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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2018

Renta bsica universal, una solucin capitalista a los males del capitalismo?

Esteban Mercatante
La Izquierda Diario

La renta bsica universal, un ingreso bsico garantizado sin condicionalidades para toda la poblacin, se presenta como alternativa al alcance de la mano, progresista, ante las sombras perspectivas del fin del trabajo. Pero, segn quin la plantee, se trata de ilusionarse con que desde arriba aparezca un paliativo a las miserias de este sistema, o bien de la bsqueda de un atajo imposible a los desafos de organizacin de la fuerza social para superarlo. En ambos casos, el realismo te lo debo.


El relato del fin del trabajo

De acuerdo a una conviccin muy extendida, la llamada cuarta revolucin industrial, que promete extender la robtica en toda la produccin, planteara de manera inminente una amenaza para gran parte de los trabajos que hoy se realizan. Y, a diferencia de otras oleadas de introduccin de innovaciones, siempre segn esta lnea de razonamiento, habra menos trabajos de reemplazo. El fin del trabajo, del que hace dcadas se habla aunque mientras tanto creci como nunca la cantidad de asalariados explotados por el capital en todo el mundo, estara ahora s a punto de consumarse.

Es como mnimo debatible la inminencia de este reemplazo. Como afirma Paula Bach, el discurso sobre el fin del trabajo est impregnado por un fetichismo de la robtica que, en las condiciones de lo que algunos economistas del mainstream vienen diagnosticando como un estancamiento secular del capitalismo , no se traduce en ritmos de acumulacin de capital suficientes como para que estemos cerca de la materializacin de esta amenaza del trabajo de mujeres y hombres por el de las mquinas. Ms en general, la perspectiva de que el capitalismo pueda imponer una robotizacin generalizada se choca con la necesidad de explotar, siempre de forma creciente, la nica fuente que sostiene las ganancias del capital, que es la fuerza de trabajo.

Tomando esta perspectiva del fin del trabajo sin beneficio de inventario, viene cobrando fuerza la necesidad de implementar una renta bsica universal para asegurar ingresos a quienes ya no podrn esperar contar con un empleo remunerado. No es un planteo nuevo, pero lo que le confiere un nuevo sentido de urgencia, y le otorga cada vez ms adherentes, es que podra ser, segn afirma Paul Mason, una solucin al problema de la desaparicin del trabajo mismo.

Otro de los fundamentos que adoptan los proponentes de la renta bsica, como si fuera tambin un dato de poca irreversible, es la precariedad en la que se encuentra una proporcin grande (y creciente) de la fuerza de trabajo en todo el mundo. Efectivamente, la posibilidad de acceder a un empleo formal, participar del sistema de seguridad social, etc., es algo que resulta inalcanzable para una proporcin creciente de la clase trabajadora. En la Argentina, ms de la mitad de quienes tienen un empleo sufren alguna condicin de precariedad (trabajo bajo relacin de dependencia no registrada, cuentapropismo de changas, etc.), proporcin que se acrecienta entre la juventud y sobre todo entre las mujeres. El subempleo y el autoempleo bajo la forma de changas de algunas franjas, convive por otro lado con el sobretrabajo de los que estn ocupados (de manera formal o informal). En la Argentina actual un tercio de la poblacin econmicamente activa trabaja ms de 45 horas semanales . Se trabaja ms y se gana menos que hace dcadas. Las jornadas de trabajo hoy son tan extensas, o ms, que hace 80 aos, y la tendencia actual es al alargamiento de la misma en pases como EE. UU., Alemania o Francia . Al contrario de lo que imaginaba Lord Keynes cuando pensaba, en los aos treinta del siglo pasado, en las posibilidades econmicas de la generacin de sus nietos, no estamos ni un poco ms cerca de trabajar solo 15 horas semanales de lo que lo estbamos en la dcada de 1930, a pesar de que la productividad del trabajo se multiplic por tres desde entonces. Pero como afirma Leo Panitch , esta precarizacin generalizada, que tomando como un dato ineludible se propone paliar con una renta bsica, es ms un dato de la avanzada del capital contra las conquistas de la clase trabajadora que el resultado de cambios irreversibles en los procesos materiales del capitalismo.

Entre el fin del trabajo y la exclusin como horizonte irremontable para buena parte de la fuerza de trabajo, gana fuerza la idea de que una renta bsica universal puede oficiar de paliativo. Pero, al contrario de lo que consideran sus proponentes ms de izquierda, como Robert J. van der Veen y Philippe Van Parijs que hace 30 aos llegaron a imaginarla como una va capitalista al comunismo [ 1 ], aceptarla por el lado progresista es cometer un error fatal: tomar por buena la premisa del fin del trabajo y proponer librar en otro terreno la pelea por el ingreso. De aceptar estas propuestas, la clase trabajadora tiene ya la mitad de la batalla perdida.

Money for nothing

Dinero aqu y ahora, porque no hay tiempo para esperar grandes transformaciones, es la divisa de los proponentes de la renta bsica. Dmosle a todos y todas un ingreso suficiente para adquirir los bienes esenciales, tengan trabajo o no, quieran trabajar o no, sin condiciones. Desvincular los ingresos de la ciudadana de la obligacin de trabajar parece ser la nica alternativa viable en un mundo donde el sistema de produccin deja en la banquina a porcentajes crecientes de la clase obrera. De esta forma, un piso bsico de derechos econmico-sociales estara garantizado universalmente. Sin necesidad de expropiar los medios de produccin ni tomar el Palacio de Invierno. Si ya hoy el Estado solventa considerables erogaciones, en algunos casos abarcativas y sin condicionalidades como es la Asignacin por Hijo en la Argentina (que cobran ocupados y desocupados), qu grandes impedimentos podran imponerse en el camino de dar un paso ms, por grande que sea, en ese mismo camino?

La certidumbre de que sera una propuesta que est al alcance de la mano se refuerza por el hecho de que en los ltimos aos se registra un nmero creciente de experimentos y pruebas piloto realizadas por agencias pblicas y organizaciones no gubernamentales para testear los efectos de su implementacin. Aunque entre las propuestas progresistas que imaginan que esta puede ser la va para asegurar un ingreso digno y una prctica estatal orientada a administrar la pobreza sin eliminarla, media un abismo.

No sorprende entonces que Rutger Bregman haya titulado su libro dedicado a fundamentar la propuesta de la renta bsica universal Utopa para realistas [ 2 ]. Este libro sistematiza las experiencias realizadas en distintas lugares y pocas, aporta conclusiones sobre las mismas, y repasa los argumentos en favor (y tambin en contra) de la iniciativa.

Uno de los principales objetivos de la evidencia recopilada en el libro de Bregman es desmitificar la crtica de que entregar dinero a cambio de nada es estimular la vagancia. El autor expone las conclusiones de un proyecto piloto implementado por la organizacin Broadway Cares en Londres durante 2009, que consisti en entregar 3 mil libras a 13 indigentes. En todos los casos, de acuerdo al estudio, la ayuda empoder a los beneficiarios. Utopa tambin recoge los resultados de un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) sobre el desempeo de la ONG Give Directly, que recoge dinero de donaciones que son entregados sin condicionalidades a beneficiarios en pases pobres. De acuerdo al estudio, estos producen un incremento duradero en los ingresos (en promedio 38 % superiores a los que eran antes de la transferencia) y tambin de las propiedades y activos, entre ellos la casa (58 %), al tiempo que reducen en 42 % el nmero de das que los chicos pasan hambre.

Y siguen los casos. Segn nos informa Bregman, distintos programas basados en transferencias de efectivo alcanzan a 110 millones de familias en 45 pases (desde Brasil a la India, desde Mxico a Sudfrica), en su abrumadora mayora implementados en los ltimos 20 aos. Entre estas transferencias podemos incluir en la Argentina la extensin de la asignacin por hijo a los que no cuentan con un empleo formal.

Pero claro, no es lo mismo hablar de polticas focalizadas en los segmentos de la sociedad de mayor pobreza, aunque se trate de una entrega de dinero sin condicionalidad, que de la implementacin generalizada de una renta bsica suficiente para superar el umbral de pobreza que abarque a toda la poblacin, independientemente de su condicin laboral, sus ingresos y su riqueza. Bregman recoge una experiencia de este tipo, implementada en Canad en el poblado de Dauphin, de 13 mil habitantes, entre 1974 y 1978. Segn nos cuenta, este programa asegur a toda la poblacin un ingreso bsico certificando que nadie quedara por debajo de la lnea de pobreza. En la prctica, el 30 % de la poblacin (una familia de cada cuatro) recibi cheques mensuales por el equivalente a 19 mil dlares al ao, en valores actuales. El programa se dio de baja con la llegada de un gobierno celoso de la austeridad fiscal, que lo cerr sin indagar sus resultados. El anlisis de una investigadora realizado 30 aos despus, sobre la base de los impactos del programa en las estadsticas de salud comparadas con las de otras poblaciones que no recibieron este beneficio, mostrara que tuvo un impacto exitoso.

Aunque en la actualidad existen ensayos que se anuncian como primeros pasos en el sentido de un ingreso universal (en pases como Canad, Holanda, Escocia, Kenia e India), e incluso la incluy en su programa en Italia la alianza entre el Movimiento 5 Estrellas y la xenfoba Liga Norte (que tambin plantea una fuerte reduccin de impuestos a las empresas), en su etapa actual se focalizan en los sectores pobres y desempleados, al igual que gran parte de las experiencias que releva Bregman. Siguen afrontando similares dificultades para sostenerse en el tiempo. Finlandia anunci hace unos meses que el 31 de diciembre de este ao pondr fin al programa que, con una vigencia de dos aos, incluye a 2.000 desocupados de entre 25 y 28 aos que recibirn 560 euros al mes libres de impuestos. El motivo se encuentra simplemente en la austeridad fiscal en los marcos de una economa que viene en baja, y no en una evaluacin negativa de los resultados alcanzados, que segn los responsables recin despus de 6 aos podran evaluarse. El monto de la erogacin era menos de la mitad de los 1.200 euros necesarios para no ser pobre en Finlandia, mostrando que las propuestas que discuten los Estados estn lejos del paraso de ocio sin pobreza de la mano de la seguridad social que imaginan algunos izquierdistas.

La renta bsica apunta as a ser apenas un paliativo. Como hemos visto en la Argentina con la asignacin universal por hijo, que alivi la situacin de los sectores ms pobres al tiempo que hizo posible que en los lugares de trabajo el reparto inequitativo del ingreso entre capitalistas y trabajadores (que en la Argentina viene in crescendo desde mediados de la dcada de 1970) continuara con menos tensiones [ 3 ], una renta bsica que venga desde arriba, como una poltica pblica de seguridad social, difcilmente ser universal, sino focalizada en los segmentos de bajos ingresos, y probablemente tampoco sea bsica, sino por debajo de la lnea de pobreza. Solo de esta forma podra compatibilizarse con la continuada explotacin de la fuerza de trabajo en condiciones laborales cada vez ms degradadas que necesita el capitalismo contemporneo, ms an en pases atrasados y dependientes como la Argentina, pero incluso en las economas ms ricas de los pases imperialistas.

Lejos del imaginario de la renta bsica como una reforma progresiva para asegurar un ingreso a toda la ciudadana, las polticas pblicas, tironeadas entre la exigencia de austeridad fiscal y la necesidad de contener el descontento y hacer soportable la degradacin social que impone el panorama de decadencia capitalista, apuntan hacia una pobreza administrada, contenida a raya mediante rentas focalizadas en asegurar la supervivencia en condiciones de miseria.

Como afirma Michel Husson, Los partidarios progresivos de un ingreso de 1.000 euros por mes bien pueden servir como idiotas tiles para el establecimiento de un ingreso universal de 400 euros, para el equilibrio de cualquier cuenta que tambin reduzca ventajosamente los costos de funcionamiento del Estado de bienestar [ 4 ].

Renta bsica universal o reparto de las horas de trabajo?

A diez aos de la Gran Recesin, vimos en el ltimo ao los ms entusiastas intentos por proclamar que el mundo estaba ante una vuelta de pgina, lo que volvi a ser desmentido por la serie de turbulencias que vimos en los ltimos tiempos . Junto con un salto en la destruccin de valor de capital, y una resolucin (por la va de un mayor enfrentamiento) entre las tensiones emergentes entre las grandes potencias, un nuevo avance contra las condiciones de la clase trabajadora es parte de los componentes necesarios para un relanzamiento de la acumulacin capitalista que hoy no se visibiliza. Las (contra)reformas laborales y previsionales que se aplican o intentan aplicar en todo el mundo (desde Francia hasta Brasil y la Argentina), son parte de esto . Pero tambin la renta bsica universal est llamada a jugar un rol.

Al proponer un desplazamiento del terreno del conflicto de clases al debate pblico ciudadano, podra hacerle un gran favor al ataque que necesita imponer la clase capitalista. De una cuestin de disputa por la distribucin primaria del ingreso, que siempre conlleva el peligro de que los explotados se organicen y pongan en cuestin quin dirige la produccin social, a un tema de distribucin secundaria, es decir, una materia de manejos de los ingresos y gastos de la seguridad social y de cmo los ciudadanos y sus derechos participan en ellos.

Desde algunos sectores de la izquierda, la renta bsica universal es defendida por su presunta capacidad de empoderar a la clase trabajadora ante el capital. La lgica es que una renta lo suficientemente elevada como para asegurar un ingreso acorde a la canasta bsica otorgara a la fuerza de trabajo un mayor poder de negociacin ante el capital, al dar una opcin de salida creble. Esta postura es defendida, por ejemplo, por David Calnitsky en la revista norteamericana Catalyst (Debating Basic Income, N. 3).

Se trata de un planteo plagado de inconsistencias. Si todo el empeo del capital en las ltimas dcadas apunt a producir la situacin de precariedad, fragmentacin y flexibilizacin que las ms grandes empresas del mundo celebran como condiciones modernas de trabajo, habr que esperar ahora que de estos mismos actos, del parlamento y la seguridad social, surja una propuesta de renta universal que sea otra cosa que una miseria? Esperar esto resultara no utpico, sino descabellado. No puede olvidarse que este sistema tiene entre sus condiciones fundamentales de funcionamiento la existencia permanente de un ejrcito de reserva, es decir, de una proporcin de la fuerza de trabajo en condiciones de desempleo, no solo disponible para ser empleada en caso de expansin, sino como ariete para poner lmite a las aspiraciones del resto de la clase trabajadora.

Por supuesto, el argumento de los que proponen una renta bsica de un monto digno no es que esta vendr de la generosidad estatal, sino que debe conseguirse mediante la lucha. Pero como argumentan de manera razonable Alex Gourevitch y Lucas Stanczyk en La ilusin de la renta bsica (Catalyst 4) debatiendo para los EE. UU., no hay perspectiva de que la poltica esperada pueda imponerse hasta que haya una fuerza poltica de la clase trabajadora organizada y con suficiente fuerza como para poder imponerla a pesar de la predecible resistencia del capital organizado. Aceptar el fin del trabajo y pelear por una remuneracin por fuera del empleo es un mal presagio para aspirar a que la clase obrera pueda alcanzar esa fuerza social. Ms bien, contribuye a facilitar el trabajo a los nuevos ataques de la clase dominante. Los proponentes progresistas de la renta bsica universal se encuentran as en un crculo vicioso.

La renta universal no es as el atajo a la poltica de organizacin independiente de la clase obrera que imaginan sus proponentes progresistas. Contra estas ilusiones, la respuesta ante las alternativas de ajuste neoliberal sobre las espaldas del pueblo pobre y ddivas miserables para hacer soportable la miseria, solo puede pasar por batallar por la reduccin de la jornada a 6 horas, 5 das a la semana, y por el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles.

La carga de trabajo para quienes tienen un empleo viene en aumento en todo el mundo, mientras crece a su lado la desocupacin y subocupacin. Tomando datos de EE. UU., a pesar de que desde 1957 hasta hoy la productividad del trabajo se triplic, la jornada de 8 horas permanece inalterada e incluso el empresariado encontr mltiples vas para imponer ms horas mediante convenios, extras, etc. . Y en las ltimas dcadas viene creciendo el tiempo dedicado al trabajo. Lo mismo vale para Europa, y ms an para muchos pases dependientes que se incorporaron a las redes de la produccin trasnacional. Lejos de ser una cuestin natural, esto est determinado por la necesidad del capital de mejorar su apropiacin de plusvala a costa de la fuerza de trabajo. Plantear la reduccin de la jornada de trabajo mediante el reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, sin afectar el salario (garantizando para todos los ocupados un ingreso acorde a la canasta familiar) apunta a poner en cuestin la naturalidad del ejrcito industrial de reserva, trmino con el que Marx caracteriza el rol que juega la fuerza de trabajo desempleada o semiempleada; su existencia es la que permite que los mecanismos de mercado operen en lo que respecta a los salarios de forma favorable al capital, limitando su crecimiento en los momentos de auge y facilitando el descenso de los mismos en tiempos de crisis. Si estn creadas las condiciones para que todos trabajemos menos horas, pero en manos del capital y para asegurar una ganancia esto significa que algunos deben seguir trabajando tantas horas como hace dcadas o incluso ms mientras una parte creciente de la poblacin es transformada en poblacin obrera sobrante, entonces lo que debe ser cuestionado es ese monopolio privado sobre los medios de produccin.

La huelga de la IG Metall en Alemania por la reduccin de la jornada a comienzos de este ao, de la que participaron cientos de miles de trabajadores por la reduccin de la jornada laboral, mostr que este es un planteo que puede calar hondo en sectores importantes de la clase trabajadora, aunque la lucha se cerr con la burocracia sindical imponiendo que se aceptara, a cambio de una menor jornada, la reduccin del salario y ms horas de trabajo de otros sectores de trabajadores.

Qu impedira repartir las horas de trabajo entre todas las manos disponibles, lo que implicara una disminucin cualitativa de la jornada laboral? Por qu de un lado tiene que haber jornadas extenuantes y de otro lado desempleo y subempleo (con o sin renta universal)? Por qu no podemos poner los avances tecnolgicos al servicio de bajar la jornada laboral del conjunto de la clase obrera? Por qu los trabajadores que producimos toda la riqueza social nos tenemos que conformar con luchar por un vuelto que nos d el Estado capitalista mientras 8 millonarios concentran la riqueza de 3.500 millones de personas?

Si el capitalismo ha creado posibilidades de reducir el tiempo necesario para asegurar la reproduccin de los bienes socialmente necesarios que solo pueden llevarse a cabo cuestionando los mecanismos de explotacin que sostienen a este modo de produccin, esto deja en claro que lo nico realista es pelear por abolir este sistema, para abrir paso a una organizacin de la produccin articulada no en funcin de la ganancia privada sino de las necesidades del conjunto social.

Notas:

[ 1 ] A Capitalist Road to Communism, Theory and Society 15 (5), 1986. Eran tiempos previos a la cada del muro de Berln. Ahora, la mayor parte de sus proponentes no la imaginan como va de salida del capitalismo, sino como remedio para hacer soportable su perpetuacin, que es vista como inevitable . Los ms audaces la sugieren como parte de un combo en la hoja de ruta hacia un postcapitalismo, aunque no dejan claro de qu se trata ese mundo post.

[ 2 ] Utopa para realistas. A favor de la renta bsica universal, la semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras , Barcelona, Salamandra, 2017.

[ 3 ] Ver al respecto el captulo 5 de Esteban Mercatante, La economa argentina en su laberinto. Lo que dejan doce aos de kirchnerismo , Buenos aires, Ediciones IPS, 2015.

[ 4 ] El mundo maravilloso de la renta universal, Rvolution Permanente , 3/1/2017.

Esteban Mercatante es economista y columnista de La Izquierda Diario.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/Renta-basica-universal-una-solucion-capitalista-a-los-males-del-capitalismo?utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=Newsletter



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