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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2018

Aborto y Senado, o el difcil equilibrio entre federalismo y democracia

Federico Mare
La 5ta Pata


Estoy a favor de despenalizar y legalizar el aborto inducido por una razn muy sencilla: toda mujer que desea o necesita abortar es una persona con derechos, mientras que no toda vida humana tiene estatuto ontolgico y jurdico de persona. Un embrin humano es una vida humana genticamente nica. Nadie discute eso. Pero de ningn modo es una persona, porque carece de un sistema nervioso central formado, y por ende, de psiquismo. Y puesto que no es una persona, no tiene derechos. Por consiguiente, el aborto no constituye un asesinato. La creencia segn la cual Dios existe y le infunde un alma al cigoto, es solo eso: una creencia, un presupuesto de fe sin ningn sustento cientfico. En una repblica laica (y Argentina lo es, pese al art. 2 de la Constitucin Nacional), quienes legislan deben anteponer la salud pblica y los derechos humanos a las convicciones religiosas de orden privado.

Hay una falacia recurrente en todo este debate: la falacia quid pro quo, una cosa por otra. Falacia vieja si las hay Muchas luminarias del fundamentalismo cristiano han estado usando vida como sinnimo de persona. No nos dejemos enredar por este confusionismo. Vida y persona no son trminos intercambiables. As como una persona puede tener vida, o ya no tenerla si ha muerto, una vida humana puede tener estatus de persona, o todava no tenerlo como en el caso del embrin. No se trata de defender la vida. Se trata de defender a las personas, a las mujeres, o mejor dicho, de defender los derechos humanos de las mujeres. No perdamos nunca de vista esto: la defensa integrista de la vida en abstracto se hace a costa de muchas vidas concretas.

La disyuntiva es simple: estar a favor de la Vida como una abstraccin que mata, o estar a favor de personas que reclaman aborto legal para no morir. De un lado, la moralina del natalismo obtuso, fariseo; del otro, la tica de los derechos humanos. Es absurdo y aberrante defender la vida de personas que an no existen (meros embriones) fomentando la muerte de personas que s ya existen (mujeres con embarazos no deseados).

Despus de tantas falacias de espantapjaros (asesinas de bebs, feminazis abortistas), de tantas peticiones de principio (nios por nacer, Dios infunde el alma en la concepcin), de tantas falsas analogas (cuando nuestra perrita queda embarazada, regalamos los perritos), de tantos argumentos ad verecundiam (Su Santidad el Papa dijo, Mara Teresa de Calcuta afirm), de tantos sofismas ad misericordiam (ancdotas sensibleras a imagen y semejanza de los programas evangelistas de TV), de tantos dichos ad baculum (alusiones intimidatorias a la justicia y el castigo divinos), de tantos engaos quid pro quo, de tantas peroratas ad nauseam (reiteraciones montonas de una misma idea), de tantas objeciones absurdas de pendiente resbaladiza (habr un crecimiento descontrolado de la tasa de abortos) Despus, en suma, de tanta verborrea desatinada, desencaminada, la media sancin en la cmara baja del Congreso invita a pensar que la sociedad argentina no ha perdido del todo la cordura. De lo que no hay dudas, es de que el fundamentalismo cristiano ha sumado muchas fojas a su ya extenso prontuario irracionalista. Quienes amamos la ciencia de la lgica, agradecemos toda la tela para cortar que nos han dejado, tan generosamente, los diputados y diputadas en defensa de la vida, con Alfredo Olmedo y Estela Regidor a la cabeza.

No me propongo aqu, sin embargo, entreverarme en ese debate. Mucho se ha dicho ya, y no tendra nada valioso que aportar. Gran nmero de especialistas en diversos campos (salud pblica, biologa, psicologa, biotica, derecho, trabajo social, etc.) han desarrollado una slida plataforma de argumentos a favor de la despenalizacin y legalizacin de la interrupcin voluntaria del embarazo. Llover sobre mojado no tendra ningn sentido.

Pero el debate en el Senado, ya inminente, y las dificultades que plantea la sancin de la ley en materia de qurum, son una buena oportunidad para que repensemos el federalismo, sin complacencias. En Argentina, siguiendo el ejemplo de los Estados Unidos, hemos idealizado en demasa este sistema poltico, olvidando sus inconvenientes. Al mismo tiempo, hemos demonizado en exceso al rgimen unitario, negndole todo aspecto positivo.

Una aclaracin preliminar: no estoy en contra del federalismo. Al contrario, me parece un sistema muy respetable, y tambin necesario. Sin l, la democracia se resentira. El propsito de este artculo no es, por tanto, impugnar al federalismo, sino sacar a la luz algunos aspectos problemticos del mismo, en tributo al pensamiento crtico. Las idealizaciones nunca son saludables, ni en la vida cotidiana ni en la teora poltica.

Como es sabido, el bicameralismo de nuestro Congreso Nacional se halla inspirado en el modelo republicano norteamericano, que Alberdi tanto tuvo en cuenta para sus Bases: una cmara baja que rene a quienes representan a la Nacin como totalidad, conforme a una pauta de proporcionalidad poblacional (tantos diputados y diputadas cada determinada cantidad de habitantes), y una cmara alta que congrega a quienes representan a las distintas provincias, de acuerdo a un criterio de paridad fija (igual nmero de senadores entre provincias, haciendo abstraccin de su envergadura demogrfica). Se trata de un sistema mixto en el cual la cmara baja encarna el principio democrtico, y el Senado, el principio federal.

La formulacin clsica de este modelo la hallamos en The Federalist Papers, una extensa coleccin de artculos y ensayos publicados en 1787-88 por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay. Su finalidad? Propiciar la ratificacin de la Constitucin de los Estados Unidos, o ms concretamente, la conformacin de una autoridad central comn que sin sacrificar demasiado las autonomas estaduales de las antiguas Trece Colonias diera mayor cohesin, estabilidad, eficiencia y fortaleza a la joven confederacin norteamericana independizada del Reino Unido. A travs de Alberdi, la tradicin federal estadounidense habra de influir sensiblemente en la letra y el espritu de nuestra Constitucin Nacional, sancionada en 1853, luego de Caseros y la cada de Rosas.

Ahora bien: en los hechos, la complementariedad entre federalismo y democracia dista de ser tan perfecta como pregona la vulgata cvica que nos han inculcado en la escuela. Son ideales que estn siempre en tensin, y a veces, en conflicto abierto. El principio federal, si bien intenta neutralizar o paliar las asimetras de poder entre las provincias grandes y chicas (como en el caso de Buenos Aires y Jujuy),* lo cual resulta obviamente muy encomiable, tambin conspira contra el espritu democrtico, ya que engendra desigualdades en materia electoral: una provincia populosa como Crdoba, con tres millones y medio de habitantes, elige la misma cantidad de senadores que Tierra del Fuego, cuya poblacin no llega a 200 mil.

Cuando la provincia chica es pobre (Catamarca, por ej.), y lo que est en juego es la asignacin de recursos econmicos, el federalismo resulta muy positivo, desde ya. Es un arma que, en teora al menos, puede servir para combatir el centralismo de la opulenta Buenos Aires, redistribuyendo el ingreso a favor de las zonas ms postergadas del pas, como Formosa, Chaco o Santiago del Estero, provincias con un PBI per cpita muy bajo. En este sentido nivelador, el federalismo resulta profundamente democrtico, toda vez que acta como contrapeso de la plutocracia. En un pas tan vasto, y a la vez centrpeto, como lo es Argentina, signado por enormes desequilibrios regionales de riqueza, el viejo credo unitario que sostuvieron Rivadavia, Lavalle, Mitre y otros liberales porteos del siglo XIX, no podra ms que agravar el problema. Solo proyectara al plano de la superestructura poltica, reforzndola, la desigualdad entre provincias existente en la base material.

Pero el federalismo deja de ser benfico cuando la provincia chica es un baluarte conservador, y lo que est en juego es una causa pblica ligada a los derechos humanos, como en su momento el matrimonio igualitario o la reproduccin asistida. Tal es el caso, entre otros, de la Salta de Urtubey, donde el oscurantismo clerical campea a sus anchas, como en tiempos de Rosas, del primer peronismo y de las dos ltimas dictaduras. Gracias al federalismo, las provincias del NOA y el NEA, slidos bastiones de la Iglesia catlica, gozan de un peso desproporcionado en el Senado, pudiendo as frustrar o entorpecer muchas iniciativas legislativas de carcter progresista, como la despenalizacin y legalizacin del aborto. Con apenas el 22% de la poblacin nacional menos de la cuarta parte, el Norte controla 30 de los 72 escaos de la cmara alta, o sea, un 42%.

En Estados Unidos, histricamente, ha sucedido lo mismo con muchos proyectos de reforma que propiciaban la ampliacin de derechos civiles: los estados conservadores del Sur y del interior, por lo general de poblacin ms bien modesta, conseguan prevalecer en el Senado, impidiendo o demorando el progreso de la civilidad democrtica: igualdad racial, libertades pblicas, laicidad, equidad de gnero, etc. Los estados bautistas del Bible Belt, los estados racistas del Deep South, los redneck states del Oeste, han tenido un peso en la cmara alta que no se ha correspondido con la realidad demogrfica del pas, lo cual ha trado consecuencias polticas muy regresivas.

La clase obrera estadounidense, concentrada en pocos estados del Nordeste y los Grandes Lagos (Nueva York, Pensilvania, Illinois, Michigan, etc.), ha sido una de las mayores vctimas del tan ensalzado federalismo norteamericano. La rida Utah del Far West, encerrada en su mormonismo recalcitrante, puede elegir, con menos de tres millones de habitantes, tres senadores que la representen en el Congreso, igual que la cosmopolita California, cuya poblacin (gracias a grandes centros urbanos como Los ngeles y San Francisco) supera los 39 millones. Las minoras hispanas, muy concentradas en algunos estados como Texas y Florida, tambin estn siendo perjudicadas por este sistema, ya que erosiona su fuerza de gravitacin electoral. Todas estas realidades son muy federales, sin duda, pero escasamente democrticas

En el pas del To Sam, el federalismo ha sido, muchas veces, un aliado insospechado del conservadurismo. As lo testimonia, por ejemplo, la porfiada renuencia del Senado a sancionar la ley DREAM en beneficio de lxs inmigrantes menores de edad en situacin precaria. El proyecto original, presentado en 2001, fue discutido y rechazado varias veces, en las cuales la cmara alta actu como caja de resonancia de los lobbies xenfobos vinculados al Tea Party.

En la Argentina ha ocurrido lo mismo, aunque suene polticamente incorrecto decirlo. No siempre, por supuesto. En muchas ocasiones, el federalismo ha tenido una influencia poltica bienhechora, como cuando se debati y aprob en el Congreso, all por 1880, la federalizacin de la ciudad de Buenos Aires, una innovacin que permiti que las autoridades nacionales dejasen de ser huspedes de la provincia ms poderosa del pas. Pero preciso es admitir que, en no pocos casos, favoreci a los sectores conservadores. En el Senado argentino han muerto muchos proyectos progresistas de reforma, porque esta cmara magnifica el peso poltico de las provincias ms clericales del Interior.

Un buen botn de muestra lo constituye el proyecto de ley del socialista Mario Bravo que reconoca el derecho de sufragio a las mujeres. Presentado hacia 1929, en 1932 obtuvo la media sancin de la Cmara de Diputados, no sin enconadas resistencias. Pero el Senado, bastin de la derecha, nunca le dara tratamiento. Huelga aclarar que la Iglesia catlica, encarnizada enemiga del voto femenino, contaba con muchos simpatizantes en la cmara alta, especialmente entre los senadores de las provincias menos modernas del Interior.

Otro ejemplo contundente, que tambin nos remite al ao 1932: dos legisladores socialistas, Silvio Ruggeri y Bernardo Sierra, consiguieron la media sancin de Diputados a su proyecto de divorcio vincular. Pero el Senado, por presiones e influencias de la corporacin clerical, jams lo discuti. Nuevamente, el rgano del Congreso garante del federalismo cumpla el triste papel de cementerio de las causas progresistas.

Y cuando la ley de divorcio, en 1987, con Alfonsn de presidente, quede definitivamente sancionada, el qurum obtenido en el Senado habra de ser notoriamente ms escaso que en Diputados. Entre los senadores del Interior que estuvieron a la vanguardia de la cruzada por la indisolubilidad del matrimonio, se destac el peronista catamarqueo Vicente Saadi, catlico ferviente y ultramontano, quien sentenci: el vnculo matrimonial no puede ser sino perpetuo. Hablar de un vnculo disoluble o revocable es sencillamente imposible.

Una digresin: no est de ms recordar que la Revolucin Francesa fue muy hostil al federalismo, y que a esta circunstancia histrica debe Francia su republicanismo celosamente unitario. Dado que el nervio vital de la Revolucin Francesa era el Pars de los sans-coulottes, y dado que muchas comarcas rurales de la Francia profunda eran reductos monrquicos controlados por la nobleza y el clero (la Vende levantisca del viva Cristo Rey!, por ej.), el gobierno jacobino opt por un rgimen centralizado que conjurara el peligro de la contrarrevolucin. Todava hoy Francia mantiene a rajatabla su sistema unitario de departamentos instaurado en 1789-90, poco despus de la toma de la Bastilla. La Constitucin francesa, ya en su primer artculo, proclama orgullosamente que la France est une Rpublique indivisible.

En el Ro de la Plata decimonnico de las guerras civiles, no siempre el unitarismo estuvo a la derecha del federalismo, como comnmente se cree. El revisionismo histrico ha simplificado las cosas. En materia econmica, no hay duda de que los unitarios partidarios entusiastas del librecambio tendieron a promover los intereses de la oligarqua portea en desmedro del Interior, como en el caso de las disputas en torno a la poltica arancelaria. Pero en lo que respecta a las relaciones con la Iglesia, hombres como Rivadavia y Sarmiento solan ser ms progresistas que los caudillos federales.

Un caso bien ilustrativo es el de Salvador Mara del Carril, quien, como gobernador de San Juan (1823-25), impuls una serie de reformas liberales que le costaran el cargo, como la desamortizacin de propiedades conventuales, la desvinculacin de los bienes de manos muertas y la sancin de una constitucin de avanzada (la seera Carta de Mayo) que consagraba, entre otros derechos civiles y polticos, la libertad de cultos y la libertad de expresin. Del Carril fue depuesto por un furibundo cuartelazo de federales aliados al clero, hecho bajo el ttrico eslogan de religin o muerte.

Retomemos el hilo de este artculo. Aunque el federalismo tiene una faceta indudablemente positiva, tambin posee un costado negativo. Fortalece polticamente a las provincias ms chicas, eso est ms que claro. Pero las provincias chicas, las menos populosas, as como pueden ser las ms postergadas econmicamente, tambin pueden ser las ms conservadoras en trminos ideolgicos.

Ojal el Senado apruebe, en los prximos das, el proyecto de ley que despenaliza y legaliza el aborto. Pero si as no fuese, si las provincias del Cinturn catlico permtaseme el neologismo consiguieran hacer valer su peso desproporcionado en la cmara alta del Congreso, no olvidemos incluir, en nuestro balance crtico, el problema del federalismo. Nos ha trado muchos dolores de cabeza, y seguir hacindolo si nos quedamos de brazos cruzados.

Admitmoslo con honestidad: no siempre el sistema federal est en armona con los ideales de libertad e igualdad. A veces puede contradecirlos. Quiz sea tiempo, entonces, y aunque nos resulte incmodo o antiptico, de que empecemos a repensar crticamente la relacin entre federalismo y democracia, sin caer por ello, tampoco, en el error de querer volver a aplicar recetas centralistas perimidas en Argentina hace ms de un siglo y medio.

La democracia parlamentaria, como es sabido, se basa en el principio de representacin una persona, un voto. El federalismo socava este principio, toda vez que instaura en el Senado un rgimen de paridad entre las provincias que hace tabla rasa de sus disparidades demogrficas. Desde un punto de vista democrtico, acaso es justo que una provincia con menos de 300 mil habitantes como Santa Cruz elija tres senadores igual que Santa Fe, cuya poblacin supera los 3 millones? Con un agravante: el PBI per cpita de la provincia patagnica, merced a su renta petrolera, duplica con creces al de la provincia litoralea, con enormes bolsones de pobreza en el Gran Rosario** Lo cierto es que, en lo atinente a la eleccin de senadores, la ciudadana santacrucea tiene un poder de voto diez veces ms gravitante (sic) que la ciudadana santafesina.

Esta situacin transgrede claramente el axioma de igualdad poltica, piedra angular de la democracia. De ah que en muchos pases del mundo incluso en varios que no se definen como unitarios se haya optado por una legislatura de tipo unicameral: las naciones escandinavas, Cuba, Egipto, China, Nueva Zelanda, Ecuador, Portugal, Turqua, Venezuela, Hungra, Israel, Corea del Sur, Per, Croacia, Tnez, Costa Rica, Ucrania, Emiratos rabes, Luxemburgo, Surinam, los pases blticos, Zambia, Ucrania, Estados Federados de Micronesia, etc.

Francamente, no tengo una solucin para el problema poltico planteado en estas lneas. Solo he querido visibilizarlo, aprovechando una coyuntura que le confiere actualidad: la deliberacin que se avecina, en la cmara alta del Congreso, sobre interrupcin voluntaria del embarazo.

De acuerdo con informaciones periodsticas, Chaco sera por ahora la nica de las diez provincias norteas que ha resuelto votar en el Senado a favor de la ley. Las otras nueve votaran en contra, o an permanecen indecisas. Segn la pgina web Activ el Congreso***, de los 27 senadores y senadoras que estn en contra de despenalizar el aborto, 21 son del Norte y Cuyo, regiones donde vive apenas el 28% de la poblacin argentina. Tal vez sea hora de que hagamos algo para que el Senado de la Nacin deje de ser un reducto del Cinturn catlico, y eso conlleva indefectiblemente, guste o no, revisar nuestro sistema federal.

Notas

* Grandes y chicas en sentido demogrfico (poblacin total), no en sentido geogrfico (extensin territorial).

** Cf. http://www.analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=240728. Recuperado el 23/6/2018.

*** http://activaelcongreso.org.ar

Fuente: http://la5tapata.net/aborto-y-senado-o-el-dificil-equilibrio-entre-federalismo-y-democracia/



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