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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2018

Otro Frente Nacional, sesenta aos despus

ELN
Revista Insurreccin


Ya pas una vez. Fue la ltima en que se unieron a toda costa. En 1958 las lites conservadoras y liberales, quienes representan el poder econmico, se unieron para evitar que hubiera brechas en su control de su dominacin. La dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957) y de los militares, la amenaza de las guerrillas en formacin y el clima pre revolucionario en la regin, hizo salir de las pugnas internas a las lites, para repartirse el poder sin disimulo en el llamado Frente Nacional durante 16 aos que luego, con diferentes formulaciones, prolongaron hasta nuestros das.

Hoy, en 2018, las lites tradicionales del pas, portavoces del poder econmico, vuelven a dejar de lado sus disputas familiares, para conformar un nuevo Frente Nacional con dos objetivos muy claros: no dejarse arrebatar el poder y el control econmico del pas, y responder con precisin a las necesidades del plan global de guerra encabezado por los Estados Unidos y su OTAN, con quienes siempre han estado aliadas.

Y han ganado el primer asalto, pero en un contexto histrico que no esperaban y que los enfrenta a retos inditos en el pas. Alrededor de Ivn Duque, el delegado ungido por lvaro Uribe en su sostenida estrategia por regresar al poder, despus que le fallara Santos su anterior testaferro, se han aglutinado adems del uribismo ms rancio- los grandes banqueros y empresarios, los liberales, los conservadores, los del Partido de la U, muchos elementos de Cambio Radical, y los partidos cristianos Mira y Colombia Justa Libres. Adems, reconocidos sectores de la mafia, del paramilitarismo y de los sectores ms reaccionarios del pas, se precipitaron a mostrar su apoyo por diferentes medios, al joven relevo del uribismo.

Este nuevo Frente Nacional incomparable al de 1958 pero terriblemente parecido en la esencia- sum 10.373.080 votos. Para sus seguidores, un resultado histrico que, en boca del ex alcalde de Bogot, el liberal Jaime Castro, demuestra que Colombia es tierra estril para el comunismo. Lo que no esperaban, a pesar de la campaa electoral basada en la mentira y la manipulacin, es que la opcin alternativa, la conducida por un ex guerrillero (sorpresa!) y que aglutin a buena parte de los sectores populares y a parte de la clase media urbana, lograra 8.034.189. Jams en la historia del pas un candidato presidencial de la izquierda y que retara al establecimiento, haba llegado vivo al da de las elecciones; jams logr esta cantidad de votos en la historia del pas, una opcin de la izquierda con las banderas de la paz, la lucha contra la corrupcin y la construccin de la equidad.

Gustavo Petro y su programa de Colombia Humana anidaron en los territorios ms golpeados por la guerra y la pobreza en Colombia -como el Pacfico o parte de la costa Caribe-, pero tambin ganaron en capitales departamentales tan importantes como Bogot, Cali, Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Quibd, Riohacha o Sincelejo.

Esto slo ha sido posible por una estrategia poltica poco habitual: Colombia Humana plante un programa electoral de gobierno y no de oposicin, un programa lo suficientemente amplio como para cobijar muchos de los intereses, de amplios sectores marginados del poder en el pas; le apost de manera inequvoca a la paz, con propuestas anheladas como el fin del servicio militar obligatorio y el respeto a los procesos de paz ya en marcha; centr muchas de sus propuestas en el respeto al medio ambiente y en la bsqueda de modelos productivos alternativos, que saquen al pas del modelo agro-extractivista; conect con un amplio espectro de la juventud al incorporar medidas de convivencia en la diversidad; plante un futuro de respeto a la diversidad, a las diferencias tnicas y a los autogobiernos reconocidos por las leyes e ignorados en la realidad

Tambin fue importante que lderes de los Verdes como Antanas Mockus, de vocacin urbana y de clase media, dieran su apoyo a Petro. Parte del miedo sembrado por las lites al castrochavismo se diluy con la confianza de sectores tradicionalmente centristas como estos. Se podra decir que en estas elecciones Colombia Humana ha apostado por los cambios bsicos, en una sociedad tan fragmentada, degradada y corroda como la colombiana.

Los primeros movimientos de Duque desaparecen de tajo sus discursos sobre rejuvenecer la poltica o modernizar el pas. La interpretacin de la paz de Duque es violenta. Habla, as lo hizo el pasado martes, del dividendo econmico de la paz y la define con este nivel de erudicin: La paz es la ausencia de violencia o su disminucin sustancial. Es decir, que la paz no tiene nada que ver con transformaciones de las condiciones del pas que generan la guerra, ni es equivalente a la verdad, la justicia, la reparacin o las garantas de no repeticin, ni guarda relacin con que Colombia sea el pas con mayor concentracin de las tierras en Amrica Latina o el tercero del continente ms desigual.

Quiz por eso, nada ms ser elegido, y a un mes y medio de tomar posesin, ya Duque ha bloqueado la reglamentacin de la Jurisdiccin Especial de Paz en el Congreso y espera al nuevo, de mayora derechista, para terminar de machacar la paz.

En lo econmico ya ha anunciado tras ser elegido presidente, que va a levantar la poca presin fiscal que existe sobre las clases dominantes y que hereda el sueo de lvaro Uribe, su padrino y mentor, de convertir al pas en el paraso de la palma aceitera, doblando las hectreas cultivadas y exportando su produccin en crudo, para que sea convertida en combustible en latitudes ms prsperas que la nuestra.

En cuanto al respeto a los derechos humanos nada hace pensar que el retroceso temido no se produzca. Los nombres de los que se rodea tienen una profunda relacin con los gobiernos de Uribe Vlez (2002-2010), y las fuerzas militares se frotan las manos sabiendo que, aunque nunca perdieron poder, ahora gozarn de un margen de actuacin que ir ms all de lo razonable e, incluso, de lo licito.

Del otro lado, de esos 8 millones de votos que Colombia Humana debe poner en juego para capitalizar el resultado, hay que esperar que se puedan sostener las alianzas y que estas lleguen hasta las elecciones locales y departamentales de 2019. Ese, el poder local y regional, es un lugar para reorganizarse, mostrar la capacidad de gobernar, ensayar formas polticas alternas a la politiquera, fomentar la participacin y consolidar una gran alternativa electoral para 2022. Si esto se consigue, si hay un espritu de resistencia activo ante la violenta arremetida previsible de la derecha, y si la sociedad presiona lo suficiente para que los procesos de paz sigan avanzando, Colombia tendra una segunda oportunidad sobre la tierra, como bien lo dijo Gabriel Garca Mrquez en Estocolmo.

Fuente: http://eln-voces.com/frente-nacional-sesenta-anos-despues/



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