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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2018

Racismo en la UE: los ministros del Interior se hacen con la poltica exterior

Marco Bascetta
El Salto


600 periodistas de ms de 150 medios internacionales cubrieron el desembarco de la flota de salvamento en el Puerto de Valncia RAFAEL ATEZ

En medio de una sucesin de fenmenos de barbarizacin, Europa se pone en marcha para la cumbre del 28 de junio [fecha del prximo Consejo Europeo, que se ocupar de la migracin, de la seguridad y la defensa, y de los asuntos econmicos y financieros, N. del T.]. Basta hablar con alguien al azar para hacerse una idea de lo ponzooso que se ha vuelto el aire en el Viejo Continente. El ministro de Justicia britnico propone enfrentar el xodo post-Brexit de los trabajadores comunitarios sustituyndolos con presos nacionales. Dinamarca, que desde hace tiempo est en la vanguardia en cuanto a vejaciones a migrantes se refiere, se dispone a prohibir la prctica de la circuncisin.

Austria transforma la angustiosa atmsfera del Desierto de los Trtaros en una carnavalada: pomposos ejercicios militares en la frontera para rechazar una imaginaria invasin de migrantes. El ministro del Interior alemn, Horst Seehofer (CSU), durante la campaa electoral en su Baviera natal, impone de facto a Angela Merkel el blindaje de las fronteras alemanas, y de ese techo para los solicitantes de asilo que la Cancillera ha considerado siempre incompatible con la naturaleza y los valores de la Bundesrepublik.

Salvini cierra los puertos y abre la boca para proferir repetidamente amenazas y obscenidades. Todos se esfuerzan en volver lo ms nauseabundo posible el ambiente de los migrantes. Uno de los efectos perversos del nacionalismo creciente en buena parte de Europa es, precisamente, que los ministros del Interior pasen a encargarse de la poltica exterior. stos monopolizan el debate sobre los Tratados, negocian con pases extraeuropeos (Libia y Turqua en primer lugar), condicionan las relaciones entre pases europeos, fragmentndolos en presuntos ejes o alianzas, e imponen sus propias fantasas geopolticas.

Se trata de una consecuencia directa del primado conferido al inters nacional, entendido sobre todo como pantalla o proteccin ante la comunidad poltica supranacional, y de los otros en general. Tratndose adems de ministros que controlan las fuerzas del orden, el tufillo a polica es bastante intenso. La idea nacional es quizs el ms clsico de los universalismos a los que se les da la vuelta para transformarlos en su contrario, en este caso, el conflicto latente o declarado entre particularidades poco dispuestas a la mediacin.

Adems, la coalicin ideolgica entre nacionalismos encierra siempre la larva de la guerra.

La Unin Europea sucumbe hoy al fuego cruzado entre el nacionalismo estadounidense de Donald Trump y los primados nacionales que se alojan en su seno, los cuales, empezando por el Este, no se limitan al rechazo de los migrantes, sino que viajan hacia ideas de sociedad muy distintas a las que hemos conocido en la Europa occidental desde la ltima posguerra.

Resulta necesario concentrarse en la naturaleza de esa barbarie de efectos imprevisibles, al menos para entender en qu contexto nos encontramos. El discurso xenfobo, y an ms aquel abiertamente racista, tiene algo de indomable e incontrolable. Estos discursos los han puesto en movimiento fuerzas polticas, marginales en la mayor parte de los casos, que han visto, en la desorientacin difusa generada por las transformaciones productivas y en el ataque a los salarios y a las condiciones de vida que las acompaaba, la posibilidad de canalizar el descontento en una direccin nacionalista y autoritaria que les permita conquistar una posicin central.

En este tipo de contexto, los migrantes han sido clsicamente el blanco ms a mano. As, en una escalada de violencia no solo verbal, se han ido generando y alimentando diversas pulsiones xenfobas. No porque existiese detrs algn tipo de filosofa racial o alguna concepcin cultural identitaria, sino porque se trataba de la va ms sencilla para adquirir consenso y poder. Este principio es aplicable a un poltico de larga trayectoria, ahora en decadencia, como Horst Seehofer, as como a aventureros del estilo de Salvini o su homlogo austriaco, Herbert Kickl. Tres ministros del Interior que ambicionan el control de los respectivos pases, el cual ya ejercen en parte.

Pero una vez despertado el perro rabioso del racismo, har falta seguir nutriendo su hambre inextinguible, arriesgndose a verse arrastrados con l en una cuesta abajo que incluso la derecha xenfoba preferira no recorrer. En esa situacin, la discriminacin-persecucin-expulsin de los migrantes se convierte en una condicin ineludible del consenso. Cualquier cesin a ese respecto generara acusaciones de traicin. As, los nuevos caudillos se vern obligados a incrementar su cinismo, su brutalidad, a dar soluciones expeditivas y a crear puestas en escena cada vez ms grotescas. Y an en mayor medida cuando las poblaciones nacionales vern como sus propias condiciones materiales no cambian a mejor.

Por otro lado, tambin la izquierda ha considerado que era necesario recuperar consensos a travs de la intolerancia hacia los migrantes, si bien con tonos ms hipcritas y argumentos ms farragosos. Con la idea, desmentida por cualquier experiencia histrica, de que bloqueando los flujos migratorios el racismo y la xenofobia desapareceran de forma natural y de que as, los italianos, vindose de nuevo en el centro de la atencin y de los cuidados de su propio gobierno, mostraran su reconocimiento. Teniendo adems que autoconvencerse de que un importante momento histrico no era ms que una emergencia, que poda resolverse sentndose en una mesa con los alcaldes del sur de Libia, como el ex ministro del Interior del Partido democrtico, Marco Minniti, defini con involuntario sentido del humor a las bandas de depredadores y contrabandistas que controlan aquellas arenas.

De todo esto solo se puede realizar una amenazadora previsin. Explicndola con una frmula lgica, se podra decir que Europa es cada vez ms rehn de los estados nacionales, de sus vetos, de la demagogia que en ellos impera. Y los estados nacionales son, a su vez, cada vez ms rehenes y presos de sus derechas radicalizadas, dedicadas a imponer un nosotros en el cual hundir las contradicciones sociales y consolidar ese orden jerrquico que se halla en la naturaleza de cualquier nacionalismo.

Artculo original: Il Manifesto

Traduccin: Pedro Castrillo

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/italia/politica-exterior-reservada-ministros-del-interior-salvini-xenofobia-migrantes-populismo-fascismo-union-europea

 



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