender el feminismo en Zrich, un viaje que empieza para apoyar una manifestacin en favor del sufragio universal y que terminar en una charla-taller en la que se ensea a las mujeres a conocer y a amar su vagina.

Esta es precisamente la escena que ms crticas ha recibido y lo ha sido por una razn: incomoda a mucha gente. Por eso, solo por eso, resulta fundamental, tanto en la pelcula como en la realidad. Porque de lo que se trata es de forzar el cambio, de zarandear el statu quo y, por qu no, de ofender al patriarcado. Lo privado es poltico, le dice a su auditorio la excntrica conferenciante, poniendo el dedo en una llaga que sigue abierta en nuestras sociedades: el cuerpo de las mujeres y su propiedad. Nora, en palabras de la propia directora, es una mujer que despierta y se convierte en un personaje poltico.

No es casualidad que Volpe haya elegido para la banda sonora la conmovedora cancin de Lesley Gore You Dont Own Me (No te pertenezco). La letra dice as: No te pertenezco / no soy uno de tus juguetes / no me digas que no puedo ir con otros chicos / no me digas lo que tengo que hacer / no me digas lo que tengo que decir / y por favor, cuando salgamos / no me exhibas. / Porque no te pertenezco / as que no intentes cambiarme de ninguna forma.

El libro con el que la protagonista del filme toma conciencia poltica tambin est escogido con exquisita intencin. Se trata de La mstica de la feminidad (1963), de Betty Friedan, la mujer que hizo saltar por los aires el mito de la esposa sumisa promocionada por la publicidad americana de los aos cincuenta, con sus delantales inmaculados y su tarta de manzana enfrindose en el alfeizar de una casa con jardn. Como ocurre a menudo con las obras maestras, aquel libro comienza con un prrafo rotundo:

Era una inquietud extraa, una sensacin de disgusto, una ansiedad que ya se senta en los Estados Unidos a mediados del siglo actual. Todas las esposas de los barrios residenciales luchaban contra ella. Cuando hacan las camas, iban a la compra, coman emparedados de mantequilla de cacahuete con sus hijos o los llevaban en coche al cine, incluso cuando descansaban por la noche al lado de sus maridos, se hacan, con temor, esta pregunta: Esto es todo?.

En su pelcula, Volpe refleja muy bien el azoramiento que la rebelda de las mujeres produce en los hombres. Sigue ocurriendo hoy: la reaccin extempornea de algunos de ellos a las manifestaciones del 8 de marzo as lo demuestran, y es precisamente esa reaccin (y no la liberacin de las mujeres) la que evidencia la verdadera debilidad de estos hombres.

De igual forma, Volpe retrata con magnfica y perversa precisin a las mujeres que se oponen al feminismo. Entre las filas conservadoras ese tipo de respuesta no es extraa. Cristina Cifuentes, an presidenta de la Comunidad de Madrid durante la huelga del 8 de marzo, fue muy clara cuando se hizo pblica la convocatoria: Ese da trabajar an ms. Har una huelga a la japonesa. Mara Dolores de Cospedal, hoy candidata a presidir el Partido Popular, despreci aquel acto reivindicativo asegurando que no tena ni relevancia ni trascendencia. Al da siguiente, la huelga de las mujeres espaolas apareca en las portadas de todos los peridicos del mundo. El hecho de que las mujeres se pronuncien contra la igualdad con absoluta obediencia y ms vehemencia que la mayora de los hombres es un fenmeno que sigue observndose en la actualidad, explica la directora de El orden divino.

En la pelcula presenta a un personaje que es presidenta del llamado Comit de Mujeres por la Antipolitizacin, que trabaja en contra del voto femenino. Desde la perspectiva actual, cuesta imaginar por qu multitud de mujeres lucharon en 1971 con tal intensidad contra el voto. A menudo eran mujeres formadas, intelectuales, damas del pueblo, que se haban acomodado y quiz simplemente no queran que sus cocineras tambin tuvieran voz.

La diferencia de clase apuntada por Volpe es un argumento plausible para explicar por qu incluso en las corrientes progresistas ha habido voces en contra de conceder el voto a la mujer: Victoria Kent, por ejemplo, consideraba que las espaolas no estaban preparadas para ejercer ese derecho en 1931. Su postura en aquel debate fue una cruz con la que tuvo que cargar toda su vida. Conviene que las mujeres que aspiran a ocupar un alto cargo poltico no lo olviden y empiecen a ponerse al da. Para empezar, podran ver, por ejemplo, El orden divino.

Fuente: https://www.lamarea.com/2018/06/25/unidas-contra-el-orden-divino/



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