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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2018

La gloria de Europa (un discurso fnebre)

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Pero la poca de la caballerosidad ha pasado. La de los sofistas y los economistas la ha sucedido, y la gloria de Europa se ha extinguido para siempre. (Edmund Burke)


S, ya s que adems de un territorio que se extiende hacia oriente, Europa es slo una idea o ya puede que slo un espejismo. Una utopa en sus mejores momentos, por ms que a muchos idelogos de la concepcin brbara de la libertad es decir, la que se reduce al puro ejercicio individualista del deseo y el inters, alrgica al compromiso y la solidaridad no le guste esa palabra, y hasta le parezca dmod. Un fantasma para los romnticos o un zombi para los distpicos posmodernos. Concedmonos, empero, la excentricidad potica de personificarla en una dama entrada en aos, esa princesa raptada por el toro Zeus que nos cuenta el mito de Europa, si se quiere ya en el otoo de su vida, perdido el lustre de la lozana aunque curtida por la experiencia de los aos; desmemoriada, eso s, seguramente vctima seamos benvolos con ella de una implacable demencia senil. Se le olvida la historia a esta seora; y parece que no tiene remedio. Fue Herdoto, un griego cmo no del siglo V antes de Cristo, el considerado por Cicern el pater historiae, el que nos dijo en la primera frase de su obra sobre la guerra de los persas que lo que persigue con su esfuerzo el historiador es preservar lo que naci por obra de los hombres, para que la gloria de sus hazaas no sufra el desgaste del tiempo, que no se apague el fulgor de los hechos dignos de admiracin mediante su alabanza y preservacin en la memoria de las generaciones manteniendo as inmarcesible esa gloria a travs de los siglos.

Se me antoja, a la luz de lo expuesto en los manuales de historia, que la Grecia de aquel entonces, como es el caso de Europa en la actualidad, no era ms que una idea. La razn de mi analoga la seala certeramente Indro Montanelli en su Historia de los griegos: el rasgo fundamental y permanente de los griegos fue el particularismo, que hall su expresin en las polis, es decir, en las ciudades-estado, que no lograron jams fusionarse en una nacin. Lo que sobre todo lo impidi fue (...) su escasa permeabilidad. Por eso dice el autor que no cabe una historia de Grecia antigua, como s cabe una de Roma. A este respecto, de Europa en relacin con aqulla puede decirse que de tal palo tal astilla; y siguiendo con las analogas, el vnculo entre la Grecia y Roma antiguas no admite paralelismos con el reconocible entre Europa y los Estados Unidos de Norteamrica?

Otro historiador griego coetneo de Herdoto, Tucdides, quiso contribuir a esa memoria colectiva mediante su testimonio de la guerra del Peloponeso del que forma parte el conocido como Discurso fnebre de Pericles. Fue pronunciado en Atenas en el cementerio del Cermico all por el 431 a. C. Con motivo de la celebracin de las exequias de las vctimas del primer ao de la guerra contra Esparta, el por entonces lder de la democracia ateniense ofrece a sus conciudadanos una emocionante semblanza oral de los valores sobre los que se asienta su polis, si bien ms ideal que real; una demostracin primigenia, en definitiva, de la necesidad de dotar a la entidad poltica de un imaginario inspirador para la ciudadana con el fin de no dejar que aqulla languidezca en un mediocre ejercicio de gestin sin ms aspiraciones. Tucdides lo escribi una vez concluida la guerra, esto es, una vez derrotada y humillada Atenas; as que es un texto de lamento no slo por los cados, sino tambin y seguramente sobre todo por su patria a la que se muestra, no obstante, como paradigma universal de cultura cvica.

Rezuma el susodicho discurso un profundo respeto y apreciacin por la herencia recibida de los padres. Es el reconocimiento de lo que cuesta la construccin de toda una civilizacin que permite al ser humano que es amparado por ella vivir dignamente. Ello conlleva un compromiso moral para las sucesivas generaciones de respetarla, cuidarla y mejorarla en lo posible, as como un vigoroso sentido de vnculo comunal. Pericles concreta esa herencia en los valores y las leyes de un Estado que garantiza una vida libre a sus ciudadanos al tiempo que fomenta el debate sobre la cosa pblica conforme a derecho. Aqu reconozco yo una de las semillas de la idea de Europa.

Yo creo que esa idea nos hace mejores. As lo crea Jos Ortega y Gasset, un europesta convencido que puso mucho de su parte para que esas semillas germinaran en nuestro pas y dieran sus frutos en forma de prosperidad y progreso tico. Es el lado luminoso de Europa que hace siete aos vindicaba el filsofo Rafael Argullol en su artculo titulado Europa cabarde, Europa libre. Reconoce el autor en su texto que la nuestra es una civilizacin que se haba negado y reinventado constantemente de manera revolucionaria hasta el punto que, en nosotros, tradicin y revolucin se requeran mutuamente y eran, casi, una misma cosa. As, nuestro pensamiento ha generado un cierto instinto para la crtica y la autocrtica que no se halla o est menos vivo en otras culturas. Y creo sostiene Argullol, en efecto, que este es nuestro lado luminoso, el haz de libertad que brilla en medio de la oscuridad a la que, con tanto afn sangriento y codicioso, hemos contribuido. Hemos destruido mucho, pero (...) hemos apostado con frecuencia por la libertad de conciencia, incluso contra la omnipresente "razn de Estado" (confundida en ocasiones con "la razn de Dios") en la que encuentran cobijo tantas tradiciones del mundo que nos rodea.

De este lado luminoso sin duda brota la gran leccin del humanismo europeo, ya sea antiguo o moderno; de la que es precioso botn de muestra la aportacin del jurista espaol Francisco de Vitoria, quien, en 1539, defini el derecho a emigrar (ius migrandi) como un derecho universal de todos los seres humanos. Ahora bien, para que este derecho a emigrar sea un derecho efectivo, debe ir acompaado del derecho a asentarse libremente en otro sitio (lo que Francisco de Vitoria enunci como accipere domicilium in aliqua civitate illorum). Y para que sea un derecho y no una obligacin debe ir acompaado tambin del derecho a no emigrar; es decir, a que se respete la libertad y la integridad y se garantice la posibilidad de desarrollo de todo el mundo en su lugar de origen.

Frente a la luminosa idea de Europa, vstago cultural de la luminosa idea de Atenas, su concepcin glida y burocrtica parece fortalecerse ms y ms favorecida por la amnesia histrica y la molicie mental de nosotros, los actuales europeos, tan sumisos y acobardados que en muchos Estados hemos entregado la potestad de decidir sobre nuestro destino a personajes que fomentan la peor versin de nosotros mismos. Quiz la mejor imagen capaz de representar el actual estado de cosas sea la del personaje interpretado por Robert Mitchum en La noche del cazador de Charles Laughton. Ese atormentado hombre que, cuando cerraba sus puos, poda leerse en los nudillos de sus manos las palabras love y hate respectivamente, presentndolos en agnica y permanente lucha.

Lo podemos constatar en estos das con la crisis de los migrantes, en fase aguda a partir del episodio del barco Aquarius, y la actitud adoptada por el flamante gobierno italiano. Crisis de un problema ya crnico al que aluda hace ya la friolera de veinticinco aos Rafael Argullol, precisamente, en conversacin con Eugenio Tras, y que se halla recogida en el libro titulado El cansancio de Occidente. Merece la pena citar por extenso el fragmento de la conversacin aludida: Desde esta encrucijada [la construccin europea ante las olas de inmigrantes] se apuntan, a grandes rasgos, dos caminos. El primero es eminentemente defensivo e implica el desarrollo de lo que, con anterioridad, he llamado el espritu de fortaleza. Se trata de un movimiento de defensa a partir del cual Occidente, y en particular Europa, quiere prolongar su futuro partiendo restrictivamente de sus races (...) de la superioridad del etnocentrismo practicado por la raza blanca, de la verdad superior de la religin cristiana, de la riqueza excluyente de la cultura occidental, de la eficacia nica del liberalismo... La insistencia de este camino unanimista entraa naturalmente el reforzamiento de un modelo de trincheras frente a la amenaza exterior. Las consecuencias lgicas son el autoritarismo defensivo y el racismo. No se puede negar que por este camino hemos transitado un buen trecho mediante el reforzamiento de un modelo de trincheras que tiene su plasmacin fsica en forma de muros, vallas y cierres de puertos (aunque con matices que en ningn caso desdicen la tesis principal). El reciente acuerdo alcanzado por los lderes europeos en Bruselas no hace sino confirmarlo al tiempo que evidencia la desunin de la Unin marcada por los polos norte-sur y oeste-este.

Prosiguen Tras y Argullol: El segundo camino supondra apostar por una Europa polidrica, capaz de alimentarse de sus races al tiempo que pusiera en cuestin el exclusivismo unicultural de su tradicin. Al abrirse a una visin plural de su futuro, Europa debera ponerse en tensin consigo misma y, paralelamente superar al antagonismo entre civilizacin y barbarie. ste, creo, es el camino moralmente aconsejable y el nico posible a medio plazo si quiere evitarse una conflagracin de consecuencias imprevisibles.

Necesitamos los europeos invocar el espritu de Pericles y no olvidarnos de nuestra herencia histrica. Repetirnos los unos a los otros de dnde venimos, recordarnos sin pausa que Europa ha sido de continuo un campo de batalla hasta hace bien poco y un agente de opresin imperialista desde su tan daino etnocentrismo. Y convencer deslumbrando con nuestro lado luminoso a los provenientes de otras culturas integrndolos activamente en nuestra fraternidad cvica.

La crisis de la migracin, como ya hiciera la econmica, revela a las claras la fragilidad de la construccin europea. No es ninguna novedad. La integracin econmica iniciada con la creacin en 1951 de la Comunidad Europea del Carbn y del Acero y reforzada en 1999 con el euro no ha desembocado como se crea en la integracin poltica. Ms bien al contrario. Lo expresa muy elocuentemente el economista Daniel Cohen en su libro titulado Homo economicus, el profeta (extraviado) de los nuevos tiempos: Comprar coches alemanes o trajes italianos no favorece en absoluto el sentimiento de pertenecer a una misma comunidad. Cuando la crisis causa estragos [vale para cualquier tipo], en realidad se produce el sentimiento contrario. La rivalidad econmica aguza las rivalidades nacionales y reabre viejas heridas que ya se crean cicatrizadas. En periodo de crisis el Homo economicus se vuelve amargado o incluso negativo. Clama Cohen por un Roosevelt que le d a Europa el sentimiento de una comunidad conjunta. Pero parece ms bien que el sentimiento que se extiende es el de la eurofobia y el deseo de ir cada uno por su lado.

A fin de cuentas, la crisis de la migracin es una deriva de la crisis econmica, y resultado de la creencia que parece haberse instalado en la opinin pblica de que debemos administrar con sumo cuidado la escasez; el empleo escaso y el escaso estado de bienestar. La lgica de la escasez est implcita en la ley de Malthus, que asocia el incremento de la poblacin con la reduccin de la renta per cpita como consecuencia del reparto de unos recursos siempre limitados (y el empleo es uno de ellos) entre un mayor nmero de personas que han de compartirlos. Ahora bien, esta lgica era vlida en un mundo totalmente dependiente de la produccin agrcola, lo que no es el caso en la actualidad. En las economas modernas la fuente principal del crecimiento la constituye la produccin de bienes no agrcolas y de servicios, por lo que funcionan de muy otra manera. Pero el esquema malthusiano sigue ejerciendo una gran influencia en el pensamiento de muchos ciudadanos que se enfrentan angustiados a la escasez de empleos. Su fuerza reside en su sencillez; parece de sentido comn: para resolver el problema del paro, reduzcamos el tamao de la poblacin activa o/y compartamos el trabajo disponible. En consecuencia, cerremos nuestras fronteras a cal y canto para que no vengan a robarnos lo que es nuestro.

Desde los populismos se llega incluso a lanzar mensajes rayanos en lo conspiranoico al insinuar que la inmigracin es un arma en manos de los poderes del capital y la gran empresa para bajar los salarios. Nada ms lejos de la realidad a decir de Pierre Cahuc y Andr Zybelberg, economistas franceses, autores del libro titulado El negacionismo econmico, recientemente publicado en castellano. Ambos reivindican el valor del componente emprico a la hora de dar con las explicaciones ms verosmiles de los fenmenos econmicos y sus efectos sociales y polticos asociados. Ellos aducen como falsacin del prejuicio malthusiano aplicado al empleo lo ocurrido en Miami a raz de la avalancha migratoria de 1980, cuando ciento veinticinco mil cubanos salieron del puerto de Mariel hasta que fue cerrado por las autoridades de la isla. La mitad del contingente se estableci en Miami, lo que supuso un aumento del siete por ciento de la poblacin activa. Es como si hubiese llegado de repente un milln y medio de personas a Espaa.

El caso es que los datos dicen que aquella inmigracin masiva de cubanos fue absorbida sin efectos negativos para los residentes: sin reduccin de salarios ni incremento del paro para los trabajadores residentes poco cualificados. En Europa merece atencin el caso de Austria, que acogi a 100.000 refugiados bosnios entre 1992 y 1995, sin apenas efecto en los salarios y el empleo en la poblacin autctona; hoy, como se est constatando a travs de las negociaciones europeas dirigidas a decidir cmo afrontar el problema migratorio, el gobierno de Viena es uno de los ms duros junto con el italiano en su posicin al respecto, siendo Italia uno de los pases europeos que ms cantidad de emigrantes ha enviado, sobre todo a Amrica.

Concluyen Cahuc y Zybelberg: Los estudios dedicados a los efectos de la inmigracin contradicen manifiestamente la idea de que el incremento de la poblacin en edad de trabajar rebaja sistemticamente los salarios y crea paro. Porque la lgica malthusiana no es aplicable a las economas industrializadas, donde la clave consistira en la rpida adaptacin de los medios de produccin y de su legislacin al coste del trabajo.

Qu paradjico se me antoja que Europa, la cuna del pensamiento cientfico, siga presa en las deliberaciones polticas que han de decidir su destino de prejuicios irracionales que carecen de base emprica. Otro sntoma puede ser de la actual demencia senil que padece esta dama decadente, y que se manifiesta en su opinin pblica, incapaz de distinguir entre utopa y realidad, coqueteando en ocasiones con el delirio (el caso paradigmtico de Catalua o el Brexit), al desvincularse tanto de las realidades humanas perdurables ya sea en poltica, en los medios de comunicacin o en los negocios.

Se hace menester recordar; puede ser doloroso, pero ya que esta Europa senil es incapaz de hacerlo, recordemos nosotros por ella, evitando la idealizacin y abominando del lastre moral del todo tiempo pasado fue mejor. Sea no por ella, sino por la humanidad. Porque ella ha sido tan importante para la humanidad... Para bien y para mal. Ya hemos tenido tiempo y ocasiones de sobras para despertar del sueo del final de la historia Fukuyama dixit. La historia ha vuelto y en este momento somos testigos de su retorno. Seremos capaces de afrontar sus habituales conflictos incontrolables, elecciones trgicas e ilusiones perdidas?

Jos Mara Agera Lorente, catedrtico de filosofa de bachillerato y licenciado en comunicacin audiovisual

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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