Portada :: Conocimiento Libre :: Batalla por la informacin y espionaje global
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2018

Julian Assange debe ser repatriado a Australia

John Pilger
Alainet

Esta es una versin abreviada del discurso pronunciado por el australiano, John Pilger, en la concentracin celebrada en Sydney, Australia, para conmemorar los seis aos de reclusin de Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres.


La persecucin de Julian Assange debe terminar. O acabar en tragedia

El Gobierno australiano y el primer ministro Malcolm Turnbull tienen una oportunidad histrica de decidir cul ser el desenlace.

Pueden permanecer en silencio, lo cual la historia no les perdonar. O pueden actuar en inters de la justicia y la humanidad y traer a este destacado ciudadano australiano a casa.

Assange no solicita un tratamiento especial. El Gobierno tiene claras obligaciones diplomticas y morales para proteger a los ciudadanos australianos en el extranjero frente a situaciones de injusticia flagrante: que en el caso de Julian, sera frente a una grave falta judicial y al peligro extremo que le espera si sale de la embajada ecuatoriana en Londres sin proteccin.

Sabemos, por el caso de Chelsea Manning, lo que le espera en caso de que Estados Unidos logre una orden de extradicin. Un relator especial de las Naciones Unidas lo calific de tortura.

Conozco bien a Julian Assange; lo considero como un amigo cercano, una persona de extraordinaria fortaleza y valor. Lo he visto envuelto en un tsunami de mentiras y difamaciones, interminables, vengativas, infames, y s por qu lo calumnian.

En el 2008, un documento ultra secreto, con fecha del 8 de marzo, expuso un plan para destruir tanto a WikiLeaks como a Assange. Los autores eran de la rama de Evaluaciones de Contrainteligencia Ciberntica del Departamento de Defensa estadounidense. Detallaban lo importante que era destruir el sentimiento de confianza que es el centro de gravedad de WikiLeaks.

Esto se lograra, segn escribieron, con amenazas de "exposicin [y] persecucin penal" y un asalto implacable a la reputacin. El objetivo era silenciar y criminalizar a WikiLeaks, su editorial y su editor. Era como si planificaran hacer la guerra a un solo ser humano y al principio mismo de la libertad de expresin.

Su principal arma sera la difamacin personal. Sus tropas de choque se reclutaran en la prensa precisamente entre quienes supuestamente deben esclarecer los acontecimientos y decirnos la verdad. La irona es que nadie les dijo a estos periodistas qu deban hacer. Yo los llamo periodistas de Vichy refirindome al Gobierno de Vichy que sirvi y permiti la ocupacin alemana de Francia durante la guerra.

En octubre pasado, la periodista de Australian Broadcasting Corporation, Sarah Ferguson, entrevist a Hillary Clinton, a quien lisonje como "cono de su generacin".

Esta fue la misma Clinton que amenaz con "destruir por completo" a Irn y que, como Secretaria de Estado de los Estados Unidos en 2011, fue una de los instigadores de la invasin y destruccin de Libia como Estado moderno, con la prdida de 40,000 vidas. Al igual que la invasin de Iraq, esta se bas en mentiras.

Cuando el presidente libio fue asesinado pblica y horrendamente a cuchillazos, se film a Clinton celebrando a gritos. En gran parte, gracias a ella Libia se convirti en un caldo de cultivo para ISIS y otros yihadistas. En gran parte, gracias a ella, decenas de miles de refugiados huyeron corriendo peligro a travs del Mediterrneo y muchos se ahogaron.

Wikileaks ha publicado correos electrnicos filtrados que revelan que la fundacin que Hillary Clinton comparte con su esposo recibi millones de dlares de Arabia Saudita y Qatar, los principales patrocinadores de ISIS y del terrorismo en todo Oriente Medio.

Como secretaria de Estado, Clinton aprob la mayor venta de armas de todos los tiempos, valorada en $ 80 mil millones, para Arabia Saudita, uno de los principales benefactores de su fundacin. Hoy, Arabia Saudita est utilizando estas armas para aplastar a personas hambrientas y golpeadas en un ataque genocida contra Yemen.

Sarah Ferguson, una reportera muy bien remunerada, no mencion ni una palabra de esto cuando Hillary Clinton estuvo sentada frente a ella.

Ms bien, ella invit a Clinton a describir el "dao" que Julian Assange le hizo "personalmente" a ella. En respuesta, Clinton difam a Assange, un ciudadano australiano, al afirmar que era "muy claramente una herramienta de la inteligencia rusa" y "un oportunista nihilista que est al servicio de un dictador".

No ofreci ninguna prueba, ni se le pidi ninguna, para respaldar sus graves acusaciones.

En ningn momento se le ofreci a Assange el derecho de rplica a esta escandalosa entrevista, que el organismo de radiodifusin pblico australiano tena el deber de brindarle.

Como si eso no fuera lo suficiente, a continuacin de la entrevista, la productora ejecutiva de Ferguson, Sally Neighbour, hizo un retuit malicioso: "Assange es la puta de Putin. Todos lo sabemos!"

Hay muchos otros ejemplos del periodismo de Vichy. The Guardian, que antao fue conocido como un gran peridico liberal, llev a cabo una vendetta contra Julian Assange. Al estilo de un amante despreciado, The Guardian dirigi sus ataques personales, mezquinos, inhumanos y cobardes contra un hombre, cuyo trabajo alguna vez public y se aprovech.

El ex editor de The Guardian, Alan Rusbridger, llam a las revelaciones de WikiLeaks, que su peridico public en 2010, "una de las mejores primicias periodsticas de los ltimos 30 aos". Pero los premios fueron prodigados y celebrados como si Julian Assange no existiera.

Las revelaciones de WikiLeaks se convirtieron en parte del plan de marketing de The Guardian para aumentar el precio de cobertura del peridico. Ganaron dinero, a menudo mucho dinero, mientras WikiLeaks y Assange luchaban por sobrevivir.

Sin que un cntimo vaya a WikiLeaks, un libro de The Guardian, altamente promocionado, culmin en un lucrativo negocio para producir una pelcula de Hollywood. Los autores del libro, Luke Harding y David Leigh, difamaron gratuitamente a Assange como una "personalidad daada" e "insensible".

Tambin revelaron la contrasea secreta, diseada para proteger un archivo digital que contiene los cables de la embajada de los Estados Unidos, que Julian Assage le haba dado al Guardian en confianza.

Con Assange ahora atrapado en la embajada ecuatoriana, Harding, que se haba enriquecido a costa de Julian Assange y Edward Snowden, se coloc entre los policas delante de la embajada y se regode en su blog de que "Scotland Yard tal vez tendr la ltima palabra".

La pregunta es por qu

Julian Assange no ha cometido ningn crimen. Nunca ha sido acusado de un crimen. El episodio sueco fue falso, una farsa y l ya ha sido vindicado.

Katrin Axelsson y Lisa Longstaff, de Women Against Rape (Mujeres contra la Violacin), lo resumieron al escribir: "Las acusaciones contra [Assange] son una cortina de humo detrs de la cual varios gobiernos estn tratando de reprimir a WikiLeaks por haber revelado audazmente al pblico su planificacin secreta de guerras y ocupaciones con sus secuelas de violaciones, asesinatos y destruccin... A las autoridades les importa tan poco la violencia contra las mujeres que manipulan acusaciones de violacin a voluntad".

Esta verdad se perdi o se enterr en una cacera de brujas meditica que asoci deplorablemente a Assange con la violacin y la misoginia. La caza de brujas inclua voces que se describan a s mismas como de izquierda y como feministas. Ellas deliberadamente ignoraron la evidencia de peligro extremo si Assange fuera extraditado a los Estados Unidos.

De acuerdo con un documento publicado por Edward Snowden, Assange est en una "lista de objetivos de persecucin". Una nota oficial filtrada dice: "Assange va a hacerse una bonita novia en la crcel. Que el terrorista se joda. Comer comida para gatos por siempre".

En Alexandra, Virginia, el hogar suburbano de la lite belicista estadounidense, un gran jurado secreto, --algo reminiscente de la edad media-- ha pasado siete aos tratando de fabricar un crimen por el cual Assange podra ser enjuiciado.

Esto no es fcil; la Constitucin de Estados Unidos protege a editores, periodistas y denunciantes. El crimen de Assange es haber roto el silencio.

Ningn periodismo investigativo, en lo que va de mi vida, podra equipararse con la importancia de lo que WikiLeaks ha logrado al llamar a los poderes voraces a rendir cuentas. Es como si una cortina moral unidireccional se corriera para dejar expuesto el imperialismo de las democracias liberales: su compromiso con las guerras interminables y la divisin y degradacin de las vidas sin valor: desde la Torre Grenfell hasta Gaza.

Cuando Harold Pinter acept el Premio Nobel de Literatura en 2005, se refiri a "un vasto tapiz de mentiras del que nos alimentamos". Pregunt por qu "la brutalidad sistemtica, las atrocidades generalizadas, la represin implacable del pensamiento independiente" de la Unin Sovitica eran bien conocidos en Occidente, mientras que los crmenes imperiales de Estados Unidos " nunca sucedieron ... incluso mientras sucedan, nunca ocurrieron".

En sus revelaciones de guerras fraudulentas (Afganistn, Irak) y las mentiras descaradas de los gobiernos (las Islas Chagos), WikiLeaks nos ha permitido vislumbrar cmo se desenvuelve el juego imperial en el siglo XXI. Es por eso que Assange est en peligro de muerte.

Hace siete aos, en Sydney, ped reunin con un prominente miembro liberal del Parlamento Federal, Malcolm Turnbull. Quera pedirle que entregara una carta de Gareth Peirce, el abogado de Assange, al Gobierno. Hablamos de su famosa victoria: en la dcada de 1980, cuando, como joven abogado, haba luchado contra los intentos del Gobierno britnico de suprimir la libertad de expresin e impedir la publicacin del libro Spycatcher, a su manera, un WikiLeaks de la poca ya que revel los crmenes del poder del estado.

La primera ministra de Australia era entonces Julia Gillard, del Partido Laborista, que haba declarado que WikiLeaks era "ilegal" y quera cancelar el pasaporte de Assange, hasta que le dijeron que no poda hacer eso: que Assange no haba cometido ningn delito; que WikiLeaks era un editorial, cuyo trabajo estaba protegido por el artculo 19 de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, de la que Australia fue uno de los signatarios originales.

Al abandonar a Assange, un ciudadano australiano, y coludir en su persecucin, el escandaloso comportamiento del primer ministro Gillard forz el tema de su reconocimiento, bajo el derecho internacional, como un refugiado poltico cuya vida estaba en riesgo. Ecuador invoc la Convencin de 1951 y otorg refugio a Assange en su embajada en Londres.

Gillard ha aparecido recientemente en un mitin con Hillary Clinton; ellas son consideradas como feministas pioneras. Peor si hay algo por el cual recordar a Gillard, fue su discurso belicoso, obsecuente y vergonzoso que hizo ante el Congreso de los EE.UU. poco despus de que ella demand la cancelacin ilegal del pasaporte de Julian.

Malcolm Turnbull es ahora el primer ministro de Australia. El padre de Julian Assange ha escrito a Turnbull una carta conmovedora, en la que ha pedido al primer ministro que traiga a su hijo a casa. l se refiere a la posibilidad real de una tragedia.

He visto cmo la salud de Assange se ha ido deteriorando en sus aos de encierro sin luz solar. Tiene una tos implacable, pero ni siquiera se le permite un trnsito seguro desde y hacia un hospital para una radiografa.

Malcolm Turnbull puede permanecer en silencio. O puede aprovechar esta oportunidad y usar la influencia diplomtica de su Gobierno para defender la vida de un ciudadano australiano, cuyo valiente servicio pblico es reconocido por innumerables personas en todo el mundo. l puede traer a Julian Assange a casa.

John Pilger, periodista de origen australiano y renombre internacional, ha ganado ms de 20 premios por su labor periodstico.
John Pilger Biografa

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/193749


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter