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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2018

Neoliberalismo en Argentina: un arma mortal

Marcelo Colussi
Rebelin


De la riqueza a la pobreza

El economista ruso-estadounidense Simon Kuznets, ganador del Premio Nobel de Economa en 1971 , dijo alguna vez que existen cuatro categoras de pases: los desarrollados, los subdesarrollados, Japn y Argentina. Por qu estos dos ltimos? El caso del pas asitico, porque constituye un verdadero milagro: habiendo sido prcticamente destruido durante la Segunda Guerra Mundial con el agregado de dos bombas atmicas sobre su poblacin civil en pocos aos resurgi monumentalmente, transformndose en un par de dcadas en la segunda economa mundial. El caso de Argentina, por el contrario, es tambin digno de estudio (la paradoja argentina, pudo llamrsele): cmo fue posible que una sociedad prspera, con elevados ndices de lo que hoy llamaramos desarrollo humano, con abundantes tierras frtiles, numerosos recursos hdricos, petrleo, un enorme litoral atlntico y un parque industrial considerable, que para la primera mitad del siglo XX tena una pujanza mayor que Canad, Australia o Espaa, en unos aos pudiera descender tanto, convirtiendo a uno de cada tres de sus habitantes en pobres? Cmo fue posible eso? Cmo se pudo llegar a esa pattica realidad donde buena parte de su juventud piensa que la nica salida que tiene el pas es Ezeiza? (el aeropuerto internacional).

Hacia 1913 Argentina era el dcimo pas del mundo con mayores ingresos per capita . Con el proceso de sustitucin de importaciones, que en realidad empez antes de la primera presidencia de Juan Domingo Pern, pero que durante su mandato se acrecent poderosamente, la capacidad industrial argentina fue creciendo en forma exponencial en la primera mitad del siglo pasado. El valor agregado de la produccin manufacturera super al de la agricultura por primera vez en 1943. Inmediatamente despus de la Segunda Guerra Mundial, cuando Europa estaba destrozada y comenzaba su lento proceso de recuperacin con la inyeccin del Plan Marshall estadounidense, Argentina rebosaba de divisas, siendo la dcima economa mundial. El desarrollismo, como teora econmico-poltico-social que encontr en Ral Prebisch su principal mentor, marc la poca, llevando la industrializacin a niveles insospechados.

A partir del empuje que recibe la industria nacional durante el gobierno peronista, para finales de la dcada de los 50 el pas aportaba la mitad de todo el Producto Interno Bruto PIB de Latinoamrica. Adems de las tradicionales exportaciones de cereales y carne vacuna, la industria argentina marcaba poca. La produccin global era el doble de la de su vecino Brasil. Junto a ese dinamismo, la sociedad en su conjunto tena un nivel comparativamente muy alto con otros pases de la regin. Los salarios eran los mejores de todo el sub-continente, y la clase trabajadora urbana y rural estaba sindicalizada, gozando de importantes beneficios.

La pobreza nunca superaba el 10% de la poblacin, y la participacin de los salarios de los trabajadores en la riqueza nacional rondaba el 50%. Haba considerables desarrollos, tanto cientfico-tcnicos como culturales en su sentido ms amplio. Hacia 1950 Argentina se encontraba entre los tres pases ms avanzados en el aprovechamiento del gas natural, junto con Estados Unidos y la Unin Sovitica. En 1947 se construye en el pas el primer avin a reaccin de toda Latinoamrica, noveno en su tipo en todo el mundo: el Pulqui I. Para mediados de siglo Argentina fue pionera en todo el Tercer Mundo en investigacin nuclear: en 1958 entra en operaciones el primer reactor de su tipo en toda Amrica Latina, y en 1968 se comienza a construir la primera usina atmica de la regin: Atucha, que se inaugura en 1974.

Para 1958 en Argentina se encontraba la empresa industrial ms grande de Latinoamrica: Siam, con ms de 9.000 trabajadores, con una muy importante produccin de manufacturas varias. En 1955, el pas contaba con una reserva de 371 millones de dlares, pasando a ser acreedor. Todo este desarrollo se traduce en un considerable bienestar general, con servicios pblicos de calidad: educacin universal gratuita que termina con el analfabetismo, y un sistema de salud pblica y de seguridad social de gran vuelo.

La produccin cientfica y cultural tambin alcanza altas cotas: tres Premios Nobel en Ciencia, una gran industria editorial, discogrfica y cinematogrfica que marca rumbo en el continente, masivo acceso a la educacin (el pas ms lector de la regin, por ejemplo). Para la dcada de los 60, el 40% de la poblacin poda considerarse de clase media, con importantes cuotas de consumo y con indicadores socioeconmicos inhallables en otros pases latinoamericanos, ms cercanos al perfil de un pas europeo con desarrollo medio.

Pero algo pas. Todo ese nivel de bienestar se vino abajo. Ese histrico ndice de pobreza siempre bajo, hoy da trep a niveles exagerados. En estos momentos, ao 2018, 35% de la poblacin se considera pobre a nivel nacional, mientras que en algunas provincias esa cifra supera el 50%. El salario mnimo actual cubre solo el 45% de la canasta bsica, y las jubilaciones son vergonzosas, pues no permiten pasar la primera quincena. Como cosa indita en un pas que siempre fue productor neto de alimentos (carne vacuna y cereales en cantidad, el pas de las vacas), actualmente la desnutricin infantil es de ms del 20%. La desocupacin se ubica en el 7,6% de la Poblacin Econmicamente Activa, y a nivel global Argentina descendi a ser la tercera economa en Latinoamrica detrs de Brasil, que presenta un PIB cuatro veces mayor, y de Mxico habiendo cado al 26 lugar a nivel mundial.

Solo para ejemplificar el fenmeno en juego: en el corto perodo de cuatro aos que va de 1999 a 2002, el PIB decreci en ms de 20%. Por otro lado, el ingreso per capita del ao 2004 fue aproximadamente el mismo que el de 1974. Pero y esto es lo importante a remarcar el nivel de poblacin en situacin de pobreza fue mucho mayor en el 2004, lo que refleja una creciente desigualdad en la distribucin del ingreso en el pas.

Paisajes sociales impensables dcadas atrs, hoy hacen parte de la cotidianeidad argentina: poblacin precarizada, cinturones de pobreza (villas miserias) por doquier, ejrcitos de vendedores ambulantes informales, nios de la calle, delincuencia callejera a niveles alarmantes y desconocidos anteriormente, consumo de drogas generalizado. Aunque Ral Alfonsn pregonaba a los cuatro vientos durante su campaa presidencial en 1983 que con la democracia se come, se cura y se educa , la obstinada realidad ensea que el hambre, la reaparicin de enfermedades endmicas otrora superadas y la desercin escolar, hoy son una constante en Argentina. En el pas de las vacas no fueron pocas las veces en que la poblacin, desesperada, saque un zoolgico para comer algo de carne roja.

Qu pas? Cmo se dio esta paradoja? Cmo fue posible que, de ser un territorio libre de analfabetismo, donde un tercio de la poblacin tena vivienda propia y la clase trabajadora mostraba una organizacin sindical envidiable, hoy da Argentina no pueda salir de su marasmo?

Las consecuencias de esta cada fueron estrepitosas: el aumento en el consumo de sustancias psicoactivas es un elocuente ndice (por qu huir de la realidad si todo anduviera bien?). En estos ltimos aos Argentina tuvo indicadores trgicos: uno de los primeros lugares, a nivel mundial, en suicidios y en disfuncin erctil. Definitivamente, todo se vino abajo. Cmo entenderlo?

Qu pas?

Dejando de lado explicaciones superficiales (supuesta vocacin al fracaso de los argentinos?), la apelacin a los malos gobernantes es el expediente ms sencillo. Pero all radica un enorme peligro en trminos ideolgicos: adems de ser una mirada banal, se juega un prejuicio cuestionable. La marcha de las sociedades, y menos an hoy da en estas democracias capitalistas, no est fijada en modo alguno por las administraciones de turno, por el presidente y sus ministros, ni por las legislaturas. En ltimo anlisis, podra decirse que los equipos gobernantes son meros administradores, meros gerentes que fijan (a medias) las polticas pblicas. Los verdaderos actores que establecen los carriles por donde transita la humanidad son poderes mucho ms omnmodos. Hoy da y evidenciar esto es la intencin del presente escrito esos poderes van infinitamente mucho ms all de los Estados nacionales: la arquitectura del mundo, cada vez ms, est dada por monumentales capitales globales. Capitales que deciden qu y cmo se consume, cundo hay guerras, qu poblacin sobra en el mundo y qu debe producir cada pas. Por qu hoy da Argentina, de nacin autosuficiente donde no se compraba prcticamente nada en el extranjero salvo productos de lujo prescindibles en la economa cotidiana pas a ser un monoproductor de soja transgnica, inundado de produccin industrial externa, con una poblacin empobrecida? Quin fij eso: los presidentes de turno?

Argentina, para los aos 70, consuma demasiado petrleo. Cada familia quera tener un automvil y eso es mucho! , dijo ya entrado el siglo XXI un funcionario estadounidense de la USAID* explicando la necesidad de imponer planes de austeridad en el pas. Mucho consumo de petrleo, pero para quin? Eso hace recordar aquella famosa frase de Henry Kissinger: Controla el petrleo y controlars a las naciones; controla los alimentos y controlars a la gente. Insistamos en la frmula: capitales que deciden qu y cmo se consume, cundo hay guerras, qu poblacin sobra en el mundo y qu debe producir cada pas.

Desde hace unas cuatro dcadas, esos mega-capitales han impuesto unas polticas especficas que se han conocido como neoliberalismo. Son esas polticas, establecidas por grandes centros de poder con capacidad de incidencia global, las que hicieron de Argentina lo que es actualmente. Los gobernantes de turno han navegado en medio de esas imposiciones, sin ser ellos directamente los responsables de la actual monumental debacle.

Con la dictadura impuesta el 24 de marzo de 1976, bajo la direccin del general Jorge Rafael Videla, el verdadero personaje fuerte que empez imponiendo esas polticas neoliberales fue el entonces ministro de economa, Jos Alfredo Martnez de Hoz, conspicuo miembro de la oligarqua nacional, formado en la Universidad de Cambridge, Estados Unidos, y ligado directamente a las ideas neoliberales en boga. Siento gran respeto y admiracin por Martnez de Hoz. Esto proviene no slo de una larga amistad entre nosotros, a pesar de las distancias geogrficas que nos separan, sino de la creatividad y rigor de su desempeo en el plano econmico. [...] Pocos como l tuvieron la valenta de informar en Estados Unidos que el problema de Argentina anterior a su gestin radicaba en la promocin de una excesiva intervencin estatal en la economa y en el sobredimensionamiento de las funciones del Estado, que indebidamente ponan sobre las espaldas del pas el costo social de la accin , dijo el magnate estadounidense David Rockefeller refirindose a su persona en 1978.

Fueron esas polticas especficas las que comenzaron con el terrorfico deterioro argentino. Con los planes neoliberales que dirigi Martnez de Hoz asentados en 30.000 desaparecidos, campos de concentracin clandestinos y picanas elctricas a la orden del da Argentina vio naufragar su industria nacional. Miles de pequeas y medianas empresas quebraron debido a las reducciones arancelarias que permitieron una invasin de mercadera extranjera, con la consecuente pauperizacin de enormes masas de trabajadores que fueron quedando desocupados. El cinturn industrial Rosario-San Nicols, donde se asentaba buena parte de un muy desarrollado parque productivo, con dos grandes aceras incluidas y una pujante industria petroqumica, alcanz cotas de desempleo nicas en el mundo, con ms del 30% de la PEA sin salario. Para el ao 1980 la produccin industrial haba reducido un 10% su aporte al PIB, y en algunas ramas, como la textil, la cada haba superado el 15%.

Esas polticas de desfinanciamiento del pas en beneficio de centros de poder externo dieron como resultado un crecimiento exponencial de la deuda externa. La misma creci de 7.875 millones de dlares, al finalizar 1975, a 45.087 millones de dlares en 1983. Ello trajo como resultado la sujecin inmediata de Argentina a los organismos crediticios internacionales, hipotecando por largas dcadas su futuro. La situacin de los trabajadores asalariados fue de empobrecimiento acelerado: la participacin del salario en el PIB, que para 1975 era de un 43%, en un par de aos se redujo al 25%. El nivel de vida, naturalmente, cay en forma estrepitosa. Pero la situacin deja ver el trasfondo de esas polticas: si bien los salarios pasaron a ser miserables, tener un trabajo fijo en esas condiciones dominantes era ya un lujo. Por tanto, la consigna para todo trabajador pas a ser cuidar como el bien ms preciado su sacrosanto puesto de trabajo. Consecuencia obligada: No meterse en nada , eufemismo por decir: olvidarse de toda actitud crtica, no protestar, no organizarse. Las desapariciones forzadas de personas (el temible Ford Falcon verde con varios sujetos armados a bordo) eran el siniestro recordatorio.

Est claro que esas polticas, fijadas desde los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, marcan el rumbo, tanto en Argentina como en todos los pases latinoamericanos, e incluso de todo el orbe. Los presidentes de turno, con distintas caractersticas y estilos personales, no son ms que buenos colegiales a los que se les obliga a hacer la tarea. Los presidentes de los Bancos Centrales, por otro lado con relacin directa con esos organismos crediticios pasaron a tener mayores cuotas de poder que los propios mandatarios. De hecho, hacia finales de la dictadura militar, en septiembre de 1982, el por ese entonces presidente del Banco Central, Domingo Cavallo, seguidor a ultranza de las recetas neoliberales (formado en Harvard, Estados Unidos), estatiz 17.000 millones de dlares de deuda externa privada, transformndola en deuda pblica. Entre otras empresas beneficiadas con esas medidas est el Grupo Macri, de donde proviene el actual presidente. En otros trminos: se socializan las prdidas (empobrecimiento de las mayoras populares) mientras que se privatizan las ganancias (de grandes grupos econmicos, nacionales y extranjeros). El Estado no sirve, segn la prdica neoliberal. Pero s sirve para salvar a la empresa privada en dificultades, fenmeno que se dio en numerosos pases, como se ver ms adelante.

Est claro, entonces, que el actual deterioro de Argentina no fue culpa de algn funcionario pblico en especial, de la corrupcin de algn poltico venal o de desacertadas decisiones de un ministro de Economa, del corralito de Fernando de la Ra o del malhadado destino. Es algo estructural, y hay que leerlo en clave histrica. Las relaciones carnales de Carlos Menem fueron ms vergonzosas que los intentos socialdemcratas (engaosos) de Nstor Kirchner* o de Cristina Fernndez, pero todos, indefectiblemente, se vieron constreidos a seguir reglas de juego que no fijaron, que les fueron impuestas. Y, preciso es decirlo, con estos ltimos dos mandatarios, si bien hubo una relativa mejora en la situacin de la pauperizada clase trabajadora merced a programas asistenciales en muy buena medida la transformacin del pas (de industrial en agrcola) es un proceso que no depende de decisiones tomadas en la Casa Rosada. Si es mucho el petrleo que consumen los argentinos , eso no lo decidi ningn ciudadano argentino. La pobreza actual (1 de cada 3 argentinos es pobre) tiene causas mucho ms concretas y profundas que la mala suerte o que la corruptela de algn ministro o legislador.

Las polticas neoliberales que hace aos marcan el ritmo del planeta tienen como objetivo, en definitiva, repartir el mundo de una forma donde los habitantes del Sur no cuentan en la toma de esa decisin. La agenda oculta pareciera ser tener postrada a la poblacin mayoritaria en beneficio de unos pocos, muy pocos grandes centros decisorios.

Qu es, entonces, el neoliberalismo?

Lo que hoy da conocemos como neoliberalismo, siempre asociado a la idea de globalizacin, es una forma que el sistema capitalista adquiri entre los aos 70 y 80 del siglo pasado, surgido como doctrina en los llamados pases centrales, en el que retoma la iniciativa econmica, poltica, militar e ideolgico-cultural que haba ido perdiendo a travs de dcadas de avance popular. Recurdese que los aos 60/70 marcaron un alza significativa de las luchas anti-sistmicas, con distintas expresiones de rechazo que van desde organizaciones sindicales combativas hasta movimientos campesinos organizados, el desarrollo de guerrillas de orientacin socialista hasta la aparicin de un ala progresista de la Iglesia Catlica surgida luego del Concilio Vaticano II y su opcin preferencial por los pobres, el rechazo a la guerra de Vietnam y el movimiento hippie llamando al pacifismo y el no-consumismo al Mayo Francs como fuente inspiradora de protestas, el auge de los procesos de liberacin nacional en frica al impetuoso avance de los movimientos feministas y de liberacin sexual, la mstica guevarista que va marcando esos aos as como el auge de un espritu contestatario y rebelde que se expande por doquier. Vale recordar que para los aos 80 del siglo XX, al menos un 25% de la poblacin mundial viva en sistemas que, salvando las diferencias histricas y culturales existentes entre s, podan ser catalogados como socialistas (Unin Sovitica y el este europeo, China, Vietnam, Corea del Norte, Laos, Camboya, Cuba, Nicaragua, muchos pases africanos de reciente liberacin, etc.).

Ante todo esto, para el sistema capitalista dominante entendido como unidad global y monoltica, ms all de diferencias y pujas intercapitalistas, se prendieron las luces rojas de alarma. El llamado neoliberalismo fue la reaccin a ese estado de cosas. Los Documentos de Santa Fe* (elaborados por los ms ultraderechistas tanques de pensamiento neoconservador estadounidenses) son el complemento poltico para Amrica Latina de la arquitectura econmica que fija el neoliberalismo. De hecho, la primera experiencia neoliberal como tal en alguna medida: laboratorio para lo que vendr despus tiene lugar en el medio de una sangrienta dictadura latinoamericana: el Chile del general Augusto Pinochet. A partir de ah, el modelo se expande por innumerables pases del Sur, para llegar luego a las naciones metropolitanas. All, Estados Unidos bajo la presidencia de Ronald Reagan y Gran Bretaa, dirigida por Margaret Tatcher, son los pases que enarbolan el neoliberalismo como insignia triunfal, para impulsarlo a escala planetaria. Sus mentores intelectuales: los austracos Friedrich von Hayek, Ludwig von Mises (la llamada Escuela de Viena) y lo que luego se conocer como la Escuela de Chicago, capitaneada por el estadounidense Milton Friedman y sus aclitos Chicago Boys, reflotan y llevan a un grado sumo los principios liberales del capitalismo ingls clsico.

En pocas palabras, este nuevo liberalismo se emparenta directamente con el viejo liberalismo dieciochesco y decimonnico de los padres de aquella economa poltica clsica burguesa, aquellos que inspiraron a Marx en su lectura crtica del capitalismo: Adam Smith, David Ricardo, Thomas Malthus, John Stuart Mill: el acento est puesto en la entronizacin absoluta de la libertad de mercado, reduciendo drsticamente el papel del Estado a un mero mecanismo garante que asegura la renta de la empresa privada. El actual neoliberalismo y sus recetas de privatizacin de los principales servicios estatales, desarman el Estado de bienestar keynesiano surgido despus de la Gran Depresin de 1930, teniendo como resultado dos elementos fundamentales: 1) el enriquecimiento exponencial de los grandes capitales en detrimento de toda la masa asalariada (trabajadores varios y sectores medios), y 2) el descabezamiento de toda protesta popular. Es elocuente al respecto lo expresado por la Dama de Hierro, Margaret Tatcher, para resumir esta nueva perspectiva: No hay alternativa. Dicho de otro modo: O capitalismo o capitalismo! Eso no se discute.

El instrumento desde donde se impulsaron esas nuevas polticas fueron los grandes organismos crediticios de Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, instancias financieras manejadas por los grandes capitales corporativos de unos pocos pases centrales, Estados Unidos fundamentalmente. Desde ah se fijaron las recetas neoliberales que prcticamente la casi totalidad de pases del mundo debieron impulsar estas ltimas dcadas. Y por supuesto, no para beneficio de las grandes mayoras populares sino para provecho de esos pocos capitales transnacionales.

Las dos tareas mencionadas (acumulacin de riquezas y freno de la protesta popular) se han venido cumpliendo a la perfeccin en estas ltimas cuatro dcadas. La acumulacin de riquezas de los ms acaudalados se llev a niveles descomunales. A partir de ello, hoy da 500 corporaciones multinacionales globales manejan prcticamente la economa mundial, con fracturaciones que se miden por decenas o centenas de miles de millones de dlares (una sola empresa con ms renta que el PIB total de muchos pases del Sur), y el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dlares selecto grupo que cabe en un Boeing 747, en su gran mayora de origen estadounidense supera el ingreso anual combinado de naciones en las que vive el 45% de la poblacin mundial. En otros trminos: la polarizacin econmico-social se llev a extremos que nunca antes haba conocido el capitalismo, surgido con los ideales (perversamente engaosos) de libertad, igualdad y fraternidad. Esa acumulacin fabulosa de riqueza se hizo sobre la base de un empobrecimiento maysculo de las grandes mayoras.

Ese fabuloso acrecentamiento de riquezas vino de la mano de las nuevas tecnologas de la comunicacin que convirtieron el planeta en una verdadera aldea global, eliminando distancias y homogeneizando culturas, gustos y tendencias, aplastando tradiciones locales de un modo impiadoso. El internet fue su cono por antonomasia. De ah que, en muy buena medida como producto de una ilusin meditica que as lo presenta, esa nueva forma de capitalismo despiadado que se erigi contra el alza de las luchas populares de dcadas anteriores, suele estar asociado a la mundializacin o planetarizacin, a lo que hoy se llama globalizacin, y siempre de la mano de las nuevas tecnologas de la comunicacin y la informacin. Pero ese fenmeno no es nuevo. La tarea especfica de la sociedad burguesa es el establecimiento del mercado mundial () y de la produccin basada en ese mercado. Como el mundo es redondo, esto parece tener ya pleno sentido [por lo que ahora estamos presenciando], anunciaba Marx en 1858. En realidad, la globalizacin no comenz con la cada del Muro de Berln en 1989, como malintencionadamente se arguye, cuando el mundo libre vence a la tirana comunista, sino la madrugada del 12 de octubre de 1492, cuando Rodrigo de Triana avist tierra desde la nave insignia de la expedicin de Cristbal Coln.

La otra faceta del neoliberalismo: la neutralizacin de todo tipo de protesta popular anti-sistmica, igualmente se llev a cabo de modo perfecto. En Amrica Latina los planes neoliberales se asentaron a partir de feroces dictaduras sangrientas que prepararon el terreno. Fueron gobiernos civiles, llamados democracias, las que profundizaron las recetas fondomonetaristas y privatistas (Carlos Menem en Argentina, por ejemplo, o Carlos Andrs Prez en Venezuela, Carlos Salinas de Gortari en Mxico, Collor de Melo en Brasil, Virgilio Barco en Colombia, lvaro Arz en Guatemala, etc. ), sobre montaas de cadveres y ros de sangre que les antecedieron. En el llamado Primer Mundo, esas polticas se impusieron tambin a sangre y fuego, pero sin la necesidad de dictaduras militares previas. El resultado fue similar en todo el mundo: los sindicatos obreros fueron cooptados, la ideologa conservadora fue imponindose, y toda forma de descontento y/o contestacin fue reducida a oprobiosa rmora de un pasado que no deba volver. Desmoronado el bloque socialista (fenecida la revolucin en la Unin Sovitica y revertida la revolucin hacia un confuso socialismo de mercado en la Repblica Popular China), Cuba y Norcorea fueron prcticamente los nicos baluartes que permanecieron fieles al ideario socialista. Y as les fue. En Cuba, el capitalismo global le ajust cuentas, hacindole sufrir el penoso perodo especial, y en Corea del Norte se le llev a un tremendo nivel de asfixia que forz al gobierno coreano a emprender su militarizacin nuclear como nico modo de sobrevivencia. Sin ningn lugar a dudas, estas nuevas polticas neoliberales (o capitalismo sin anestesia, para ser ms explcito, sin el colchn que haba generado el Estado socialdemcrata de las ideas keynesianas) desarmaron, desmovilizaron e hicieron retroceder toda protesta social. Conservar el puesto de trabajo (indignamente en muchos casos) pas a ser lo nico que se poda hacer. La protesta significa el desempleo, y ante el nuevo paisaje que crearon estas polticas, eso es equivalente casi a la muerte. En Latinoamrica los campos de concentracin clandestinos, la desaparicin forzada de personas y las torturas pavimentaron el camino para estos planes, de los que todos los trabajadores del mundo, Norte prspero y Sur msero, siguen sufriendo hoy las consecuencias. Eso explica la pobreza y la precarizacin actual de Argentina (segundo pas en Latinoamrica 30.000, tras Guatemala 45.000, en personas desparecidas previas a los planes neoliberales).

Estas recetas de entronizacin absoluta del libre mercado se complementan necesariamente con el achicamiento / desmantelamiento de los Estados nacionales: todas las empresas pblicas son privatizadas, la inversin social se reduce a porcentajes nfimos y la prdica constante, que termina por hacerse una verdad (Una mentira repetida mil veces termina convirtindose en una verdad ense Joseph Goebbels, ministro de Propaganda nazi) hace del Estado un paquidermo inservible, corrupto, disfuncional. Esa ideologa, esas prcticas concretas de ajuste estructural, las vemos recorriendo todo el mundo. En Argentina, como no poda ser de otro modo, tambin terminaron afianzndose, siendo la piedra angular de todos los gobiernos. Desde la implementacin de los primeros planteos neoliberales en 1976, con Martnez de Hoz, pasando por todas las administraciones hasta la actual de Mauricio Macri (todas!, sin excepcin), el neoliberalismo ha marcado el rumbo. Por eso y no por ninguna otra cosa el pas presenta el estado calamitoso actual, con proliferacin de cirujas y villas miseria, junto a ghettos ultra refinados para los que se salvaron.

El neoliberalismo, digmoslo claramente, es una expresin determinada del sistema capitalista, de ese modo de produccin en un momento de su desarrollo histrico, con capitales monopolistas y transnacionalizados en su actual fase de imperialismo guerrerista. Ese sistema nunca est de ms recordarlo se fundamenta en la explotacin del trabajador a partir de la propiedad privada de los medios de produccin, no importando la forma que ese trabajo asuma: proletariado industrial urbano, proletariado agrcola incluso si se trata de trabajadores estacionales, productores intelectuales, trabajo hogareo no remunerado, habitualmente desarrollado por mujeres amas de casa. El corazn del problema est en la plusvala, el trabajo no remunerado apropiado por los dueos de los medios de produccin bajo la forma de renta, de ganancia, sean ellos industriales, terratenientes o banqueros. Ese es el verdadero problema a enfrentar.

Todo esto remite a la pregunta sobre cmo se estructura verdaderamente el sistema capitalista actual. Est claro que quien manda, quien pone las condiciones y fija las lneas a largo plazo, son estos capitales globales, financieros en muy buena medida, que establecen las vas por donde habr de circular la poblacin del planeta. Esos megacapitales realmente no tienen patria. Los Estados nacionales modernos conformados con el triunfo de la sociedad burguesa sobre el feudalismo medieval en Europa, y luego replicados en todas partes del orbe, ya no les son funcionales ni necesarios. El capitalismo globalizado actual no se maneja desde las casas de gobierno. La Casa Blanca, representacin por antonomasia del poder mundial (con acceso a uno de los dos botones nucleares ms poderosos del planeta) no es la que realmente decide por dnde van las estrategias. Extremando las cosas, el presidente de la primera potencia mundial es un operador de esos grandes capitales, donde el complejo militar-industrial juega un papel de primera importancia, as como las compaas petroleras. Si ese presidente de turno no le quiere escuchar a esas megaempresas, puede terminar con un balazo en la cabeza, como le pas a John Kennedy. A quin pertenece, por ejemplo, la empresa automotriz ms grande del orbe actualmente, el gigante Daimler-Chrysler? A los accionistas, que pueden ser tanto estadounidenses como alemanes, o de cualquier parte del mundo (quin sabe realmente la composicin de esos capitales? Podrn tener ah acciones el Vaticano, o algn cartel de la droga? Por qu no?) Los dueos del capital no tienen color de bandera: su nico himno nacional es el billete de banco, que se tie de rojo (sangre) cuando alguien se les opone. El Plan Marshall posterior a la Segunda Guerra Mundial busc justamente eso: internacionalizar los capitales para evitar nuevas confrontaciones blicas entre los pases centrales.

Hay tantas armas y tantas guerras en el mundo, en casi todos los casos impulsadas desde Washington, porque ese entramado industrial necesita realizar su plusvala, no descender su tasa de ganancia. Quin decide las guerras entonces: los gobiernos, o los poderes que le hablan al odo (dndole rdenes)? Por qu el gobierno argentino compr recientemente con Macri en la presidencia 64 helicpteros de alta tecnologa militar, 182 tanquetas y 36 aviones de guerra a proveedores estadounidenses, incluso modelos de cazas similares a los que ya se producen en el pas? Quin decide eso? Se tomar la decisin en Buenos Aires? No parece posible.

Del mismo modo: existe una cantidad insufrible de vehculos automotores circulando por el globo impulsados por motores de combustin interna que necesitan derivados del petrleo; sabido es que a) se podran reemplazar tantos vehculos particulares por transporte pblico de pasajeros para hacer ms amigable la circulacin y, fundamentalmente, b) se podra prescindir de los motores alimentados por sub-productos del oro negro reemplazndolos por otros menos contaminantes: agua, energa solar, electricidad. Todo ello, sin embargo, no pasa. Quin lo decide: los gobiernos o las megaempresas productoras de petrleo y/o de vehculos? (que le hablan al odo y les dan rdenes a esas administraciones). Los ejemplos podran multiplicarse bastante abundantemente. La salud de la poblacin mundial se beneficiara infinitamente ms con atencin primaria que con la profusin monumental de medicamentos que llegan al mercado; los ministros de salud lo saben. Quin decide que eso as suceda: los gobiernos o las mega-empresas farmacuticas? Con la produccin de transgnicos se podra acabar con el hambre en el mundo; cualquier gobierno lo sabe, pero ello no sucede. Quin decide eso? Y ni qu decir del capital financiero global: son necesarios esos parasos fiscales donde, a velocidad de la luz, se mueven cifras astronmicas de dinero virtual? A quin beneficia eso? Obviamente, no a la poblacin. Pero cuando quiebran esos gigantes, son los Estados (con fondos pblicos, obviamente) los que los socorren, cosa que no sucede cuando los trabajadores pierden su empleo, por ejemplo.

Esos megacapitales, que cuando tienen traspis son asistidos por ese mismo Estado que tanto critican desde su visin neoliberal (por ejemplo, el fabricante de vehculos General Motors, o la gran banca, como sucedi con el Bank of America, o el Citigroup, o el JP Morgan, todos en Estados Unidos, o el Lloyds Bank en Gran Bretaa, o el Deutsche Bank en Alemania), son los que conducen finalmente las polticas mundiales. Obviamente la humanidad no necesita ni tantas armas ni guerras, ni tantos medicamentos ni tantos automotores circulando, ni la infinita variedad de productos prescindibles que deben reciclarse de continuo; si eso se da generando el cambio climtico eufemismo moderado por no decir catstrofe medioambiental por la sobreexplotacin de recursos, y gobiernos como los de Washington o los de la Unin Europea lo avalan, es porque el complejo de mega-empresas globales lo imponen.

En esta nueva fase del capitalismo iniciada entre los 70 y 80 del siglo pasado, la globalizacin neoliberal encontr que es ms fcil producir fuera de los pases del Norte, trasladando su parque industrial al Sur, pues all la mano de obra es mucho ms barata y desorganizada, se pueden evitar impuestos y las regulaciones medioambientales son mucho ms laxas o inexistentes. Es por eso que llegan call centers a la Argentina, no por otra cosa. Esa globalizacin de la produccin para un mercado igualmente global (lo que ya entrevea Marx a mediados del siglo XIX), que tom su forma acabada desde fines del siglo XX con tecnologas que eliminan distancias, lleg para quedarse. Sin dudas, a lo interno de los pases metropolitanos (Estados Unidos, Unin Europea, Japn), esa nueva recomposicin del capital provoc severos daos a la clase trabajadora, aumentando en forma creciente su desocupacin, lo que permiti recortar el precio de la mano de obra congelamiento de salarios y de beneficios varios. Eso es lo que produjo hace un par de aos el notorio descontento de britnicos y estadounidenses, que ante una eleccin determinada (el referndum para ver si el Reino Unido de Gran Bretaa permaneca o no en la Unin Europea, la ltima eleccin presidencial en Estados Unidos ganada por Donald Trump) dijeron no a esas polticas. Pero eso en modo alguno significa que el neoliberalismo est en vas de extincin, como ms de alguno triunfal (o irresponsablemente) ha anunciado o pretendido ver.

Neoliberalismo y lucha de clases

Las actuales polticas neoliberales impulsadas por los organismos crediticios internacionales y puestas en prctica mansamente por los distintos gobiernos nacionales (en Argentina tambin: todos los gobiernos, sin excepcin, aunque en la era Kirchner se manipul la ilusin que el pas se desentenda de la deuda con los bancos mundiales), son responsables del empobrecimiento acelerado de la clase trabajadora y de la nueva arquitectura global que reduce Argentina a proveedor de materias primas. Dichas polticas, entonces, deben entenderse como una nueva expresin, corregida y aumentada, de la nunca jams terminada lucha de clases, un elemento que intenta domesticar a la clase oprimida, doblegarla, ponerla de rodillas, en beneficio de la clase burguesa global, de esos megacapitales que manejan el mundo.

Si el discurso triunfal de la derecha intent hacernos creer estos aos que la lucha de clases haba sido superada (?), el neoliberalismo mismo es una forma de negar eso, sin saberlo explcitamente. De Marx (con x) se nos dijo que pasbamos a marcs : mtodos alternativos de resolucin de conflictos. Qu mtodo alternativo existe para superar la explotacin? La negociacin? Nos lo podremos creer? Se negocia algo, superficial, tolerable por el sistema (un aguinaldo, o dos, o cuatro), pero si el reclamo sube de tono (expropiacin, reforma agraria), ah estn los campos de concentracin, las picanas elctricas, las fosas clandestinas. No olvidarlo nunca! Quienes a veces lo olvidamos somos los que pertenecemos al campo popular, pues nos lo hacen olvidar con sobredosis de ftbol, o con las nuevas iglesias neopentecostales que invadieron Latinoamrica, y tambin Argentina. Pero la clase dominante no lo olvida ni por un instante. La lucha de clases sigue tan al rojo vivo como siempre. Si alguien tiene memoria histrica, es la clase dirigente (porque tiene mucho que perder. En el campo popular, perderemos nuestras cadenas. Y eso de vivir encadenados, mejor ni saberlo, segn la ideologa dominante).

Esta nueva cara del capitalismo, que dej atrs de una vez el keynesianismo con su Estado benefactor, ahora polariza de un modo pattico las diferencias sociales. Pero no solo acumula de un modo grotesco: sirve, adems, para mantener el sistema de un modo ms eficaz que con las peores armas, con la tortura o con la desaparicin forzada de personas. El neoliberalismo golpea en el corazn mismo de la relacin capital-trabajo, haciendo del trabajador un ser absolutamente indemne, precario, mucho ms que en los albores del capitalismo, cuando la lucha sindical an era verdadera y honesta. Se precarizaron las condiciones de trabajo a tal nivel de humillacin que eso sirve mucho ms que cualquier arma para maniatar a la clase trabajadora. Y los sindicatos pasaron a ser algo absolutamente inservible para la clase trabajadora, total y vergonzosamente cooptados por la ideologa conservadora, transformndolos en entes burocrticos y desmovilizadores.

En ese sentido pueden entenderse las actuales polticas privatistas e hiper liberales (transformando al mercado en un nuevo dios) como el ms eficiente antdoto contra la organizacin de los trabajadores. Ahora no se les reprime con cachiporras o con balas: se les niega la posibilidad de trabajar, se fragilizan y empobrecen sus condiciones de contratacin. Eso desarma, desarticula e inmoviliza mucho ms que un ejrcito de ocupacin con armas de alta tecnologa. Tan efectivo para acallar la protesta como el Ford Falcon verde es la precarizacin laboral.

Si a mediados del siglo XIX el fantasma que recorra Europa (atemorizando a la clase propietaria) era el comunismo, hoy, con las polticas ultraconservadoras inspiradas en Milton Friedman y Friedrich von Hayeck, ese fantasma aterroriza a la clase trabajadora, y es la desocupacin.

De acuerdo a datos proporcionados a fines del 2016 por la Organizacin Internacional del Trabajo OIT, nada sospechosa de marxista precisamente, 2.000 millones de personas en el mundo (es decir: dos tercios del total de trabajadores de todo el planeta) carecen de contrato laboral, no tienen ninguna ley de proteccin social, no se les permite estar sindicalizados y trabajan en las ms terribles condiciones laborales, sujetos a todo tipo de vejmenes. Eso, valga aclararlo, rige para una cantidad enorme de trabajadores y trabajadoras, desde un obrero agrcola estacional hasta un profesor universitario (aunque se le llame Licenciado o Doctor), desde el personal domstico a un consultor de la Organizacin de Naciones Unidas. La precariedad laboral barre el planeta. Argentina, por cierto, no escapa a las generales de la ley. Tener un ttulo universitario no es garanta de absolutamente nada (por eso, patticamente, para muchos jvenes la nica salida del pas sigue siendo Ezeiza).

Junto a lo anterior, 200 millones de personas a lo largo del mundo no tienen trabajo, siendo los jvenes los ms golpeados en esto. Para muy buena cantidad de desocupados, jvenes en particular, marchar hacia el sueo dorado de algn presunto paraso (Estados Unidos para los latinoamericanos, Europa para los africanos, Japn o Australia para muchos asiticos o provenientes de Oceana) es la nica salida, que muchas veces termina transformndose en una trampa mortal.

La precarizacin que permitieron las polticas neoliberales fue haciendo de la seguridad social un vago recuerdo del pasado. De ah que 75% de los trabajadores de todo el planeta tiene una escasa o mala cobertura en leyes laborales (seguros de salud, fondo de pensin, servicios de maternidad, seguro por incapacidad o desempleo.), y un 50% carece absolutamente de ella. Muchos (quiz la mayora) de quienes estn leyendo este texto, seguramente sufrirn todo esto en carne propia. En Argentina, como en cualquier parte del globo, todo esto es hoy una cruda realidad, quiz con el agravante (psicolgico en muy buena medida) de sentirse derrotada, pues habiendo tenido cotas de alto desarrollo socio-econmico, la poblacin sufre hoy lo que no haba conocido nunca, siendo algo comn desde siempre en los pases vecinos de Amrica Latina. Caer desde las alturas es, en todos los casos, ms traumtico que haber vivido siempre en el llano.

Si se tiene un trabajo, la lgica dominante impone cuidarlo como el bien ms preciado: no discutir, soportar cualquier condicin por ms ultrajante que sea, aguantar Si uno pasa a la lista de desocupados, sobreviene el drama.

Complementando estas infames lacras que han posibilitado los planes neoliberales, desarmando sindicatos y desmovilizando la protesta, informa tambin la OIT que 168 millones de nios trabajan, mientras que alrededor de 30 millones de personas en el mundo (nios y adultos) laboran en condiciones de franca y abierta esclavitud (la que se aboli con la democracia moderna!, segn nos ensearon). Argentina no tena dcadas atrs nios de la calle; hoy s (mientras sigue siendo Cuba el nico pas en Latinoamrica que no los tiene. Fracaso del socialismo?).

La situacin de las mujeres trabadoras (cualquiera de ellas: rurales, urbanas, manufactureras, campesinas, profesionales, sexuales, etc.) es peor an que la de los varones, porque adems de sufrir todas estas injusticias se ven condenadas, cultura machista-patriarcal mediante, a desarrollar el trabajo domstico, no remunerado y sin ninguna prestacin social, faena que, en general, no realizan los varones. Trabajo no pagado que es fundamental para el mantenimiento del sistema en su conjunto, por lo que la explotacin de las mujeres que trabajan fuera de su casa devengando salario, es doble: en el espacio pblico y en el domstico.

Este retrato desolador de la situacin laboral mundial muestra cuan inmenso es el dficit de trabajo decente, manifiesta la OIT, exigiendo entonces una apuesta decidida e innovadora a los diferentes gobiernos para hacer poder llegar a cumplir los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por el Sistema de Naciones Unidas para el perodo 2015-2030.

Lamentablemente, ms all de las buenas intenciones de una agencia de la ONU, los cambios no vendrn por decididos e innovadores gobiernos que se apeguen a bienintencionadas recomendaciones. Eso muestra que la lucha de clases, que sigue siendo el imperecedero motor de la historia, contina tan al rojo vivo como siempre. Que el neoliberalismo sea un intento de enfriar esa situacin, es una cosa. Que lo consiga, una muy otra. Pero debe quedar claro que los capitalismos son siempre eso: capitalismos, no importando si asumen el mote de neoliberal, fascista, con rostro humano o serio (como pretenda la anterior mandataria argentina, Cristina Fernndez). Los planes asistenciales no pueden dejar de ser sino eso: planes asistenciales que no tocan el corazn del problema; ayudan, pero no resuelven de fondo.

El capitalismo, en cualquiera de sus versiones, sigue siendo lo que ya dejaba ver hace 200 aos: un sistema basado en el lucro privado empresarial a cualquier costo. No hay capitalismo bueno y capitalismo malo, capitalismo serio versus capitalismo no serio. Es una falacia pensar que el enemigo a vencer es el actual neoliberalismo, ese supuesto malo de la pelcula. Acaso un capitalismo serio como pretenda la presidenta Cristina Fernndez es la salida de la actual postracin? Sin dudas, una agenda ultra neoliberal como la actual de Mauricio Macri complica ms an las cosas para la clase trabajadora; pero el problema de fondo sigue inalterable. Por ltimo, queda claro que un cambio real en las estructuras sociales y en las relaciones de poder no puede venir desde las casas de gobierno, de arriba hacia abajo: se logra solo con la real y efectiva lucha popular, con la gente movilizada, con la bronca desatada de la poblacin y una conduccin revolucionaria. Si no, no se pasa de las buenas intenciones.

De lo que se trata es de revisar las bases sobre las que funcionan las sociedades. Y Argentina, ms all de las luchas poltico-partidistas cotidianas con las que nos podemos distraer (peronismo-antiperonismo) viendo por televisin, al igual que todos los pases de Latinoamrica, salvo Cuba, es un engranaje de ese sistema-mundo capitalista que se decide desde Wall Street, o desde Londres, desde alguna Bolsa de Valores o desde algn lujoso pent-house blindado. Las tibias propuestas socialdemcratas / reformistas que se han visto por Latinoamrica estos ltimos aos, si bien intentaron ser una suerte de alternativa ante los planes liberales, no alcanzaron a torcer ese rumbo. La prueba est en cmo terminaron, o hacia dnde se encaminan: ya no ocupan casas de gobierno, o sus representantes estn presos, o defenestrados. O, muy probablemente, camino de serlo. Por qu ninguno de los gobiernos llamados progresistas de estos ltimos aos en Amrica Latina pudo realmente afianzar modelos de desarrollo con justicia social y profundizar esas revoluciones? (Venezuela est semi aplastada, sin salir del rentismo petrolero y sin poder profundizar su Socialismo del siglo XXI, Brasil y Argentina son ahora gobernados por administraciones ultraliberales alineadas completamente a Washington, Chile y Uruguay siguen con sus planes de capitalismo neoliberal, Nicaragua es impresentable con una nueva burguesa sandinista traidora a sus ideales revolucionarios de otrora, Ecuador revirti su proceso popular, siendo quiz Bolivia el nico pas que, con Evo Morales a la cabeza, sigue enfrentndose al imperio con planteos de algn modo antisistmicos). Por qu esta cada? Porque en ninguno de ellos hubo planteos de cambio anticapitalistas reales, y finalizados los ciclos de bonanza en el precio de los productos primarios que estos pases exportan, ya no hubo con qu mantener los planes asistenciales. Que hoy da la coyuntura internacional haga muy difcil impulsar cambios revolucionarios como en dcadas pasadas, con Estados Unidos envalentonado y recuperando algn terreno perdido en Latinoamrica, es otra cosa. Esta actual derechizacin (Macri en Argentina, as como Temer en Brasil, Moreno en Ecuador, Piera en Chile, etc.) que sigue al auge de los reformismos de la dcada anterior debe hacer ver que los ideales de cambio o se plantean claramente, o si no es altamente posible que terminen mal, tal como vemos que est pasando en Latinoamrica con este resurgir de la derecha ms visceral.

Los cambios, queda claro, los cambios profundos y estructurales no se hacen desde las casas presidenciales. Se hacen en la lucha popular, con la movilizacin de grandes mayoras, y no por redes sociales digitales. Lderes carismticos y con gran imagen meditica son importantes, pero no hacen una revolucin. Yo no soy un libertador. Los libertadores no existen. Son los pueblos quienes se liberan a s mismos, expres alguna vez Ernesto Guevara.

Lo que tuvimos en Latinoamrica estos aos (PT en Brasil, matrimonio Kirchner en Argentina, Chvez en Venezuela, Mujica en Uruguay, Lugo en Paraguay, el proceso boliviano) fueron importantes movimientos de inconformidad con discursos nacionalistas/antiimperialistas, pero de momento no pasaron de ah. Lo de Argentina es palmariamente evidente. Por qu, si no, seguira un personaje como Mauricio Macri en la Casa Rodada? Y a ese presidente lo eligieron los mismos argentinos!

Hoy da, hablar de lucha de clases, de socialismo, de revolucin, parecieran cosas de un pasado remoto, condenado a los museos. Quiz nos ilusionamos cuando se comenz a hablar de un renovado Socialismo del siglo XXI, pero la promesa se qued en el arranque. Hay cierta tendencia a ver como el monstruo a vencer a esa forma especial de capitalismo sin anestesia que es el neoliberalismo. De todos modos, la situacin es ms compleja. Si algo hay que cambiar, es la estructura de base; la contradiccin que pone en marcha el sistema, que lo hace funcionar: capital-trabajo asalariado. La contradiccin peronismo-antiperonismo, tan arraigada en la historia argentina, es circunstancial, anecdtica. Pasaron administraciones peronistas y no peronistas, pero lo que cuenta es que un tercio de la poblacin sigue en estado de pobreza, con cartoneros y barras bravas haciendo parte de la normalidad aceptada, con countries hiper lujosos sobre un mar de exclusin. Eso tampoco es culpa del peronismo o de los antiperonistas: es el sistema! Si no se ve as, jams estaremos en condiciones de entender el fenmeno, y mucho menos, de transformarlo. Carlos Menem, ahora considerado El innombrable por muchos de los argentinos que hace algunos aos atrs lo eligieron en las urnas, era peronista y fue el ms neoliberal de los presidentes en toda Latinoamrica. La cuestin no pasa por partidos polticos tradicionales o figuras carismticas: es asunto estructural. Eso no se arregla en las urnas.

El marxismo, expresin de esas contradicciones fundantes del sistema, al que se lo quiso dar por superado en reiteradas ocasiones, no ha muerto porque las luchas de clase no han muerto! Curioso cadver el del marxismo, que necesita ser enterrado peridicamente , dijo Nstor Kohan.   Si tan muerto estuviera, no habra necesidad de andar matndolo continuamente. Esta avanzada fenomenal del capital sobre las fuerzas del trabajo nos lo deja ver de modo evidente. A los cadveres reales se les sepulta una sola vez Los muertos que vos matis, gozan de buena salud (frase apcrifa errneamente atribuida a Jos Zorrila) pareciera que aplica aqu. Por supuesto! Si el marxismo es la expresin de lucha de las clases explotadas, eso de ningn modo pas de moda.

Como dijera este decimonnico pensador alemn cuya obra se declar muerta innmeras veces, pero que parece renacer siempre: No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva . El neoliberalismo, que lleg a Argentina de la mano de Martnez de Hoz y una feroz dictadura asesina y fue continuado por todas las administraciones posteriores, es una expresin despiadada, sin dudas de esa sociedad existente. Nos atrevemos a establecer una nueva? Cundo empezamos?


Notas

** Comunicacin personal escuchada en una reunin en Guatemala, en 2003.

** No miren lo que digo sino lo que hago, dijo Nstor Kirchner en una conferencia con empresarios espaoles. Doble discurso de un supuesto revolucionario montonero?

** Cuatro documentos surgidos entre 1980 y el 2000, que toman su nombre del Grupo de Santa Fe (en referencia a la capital del estado de Nuevo Mxico, Estados Unidos), redactados por pensadores de derecha y la Heritage Foundation. Como ejemplo uno entre tantos de su significado histrico: en el Documento Santa Fe II se establece la avanzada de los nuevos cultos evanglicos para controlar la propuesta de izquierda de la Teologa de la Liberacin que en ese entonces creca por Latinoamrica.

Cmo se suicida un argentino?, pregunta un inmisericorde chiste: subiendo a lo alto de su ego y dejndose caer.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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