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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2018

Los pobres en Estados Unidos
Perdidos en accin

Beverly Gologorsky
TomDispatch

Traduccin de ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Cmo se vive la pobreza?

Introduccin de Tom Engelhardt

Cuando provienes del sur del Bronx, tienes la posibilidad de escribir acerca de personajes diferentes de quienes que tan a menudo habitan el universo ficcional al que estamos acostumbrados. Esto sucedi con la primera novela de Beverly Gologorsky, The Things We Do to Make It Home (Las cosas que hacemos para convertirlo en un hogar), que se centr en los veteranos perdidos de los tiempos de Vietnam, sus mujeres y sus hijos, todos ellos tratando desesperadamente de salir adelante en un mundo que era cualquier cosa menos acogedor. Esto no era menos cierto para el grupo que personas que trabajaban en un restaurante de carretera en su segunda novela, Stop Here (Pare aqu), una especie de segundo hogar en un mundo estadounidense ensombrecido por la guerra y el desastre econmico. Y esto es incluso ms potente en su nueva novela, Every Body Has a Story (Todo el mundo tiene una historia), en la que cuenta la historia de dos parejas que raramente salan del Bronx y de su casa de clase media cuando las golpe el desastre, y dos administraciones centraron su atencin en aquello que era demasiado grande para caer y no en quienes eran demasiado pequeos para no ser castigados por las ejecuciones hipotecarias.

Hoy, menos de una dcada despus, estamos en una nueva era dorada sin precedentes en la que todas las ventajas est reservadas para quienes el 1 por ciento del 1 por ciento estn devorando la riqueza de Estados Unidos, mientras un multimillonario gobierna el pas con la ayuda de un gabinete integrado por los ms ricos (cuyos miembros no titubean a la hora de vaciar las arcas del Estado en aras de su propio bienestar). Mientras tanto, los familiares del presidente no paran de aumentar su fortuna. En 2017, por ejemplo, Ivanka [Trump] retir 3,9 millones de dlares de su participacin en el hotel Trump Interational, el palacio de la familia en la avenida de Pennsylvania [de Washington] frecuentado por tantos integrantes de grupos de presin y diplomticos extranjeros para hacerle la pelota al presidente. Este pas jams ha visto algo parecido ni tanta crueldad desde lo que ocurre en la frontera con Mxico hasta en el interior de nuestras ciudades como la que hoy est a la orden del da cuando se trata de quienes no son demasiado pequeos para caer. Esta es una historia infernal, incluso antes de que nos golpee el prximo momento demasiado grande para caer; tambin es un relato que la novelista Gologorsky conoce a fondo.

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Los pobres en Estados Unidos

Imaginad esto: durante la Gran Recesin de 2007-2009 hubo cerca de cuatro millones de ejecuciones hipotecarias cada ao. En ese periodo, con las prdidas de empleo cada vez ms arriba, cerca del 15 por ciento de los hogares estadounidenses entro en la categora de inseguridad alimentaria. Sin ninguna duda, para muchos de quienes no haban perdido su casa, ni se haban quedado sin empleo, ni sufran inseguridad alimentaria; para los expertos que escriban sobre el desastre y para los polticos que se ocupaban de l, todos esos acontecimientos eran algo muy lejano. Pero para m no. Para m era algo muy personal.

No, yo no haba sido desahuciada. Pero el pasado no me abandonaba; por eso, en esos aos, las preguntas seguan amontonndose. Cada da me preguntaba: qu le est pasando a toda esa gente? Adnde van? Qu harn? Pueden las familias realmente permanecer juntas en medio de tanta prdida?

Esas preguntas y otras parecidas me perseguan como lo haban hecho en mi niez en un hogar de la clase trabajadora en el que viv intensamente la pobreza, la necesidad y la preocupacin. Me preguntaba: cmo sobreviven las familias trabajadoras a los interminables desastres en momentos en que surga rpidamente una nueva era dorada en la que otra vez crece la pobreza?

En tanto escritora y novelista, me vi regresando a la infancia y la adolescencia que haban quedado detrs de m en mi barrio del sur del Bronx de la ciudad de Nueva York. Pensaba en quienes, como yo haca mucho tiempo, haban sorteado apenas las dificultades de la vida cotidiana solo para encontrarse otra vez en el mundo de la pobreza por la Gran Recesin. Cmo se senta eso y cmo se sentan esas personas planteaban persistentes preguntas que se convertiran en el corazn y el alma de mi nueva novela, Every Body Has a Story . El libro est terminado, impreso y en los almacenes, y la Gran Recesin est oficialmente superada o eso se dice, pero digmosle eso a las cada da ms numerosas familias empobrecidas que buscan desesperadamente la forma de no caer en un mundo que no quiere verlas ni orlas. 

 Cmo vive un nio la pobreza?

El presidente Trump, un hombre que nunca en su vida ha conocido un momento de necesidad, y los polticos que le obedecen usan habitualmente la expresin clase trabajadora para nombrar a quienes son blancos, los nicos que piensan ellos apoyarn lo que ellos hacen. Permitidme que sea clara: la clase trabajadora incluye a sectores multirraciales, multitnicos, inmigrantes y pueblos originarios. De haberos criado donde yo crec, sabrais la real de este hecho.

Aqu aparece una pregunta que nunca se hace: cmo se vive la pobreza, sobre todo cuando se es nio? Puedo dar testimonio de que es algo que penetra profundamente en tus huesos, en los tendones de tu vida, y que nunca se separa de ti. La pobreza es mucho ms que los guarismos que la definen, nada que ver con lo que de ella escriben los entendidos para describirla. Y para aquellos estadounidenses que son apenas un cheque de sueldo, un nio enfermo o un coche destartalado a punto de caer en el abismo, la pobreza es eterna.

Yo era una nia seria en un hogar empobrecido en un barrio pobre de trabajadores, un barrio lleno de contrastes, en una sociedad que valoraba a los hombres en detrimento de las mujeres. Mi padre era un inmigrante que trabajaba en una fbrica del ramo del cuero; mi madre cuidaba de los nios, los propios y los de alguna otra familia. Me cri en el sur del Bronx; era la tercera de los cuatro hijos que consiguieron sobrevivir de los seis que dio a luz mi madre. Con la venida de cada nuevo nio, algo de valor material o emocional era quitado del bienestar de los otros hijos para sostener al recin llegado.

Los sueos eran vistos como una prdida de la energa mental necesaria para buscar y conseguir lo bsico: el alimento, el alquiler, la ropa, lo que fuera imprescindible para pasar el da, la semana o, como mucho, el mes. Hacer planes para un futuro lejano era tan intil como soar y solo poda conducir a la desesperanza. El resultado de esa represin era el enfado, la depresin y la insatisfaccin, y esto no es ms que el comienzo de una largusima lista.

Cada vez que leo algo acerca de los ndices de delincuencia y los niveles de drogadiccin, incluyendo la difusin del opiceo epidrmico en las zonas pobres, tanto urbanas como rurales, s que es el resultado de la ira y la depresin que dan lugar a la frustracin, y quizs aun ms importante, la desesperacin.

Cmo podra olvidar nuestro apartamento donde viva mi familia, situado en el stano de un antiguo edificio de seis plantas? Por las ventanas, yo poda ver cada da los pies de la gente que pasaba por la calle. En el verano, el apartamento era demasiado caluroso; en el invierno, demasiado fro. Habitualmente, mi madre lo fregaba, pero no haba manera de mantener lejos a los roedores que competan con nosotros cada noche. Por el temor de estar sola en el apartamento durante la noche y para combatir contra esa plaga, ella trajo un gato callejero. Sin embargo, el gato hizo que se agravara el asma que yo padeca; el animal salv a mi madre pero se convirti en mi enemigo.

Debido a que la clnica donde yo reciba mis medicamentos e inyecciones era gratuita, debamos aceptar la visita de una trabajadora social para que comprobara el entorno en el que yo viva. Antes de que ella llegara, mi hermano deba sacar el gato del apartamento. Mis hermanos y yo nos complotamos para evita que la extraa nos dijera cmo debamos vivir nuestra vida, y protegerme de la posibilidad de que me obligaran a dejar mi casa.

Una cadena perpetua para los pobres

En ese mundo de la pobreza, cada acontecimiento, cada cambio, resonaban en nuestra vida en una forma demasiado desalentadora. Y nada de lo que pasara en el mundo de los adultos se esconda a los ojos de los nios. Imposible que eso sucediera. Por ejemplo, cuando mi padre era despedido y ya no poda sostener a la familia, eso nos afectaba a todos. Mis hermanos y yo nos preocupbamos por nuestros progenitores del modo que, en las familias de clase media y alta, se supone que los padres se preocupan por sus pequeos.

Mi hermano mayor, que por entonces tena 18 o 19 aos, y podra haber ido al instituto de la comunidad, acab en el Ejrcito, despus de lo cual, sin ningn adiestramiento especial, su vida laboral consisti en un trabajo sin porvenir tras otro. Mi hermana mayor, desolada por la falta de oportunidades de nuestro hermano, pens en la posibilidad de ir al instituto, aunque saba muy bien que era muy poco probable que lo lograra. En cuanto a los ms pequeos de nosotros mi hermana y yo la cuestin clave era que consiguisemos un trabajo lo antes posible. Y lo conseguimos. Todava no haba cumplido los 13 aos cuando me vi empleada en un almacn de zumos en la tercera avenida, la E1, del Bronx.

La pobreza significaba comprar pan del da anterior, e incluso a veces de la semana anterior. En ese entorno, se compraba por unidad, no por kilo. En el mundo del pobre, hasta el tiempo es un material diferente. El desocupado tiene una insoportable cantidad de tiempo para matar, al tiempo que el que realiza tres trabajos para sobrevivir no tiene ni para dormir. El tiempo libre necesario para entrenarse, para prepararse o para desarrollar una carrera, o incluso para relajarse un poco y tener una vida no est al alcance de alguien que debe alimentar a una familia. Donde no hay posibilidades de movilidad social o esta es muy escasa de hecho, en estos aos de la nueva poca Dorada, la movilidad social ha estado disminuyendo las fantasas de evasin son una necesidad de la vida cotidiana, Cmo superar, si no, la monotona de todo esto?

En un medio como este, tan carente de posibilidades tanto de moverse como de evadirse, las drogas suelen desempear un importante papel en la vida de los jvenes y las personas de mediana edad. Recientemente, algunos mdicos han sido censurados por recetar demasiados opiceos con excesiva facilidad; mientras tato, la pobreza no recibe acusacin alguna. Una de las consecuencias ms crueles de la pobreza es que con frecuencia las personas son culpadas de sus aprietos en lugar del sistema que las subvalora.

Haba una maldicin, que tal vez era tambin una expresin de deseos, que se repeta en los corredores de los deteriorados edificios de mi barrio. Algo as como: Ojal el dueo de este edificio tenga salud y viva aqu durante el resto de su vida! Detrs de este deseo estaba el conocimiento de que la mayora de los responsables de la miseria cotidiana jams haban tenido que buscarse la vida y no tenan la menor idea de cmo era la pobreza. En la televisin y en las pelculas, las crisis suelen ser descritas como algo que acerca a las personas. Sin embargo, nada ms lejos de la realidad; antes bien, lo real es lo opuesto: la pobreza y el desempleo rompen los hogares, hacen pedazos a las familias, conducen a algunos al abuso de sustancias y a otros a una sucesin de trabajos interrumpidos.

La necesidad en el Estados Unidos de hoy

Y aun as... y aun as... lo ms perturbador no es lo que ha cambiado sino lo que todava persiste; aqu se incluye la sensacin que produce la pobreza en el cuerpo, la psique y el alma.

En el cuerpo, en un mundo en el que la alimentacin es deficiente e incluso, si se dispone de ella, es desequilibrada, mayormente es el consecuente desarrollo de dolencias crnicas o que no reciben tratamiento. En ejemplo de ellas es el asma, que hoy como antes puede encontrarse casi en cada familia que vive en zonas rurales y urbanas pobres, como el asma con la que yo me cri.

En la psique, la pobreza provoca miedo, tensin y preocupacin, una preocupacin que no cesa.

En el alma, la pobreza, que se vive como la prdida de no sabes qu, est siempre ah como un fro puetazo para recordarte que maana ser lo mismo que hoy. Esos efectos no son demasiado grandes como las ropas de un nio pero duran toda la vida en un pas en el que las formas ms graves de pobreza estn creciendo otra vez (y fueron fuertemente denunciadas por el relator especial de Naciones Unidas sobre pobreza extrema y derechos humanos), en el que cada ley impositiva y cada favor al 1 por ciento ms rico es una condena a muerte para los pobres. Esa es la definicin de la desesperanza.

Los estadounidenses que apenas se las arreglaron para sobrevivir en la ltima recesin se encuentran ahora en una situacin (en unos tiempos supuestamente buenos) que parece estar empeorando. Las palabras sangran en los barrios y las zonas rurales pobres; cuando las personas oyen a los expertos de la televisin por cable parlotear sobre la desigualdad econmica, porque sin los medios para hacer un cambio real el presente es algo eterno. Como mucho, esos debates son percibidos como una lgrima en el mar de las palabras. En esos debates, los profesionales, entendidos y acadmicos apenas esconden el desdn que siente por quienes ellos definen como de la clase baja o trabajadora.

Si las conversaciones en los medios invitaran alguna vez a a quienes de verdad conocen el pao, a quienes viven realmente en los barrios necesitados, ellos podran decirnos cmo viven su cotidianidad; el empobrecimiento tal vez fuera entendido ms concretamente e incitara a la accin. Frecuentemente se dice que entre nosotros la pobreza ha existido siempre y que est ah para quedarse. No obstante, en el pasado ms o menos reciente de este pas ha habido mejores redes de contencin. En los aos sesenta del pasado siglo, la Gran Sociedad del presidente Lyndon Johnson pese a haber fracasado en muchos aspectos fue exitosa a la hora de sacar a mucha gente de la carencia. Los trabajadores sindicalizados recibieron pagas ms decentes antes de que fueran deterioradas durante la presidencia de Ronald Reagan. Los mejores salarios y la sindicalizacin ayudaron a que las personas encontraran mejores lugares para vivir.

Sin embargo, durante las dos ltimas dcadas, con las enormes sumas de dinero vertidas en las interminables guerras de este pas y el debilitamiento o hundimiento de los sindicatos, la reduccin de los salarios, la prdida de puestos de trabajo y los desahucios, buena parte de esa red de contencin desapareci. Si Donald Trump y su equipo de millonarios y multimillonarios continan con esta eliminacin de aspectos bsicos de lo que queda de la red de contencin, entonces los cupones de comida, la asistencia social dirigida a la salud infantil y los derechos reproductivos de las mujeres entre otras cosas, desaparecern tambin. Si a esto sumamos el absoluto desprecio que la administracin Trump muestra por la gente de piel oscura y su especial mezquindad para con los inmigrantes sean estos mexicanos o musulmanes y por el creciente nmero de quienes no son millonarios ni multimillonarios, el futuro ya est empezando a parecerse al peor de los tiempos, de ninguna manera el mejor.

Da la impresin de que quienes promueven ideologas que niegan una vida decente a millones de personas creen que la gente lo tomar como algo eterno. No obstante, la historia sugiere otra posibilidad; es posible que en ella haya cierto consuelo. Concretamente, que cuando la pobreza alcanza su punto ms bajo busca el cambio. Esto es intolerable era el grito sobrentendido que ayud a la formacin de los sindicatos, que estimul del movimiento por los derechas civiles, que puso en marcha el boicot de los vendimiadores inmigrantes* e inspir el despertar de las mujeres por su liberacin.

Mientras tanto, el pobre contina estando perdido en accin en nuestro mundo estadounidense, pero no en mi mente. No en m.

* La autora se refiere al boicot que los trabajadores inmigrantes hicieron a los dueos de viedos de Delano (California); empez el 8 de septiembre de 1965 y dur cinco aos. (N. del T.)

Beverly Gologorsky escribi la recientemente aparecida novela Every Body Has a Story (Dispatch/Haymarket Books); tambin es autora de las novelas The Things We Do To Make It Home (un libro notable de New York Times) y Stop Here (lo mejor de Indie Next). Sus obras han aparecido en antologas, revistas y peridicos, entre ellos el New York Times y el Los Angeles Times.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176437/tomgram%3A_beverly_gologorsky%2C_what_does_poverty_feel_like/#more

 

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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