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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2018

Las nuevas derechas latinoamericanas frente a una globalizacin en crisis

Jos Antonio Sanahuja y Nicols Comini
Nueva Sociedad


Las nuevas derechas latinoamericanas apuestan por la globalizacin y la vinculacin con las potencias centrales, pero esta apuesta resulta tarda y a menudo se concreta de manera inadecuada. El mundo est cambiando, y hay reconfiguraciones que van desde el terreno poltico hasta el tecnolgico incluyendo una nueva revolucin productiva, aunque a menudo no avanzan en el sentido en que estos gobiernos pretenden. Por eso sera un error dar por sentado que las nuevas derechas globalistas latinoamericanas hayan llegado para quedarse.

En 2016, el semanario The Economist anunci la nueva fractura que defina el escenario social y poltico en los pases ricos: perda peso el tradicional eje izquierda-derecha frente al eje nacionalismo-cosmopolitismo o apertura-cierre. Ese nuevo clivaje giraba en torno de la globalizacin y sus efectos tras la crisis econmica iniciada en 2008: los partidos tradicionales de centroderecha y la socialdemocracia se situaban a la defensiva como parte del establishment favorable a la globalizacin y el orden liberal, impugnado por fuerzas emergentes en ambos extremos del espectro poltico. En particular, estos desafos provenan de la extrema derecha nacionalista, contraria al libre comercio, a la inmigracin y la diversidad social y cultural, y proclive a polticas de seguridad ms duras. Estas fuerzas supieron recoger los reclamos de los perdedores de la globalizacin y convertir en votos la incertidumbre asociada a la precariedad laboral y el miedo a la inmigracin o el terrorismo. Frente al inmovilismo complaciente del establishment, el traumtico triunfo electoral de Donald Trump, el Brexit y el ascenso de la extrema derecha populista en varios pases de la Unin Europea ponan en cuestin la estabilidad de las democracias avanzadas y realidades hasta entonces consideradas slidas e inamovibles, como la propia existencia de la UE, el vnculo de seguridad noratlntico o el respaldo estadounidense al orden liberal. El triunfo de Emmanuel Macron y del nuevo movimiento centrista En Marche! en Francia detuvo temporalmente ese ascenso y permiti conjurar un Frexit y una nueva crisis existencial para la UE, tal vez la definitiva, si ganaba Marine Le Pen. Pero tambin mostr la gravedad de la crisis de los partidos y las elites tradicionales y la profundidad de ese nuevo clivaje y de la crisis social de la que se alimentaba.

Ese escenario de polarizacin podra ser nuevo para los pases de la Organizacin para la Cooperacin y el Desarrollo Econmico (OCDE), pero no para Amrica Latina, que desde los aos 2000 ha estado atravesada por profundas diferencias entre los gobiernos progresistas y neodesarrollistas atlnticos y los liberal-conservadores pacficos. Esa fractura, presente en las relaciones entre pases y en el interior de cada uno de ellos, tambin expresaba visiones divergentes sobre la globalizacin y sus efectos en la regin. En los pases ricos, la globalizacin mostr su peor rostro en la crisis de 2008, pero en Amrica Latina sus traumticos efectos se sintieron antes. En el llamado lustro perdido (1998-2003), el crecimiento econmico fue similar al de la dcada perdida, y la sucesin de crisis financieras, polticas de ajuste, empobrecimiento y emigracin forz amplias crisis polticas y explica el ciclo posterior de gobiernos progresistas.

La fractura Atlntico/Pacfico reorganiz el conflicto poltico y social y enfrent concepciones de la democracia, modelos econmicos, matrices de poltica exterior, estrategias regionalistas y opciones de insercin internacional. Pero la popular imagen de dos Amricas Latinas radicalmente enfrentadas era ms un relato de polarizacin que una explicacin rigurosa de la realidad de la regin. En retrospectiva, sus efectos no fueron tan marcados, y desde una perspectiva estructural unos y otros pases, por un lado, comparten rasgos y desafos; y por otro, son mucho ms diversos de lo que plantea ese relato simplificador. Fueran atlnticos o pacficos, los pases de la regin en particular, en Amrica del Sur se sumaron a un nuevo ciclo de reprimarizacin, como lo defini la Comisin Econmica para Amrica Latina y el Caribe (Cepal), basado en un modelo marcadamente extractivista impulsado por la bonanza exportadora hacia Asia, a su vez parte de la dinmica de la globalizacin. Ese ciclo ayud a expandir el empleo, los salarios y la demanda interna y aliment a su vez la inversin pblica y privada, en particular en infraestructura. El gasto social tambin aument, y pese a diferentes nfasis redistributivos, la mayor parte de los pases adopt programas sociales basados en transferencias monetarias condicionadas. La regin tambin pudo capear la crisis global mejor que algunos pases de la OCDE, lo que hizo emerger un indisimulado sentimiento de Schadenfreude, como los alemanes llaman al placer de ver caer a los dems. Los nuevos regionalismos posliberales o poshegemnicos, las polticas exteriores ms ambiciosas y asertivas, los liderazgos regionales, el activismo de la cooperacin Sur-Sur y, en general, el ascenso de Amrica Latina en la escena global deben verse tambin en el marco de una fase de la globalizacin dinamizada por el ascenso del rea Asia-Pacfico y, en particular, de China. Si este proceso se mira a travs del prisma del clsico debate acadmico entre agencia y estructura, los factores de agencia mencionados son sin duda relevantes. Pero sin la globalizacin, en tanto proceso de cambio estructural, ese ciclo difcilmente habra tenido lugar.

Desde 2013, y aun considerando la leve recuperacin de 2017, emergen cuatro factores de vulnerabilidad estructural para la mayora de los pases latinoamericanos, con independencia de la adscripcin atlntica o pacfica. En primer lugar, la cada de los precios de las materias primas y sus efectos recesivos revelan que el ciclo de los commodities desalent la transformacin estructural de la regin y ha sido una oportunidad perdida para reducir esa vulnerabilidad con exportaciones ms diversificadas y mejoras en la productividad.

Ese ciclo dej un mayor grado de apertura financiera, incluso en pases con gobiernos de izquierda. Por ello, un segundo factor de riesgo es el previsible aumento de las tasas de inters, en un contexto de deterioro de la balanza por cuenta corriente, mayor aversin al riesgo y volatilidad financiera. Aunque el endeudamiento pblico en muchos pases es menor que en el pasado, se observa un fuerte aumento de la deuda corporativa alentado por las polticas monetarias expansivas de los ltimos aos. Un endurecimiento repentino de la poltica monetaria en Estados Unidos podra ser un factor desencadenante de una nueva crisis financiera global, ante la cual los bancos centrales de todo el mundo tienen hoy menos margen de maniobra. Para la regin, la vulnerabilidad externa sigue siendo el principal determinante para adoptar polticas contracclicas, y ello supone un tercer factor de riesgo: el deterioro de las balanzas fiscales por el efecto general de la recesin y, en particular, por su dependencia de los bienes primarios. Estos aumentaron su participacin en las finanzas pblicas de la mayora de los pases, particularmente en Sudamrica y, por ello, las dificultades en el acceso a financiacin externa y la cada de ingresos procedentes de las exportaciones condicionan el espacio fiscal para polticas contracclicas.

En cuarto lugar, tanto en los pases atlnticos como en los pacficos se estancaron los avances sociales de aos anteriores. Desde 2013, las cifras de desempleo y subempleo y la tasa de pobreza muestran un visible deterioro. El ascenso de las clases medias quizs el cambio social ms importante de ese periodo puede verse comprometido. La poblacin vulnerable con ingresos bajos, empleos precarios y sin proteccin social podra resultar de nuevo empujada a la pobreza, y eventuales recortes de gastos pueden reducir la cobertura de los programas de transferencias monetarias existentes en la regin, que alcanzan a ms de 130 millones de beneficiarios.

Crisis de globalizacin y nueva revolucin industrial

Amrica Latina tambin se enfrenta a otros riesgos a mediano y largo plazo relacionados con la reordenacin global de los mercados y la geopoltica, el cambio tecnolgico y la creciente tensin a la que est sometido el sistema multilateral para asegurar una gobernanza efectiva, representativa y legtima de la globalizacin. El inicio de un nuevo ciclo de innovacin tecnolgica basada en la reorganizacin de la produccin a partir de las plataformas digitales, la automatizacin y la inteligencia artificial de la cuarta revolucin industrial plantea desafos an mayores. Parece perder importancia la lgica de deslocalizacin de los aos 90 abastecer el mercado global con cadenas de suministro que incluan pases de bajos salarios (off-shoring), y emerge una nueva lgica: reorganizar la economa global mediante plataformas digitales y la externalizacin de la logstica, y recurrir a la robotizacin para situar la produccin ms cerca de los consumidores, sea en mercados emergentes de alto crecimiento (on-shoring) o retornando a los pases avanzados (re-shoring). Ello parece indicar el cierre de una etapa de globalizacin que se ha extendido por ms de tres dcadas, basada en el modelo posfordista de cadenas globales de suministro. En algunos pases emergentes supone riesgos de desindustrializacin prematura, al alentar una reindustrializacin sin empleo en los pases avanzados mediante la relocalizacin y la robotizacin. A escala global, podran desaparecer cientos de millones de empleos sin que exista un fcil o inmediato reemplazo por nuevas ocupaciones ligadas al cambio tecnolgico. Este nuevo ciclo de innovacin tecnolgica supone un desafo laboral, fiscal y de proteccin social que exige la redefinicin del contrato social bsico tanto en los pases avanzados como en aquellos en desarrollo.

En trminos de agencia, las organizaciones regionales y multilaterales no parecen estar a la altura de estos retos. El sistema multilateral an responde a una visin tradicional de la soberana que dificulta la accin colectiva frente a problemas transnacionales. Es tambin un multilateralismo hegemnico heredado del orden de posguerra, que no se adapt a la descolonizacin y menos an al ascenso de los pases emergentes. Afirmando la existencia de un orden internacional supuestamente multipolar, estos ltimos reclaman reformas para dotarlo de mayor representatividad y legitimidad. En paralelo, definen nuevos mecanismos de cooperacin, como los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China, Sudfrica), o establecen sus propios arreglos monetarios o financieros.

Estas dinmicas de retirada e impugnacin, prctica y normativa, no suponen un nuevo multilateralismo eficaz: erosionan las organizaciones existentes y el conjunto del orden liberal sin que las alternativas de los pases emergentes puedan sustituirlo. La creacin del G-20 en 2010, que incorpor a los pases emergentes, signific un (tardo) reconocimiento de su nuevo estatus como rule-makers globales y puso en evidencia que los emergentes tienen ahora ms influencia que en el pasado, pueden crear nuevas organizaciones internacionales e incluso desplegar una gran estrategia de ndole geopoltica. Pero estos pases no parecen tener el inters, la voluntad o la capacidad de sustituir a las potencias tradicionales y el internacionalismo liberal en la gobernanza del sistema internacional, dado que siguen siendo beneficiarios de l.

Esas tendencias son visibles si se examina el andamiaje econmico de la globalizacin: las negociaciones megarregionales del Acuerdo Transpacfico de Cooperacin Econmica (TPP, por sus siglas en ingls) o la Asociacin Transatlntica para el Comercio y la Inversin (TTIP) constituan, en parte, una respuesta geopoltica de los pases avanzados ante el veto de los pases emergentes en las negociaciones de la Organizacin Mundial de Comercio (OMC). Pero con esas propuestas seran los propios pases avanzados los que estaran minando el sistema multilateral de comercio. A ello se aade el ascenso de fuerzas de extrema derecha que cuestionan el orden liberal y suponen crecientes riesgos proteccionistas. Paradjicamente, es el eje angloestadounidense el que ahora cuestiona la globalizacin, y entre sus principales defensores se alzan hoy algunos pases emergentes. Fue el presidente de China, Xi Jinping, el inesperado defensor de la globalizacin en la Cumbre de Davos de enero de 2017, pese a que su pas tambin giraba hacia polticas ms nacionalistas y centradas en su mercado interno.

El giro liberal frente a una globalizacin en crisis

El cambio de ciclo poltico resita a Argentina y Brasil entre los pases favorables a la apertura y la globalizacin, entre los que tambin se encuentran Colombia y Mxico. Estos cuatro pases se tomarn como ejemplo para este artculo, en la medida en que han adoptado polticas exteriores enmarcadas en la globalizacin y supuestamente desideologizadas y pragmticas; sustentadas en el regionalismo abierto, con una tendencia hacia el bilateralismo refractario; basadas en la promocin del sector privado y la inversin extranjera directa (IED); alineadas con el orden liberal mediante las polticas, estndares y prcticas dominantes en el sistema multilateral, y en particular, determinadas por las instituciones de Bretton Woods y la OCDE; y arraigadas en una concepcin policntrica del sistema poltico global, pero al mismo tiempo alineadas con la agenda de seguridad de eeuu para Amrica Latina.

Esta matriz de poltica exterior comporta tambin reformas internas. Sea a instancias de actores externos, por emulacin de los pases de la OCDE o como justificacin de las prioridades de las elites, este alineamiento aperturista implica, entre otras cosas, reformas estructurales para flexibilizar los mercados de trabajo, liberalizacin financiera, austeridad fiscal, eliminacin progresiva de barreras arancelarias y no arancelarias y, last but not least, liberalizacin financiera, que se ha traducido en un alto nivel de deuda pblica y privada. En gran medida, se trata de la actualizacin de lo que en su momento se denomin Consenso de Washington.

Estas polticas, sin embargo, son objeto de disputa entre los actores internos, ms intensa en el contexto de los procesos electorales que vivirn Mxico, Brasil y Colombia en 2018 y Argentina en 2019. Echar un vistazo a las estrategias que los actuales gobiernos han venido aplicando hacia la globalizacin implica analizar su visin sobre el regionalismo y su vinculacin con EEUU.

Regionalismo

Para el gobierno de Mauricio Macri, el destino es el sistema global y el medio es el regionalismo. Por ello, ha buscado la desvinculacin progresiva de Argentina de plataformas como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeos (Celac) o la Unin de Naciones Suramericanas (Unasur) y se ha alineado con un nuevo regionalismo abierto y ha promovido una reorientacin del Mercado Comn del Sur (Mercosur), que en palabras del presidente es el bloque ms aislado y proteccionista que existe en el mundo1. Su insercin inteligente comporta un regionalismo uniaxial centrado en el eje econmico y el acercamiento a actores como la ue y la Asociacin Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en ingls), Canad, Corea del Sur o la Asociacin de Naciones del Sudeste Asitico (ASEAN, por sus siglas en ingls). En este marco, uno de los primeros movimientos fue situar a Argentina como pas observador de la Alianza del Pacfico (AP), por considerar que este grupo regional es el ms dinmico, abierto y flexible.

El gobierno de Brasil promueve una estrategia regionalista convergente con su contraparte argentina. En los papeles, el Mercosur sigue siendo la plataforma natural de insercin en el mundo. Sin embargo, el discurso desideologizador afirma la necesidad de reconvertirlo en una simple zona de libre comercio. Mientras tanto, Brasil se desentiende de proyectos como la Unasur, surgida del propio liderazgo brasileo, y se acerca a la AP, sin convertirse an en observador pero patrocinando un acuerdo comercial entre ese bloque y el Mercosur. Ese enfoque regionalista es afn a su defensa de la globalizacin, al proponer una integracin abierta y transparente, compatible con el orden econmico global.

En Colombia, las directrices de poltica exterior sitan a Amrica Latina y el Caribe como el rea de insercin prioritaria y expresan un compromiso de participar activamente en mecanismos de concertacin e integracin regionales. De hecho, el pas es miembro de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Unasur, la Celac, la Asociacin Latinoamericana de Integracin (ALADI), el Sistema Econmico Latinoamericano y del Caribe (SELA) y la Organizacin de Estados Americanos (OEA), entre otros. Junto a ellas, la AP es la opcin prioritaria y la que refleja la orientacin liberal y la estrategia de regionalismo abierto por la que aboga el pas. El presidente Juan Manuel Santos lleg a afirmar que la Alianza del Pacfico es la integracin ms exitosa y apoy la incorporacin de la figura de los Estados asociados2. Con un perfil predominantemente liberal, la ap tambin comprende una activa agenda de cooperacin sectorial y ha establecido una zona de libre comercio a partir de la cual pretende proyectarse hacia el mundo.

Mxico, finalmente, mantiene su tradicional participacin en plataformas regionales, sean de concertacin poltica, como la Celac, o de ndole econmica, como la AP, y defiende un regionalismo lo suficientemente abierto y libre de ataduras como para mantener amplios vnculos bilaterales. Pero es el Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLCAN), como exponente de su opcin por el regionalismo abierto, el que tiene un papel determinante en su evolucin econmica. Frente al agresivo cuestionamiento de ese acuerdo por parte de Trump, Enrique Pea Nieto ha virado hacia una estrategia de diversificacin del comercio y las inversiones, que incluye sumarse al Tratado Integral y Progresista de Asociacin Transpacfico (CPTPP, por sus siglas en ingls) y la actualizacin del acuerdo con la UE. Tal vez por ello, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, no se cansa de recordar que Mxico es ms grande que el TLCAN y destaca a la AP como la principal plataforma de integracin mexicana.

La aproximacin a EEUU

En la lgica de crculos concntricos que pregona el gobierno de Macri, EEUU parece estar muy cerca de la primera rbita y es un actor fundamental para el desarrollo de la poltica exterior argentina. Desde la mirada oficial, edificar una relacin inteligente y madura con Washington es considerado una condicin sine qua non para reinsertar al pas en el mundo. Argentina puso mucho capital poltico en la Presidencia del G-20 y en la organizacin de la cumbre de la OMC en Buenos Aires, percibidas como oportunidades de proyeccin global y de presentarse como actor confiable y como espacio para defender un sistema internacional abierto. Pero EEUU calific de catstrofe a esa institucin, y su discurso y actuacin fueron en sentido contrario a los de la propia Argentina y otros socios del G-20.

Poco pareci impactar en el gobierno el hecho de que el entonces secretario de Estado Rex Tillerson proclamara, tras visitar el pas, que la Doctrina Monroe continuaba vigente. Seguridad y comercio constituyen el ncleo central de la agenda comn. En el mbito de la seguridad y la defensa, la cooperacin bilateral impulsa un proyecto de reforma de las Fuerzas Armadas destinado a involucrarlas en la lucha contra las drogas, las guerras hbridas y el combate contra el terrorismo. A punto tal llegan las convergencias que se acord la creacin de una task force con la Administracin para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en ingls) en la frontera norte argentina y un ex-juez norteamericano viaj al pas para mejorar el sistema judicial. Ese acercamiento parece haber rendido frutos, pues Argentina qued inicialmente exenta del aumento de los aranceles al acero y el aluminio anunciados en marzo de 2018.

Por su parte, la idea de forjar relaciones cercanas con el gobierno de Trump ha llevado al frgil gobierno de Temer a promover una agenda cooperativa con EEUU y dejar atrs las divergencias que suscit el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en ingls) a la presidenta Dilma Rousseff. Esa buena predisposicin tiene como exponente la militarizacin de la seguridad pblica y la lucha contra las drogas, as como la voluntad de apertura comercial y financiera hacia las principales agencias y actores privados estadounidenses interesados en Brasil. Pero ello no ha evitado que el pas, que destina a EEUU una tercera parte de sus exportaciones de acero, se haya visto afectado por el creciente proteccionismo de Trump. Ante este escenario, el gobierno de Temer ha buscado acelerar el acuerdo entre el Mercosur y la UE y acercarse a China y Rusia en el marco de los BRICS. De hecho, a mediados del ao pasado, se acord con el gobierno de Xi Jinping el lanzamiento de un fondo conjunto de 20.000 millones de dlares para financiar proyectos de infraestructura en Brasil3, y en septiembre Temer destac, en el marco de la IX Cumbre de ese grupo, la necesidad de que el Nuevo Banco del Desarrollo (NBD) se mantuviera gil, eficiente y financieramente sano.

Yo soy proestadounidense, aseguraba en 2011 Juan Manuel Santos en la revista Semana, al tiempo que reconoca que era evidente que debemos diversificar nuestra dependencia, en un contexto en el que EEUU era un aliado estratgico tanto en la guerra contra las drogas como en el proceso de paz4. EEUU es, adems, el principal socio comercial de Colombia, que mantiene con la potencia del Norte un balance comercial positivo en trminos de comercio de bienes, en contraste con otros socios comerciales. El apoyo estadounidense es clave para el ingreso a la ocde y, a la inversa, Washington ve en Colombia un aliado para hacer frente a Venezuela. Ahora bien, ms all del tratado de libre comercio (TLC), la relacin especial con eeuu se da en el mbito de la defensa y la seguridad, sobre todo en esta etapa de transicin del Plan Colombia a la paz en Colombia. En ese sentido, el gobierno de Santos mantiene su compromiso en la lucha contra el terrorismo y las drogas ilcitas, a fin de conjurar el riesgo de que el presidente Trump descertifique a Colombia ante los rcords registrados en materia de produccin de cocana.

El caso mexicano, por ltimo, es particularmente complejo. La profunda integracin con el mercado estadounidense y canadiense se encuentra en constante friccin. Durante su campaa presidencial, Trump lleg a decir que Mxico enviaba violadores a EEUU. La relacin ha empeorado con la ampliacin y militarizacin del muro fronterizo, junto con las restricciones comerciales y migratorias y una poltica agresiva en materia de seguridad, hasta el punto de forzar la renuncia de la embajadora estadounidense en Mxico. La necesidad del gobierno de Pea Nieto (en salida, como Santos y Temer) de diversificar sus vnculos ante la revisin del TLCAN tiene agudas limitantes estructurales. Tanto su guerra contra las drogas como su economa son altamente dependientes del vecino del Norte.

A modo de cierre: tiene Amrica Latina socios a los que recurrir?

La paradoja que supone que EEUU cuestione el orden liberal y que pases emergentes y en desarrollo estn entre sus principales defensores es particularmente visible en Amrica Latina: el giro a la derecha que han dado algunos pases de la regin responde, entre otras razones, a la voluntad de abrirse al mundo y aprovechar las oportunidades de la globalizacin mediante polticas exteriores basadas en el liberalismo econmico, ms abiertas y pragmticas. Amrica Latina, sin embargo, no est encontrando las respuestas favorables que esperaba tras ese giro globalista: algunas potencias globales transitan hacia polticas ms centradas en su mercado interno caso de China o viran hacia un mayor nacionalismo econmico, como EEUU. El triunfo de Trump signific el rechazo a la ratificacin del TPP y el abandono del TTIP, y se pretende revisar los TLC vigentes en particular, el TLCAN desde posiciones unilaterales. Tambin en la UE aumenta la oposicin social y poltica al libre comercio as lo indican las dificultades para la ratificacin del acuerdo de libre comercio entre la UE y Canad (CETA, por sus siglas en ingls), y los gobiernos de Francia y Alemania han cuestionado el TTIP y miran con recelo otras negociaciones, como el acuerdo UE-Mercosur, en respuesta a demandas de un electorado cada vez ms crtico al libre comercio y sus efectos sociales.

Con la nueva estrategia de seguridad nacional de noviembre de 2017, EEUU rechaza el multilateralismo y se ve a s mismo como actor dominante en un mundo multipolar de competencia geopoltica, militar y comercial entre grandes potencias. El gobierno de Trump plantea una indita combinacin de unilateralismo nacionalista y una peculiar ideologa de neoliberalismo asimtrico, que altera, aunque no transforma radicalmente, la matriz de poltica latinoamericana del periodo anterior. Desde la retrica nacionalista del America First, Trump abandon la omc y anunci la renegociacin de los 20 acuerdos de libre comercio que EEUU tiene en vigor, que se consideran injustos y desequilibrados, a fin de asegurar reciprocidad y capacidad soberana para adoptar medidas unilaterales de defensa comercial, por encima de la OMC o de los procedimientos de esos acuerdos. Ello significa la renegociacin del tlcan , que puede terminar involucrando acuerdos como el vigente con Centroamrica y Repblica Dominicana (DR-CAFTA, por sus siglas en ingls), y con Colombia, Per y Chile, con lo cual quedan descartadas las expectativas de acuerdos similares de los nuevos gobiernos de Argentina y Brasil.

Desde enero de 2018, EEUU tambin ha aplicado de manera unilateral una amplia batera de medidas proteccionistas. El gobierno ha acosado a la firma china Huawei alegando brechas de seguridad y ha vetado la adquisicin de la firma de tecnologa Qualcomm por parte de Broadcomm, ante el riesgo de que cayera en manos chinas. En marzo, la Casa Blanca anunci aranceles adicionales al acero (25%) y al aluminio (10%) apelando a razones de seguridad nacional. Con estas medidas, que pueden dar paso una guerra comercial, Trump apela a su base electoral y se enfrenta a un Partido Republicano tradicionalmente favorable al libre comercio invocando argumentos de seguridad nacional. Al aplicar esas medidas de manera selectiva la UE, Argentina, Mxico, Canad y otros socios quedan de momento exentos, Trump se dota de bazas negociadoras que pretende utilizar para obtener concesiones en otros frentes, como las negociaciones del TLCAN.

En realidad, hoy la principal amenaza al orden internacional liberal no parece ser China o el grupo BRICS, sino los EEUU de Trump. Amrica Latina, cuyo giro a la derecha supone una clara apuesta por ese orden, dirige ahora la mirada hacia nuevas coaliciones de actores favorables a la globalizacin. Pero cul es su alcance?

En Asia, el Foro de Cooperacin Asia-Pacfico (APEC, por sus siglas en ingls) y en particular pases como Japn han estado promoviendo un nuevo CPTPP, sin EEUU. Aunque no tenga el mismo peso y atractivo, supone una clara seal poltica en favor de la globalizacin por parte de 11 pases que suponen 14,5% del PIB y 15% del comercio mundial. Este acuerdo, sin embargo, se ve lastrado por la ausencia de China: por su diseo liberal y aperturista, muchas de sus exigencias por ejemplo, en materia de circulacin de capitales o de inversin extranjera no pueden ser asumidas por China. Este pas sigue promoviendo el Partenariado Econmico Comprehensivo Regional (RCEP, por sus siglas en ingls), menos viable a corto plazo, y ha planteado una amplia estrategia geopoltica y econmica que se proyecta hacia Eurasia y la cuenca del Pacfico a travs de la Iniciativa del Cinturn y Ruta de la Seda. Esta propuesta tiene evidente inters para Amrica Latina en cuanto a inversiones y acceso a mercados, pero no altera un patrn exportador dependiente de los precios de las materias primas ni es el fundamento de coaliciones internacionales ms amplias que refuercen a Amrica Latina en trminos de agencia ante un sistema internacional en cambio. Para la regin, un escenario de guerra comercial abierta entre China y EEUU es muy daino y pone en riesgo las estrategias de diversificacin que se han tratado de impulsar como reaccin frente al proteccionismo estadounidense.

Respecto de Europa, la victoria electoral de Trump y su abrasiva poltica exterior, en particular hacia el orden multilateral y hacia Bruselas, el Brexit y la sorpresiva victoria de Macron parecen haber sacado de la parlisis poltica a la UE, que recupera la iniciativa poltica en defensa de su propio modelo y del orden multilateral. Ese empeo tiene una doble dimensin, interna y externa, dado que el antieuropesmo y la impugnacin del orden liberal van de la mano en el seno de la propia UE y ponen en juego su existencia misma: la nueva Estrategia global de poltica exterior y de seguridad de 2016 lanza un mensaje de unidad que tambin puede verse en el exigente mandato de negociacin del Brexit adoptado en 2017. En otros documentos, la ue sigue pronuncindose a favor de una globalizacin ordenada y un multilateralismo eficaz. A ello se suma un eje franco-alemn ms unido, por ejemplo, ante las reuniones del G-20 en Hamburgo, que mostraron a EEUU aislado, especialmente en materia de cambio climtico y gobernanza de la globalizacin. En vsperas de esa reunin, la UE anunci un acuerdo de libre comercio con Japn, apenas esbozado, como seal poltica frente a EEUU. El CETA y la negociacin UE-Mercosur se han presentado en trminos semejantes.

Sin embargo, las pretensiones europeas de impulsar o liderar estas coaliciones en favor de la globalizacin no pueden ignorar sus condicionantes domsticos. Esa UE que pretende liderar un sistema internacional abierto es la misma que pretende relegitimarse ante la ciudadana, en palabras del presidente de la Comisin Europea, Jean-Claude Juncker, como una Unin que protege, empodera y defiende frente a amenazas externas, sean de seguridad o provenientes del impacto de la globalizacin; que redefine su poltica exterior en nombre de un pragmatismo basado en principios que supone un enfoque marcadamente securitario de las migraciones, o que endurece sus instrumentos de defensa comercial frente a los pases emergentes. Esa UE, tras el Brexit, depende de un liderazgo franco-alemn dbil: en Alemania, la reedicin de la Gran Coalicin entre democratacristianos y socialdemcratas de marzo de 2018 sita a Angela Merkel en una posicin menos proclive a la apertura comercial o de las poltica de asilo y refugio. Pero es quizs el liderazgo europesta de Macron el que mejor refleja esas contradicciones. Su promesa al electorado es conciliar globalizacin con proteccin social y soberana nacional. Esto es, los tres elementos del trilema de Rodrik5. La imposibilidad de ese trilema vuelve a expresarse en reformas que reducen derechos laborales en nombre de la competitividad o que limitan libertades en nombre de la seguridad; en polticas migratorias ms restrictivas o en posiciones ms proteccionistas en las negociaciones UE-Mercosur. En suma, la UE ya no es el actor universalista y cosmopolita del pasado, que pretenda transformar el mundo conforme a sus valores ms avanzados, y emerge una UE excepcionalista y defensiva que da prioridad a sus propios intereses y a la proteccin de su ciudadana ante un orden internacional en descomposicin y un mundo hostil y renuente a responder al modelo europeo.

Ante este escenario, cabe afirmar que la apuesta de las nuevas derechas latinoamericanas por la globalizacin parece estar disociada de los principales procesos que atraviesan la estructura internacional. La limitada comprensin y la visin errtica hacia esas dinmicas marcan el pulso de su propia proyeccin tanto interna como externa. En Amrica Latina, por otra parte, se evidencian fracturas entre los pases, as como en el interior de ellos. La reciente decisin de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Per de suspender su participacin en la Unasur es un ejemplo radical de esta situacin. Estas fracturas no son ajenas a las que se observan en otras partes del mundo, aunque se expresen con particulares acentos y mediaciones regionales y nacionales. La rpida erosin de las nuevas derechas ante la corrupcin, las fracturas sociales ante los asuntos de gnero y la diversidad sexual, o el descontento social ante las expectativas en ascenso que no se ven satisfechas inciden con fuerza en las elecciones que vive la regin e impulsan a nuevos actores de derecha nacionalista y reaccionaria y fuerzan a los partidos tradicionales a incorporar parte de sus demandas. El ciclo electoral latinoamericano Costa Rica, Paraguay, Colombia, Mxico, Brasil en 2018 y Argentina, Uruguay, El Salvador, Panam, Guatemala y Bolivia en 2019 ser un buen termmetro para valorar si el ciclo liberal ha llegado (o no) para quedarse. En principio, no parece tan evidente que ese ciclo sea tan slido y duradero como se ha proclamado, ante un conjunto de desafos estructurales para el que esas opciones ofrecen como principal respuesta un discurso globalista que va a contramano de las principales tendencias internacionales.

Notas:

1. Eleonora Gosman: Macri: el Mercosur es el bloque ms proteccionista y aislado del mundo en Clarn, 21/12/2017.

2. J.M. Santos: La Alianza del Pacfico es la integracin ms exitosa en Correo, 29/7/2016.

3. James Kynge: China rescata las infraestructuras de Brasil en Expansin, 2/10/2017.

4. Preferira no reelegirme en Semana, 2/12/2011.

5. Formulado por el economista Dani Rodrik, sostiene que es imposible conseguir, al mismo tiempo, la globalizacin econmica, la democracia poltica y la soberana nacional.

Fuente: http://nuso.org/articulo/las-nuevas-derechas-latinoamericanas-frente-globalizacion-en-crisis/



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