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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2018

La Tierra sobrevivir. Nosotros tal vez no

Adam Frank
New York Times


La fotografa de la Tierra tomada por William Anders desde el Apolo 8 en 1968 Credit William A. Anders/NASA

En 1968, el astronauta William Anders mir hacia afuera desde su cpsula en la misin Apolo 8 que orbitaba alrededor de la Luna y vio a la Tierra de color azul que emerga sobre el grisceo horizonte lunar. Fue la primera vez que alguien vio un amanecer lunar y la foto que tom se volvi icnica.

En ella, nuestro planeta se ve solo y frgil en contraste con lo negro del espacio. A cincuenta aos, la foto de Anders sigue siendo un resumen visual de la apremiante necesidad de salvar al planeta de nuestro psimo comportamiento. Pero qu tal si hemos malinterpretado el significado real de esa imagen? De hecho, qu quiere decir eso de salvar a la Tierra?

Si el vehculo espacial de Anders hubiera alcanzado la cima lunar 55 millones de aos antes, se habra encontrado con un sofocante planeta selvtico tan caliente que casi no tena hielo ni nieve. Si la visita hubiera ocurrido 700 millones de aos atrs, habra visto una bola de nieve, pues la Tierra estaba cubierta por capas de hielo de kilmetros de grosor. Y si hubiera aterrizado en nuestro planeta hace 3000 millones de aos, su primera experiencia, de haberse quitado el casco, habra sido una muerte rpida por asfixia. Esa Tierra, que ya albergaba vida, tena aire, pero no oxgeno.

Todas estas versiones de la Tierra tienen algo en comn: estaban profundamente moldeadas por la vida. Fue la vida que actuaba a travs de los microbios lo que ayud a echar a andar algunas de las fases de bola de nieve de la Tierra. Fue la vida en la forma de bacterias de un azul verdoso lo que le dio por primera vez a la Tierra su atmsfera de oxgeno. Desde que el geoqumico Vladimir Vernadsky acu el trmino bisfera, los cientficos han considerado a la vida como un actor en igualdad de condiciones en el drama de la historia de la Tierra.

La bisfera es una potencia csmica por derecho propio. Es una fuerza planetaria que canaliza energas enormes que fluyen desde el Sol y las transforma en rondas sinfn de innovacin evolutiva impredecible. Esa fuerza le da a la Tierra y a su bisfera una resiliencia a largo plazo que hoy en da debemos imaginar por completo para comenzar a asimilar el cambio climtico que estamos provocando.

Hablamos de salvar a la Tierra como si fuera un conejito que necesitara de nuestra ayuda. Mostramos imgenes de osos polares demacrados sobre hielos flotantes que se derriten para provocar un sentimiento de culpa e incitar a la accin a favor del medioambiente. Sin embargo, esas imgenes y reportajes nos ciegan ante la realidad de este momento destacado en la historia de la Tierra.

Nuestro planeta no necesita que lo salvemos. La bisfera ha soportado cataclismos mucho peores que el que representamos nosotros y tras millones de aos prosper de nuevo. Incluso las cinco temibles extinciones masivas en la Tierra se convirtieron en posibilidades para la creatividad de la bisfera y generaron nuevas rondas de experimentos evolutivos. Despus de todo, as fue como nosotros, los mamferos de cerebros grandes, terminamos dominando la Tierra en lugar de nuestros antecesores, los dinosaurios. Como alguna vez lo dijo la gran biloga Lynn Margulis: Gea es una dura resistente. A la larga, la bisfera se har cargo de prcticamente cualquier cosa que le arrojemos, incluyendo el cambio climtico.

No obstante, lo que la historia de la Tierra s deja en claro es que, si no tomamos las medidas correctas pronto, la bisfera simplemente seguir su curso sin nosotros, y crear nuevas versiones de s misma en el clima cambiante que estamos generando ahora. As que seamos sinceros: el problema no es salvar a la Tierra ni a la vida en general, sino salvar a nuestra apreciada civilizacin. Desde esa perspectiva, la naturaleza de nuestras opciones cambia significativamente.

La ltima era del hielo termin hace aproximadamente diez mil aos y el planeta entr en un largo periodo de estabilidad mayoritariamente clido y hmedo. Los cientficos llaman a esta poca geolgica el Holoceno. La historia completa de nuestra civilizacin ocurre dentro de esta etapa. Todas nuestras revoluciones en la agricultura, la construccin de ciudades y la industria han sucedido durante el Holoceno. Pero este periodo est terminando ahora y nosotros lo hemos provocado. El impacto humano, en particular el cambio climtico, est alterando el funcionamiento del planeta.

En respuesta, los cientficos ven surgir una nueva poca en la evolucin de la Tierra, que llaman el Antropoceno. Sin embargo, la creacin de una versin sustentable a largo plazo de la civilizacin en el Antropoceno plantea un nuevo y profundo conjunto de preguntas que seguirn siendo un misterio para nosotros mientras sigamos obsesionados con salvar a la Tierra.

Por ejemplo: qu es la naturaleza? Desde la perspectiva de la bisfera, una ciudad no es fundamentalmente distinta de un bosque. Ambos son resultado de los interminables experimentos evolutivos de la vida. Y los bosques, igual que los pastizales, los insectos y los microbios productores de oxgeno, fueron alguna vez una innovacin evolutiva. En ese sentido nosotros, y nuestro proyecto civilizatorio, no somos una plaga en el planeta. Solo somos lo que la bisfera est haciendo en este momento. As que la pregunta se convierte en qu cambios debemos hacer para seguir siendo lo que est haciendo dentro de varios milenios.

Una civilizacin de nuestra escala siempre tendr efectos en la bisfera. Imaginarse algo distinto es ignorar las leyes de los planetas que hemos descubierto muy recientemente (las leyes de la fsica, la qumica y la biologa). Tambin es ignorar la propia historia de la bisfera, en la que las especies ubicuas y exitosas siempre tienen un impacto. Nuestra misin no puede ser eliminar el impacto, lo que sera imposible dado nuestro tiempo de vida, sino tener el tipo correcto de impacto reducido.

Tenemos que establecer una relacin cooperativa con la bisfera que ni siquiera hemos imaginado an en la que todos se beneficien. Esto implica entender lo que hace a la bisfera con nosotros todava en ella ms fuerte, innovadora y resiliente. No obstante, es poco probable que todas las especies de la Tierra hagan ese viaje con nosotros. Puede ser que el fitoplancton microscpico le importe ms a este tipo de bisfera saludable que nuestros amados osos polares. Tendremos que enfrentar decisiones difciles con profundas consecuencias ticas. Pretender que podemos extender el Holoceno a perpetuidad sin esas consecuencias nos puede conducir a un desastre mayor que hacerles frente con conocimiento.

Reconocer esto que a la larga la Tierra continuar sin nosotros no nos absuelve de la necesidad de actuar de manera urgente. No justifica la negacin del cambio climtico ni el vandalismo ecolgico. Tampoco significa que somos libres para imponer sufrimiento a otras criaturas terrestres. En cambio, es aceptar la verdadera escala de nuestras responsabilidades con el planeta. Significa que debemos convertirnos en agentes de algo que la Tierra no ha visto antes: una bisfera consciente de s misma y que puede actuar con miras a su futuro con compasin y sabidura.



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