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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-06-2018

Un gobierno que se postula sin ideologa muy difcilmente puede aplicar las medidas profundas que exigira la transicin ecolgica
El nuevo Gobierno, a por la transicin ecolgica (nada menos)

Pedro Costa Morata
Cuarto Poder

Nos encontramos ante un Ministerio que parece pretender lo que ningn pas se ha atrevido a formular como objetivo de gobierno


No sabemos todava si se trata de una osada sin precedentes, merecedora de admiracin ilimitada, o de una ocurrencia meditica con algo de buenas intenciones (pero con ideas remotas sobre qu hacer). El nuevo Ministerio de Transicin Ecolgica impresiona por la apariencia rotular, el relumbrn de un ttulo indito y la escueta rotundidad de una misin infinita. No cabe temer ignorancia ni frivolidad en los decisores de un nombre tal, que necesariamente deber corresponderse con sus contenidos, siquiera en una medida indicativa. Entre otras cosas porque la ministra, Teresa Ribera, es una mujer familiarizada con el mundo del medio ambiente. Y lo es, aunque con la nada ociosa observacin de que su currculum seala casi exclusivamente a un trabajo institucional y burocrtico, esencialmente en los ambientes internacionales, algo que la experiencia seala como llamativamente intil para la causa general del medio ambiente (a ms de un entorno desesperante de frivolidades, medidas sin recorrido y personajes carentes de conciencia ecolgica).

En algn momento se crey que el cometido del nuevo departamento, con su ministra a la cabeza, dada su especialidad, se centrara en la transicin energtica con vistas a paliar el cambio climtico, y as lo recoga un primer enunciado, Transicin Energtica y Cambio Climtico, de contenidos ya familiares en la Administracin central; pero no, alguien debi opinar, y fue secundado con xito, que haba que ser ms ambiciosos (o que elevando el tiro se eludiran compromisos concretos francamente desagradables). El caso es que nos encontramos ante un Ministerio que parece pretender lo que ningn pas se ha atrevido a formular como objetivo de gobierno, sea por el descreimiento ambiental generalizado de la clase poltica planetaria, sea por su inmensa dificultad material. Y no hay elementos objetivos para pensar que este equipo ministerial o este presidente de Gobierno estn iluminados por una sensibilidad ecolgica especial (nota al margen: el ministro de Cultura, Jos Guirao, inici su vida poltica como concejal ecologista de su pueblo). Existe el riesgo de que estemos en presencia de uno ms de los rasgos propagandsticos que adornan al nuevo Gabinete lo que, de ser as, no tardar en hacerse evidente (por ms que la provisionalidad y la fragilidad sean tambin rasgos adheridos a los elegidos de Pedro Snchez, lo que obligar a resultados equvocos e insuficientes).

Lo que no obsta para que sea realmente deseable y hasta inaplazable que se inicie, siquiera en sus primeros pasos, un proceso global en el que el pas pueda considerarse en el camino de una autntica transicin ecolgica. Veamos cul es el plan o el esquema, al menos de la nueva ministra, y podremos concretar algo ms en este marco de advertencias e, incluso, apoyarla e ilustrarla para que, ante las inmensas limitaciones que se le interponen, su ejercicio resulte esperanzador.

Su misin, reconozcmoslo, permite escaso optimismo, dadas las circunstancias, pero en cualquier caso implica mucho ms que una transicin energtica, y exige actuar en muchos y muy delicados mbitos, de entre los que no renunciamos a subrayar algunos. A la tarea meramente energtico-climtica pertenece, por supuesto, el mundo del transporte, tanto el privado como el de mercancas, el de la produccin energtica de base fsil y el complejo industrial petrolero-petroqumico, que generan lo esencial de las emisiones de gases de invernadero; y a estos aspectos parece que se dirigir la accin ministerial segn todas las pistas que, al menos por lo que a su experiencia se refiere, la propia ministra nos da.

No es todo eso una tarea menor ni fcil, ciertamente, y las dificultades que oponen esos sectores (y los Ministerios correspondientes) para cualquier poltica sobre el clima harn que los resultados, presumiblemente, decepcionen. Pero para afrontar la transicin ecolgica tan importante como lo anterior son otros aspectos, sobre los que hay que actuar sin falta si se quiere demostrar que, al menos en el terreno programtico, las ideas estn claras. En primer lugar, hay que prestar atencin al sector agrario que, en sus sectores ms productivos es alarmantemente antiecolgico, como es el caso de la agricultura mediterrnea, la de mayor valor exportador: digamos resumiendo que, con ella, exportamos energa cara y un agua cada vez ms escasa, a cambio de quedarnos con la contaminacin de suelos y acuferos y la afeccin creciente a la salud pblica por pesticidas y fertilizantes. Y aadamos que, frente a las poderosas organizaciones de regantes de las reas ms competitivas, los responsables de la poltica agrcola siempre han capitulado, consintiendo una destruccin sistemtica de la capacidad productiva de la tierra, que habremos de pagar muy caro en el futuro (que se perfila avaro de suelo productivo).

Al turismo, que sigue considerndose industria nacional prioritaria, ya es hora de desmitificarlo y reconocer que produce ms daos que beneficios; se trata de una actividad de inmenso impacto ecolgico, que ha deformado, consumido y aniquilado espacios, paisajes y mentes Y en la actualidad amenaza la paz social, por lo invasor y agobiante en que se est convirtiendo.

El comercio obsesivo, con la apertura mercantil como principio sacrosanto, limita seriamente cualquier perspectiva ecolgico-nacional, en la medida en que las ansias consumistas resultan tan nefastas, por embotarnos y alienarnos, como los procesos productivos; adems, hace insaciable la necesidad de infraestructuras que impone para darle cauce y expansin. Y sobre estas infraestructuras, que tanta energa consumen y tanto espacio devoran, pocas posibilidades de afectarlas (limitndolas) existen desde el Ministerio de Transicin Ecolgica, que nada tiene que hacer frente al de Fomento, tradicional instrumento de una poltica sistemticamente desarrollista, dispendiosa y de agudos y extensivos impactos ambientales (y en el que no creemos que vaya a cambiar mucho esta tendencia en la nueva perspectiva).

No est de ms recordarle a la ministra que llevamos dcadas perdidas por cuanto a la ordenacin y proteccin del territorio se refiere, asistiendo a un espeluznante vaciamiento del espacio interior peninsular, al tiempo que las costas se saturan, deforman y consumen. Y no cabe hacer recaer sobre la responsabilidad autonmica en la mayor parte de este panorama, aunque sea real y persistente, el caos ecolgico y la desolacin espiritual que todo esto conlleva.

Est claro que una conciencia, o mentalidad, mnimamente ecolgica exige contemplar el pas, su actividad y sus tendencias como un todo interrelacionado, y que actuar en un sector de impactos, por llamativo y agresivo que resulte, est llamado al fracaso global y la frustracin colectiva. Pero esto es lo que venimos viviendo en Espaa desde que nos encaminramos por la va de un crecimiento insensato fomentado por todos los gobiernos que desde los aos 60 han sido. Ante la evolucin intensamente entrpica de nuestra vida econmica y social, no debemos cansarnos de advertir que esta exigencia de conciencia ecolgica, que ahora parece atribuirse solemnemente todo un Gobierno, es incompatible con los postulados del liberalismo y el cors de la Unin Europea. Y es obligado advertir que un gobierno que se postula sin ideologa (por prctico y eficaz) muy difcilmente puede adoptar, y aplicar, las medidas profundas y trascendentales que exigira la transicin ecolgica.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/2018/06/26/el-nuevo-gobierno-a-por-la-transicion-ecologica-nada-menos/


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