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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2018

Lula en la crcel: un fracaso de la conciliacin?

Laura Carvalho
Nueva Sociedad (Argentina)


Los gobiernos de Luiz Incio Lula da Silva inauguraron una nueva etapa en la poltica brasilea. El presidente de origen sindical, fiel a su estilo conciliador, promovi un proyecto win-win [N.ed.: en el mundo de la negociacin, situacin en la que todo el mundo gana], en el que aumentaron los ingresos populares sin que los ms ricos resultaran afectados. Ya con Dilma Rousseff en el poder, el proyecto se fue debilitando y las elites, que siempre tuvieron reparos hacia la incorporacin de los sectores populares, terminaron por romper lazos y promover la cada de la presidenta y, ms recientemente, la prisin de Lula.


La prisin del ex presidente Luiz Incio Lula da Silva, dos aos despus de la destitucin, mediante un cuestionado impeachment, de la presidenta Dilma Rousseff, signific un nuevo episodio traumtico para la an frgil democracia brasilea. A la par de los abusos judiciales, el furor reaccionario suscitado por ambos acontecimientos contribuy a alimentar la desconfianza en las posibilidades reales de una transformacin social por la va institucional en un pas en el que la economa, la poltica y la justicia siguen estando bajo el dominio de las viejas oligarquas. Pero si la destitucin fue usualmente interpretada, desde la izquierda, como consecuencia de la negativa de Rousseff a satisfacer las ambiciones de los sectores corruptos de la elite poltico-econmica del pas, el encarcelamiento de quien lidera las encuestas de cara a las elecciones de 2018 resulta ms llamativo, teniendo en cuenta el consabido talento de Lula como negociador poltico y su acostumbrado esfuerzo puesto en la conciliacin de intereses.

El win-win de los aos de Lula

Es verdad que durante los mandatos de Lula se produjeron significativos avances sociales, sobre todo en lo relativo a las polticas destinadas a la base de la pirmide distributiva. Aun cuando diera cuenta de una pequea parte de los ingresos totales de las familias brasileas cerca de 0,4% en 2003 y 1,28% en 2011, el programa Bolsa Famlia fue el responsable por la mejora sustancial en los ndices de pobreza y, con ello, en la desigualdad de ingresos en Brasil. Estudios especializados sugieren que entre 10% y 31% de la baja en el coeficiente de Gini (que mide la desigualdad) se debi a los efectos de este programa [1].

El salario mnimo, que ya vena ganando poder adquisitivo desde 1995 gracias al control de la inflacin, se revaloriz an ms en los aos 2000. Al ser muy amplia la cantidad de asalariados y de beneficiarios de la seguridad social que reciben un monto que tiene como referencia el salario mnimo, el efecto de este crecimiento fue una transformacin radical de la distribucin salarial, esto es, un incremento del salario promedio y de la participacin salarial en la renta nacional. Entre 2001 y 2004, la participacin de los salarios en el total de la renta pas de 45,2% a 47,5%. Desde entonces, sigui creciendo ao a ao (excepto en 2010), hasta llegar en 2013 a 57,4% [2].

Adems de haber contribuido a este cambio, la poltica de valorizacin salarial ayud a acortar la brecha entre el salario mnimo y el promedio en el mercado de trabajo. Mientras que la medicin del coeficiente de Gini para la totalidad de la renta (incluyendo rendimientos financieros, alquileres y distintas formas de usufructo de capital) se mantuvo relativamente estable, para los salarios conoci una reduccin sustancial y constante en los aos 2000. Y ello se dio ante todo en la base de la distribucin: all el salario del 10% ms pobre de la poblacin aument en relacin con el salario medio.

Por lo dems, la naturaleza misma del proceso de crecimiento econmico observado desde mediados de la dcada de 2000 contribuy a reducir la disparidad en los sueldos. Al igual que en otras economas latinoamericanas, el crecimiento acelerado en los sectores de servicios ayud a dar empleo a trabajadores menos escolarizados y les otorg as mayor poder de negociacin [3].

El boom de los commodities, la entrada masiva de capitales especulativos y la consecuente apreciacin de la moneda brasilea permitieron que este proceso se realizase sin grandes presiones inflacionarias: si por un lado crecan los salarios y el valor de los servicios, por el otro se anclaban los precios de los bienes manufacturados debido a la ampliacin de la competencia extranjera y al abaratamiento de los bienes importados [4]. El crecimiento econmico, la fuerte generacin de empleo formal y el incremento acelerado en los salarios no impidieron que la inflacin acabara siendo muy inferior a la que caracteriz, por ejemplo, el periodo de gobierno (dos mandatos) de Fernando Henrique Cardoso.

El escenario internacional tambin fue determinante para que el proceso de redistribucin de ingresos y el dinamismo del mercado interno se diesen sin generar grandes desequilibrios en la balanza de pagos y las cuentas pblicas. La deuda pblica lquida que descuenta del pasivo total del sector pblico los distintos activos del gobierno, por ejemplo sus reservas internacionales se redujo de 62,4% del PIB en septiembre de 2002 a solo 37% del pib en noviembre de 2008. Poco despus, el pas ya estaba acumulando abundantes reservas internacionales, con un saldo total que creci de 55.000 millones de dlares a fines de 2005 a 207.000 millones de dlares a fines de 2007.Es cierto que hubo un cambio en la poltica macroeconmica entre el primer y el segundo gobierno de Lula. Tras el pnico financiero generado con su eleccin en 2002, el equipo comandado por Antnio Palocci en el ministerio de Hacienda y Henrique Meirelles en el Banco Central puso en prctica una poltica econmica esencialmente ortodoxa, con tasas y supervits primarios muy elevados. Entre comienzos de 2003 y fines de 2005 la economa brasilea creci en promedio solo 3,4% al ao, y ello ante todo gracias al alza de 11,7% anual en las exportaciones de ese periodo.

El cambio se inici a partir de las crticas surgidas dentro del mismo Partido de los Trabajadores (PT) y entre la izquierda en general respecto del excesivo conservadurismo de la poltica econmica de entonces, y se acentu con la salida del ministro Palocci. En 2006, con el inicio del segundo mandato de Lula, el incremento en la inversin en infraestructura y gasto social especialmente en salud y educacin se convirti en un importante motor del crecimiento econmico y un vector de transformacin social. Entre 2006 y 2010, la inversin pblica federal creci en promedio 9,1% anual, muy por encima del 2% que haba crecido entre 2003 y 2005. El pib creci a una tasa anual de 4,5%, impulsado ahora por el mercado interno: un alza de 5,8% anual en el consumo familiar, as como de 9,1% en materia de inversiones. Sumndose al incremento en los ingresos y al mayor acceso a crdito para los sectores populares, la ampliacin en la oferta de servicios pblicos, con nfasis en la expansin de la red y la democratizacin del acceso a las universidades federales, produjo relevantes avances sociales, a la vez que ayud a dinamizar la economa. Tras la crisis financiera internacional de 2008-2009, la relacin deuda lquida/pib lleg a subir a 41,6%, para caer progresivamente hasta su base mnima de 30% en enero de 2014. La inflacin, que durante el segundo mandato de Cardoso haba promediado el 8,8% anual y que entre 2003 y 2005 llegaba a 7,5%, cay a 4,7% anual entre 2006 y 2010 [5].

No en vano, en definitiva, se dice que las presidencias de Lula fueron una poca de win-win. Las mejoras en la base de la pirmide no implicaron en absoluto un recorte de ingresos en los otros sectores. El favorable escenario externo y el crecimiento econmico por encima del promedio histrico generaron un panorama de incremento salarial en todos los sectores compatible con un alza en el lucro y el rendimiento financiero. En realidad, lo que muestran las estadsticas es que no hubo redistribucin de la renta desde la cima de la pirmide hacia el medio o la base. Cotejando datos de la Pesquisa Nacional por Muestra de Domicilios (PNAD) del Instituto Brasileo de Geografa y Estatstica (IBGE) con declaraciones del impuesto a la renta obtenidas por la Secretara de Ingresos Federales, los estudios de Marcelo Medeiros y otros [6] arribaron a la conclusin de que la reduccin en la desigualdad de ingresos durante el periodo en cuestin fue menor de lo que se haba pensado originalmente. En particular, no se produjo una cada en la renta capturada por el 1% ms rico de Brasil durante la dcada de 2000.

Segn el trabajo de Marc Morgan [7], el 0,1% ms rico de la poblacin se apropi de 68% del crecimiento de la renta nacional en los cinco aos que antecedieron a la crisis financiera internacional de 2007-2008. Aunque su trabajo hace eje en la distribucin de ingresos previa a la deduccin de impuestos, permite ver que el sistema tributario brasileo es altamente regresivo, cosa que no hace sino agravar el problema.

Segn datos de la Secretara de Ingresos Federales de 2015, los brasileos con un ingreso mensual promedio de 135.000 reales que representan 0,1% de los declarantes pagaron una alcuota efectiva del impuesto a la renta de las personas fsicas de apenas 9,1%. Y, siempre en la cima de la pirmide, el 0,9% compuesto por quienes declararon un ingreso mensual promedio de 34.000 reales pagaron 12,4% de alcuota efectiva. Es decir, la alcuota mxima de 27,5%, que ha dejado de ser alta en relacin con otros pases, no se aplica a gran parte de los ingresos de los ms ricos de Brasil [8].

Aunque los estudios indican que el carcter progresivo (reductor de desigualdades) del gasto social [9], especialmente en partidas para educacin, salud, previsin y asistencia social, aument entre 2003 y 2009, lo cierto es que no se hizo nada durante los mandatos de Lula para hacer ms justo el sistema tributario.

De acuerdo con el comunicado N 92 del IPEA titulado Equidade fiscal no Brasil: impactos distributivos da tributao e do gasto social, la suma de los beneficios previsionales y las transferencias (asistencia econmica, becas, seguro de desempleo, etc.) fue responsable por una reduccin de 7,7% en el coeficiente de Gini en 2009, frente a un efecto de reduccin de 4,3% en 2003. El gasto en salud y educacin pblicas, que haba generado una reduccin de 13,4% en la desigualdad en 2003, ampli su efecto a 17,1% en 2009.

En cuanto a la carga tributaria indirecta sobre el consumo y la produccin, esta fue responsable por el incremento en la desigualdad de ingresos de 4,7% en 2009, frente a un efecto similar de 4,6% que se haba dado en 2003. El carcter regresivo de este tipo de impuesto que da cuenta del grueso de la recaudacin impositiva en Brasil contrarresta con creces el efecto progresivo de los impuestos directos (rentas, aportes previsionales, impuestos sobre el patrimonio, etc.) que, por sus alcuotas demasiado bajas y por las exenciones otorgadas, redujeron la desigualdad apenas 2,6% en 2009 y 1,3% en 2003.

Por lo dems, las altas tasas de inters y la ampliacin del crdito acaban actuando a largo plazo como vectores de concentracin de renta, ya que las familias que lograron acceder al crdito lo hicieron pagando elevados intereses sobre la deuda contrada y transfiriendo esos valores al sector financiero. Reducir la tasa de inters en el mercado crediticio requera un ataque frontal contra ciertos problemas estructurales, tales como el escaso grado de competencia que caracteriza al sector bancario brasileo y la dificultad para bajar a niveles internacionales la tasa de inters bsica sin provocar una devaluacin ni una aceleracin de la inflacin.

La tasa de inters bsica no solo funciona como un piso para los intereses que los bancos cobran en las operaciones de crdito, sino que tambin afecta directamente a los intereses que inciden sobre los ttulos de deuda pblica. Su elevada base durante los dos mandatos de Lula contribuy, por ende, a que el Estado siguiera transfiriendo renta a quienes detentan la riqueza financiera. La investigacin de Medeiros sugiere asimismo que el crecimiento de la renta de capital fue el gran responsable de la resiliencia de la desigualdad entre 2006 y 2012, ante todo en razn de los elevados beneficios de capital obtenidos sobre las riquezas acumuladas. Esto se observa, por ejemplo, en la marcada alza de los precios de los inmuebles y los activos financieros que caracteriz a aquellos aos.

Lula no se opuso, por ende, a los intereses de los ms ricos. No reform el sistema tributario ni las reglas e instituciones responsables de las elevadas tasas de inters y la financiarizacin de la economa. Tampoco nacionaliz empresas ni implement una reforma agraria. Por el contrario, su gobierno se caracteriz por asegurar elevados beneficios para los sectores empresariales y financieros, as como para los agronegocios.

Si es cierto que los salarios pasaron a estar menos concentrados gracias al crecimiento acelerado de los ingresos de los trabajadores ubicados en la base de la pirmide distributiva, de todos modos, la renta de capital creci an ms y se mantuvo altamente concentrada en manos de los ms ricos. En un primer momento, el conflicto distributivo ni siquiera alcanz a visibilizarse, ya que el crecimiento econmico era incluso ms pronunciado. En trminos absolutos, daba la sensacin de que ganaban todos. Y si hubo prdida de participacin relativa, esta no ocurri en la cima de la distribucin sino en las capas intermedias. Entre 2001 y 2015, el 50% ms pobre aument su participacin en la renta total de 11% a 12%. El 10% ms rico lo hizo, por su parte, de 25% a 28%. Mientras que el 40% intermedio vio reducirse su participacin en la renta de 34% a 32%, en un proceso que Morgan bautiz squeezed middle (medio exprimido).

Se entiende por lo tanto que, al terminar el boom de los commodities y contraerse el ritmo de crecimiento econmico a partir de 2011, se exacerbaran los conflictos distributivos de la sociedad brasilea y que una porcin significativa de las camadas populares acabara manifestndose en favor de la destitucin de Rousseff, as como, ms tarde, lo hiciera para apoyar el encarcelamiento de Lula. Lo que no se comprende tan fcilmente cuando se considera la dinmica de la distribucin de la renta durante los aos de gobierno del PT es el furor de las elites econmicas del pas en torno de ambos sucesos, que incluyen expresiones de anticomunismo difciles de encajar en la realidad brasilea: de hecho, en la dcada del giro a la izquierda, a menudo la experiencia del PT era esgrimida como ejemplo de una gestin moderada, opuesta al populismo radical de Hugo Chvez.

Los conflictos distributivos en los aos de Rousseff

Para el caso del gobierno de Rousseff, tal furor podra incluso atribuirse al conjunto de medidas implementadas, que significaron un enfrentamiento directo con los intereses del sector financiero. En efecto, en un intento de canalizar las demandas del empresariado industrial, el gobierno modific algunos de los pilares de la poltica econmica. El Banco Central, que pas a ser comandado por Alexandre Tombini alguien considerado mucho ms flexible que su antecesor Meirelles, inici en agosto de 2011 un ciclo de reduccin acelerada de la tasa de inters. Como la cada en las tasas no estaba llegando a los consumidores, el gobierno redujo los intereses cobrados por los bancos pblicos (Banco do Brasil, Caixa Econmica Federal) y forz as a los privados a hacer lo mismo para no perder su participacin en el mercado.

Junto con la baja en las tasas de inters y la devaluacin del real, las exenciones de pagos y el control de las tarifas de energa elctrica fueron medidas implementadas durante el primer mandato de Rousseff en sintona con las demandas de la Federacin de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), pero no cayeron bien en los sectores ligados al mercado financiero. No obstante, esta poltica fracas en su objetivo declarado: la produccin industrial no se increment y la inversin privada creci desde 2011 mucho menos que en los aos del gobierno de Lula. Ante una inflacin ms alta, una desaceleracin de la economa, un deterioro en las cuentas pblicas y una prdida de apoyo incluso dentro del sector industrial al que se buscaba seducir, el gobierno de Rousseff se vio enfrentado a la necesidad de un cambio de rumbo.

Segn lo interpret el politlogo Andr Singer, el fracaso del denominado ensayo desarrollista del primer mandato de Rousseff se debi ante todo a la osada de aquel proyecto, que habra minado su base de sustentacin poltica. En palabras de Singer: mientras que, en voz alta, Dilma y [el ministro Guido] Mantega llevaban a cabo un osado programa de reduccin de tasas de inters, devaluacin de la moneda, control del flujo de capitales, subsidios a la inversin productiva y reestructuracin favorable al inters pblico con concesiones a la iniciativa privada, por lo bajo del suelo social y poltico se disolva el vnculo entre industriales y obreros y los empresarios se unificaban contra el intervencionismo. () Tras un inicio exuberante, el desarrollismo fue contenido por el aumento en las tasas a partir de 2013. Desprovisto del apoyo de los industriales y de cara al creciente accionar del bloque rentista, el gobierno acab situndose a la defensiva, hasta que firm su rendicin completa a fines de 2014 [10].

Aunque haba tratado de canalizar las demandas de sectores influyentes del empresariado industrial sectores que acabaron apoyando oficialmente la destitucin de la presidenta, el gobierno de Rousseff se opuso a algunos intereses del capital financiero durante el tramo inicial de su primer mandato. Tal hiptesis vale especialmente en lo tocante a la reduccin de la tasa Selic y a la poltica de disminucin de las tasas de inters, que afect directamente a los bancos. Pero la prdida de base poltica acab siendo mayor debido al fracaso econmico de las medidas implementadas: un escenario internacional menos favorable, la desaceleracin de la economa y la elevada inflacin se encargaron de poner sobre el tapete aquellos conflictos distributivos que haban quedado opacados en los aos de Lula. Tras una victoria electoral por escaso margen en 2014, Rousseff termin haciendo suyo en su segundo mandato el programa econmico de la oposicin. Nombr para el Ministerio de Hacienda a Joaquim Levy, economista jefe del banco Bradesco, y dio inicio a una agresiva poltica de ajuste fiscal. Solo en 2015 la inversin pblica cay ms de 35% en trminos reales.

Pese a todo, las elites del pas, que no estaban dispuestas a pagar siquiera una porcin del costo de la que acab convirtindose en la segunda gran crisis de la historia brasilea, decidieron cerrar filas en favor de la destitucin. Se unieron para ello incluso con sectores polticos que buscaban ponerles freno a la operacin Lava Jato y otras investigaciones judiciales. Pueden identificarse, en suma, motivaciones bastante diversas en el proceso que culmin con el derrocamiento de la presidenta. En el plano econmico y por sobre las medidas de su primer mandato que generaron rechazo en las elites financieras nacionales, hay que destacar la situacin de caos econmico que se acentu a partir de 2014 y, consecuentemente, el modo en que arreciaron los conflictos distributivos respecto de la renta nacional y el presupuesto pblico. En el plano poltico, muchos atribuyen la cada de Rousseff a su negativa a buscar una articulacin con los sectores de la llamada banda podre (podrida) del Congreso Nacional, encabezados por el entonces presidente de la Cmara de Diputados Eduardo Cunha. Pero ninguno de estos factores, y mucho menos el machismo y la misoginia tan marcados entre quienes apoyaron la destitucin de la mandataria, pueden ser elementos para comprender el encarcelamiento de Lula.

La prisin del conciliador

El pasado de Lula como lder sindical y su clara predileccin por negociar escenarios en donde todos ganan en lugar de exacerbar conflictos distributivos es, por lo dems, uno de los principales aspectos sobre los que se apoya la crtica de la izquierda al ex presidente. En particular, la cercana entre su gobierno y las grandes empresas del sector de la construccin algo que est en el corazn de los recientes procesos judiciales y que, en ltima instancia, condujo al encarcelamiento del lder del PT tiende a ser visto como un rasgo central del lulismo. Por eso es que algunos concluyen que su prisin es una suerte de resultado de la poltica de conciliacin de clases. De todos modos, cuando un conciliador que jams redujo los beneficios absolutos o siquiera los beneficios relativos de los sectores ms ricos se convierte en objeto de tanto odio por parte de las clases dominantes, es necesario preguntarse cules seran las chances de supervivencia efectiva en caso de que se diera una tentativa radical de redistribucin de la renta desde la cima hacia la base de la pirmide, que socavara el poder poltico de las histricas oligarquas brasileas.

Por lo visto, estamos ante una elite econmica que no est dispuesta a tolerar ninguna transformacin social, ni siquiera una que se diese sin costo alguno. Tambin es posible que parte de la elite que festej el encarcelamiento de Lula haya actuado engaada por la falsa idea de que la justicia finalmente ha empezado a funcionar para todos. Pero el grueso parece estar entusiasmado con la posibilidad de apartar del juego electoral un proyecto que dialoga con las clases populares. Tener preso a Lula aparece en estos casos como la nica va para el triunfo de un proyecto de pas esencialmente antidemocrtico, en tanto apunta a preservar las actuales estructuras de poder en una sociedad profundamente desigual y esclavista. Un proyecto que, no en vano, fue derrotado en las urnas repetidas veces.

En este contexto, el campo progresista brasileo, que hoy se encuentra altamente fragmentado de cara a las elecciones de octubre, logr unirse para condenar el encarcelamiento de Lula. Liberar al lder popular ms importante de la historia de Brasil parece haberse convertido en el denominador comn de todos los que, incluso a escala global, buscan una nueva oportunidad democrtica para dar combate a las injusticias sociales histricas.


Notas de la autora
[1] Sobre los efectos del programa Bolsa Famlia en la reduccin de la desigualdad, vase, por ejemplo, Rodolfo Hoffman: Transferncias de renda e desigualdade no Brasil (1995-2011) en Tereza Campello y Marcelo Crtes Neri: Programa Bolsa Famlia: uma dcada de incluso e cidadania, Ipea, Brasilia, 2013.

[2] Guilherme Klein: Lucratividade, desenvolvimento tcnico e distribuio funcional: uma anlise da economia brasileira entre 2000 e 2013, tesis de maestra, USP, 2017, disponible en: www.teses.usp.br/teses/disponiveis/12/12138/tde-09112017-163943/pt-br.php.

[3] Vase Fernando Rugitsky: Milagre, miragem, antimilagre: a economia poltica dos governos Lula e as razes da crise atual en Revista Fevereiro, 25, 2015, disponible en: http://www.revistafevereiro.com/pag.php?r=09&t=03.

[4] Para un anlisis ms abarcador de este proceso de crecimiento y sus limitaciones, vase L. Carvalho y F. Rugitsky: Growth and Distribution in Brazil in the 21st Century, FEA / USP, 2015.

[5] Datos de deuda pblica del Banco Central do Brasil (www.bcb.gov.br/pt-br#!/home) y de inflacin del Instituto Brasileo de Geografa y Estadstica (IBGE, https://www.ibge.gov.br/).

[6] M. Medeiros, Pedro Souza y Fabio Castro: O topo da distribuio de renda no Brasil: primeiras estimativas com dados tributrios e comparao com pesquisas domiciliares (2006-2012) en Dados, 58 (1), 2015.

[7] M. Morgan: Extreme and Persistent Inequality: New Evidence for Brazil Combining National Accounts, Surveys and Fiscal Data, 2001-2015, World Working Paper Series, 2017.

[8] La exencin de impuesto a los dividendos (lucros distribuidos entre socios) legitimada en Brasil en 1995 es la principal responsable de esta aberracin.

[9] Disponible en www.ipea.gov.br/portal/index.php?option=com_content&view=article&id=8499.

[10] A. Singer: Cutucando onas com varas curtas: o ensaio desenvolvimentista no primeiro mandato de Dilma Rousseff (2011-2014) en Novos Estudos CEBRAP, 102 (7), 2015.

Laura Carvalho es doctora en Economa por la New School for Social Research (Nueva York) y profesora en la Facultad de Economa y Administracin de la Universidad de Sao Paulo (USP).

Traduccin del portugus, para Nueva Sociedad, de Cristian de Npoli.

Fuente: http://nuso.org/articulo/lula-en-la-carcel-un-fracaso-de-la-conciliacion/
 


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