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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2018

Cultura boricua, caribea y afroantillana
Filosofa caribea y creacin literaria en el sureste de Puerto Rico

Rafael Rodrguez Cruz
Rebelin

Las lites de esa regin, gente de ascendencia europea variada, se enfrentaron siempre a una negritud antillana. S, sobrevivieron ambas tradiciones, pero al final la negritud fue la de mayor energa cultural.El negro, por su bagaje cultural y su visin de mundo, fue quien mejor se adapt a nuestra geografa y clima. La negritud es el polo definitorio de las relaciones raciales en el sureste de Puerto Rico.


Segn Hegel, las cosas son susceptibles de muchas definiciones. Todo depende del aspecto que se destaque. La labor de la filosofa consiste precisamente en servir de gua a quienes trabajan en la formulacin de distinciones sobre lo real. Es decir, a los historiadores, escritores y poetas.

Pocas regiones de Puerto Rico han sido objeto de tanto esfuerzo de definicin como el sureste. No es para menos. Entre 1898 y 1932, la comarca vivi un gran drama. Podramos definirlo como el drama de la produccin de azcar en gran escala. Tal definicin, si bien va al punto, deja de lado aspectos cruciales de lo vivido en la zona durante esos aos. En primer lugar, podemos mencionar el aspecto cultural, resultante de la interaccin entre la negritud caribea y el criollismo de ciudades como Guayama. Las lites de esa regin, gente de ascendencia europea variada, se enfrentaron siempre a una negritud expresamente antillana, tambin de ascendencia islea diversa. S, sobrevivieron ambas tradiciones, pero al final la negritud fue la de mayor energa cultural. Los ricos del sureste eran de origen espaol, francs, anglo y hasta canadiense. Pero los negros del litoral, adems de sus races africanas, mantuvieron viva la gran espiritualidad afroantillana de lugares como Hait y Martinica. El negro, por su bagaje cultural y su visin de mundo, fue quien mejor se adapt a nuestra geografa y clima. La negritud es el polo definitorio de las relaciones raciales en el sureste de Puerto Rico.

Igualmente importante fue el aspecto literario del drama regional de esos aos. El sureste fue el epicentro de la gran poesa escrita de Puerto Rico durante la primera mitad del siglo XX, particularmente en las obras de Llorns y Luis Pals Matos. Lricamente ciclpea, la obra de ambos fue temticamente extensa. Esto fue importante, pues no hubo aspecto de nuestra identidad espiritual que el imperialismo no acorralara con intencin genocida. Llorns, primero, y Pals, despus, cobijaron en sus versos y prosa los elementos bsicos de nuestra identidad de pueblo antillano. En qu consiste el ser boricua?; esa era la interrogante. En muchos sentidos, estos dos escritores fueron nuestros grandes filsofos de la primera mitad del siglo XX. La filosofa, por razones del imperialismo cultural anglosajn, se refugi en la literatura.

No se puede caer en la sordidez. La filosofa puertorriquea, es decir, la interrogante acerca de quines somos espiritualmente, encontr en Llorns y Pals dos intelectuales gigantes. No solo fueron pilares fundamentales de la creacin literaria en el sureste, sino que dieron definicin a la poesa nacional y a la temtica de la identidad. El tema de la negritud, por ejemplo, est presente en la lrica y prosa de ambos. Con Llorens y Pals quedaron puestos para el pensamiento los momentos centrales de nuestro paradigma de pueblo antillano culturalmente enfrentado al imperialismo ms poderoso del planeta. Estos autores hermanaron la literatura y la filosofa. Llorns nos dio, en su metafsica, la idea de la puertorriqueidad pura. Pals, en su visin dialctica, nos leg la idea del Estar, como elemento de la identidad. Del criollismo crepuscular del juanadino, al Estar en boricua del guayams, de la metafsica a la dialctica.

Ms recientemente el sureste se ha posicionado a la vanguardia del renacer cultural y literario de la isla. Me atrevo a incluir en este proceso tanto a las nuevas expresiones de la bomba de la regin, con su contenido francoantillano, como el reciente libro de Marta Aponte, PR 3 Aguirre. De nuevo, todas las cosas, incluyendo las experiencias humanas, son susceptibles de mltiples definiciones. En PR 3 Aguirre, Aponte nos brinda una visin, literariamente engalanada, del diario vivir de los personajes que construyeron (y combatieron) la gran industria y sociedad del azcar. El sustrato de lo que hemos llamado el gran drama del sureste es el azcar, pero esto adquiri materialidad a travs de la actividad pensada de seres humanos concretos.

Despojado de todo adorno social, es decir, en su expresin ms bsica, el drama del sureste implicaba la siempre mal comprendida geografa de la regin. Nos referimos al capricho del capital monopolista estadounidense de transformar el litoral en una vulgar fbrica de azcar para la exportacin a gran escala. Ese proyecto choc de inmediato con la topografa, hidrologa y clima del sureste. rida y seca en su exterior, la costa que va de Santa Isabel a Yabucoa es uno de los sistemas ecolgicos ms delicados del Caribe. Adems, es parte integral de la cordillera de montaas que le quedan al norte, y de cuyas aguas se nutre gracias a las empinadas montaas. El gran drama del sureste fue, y sigue siendo, tambin el agua. Al fin y al cabo, para producir una libra de azcar se requeran, en 1915, cuatrocientos galones de agua.

Tanto impresiona echar un vistazo al mar Caribe desde los elevados picos de la Cordillera Central, como observar la muralla de montes desde la costa. Llanos y montaas son aqu dos colindancias tajantes, sin miramientos y sin transiciones. El agua dulce las une. Poco se piensa en esto, o sea, en la geologa y geografa del sureste. En la costa escasea el agua; en los montes, abunda. Por su configuracin topogrfica, los ros de la regin son secos y breves. Andan siempre con prisa. Tan pronto se crecen con una llovizna, como desaparecen en sus cauces llenos de piedras volcnicas. Derechito al mar se va el agua, con una prontitud que asusta. La sequedad, la aridez es lo que define el sureste; s, pero no es una sequedad cualquiera. Es un truco de magia: Basta un palmetazo de lluvia para que todo despierte a un mgico verdor. Es como una ilusin, como un espejismo vegetal y radiante que apenas dura un momento, al menos eso dicen en Guayama. El sureste es la regin de la literatura mgica de Puerto Rico. Uno de los componentes esenciales es el agua; el otro, la dialctica de raza.

En su novela Litoral, Pals Matos nos da su nocin de que pueblo es acomodacin bsica entre raza y paisaje. Durante siglos antes de la colonizacin no hubo en la regin sureste otro elemento cultural que no fuera el susurro indgena de la leyenda del Guaman. Incluso el negro, trado por la fuerza bruta de los conquistadores despus del exterminio de los tanos, se adapt a la fingida infecundidad de los suelos. All, todava abiertas las heridas de los latigazos del mayoral, el negro encontr una forma de desenvolverse como en su propia casa. El europeo, sin embargo, nunca dej de ser un extrao en las jvenes tierras: En el proceso original de nuestra formacin psicolgica, nos encontramos con dos fuerzas cardinales en lucha: una, la actitud hispnica, huidiza, inconforme, inadaptable; otra, la actitud negroide, firme y resueltamente afincada en el ambiente nuevo.

A partir del 1898, y ante la perspectiva de enriquecimiento con la gran siembra de caa de azcar para la exportacin, lo que antes haba sido una lucha contenida en los lmites de un imperio decadente, devino una terrible tragedia. El sureste, con sus suelos ridos pero frtiles, sera en adelante tan solo un objeto, una cosa, una mercanca. Para el capital estadounidense, la naturaleza semidesrtica del litoral no era ms que otra oportunidad de doblegar las fuerzas del medio ambiente, de someterlas a la voluntad del hombre moderno y su ciencia objetiva. Haba que traer agua a los llanos de la costa sur, por los medios que fuera.

Miradas con el corazn abierto y de frente, particularmente desde la baha de Jobos, los topes de la Cordillera Central nos obsequian la imagen de un animal alargado en reposo. Lo que vemos es su espalda extendida, como ocurre al observar un caballo joven y fuerte reposando en el suelo. Entre 1900 y 1915, precisamente durante la poca en que discurre el drama social de que nos habla Marta Aponte en su libro, el hombre blanco, con su tecnologa y ciencia, perturbara la paz milenaria de esos campos. Buscando el agua dulce, siempre necesaria para la produccin de azcar, los nuevos capitalistas invasores ascenderan el cauce del ro Guaman con la misma mentalidad violenta del antiguo conquistador espaol, sometiendo el majestuoso Carite a sus designios. No es que el agua no llegara nunca a la costa; es que la magia del ro Guaman no le encajaba a las necesidades regularizadas de la produccin de azcar.

Para hacer su voluntad, el nuevo invasor no tard en revertir por la fuerza los cauces y riachuelos de toda la regin montaosa de Guayama. Al ro de la Plata, acostumbrado como estaba a desembocar en el norte, le puso un bozal en la boca y lo oblig a mirar al sur. Como si se tratara de domar a un joven alazn, le puso grngolas, le amarr sus patas y su crin. No conforme con eso, apres sus remolinos y cre lagos y represas en una regin hasta entonces desprovista de aguas estancadas. Igual suerte correra, entre 1909 y 1929, toda la hidrologa dulce en las altas montaas que van de Patillas a Villalba, casi una quinta parte del pas. Haba que mirar al sur, porque el sur ahora perteneca al norte imperial.

La poca de oro de la industria azucarera de Puerto Rico comprende los aos 1915-1932. Durante ese periodo, las fuentes de agua dulce del sureste fueron expoliadas para alimentar las necesidades de las centrales estadounidenses. El proceso, en realidad, no tena mucho de original. Algo anlogo ocurri en Estados Unidos, en las regiones semiridas de las Grandes Llanuras. Eufemsticamente, se le bautiz con el trmino reclamacin y se aprobaron leyes para reclamarle a la Madre Tierra los terrenos desprovistos naturalmente de humedad. Casi como si la naturaleza hubiera incumplido un vulgar contrato! El agua es vida, decan los pobladores originales de las Grandes Llanuras, acostumbrados a sequas tan severas como las del sureste de Puerto Rico. Mas, de lo que se trataba a principios del siglo XX era de industrializar la agricultura sobre bases capitalistas. El campo habra de convertirse en una extensin de la fbrica urbana. Para ello, el capital contaba entre otras cosas con la mquina de vapor, invencin que se aplic tanto a los tractores de arado como a las operaciones de extraccin de agua subterrnea en las vastas extensiones de las Llanuras del Sur de Estados Unidos. En Puerto Rico, dada la configuracin topogrfica del sureste, con llanos contiguos a inclinadas pendientes de montes repletos de agua, se recurri a la irrigacin por gravedad.

El trmino irrigacin por gravedad puede llevarnos a un error. Ciertamente, la irrigacin no lleg al sureste de Puerto Rico con la invasin del 1898 y las compaas azucareras estadounidenses. Los espaoles eran internacionalmente famosos por sus tcnicas de diseo de riego y, como era de esperarse, en la isla se emple la irrigacin por canales desde principios del siglo XIX. Pero lo ocurrido entre 1906 y 1932 fue otro asunto, tanto en escala como en fundamento tecnolgico. Aqu no se trataba ya de crear lneas de riego con mtodos artesanales, bellamente diseadas y respetando la tradicin agrcola europea; sino de alterar la hidrologa de una cuarta parte de la isla, o sea de su corazn montaoso, para suplir millones de galones de agua a los cultivos y modernas centrales azucareras estadounidenses. Esto solo se poda hacer sobre la base de la gran industria y con mtodos industriales modernos.

Justamente entre 1909 y 1929 se utiliz en la isla la tecnologa capitalista ms avanzada para la remocin de tierra y creacin de lagos y represas. En total se construyeron ocho grandes lagos artificiales, con sus lagunas secundarias, que vendran a conformar el sistema de irrigacin del sureste. A eso hay que aadir todo el sistema de canales, tuberas y tneles subterrneos para la conduccin del agua. Realizar esa empresa gigantesca supona el uso de las grandes mquinas de vapor de principios de siglo XX. Y as se hizo. En particular, el gran capital se las ingeni para subir, imaginamos que por la fuerza bruta, poderosas locomotoras de vapor a los picos de las montaas ms elevadas de nuestra Cordillera Central. Conocidas como dinkey trains, estas mquinas formidables transportaban la tierra extrada de los montes, para as hacer espacio a millones y millones de galones de agua represadas. An hoy, en pleno siglo XXI, estos montes solo son accesibles por carretas estrechas; de hecho, mal pavimentadas y a una altura de 3,000 pies sobre el mar. Miles y miles de trabajadores raquticos y padeciendo de anemia fueron movilizados por contratistas estadounidenses y del patio que se subdividieron repartieron porciones especficas de las obras de construccin, incluyendo la transportacin y abastecimiento de materiales de construccin. Dice la gente ms supersticiosa del centro de la isla que los quejidos desgarradores de las mulas, arrastrando sus pesadas cargas por las empinadas montaas, an pueden escucharse en las noches sin luna de Villalba.

En rigor, la edificacin de la obra del riego del sureste se extendi por dos periodos, de 1909 a 1914 y de 1924 a 1929. Fue financiada mediante la emisin de bonos a nombre de la colonia, o sea, por el endeudamiento obligatorio de los sbditos del imperio, que quedaron empeados por 46 aos. El costo total, con intereses, no ha sido cuantificado, pero es probable que represente billones de dlares en precios actuales.

Jos Mart sola decir que es ley que anuncia lo uno en lo alto, y lo eterno en lo anlogo, que todo organismo que invente el ser humano, y avasalle o fecunde la tierra, est dispuesto a semejanza de los seres humanos. Efectivamente, el sistema de riego creado entre 1906 y 1929 en el sureste de Puerto Rico es una copia o imagen muy cercana del sistema sanguneo de un hombre o una mujer. Las arterias y venas naturales del flujo hidrolgico de nuestras frtiles montaas fueron sustituidas por venas y arterias de concreto y metal, muchas de ellas subterrneas, otras suspendidas en el aire a 1,000 pies de altura; a travs de las cuales se logr forzar a presin el agua para que moviera las poderosas turbinas de generar electricidad, uno de los componentes esenciales de los modernos sistemas de riego. Del lago El Guineo, por ejemplo, a 900 metros de altura sobre el mar, sale todava una tubera de 36 pulgadas de ancho que desciende rpidamente por 200 metros de distancia, en un proceso de progresivo achicamiento, hasta no tener ms de 18 pulgadas. Esa cada forzada de agua, genera 300 libras de presin y entra de cantazo en lo que se conoce como la planta hidroelctrica Toro Negro II. All mueve los generadores de electricidad, que ya en 1937 producan 4,320 kilovatios. El azcar era el principal consumidor de electricidad, tanto para el bombeo de agua a travs de 40 millas de sembrados, como para operaciones auxiliares en la central.

Ms abajo, en lo que constituye una de las obras de ingeniera hidrolgicas mejor pensadas en la historia de Puerto Rico, se encuentra lo que quizs sea la vlvula ms importante del sistema de irrigacin del sureste. Se trata del splitter, o caja de separacin, en la que convergen tres grandes arterias de tuberas de metal y canales, que recogen el agua de tres municipios de la regin montaosa del centro de Puerto Rico: Ciales, Villalba y Orocovis. Por el lado occidental del splitter, o cmara de cemento, entran las corrientes de dos represas secundarias (Las Delicias y la Mina) localizadas a 750 metros de altura sobre el mar. La cada es de 100 metros por una tubera de 24 pulgadas, formando, pocos metros antes de entrar, la antigua represa Toro Negro. Por el lado oriental, ingresa, a modo de chorro ruidoso, el agua de la represa Matrullas. Aqu tambin hay una cada de 100 metros por una tubera de 24 pulgadas. A Matrullas se unen, por el camino, las corrientes de tres represas secundarias, conocidas como La Torre, Molina y Navaja.

Sin embargo, la verdadera carga de presin llega por el centro del splitter; mediante un orificio por el cual penetra el agua proveniente del lago El Guineo, una vez ha movido las turbinas de la planta Toro Negro II. En el interior de la caja de convergencia, las corrientes se juntan en un remolino potente que, por virtud de la ley de gravedad, no tiene otro remedio que escaparse por la entrada de un tubo 42 pulgadas, para caer ahora 500 metros ms. La imponente tubera se achiquita progresivamente, de 42 pulgadas a 30, hasta llegar a la planta hidroelctrica Toro Negro I. De all, y solo despus de mover las turbinas poderosas de Toro Negro I, con sus tres generadores de miles de kilovatios, la corriente va a parar a los lagos Toa Vaca y Guayabal en la cuenca del ro Jacaguas. El agua de esos dos embalses suple el canal de Juana Daz, el embalse de Coamo y todo el sistema de regado de Santa Isabel, la parte occidental del sistema del sureste. Carite y Patillas, en el extremo oriental de la regin, hacen lo suyo para suplir la costa que va de Salinas a Arroyo. As, por este medio, se completa el sistema de riego del sureste. Gravedad, remolinos, vlvulas y presin, qu son estos sino los mismos principios del sistema circulatorio de los seres humanos? Todo el sistema parece la obra de un cirujano que ha implantado, con precisin, venas, arterias y hasta un corazn monumental y mecanizado en el cuerpo de la Cordillera Central de Puerto Rico.

El pensamiento formalista, insista Hegel, se aferra a las categoras del pensamiento y las toma como fijas, carentes de movimiento. As, la sociologa en nuestro pas, incluyendo la progresista, adopt la visin equivocada de que la produccin de azcar en el sureste era una actividad esencialmente agrcola. Por eso, el anlisis de la conexin interna del sistema de riego con la moderna acumulacin de capital no se estableci nunca. La verdad es otra. Entre 1898 y 1930, el sureste de Puerto Rico fue convertido en una gran fbrica, comprensible nicamente por el enlace entre sus partes. Las labores de siembra y cosecha, conducidas por mtodos capitalistas de fundamento manufacturero, suplan la caa que era molida en una fbrica de alta tecnologa casi automatizada. En la base de toda esa actividad estaba la produccin de agua para usos de la agroindustria. No es que crearan artificialmente el agua; es que por medio de un complejo sistema de riego automatizado (la energa de la gravedad es tan poderosa como el vapor) suplan una de las materias primas fundamentales que entran en la produccin de azcar: el agua. Tan avanzado, o por as decirlo tan industrial, fue el sistema de riego creado entre 1909 y 1929 que an hoy, casi un siglo despus, contina funcionando, como si fuera un corazn artificial que bombea agua dulce y pura por todo el sureste. Un verdadero autmata.

Y es, precisamente, la base industrial de nuestro sistema de riego lo que explica que compaas como Monsanto y Dow Growers lo hayan integrado a sus gigantescas operaciones agroindustriales en la isla en pleno siglo XXI. Apenas tuvieron que reparar las viejas compuertas y lagunas de retencin. El sureste de Puerto Rico sigue siendo objeto de codicia del gran capital que produce alimentos para el imperio. Toda la regin es una gran fbrica que concentra la poblacin ms pobre y proletarizada de Puerto Rico.

Acompenos, lector o lectora, al lado sur de la represa El Guineo, en las colindancias de Ciales, Villalba y Orocovis, los montes ms elevados de la Cordillera Central de Puerto Rico! All, al sur del hermoso y gigantesco lago, est la placa de 1929 que conmemora el trabajo de los ingenieros directores de la magna obra. Pero y qu de los trabajadores, de las miles de vidas proletarias que trabajaron en ella? No fueron estos acaso los verdaderos hroes? Y qu de las mujeres que suban los empinados montes para llevar comida y trabajar en la construccin? Es que acaso no importan? Ya lo deca Jos Mart, al hablar de las manos proletarias que crean las grandes obras de la modernidad, aun bajo la esclavitud capitalista: Oh trabajadores desconocidos, oh mrtires hermosos, entraas de la grandeza, cimiento de la fbrica eterna, gusanos de la gloria.

Qu filosofa y literatura podan surgir, entonces, en medio de tanta violencia econmica y ecolgica por parte del invasor en el sureste? Qu podan hacer nuestros poetas y escritores sino producir una prosa y una poesa de amor al ser humano y a la naturaleza ultrajada? Tambin, de identidad caribea y afroantillana. Compungidos por el terrible drama que vivi la regin en esos aos, nuestros bardos fueron los filsofos de los montes y del mar Caribe. Sin la obra de Llorns y, en particular, sin la obra gigantesca de Luis Pals Matos, no podramos hablar en el siglo XXI de la lucha por nuestra identidad como pueblo antillano y subyugado por el imperio. Ambos poetas le cantaron al mar Caribe, desde una perspectiva universal. En ellos, el tema de la identidad boricua en el sureste era uno con la creacin lrica y literaria nacional. Filsofos fueron! Y tambin poetas y prosistas!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




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