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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-06-2018

Presuncin de culpabilidad

Jaime Richart
Rebelin


El sistema occidental, el capitalismo y el neoliberalismo son un vivero de aagazas, es decir, de artificios para atraer a los ciudadanos con engaos.

En efecto, examinado de cerca cada asunto por separado, se hace evidente que los responsables polticos y econmicos de la democracia burguesa carecen de la voluntad de remediar, o al menos aliviar, consecuencias muy graves para grandes porciones de la sociedad derivadas de determinadas ideas y praxis del poder, unas econmicas y otras sociales pero todas perversas. Por ejemplo, es imposible un avance significativo en la aminoracin de la desigualdad, mientras no se supriman los parasos fiscales. Por ejemplo, es imposible detener el curso de la inmigracin indiscriminada y respetar los derechos humanos al mismo tiempo, mientras las potencias occidentales no dejen de invadir pases, en unos casos, y de inducir guerras intestinas, en otros, para saquear su petrleo y otras materias primas. Por ejemplo, es imposible erradicar el narcotrfico, mientras no se libere el consumo de las drogas pasando su control a manos del Estado. Y digo que son ideas y prcticas perversas del poder, porque sabiendo el poder que esto es as, lo que hace es callar o aplicar cosmticos en lugar de suprimir los parasos fiscales, dejar en paz a las naciones y regular el consumo de la droga como regula el del tabaco y el alcohol

Pues bien, las naciones del sistema se comportan as, pero en Espaa a eso se aade otro dato peculiar: cuarenta aos despus de instaurada sta dbil democracia sigue gravitando en torno a ella la mentalidad dominante en la dictadura, sobre todo en materia de costumbres, de moral y de territoralidad; una mentalidad incrustada como la carcoma en los estratos de la sociedad, de la poltica y, lo que es peor, de la judicatura...

La prueba ms reciente (de las muchas que pueden aportarse) est en el modo de tratar un tribunal espaol un delito de violacin cometido hace dos aos, por cinco componentes de una banda de salvajes en la que figuran dos militares. Absurdamente acerca de l y habida cuenta los hechos probados, concurren criterios encontrados entre jueces, fiscales, juristas e incluso entre miembros del mismo tribunal que lo ha juzgado. Situacin global que tiene similares mimbres y motivacin que lo referido antes sobre la desigualdad, la inmigracin masiva y las drogas. Pues el modo de tratar tcnicamente la juridicidad de este delito por parte de sus juzgadores viene a ser lo mismo: no consta en los hechos probados el consentimiento de la vctima, drogada por los violadores, y sin embargo la controversia fue y sigue siendo si la mujer violada consinti la relacin sexual en la que para colmo participaron cinco hombres, porque ella no se opuso...

Lo que plantea esta descabellada manera de interpretar la violacin no es cambiar la tipificacin ni la redaccin del delito de violacin o agresin sexual, sino cambiar la mentalidad de ciertos jueces con hedor a naftalina extirpando el prejuicio de la mentalidad franquista que pervive en sectores dominantes de la judicatura acerca de la relacin, y por antonomasia la sexual, entre el hombre y la mujer.

La Espaa de la modernidad tiene pendientes de revisin muchas cosas en todas las materias como consecuencia de una evolucin sociopoltica que no se produjo al haber estado congelada por la dictadura durante cuarenta aos. Y una de ellas es la revolucin sexual. No les cabe todava en la cabeza a jueces y juristas de relumbrn que en caso de abuso o de agresin sexual es el hombre el que debe demostrar que hubo consentimiento expreso de la mujer en su relacin sexual con ella; que no es la mujer la que debe probar que no la consinti, que es lo que uno de los tres miembros del tribunal exiga en su voto particular de la sentencia para condenar a los violadores.

Pues bien, siendo la presuncin de inocencia un instituto jurdico de capital importancia aqu y en todas partes, la doctrina y la jurisprudencia de Espaa siguen a la espera de registrar otra presuncin quiz de tanta importancia como la anterior: la presuncin de que el hombre es culpable del delito de agresin sexual, de violacin, cuando medie una relacin intima con la mujer que la mujer no consinti expresamente. Este principio empezara a aligerar tantos lastres que soporta la sociedad de esta an sospechosa democracia. Asumirlo, el comienzo de una nueva era para la rancia justicia espaola... en materia moral y de costumbres, en la que jueces como el discrepante de la sentencia condenatoria de los violadores, dedica doscientos folios a justificar lo injustificable porque sigue examinando a la mujer como un mero objeto sexual....

(Nota: Para facilitar el razonamiento, dejo a un lado a eventuales protagonistas del mismo sexo en similares e hipotticos delitos cuya naturaleza e interpretacin, desdeun punto de vista tcnico, es preciso analizar aparte).

 

Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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