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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-07-2018

Imperialismo defensivo: de populismos y migraciones

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

La dinmica del capitalismo se ha basado en la expansin permanente. En trminos espaciales y en trminos de un creciente nmero de actividades sujetas a la lgica de la rentabilidad privada. Las sociedades capitalistas se desarrollaron dentro del proceso que el historiador Alfred Crosby llam acertadamente de creacin de nuevas Europas. Un proceso a travs del cual Europa export personas, tecnologas, animales, vegetales y parsitos para tratar de reproducir en otras latitudes el mismo tipo de produccin que exista en Europa. Crosby llam acertadamente a este proceso Imperialismo Ecolgico porque de lo que se trataba era de reproducir el hbitat productivo europeo. Esta primera fase colonizadora incluye muchas de las caractersticas que podemos encontrar en las sucesivas fases del capitalismo: papel crucial de la esfera pblica que garantiza condiciones bsicas del proceso (de la financiacin de las primera exploraciones, a la construccin de infraestructuras y la garanta de los mecanismos coactivos bsicos), proyectos de enriquecimiento privado cobijados bajo esta intervencin, destruccin de las condiciones sociales y materiales que garantizaban la vida de los pueblos colonizados, ignorancia de los impactos ambientales, recurso recurrente a la violencia tanto pblica como privada. La historia posterior ha experimentado numerosas variaciones del proceso pero la tendencia a la expansin, a la reproduccin de modelos productivos y sociales, no ha cesado. La globalizacin neoliberal del ltimo periodo ha sido una nueva variante de un viejo proceso adaptado a las nuevas condiciones del mundo post-colonial y a las potencialidades que ofrecan las tecnologas del transporte y las comunicaciones.

Hay muchos aspectos comunes en estos procesos. En primer lugar, un olvido bastante persistente de las condiciones sociales y ambientales que sustentan la posibilidad de un proceso productivo reproducible. Esto es muy obvio en la economa extractiva de la minera (y de gran parte de la pesca) o en la destruccin de comunidades humanas generada por el esclavismo, pero su continuidad es evidente tanto en la relacin que establece la economa capitalista con el mantenimiento de la vida (bsicamente realizado en la esfera domstica) como en la continuada ignorancia de los ciclos naturales y la proliferacin de desastres ecolgicos. En segundo lugar, la persistencia de una visin eurocntrica, racista con respecto al resto de poblaciones con las que se interacciona. Sin este supremacismo moral hubiera sido ms difcil autolegitimar el esclavismo, la expulsin de las poblaciones indgenas, la servidumbre y la rapia que caracterizan gran parte de nuestras relaciones con el Sur. En tercer lugar, la ya comentada colaboracin pblico-privada, en la que el sector pblico garantiz los elementos de fuerza y las infraestructuras bsicas de modo que empresas e individuos se limitaron a desarrollar sus proyectos privados dentro del contexto que los haca viables. Y en cuarto lugar, una permanente transformacin de la geografa productiva del planeta, con tendencias a la concentracin espacial de las actividades, la desertizacin de otros espacios, etc. Quizs la resultante ms evidente es la imparable tendencia a la urbanizacin.

II

En la actual fase de globalizacin se mantienen muchos de estos elementos, pero otros se han alterado de forma relevante. En primer lugar, gran parte de la produccin mundial se ha desplazado hacia pases diferentes de las viejas y nuevas Europas. Aunque esta expansin ha estado inicialmente propiciada por las deslocalizaciones productivas desde los pases centrales, no se puede pasar por alto que pases como China, Japn o Corea del Sur tienen un grado de autonoma nada despreciable y tambin en ellos la combinacin entre la esfera pblica y el capitalismo privado juega un papel esencial a la hora de determinar su modelo de desarrollo. En segundo lugar, la empresa capitalista ha experimentado una notable mutacin, especialmente el ncleo de grandes empresas que controlan las decisiones productivas bsicas. Una transformacin que afecta tanto a la organizacin de la produccin, como al papel jugado por el rea financiera y el ncleo central del poder empresarial. De un modelo de produccin concentrado en el espacio y basado en estructuras productivas muy rgidas se ha pasado a un modelo de empresa red que supone tanto la externalizacin (geogrfica y contractual) de muchos procesos como la modularizacin de las actividades internas. La financiarizacin no slo implica la formacin de un complejo sistema financiero (y la conversin de parte de la actividad en una especie de casino) sino que significa una verdadera transformacin en las pautas de gestin de las empresas productivas. Y el ncleo central de la actividad se ha desplazado desde el control directo de la produccin al dominio de los derechos que conceden poder de mercado: marcas, patentes, contratos de gestin. Y en tercer lugar, el despliegue de una inmensa red mundial de transportes y comunicaciones, que no slo favorece la circulacin de todo tipo de flujos financieros y mercancas sino que genera iconos, imgenes y percepciones a escala planetaria (escribir esto en pleno mundial de futbol es una obviedad).

Con todo ello, las grandes empresas, los ricos del planeta, han alcanzado un inusitado nivel de poder y de enriquecimiento. Pero a costa de hacer emerger o de reforzar nuevos problemas y de generar nuevos conflictos. El reconocimiento de las insoportables desigualdades (de clase, de gnero) entre pases o el peligro del cambio climtico son slo alguno de los ms acuciantes.

III

En este contexto es donde debe situarse el debate sobre las migraciones. stas han sido habituales a lo largo de la historia humana y han tenido un papel relevante en la generacin de muchos cambios sociales y polticos. El imperio romano y el mundo esclavista se hundieron en parte por la presin de las migraciones externas. El capitalismo moderno se consolid en parte por un proceso migratorio masivo hacia las nuevas Europas. Una migracin por un lado voluntaria y por otro forzada (de esclavos africanos, de convictos europeos).

Las migraciones tienen que ver tanto con procesos de atraccin como de expulsin. La gente emigra para prosperar o simplemente porque se le hace insufrible la vida en su lugar de origen. A veces son autnomas, desorganizadas, y otras son impulsadas por los futuros empleadores. Este ltimo caso suele ser a menudo lo que ocurre al principio de cualquier flujo migratorio entre territorios anteriormente poco relacionados: la primera inmigracin importante de mujeres para trabajar en el servicio domstico en Espaa, a principios de la dcada de 1980, provino de Filipinas, un pas lejano y cuyo idioma habitual era el tagalo y el ingls. Estas mujeres vinieron porque sectores burgueses no encontraban mano de obra barata en Espaa y una orden religiosa se dedic a organizar el mercado, a facilitar no slo el transporte sino a certificar la moralidad del proceso. Una vez establecida una playa de desembarco, el proceso puede adquirir mayor autonoma.

A diferencia de las fases iniciales del capitalismo, los flujos predominantes en la actualidad son del tipo Sur-Norte (aunque no hay que perder de vista el impacto que generan los desplazamientos en sentido inverso, mayormente directivos de multinacionales, agentes de organismos pblicos y ongs, as como intervenciones armadas). Estos flujos obedecen tanto a efectos de expulsin como a efectos de atraccin. Entre los primeros destacan los conflictos armados, los impactos del cambio climtico, la expulsin de campesinos, la pobreza y la ausencia de perspectivas en los pases de origen, y tambin los efectos-llamada: hay espacios del mercado laboral que se cubren sistemticamente con extranjeros, como es el caso de gran parte de los servicios de cuidados, y los cambios demogrficos en los pases europeos indican que este efecto ser persistente y continuo. No puede tampoco despreciarse el atractivo que el mundo rico ejerce para muchas personas, en trminos econmicos y de libertad individual. En este ltimo caso es bastante probable que la globalizacin de los medios de comunicacin contribuya a reforzar el fenmeno, en la medida en que el discurso implcito que irradian de los medios suele sublimar la visin de las caras amables del sistema y esconder en cambio los defectos. En su conjunto, se trata de una migracin consustancial a la propia dinmica del sistema. Muchos de los procesos de expulsin estn directamente relacionados con intereses de los pases ricos (como las guerras por el control de recursos minerales) o los efectos de nuestro modelo de desarrollo (por ejemplo el cambio climtico). En otros casos las migraciones cubren necesidades especficas de los pases ricos y en otros ms nuestros aparatos de propaganda alientan las ilusiones de mucha gente. No se puede pretender que se globalicen los flujos de informacin, de materiales, de bienes y de informacin, y que no ocurra lo mismo con los movimientos de poblacin.

IV

La globalizacin ha reestructurado la economa mundial y ha impactado en la economa y la sociedades capitalistas centrales. Y su impacto ha afectado tanto a la estructura productiva y al empleo como al funcionamiento del sector pblico. Durante muchos aos el estado no slo ha jugado un papel esencial en crear las bases para el desarrollo capitalista, sino que tambin ha constituido el espacio donde ha podido desarrollarse el conflicto social y donde se han podido poner en prctica medidas y regulaciones orientadas a limitar el poder del capital y paliar sus efectos. La accin del estado ha requerido el desarrollo, en todas partes, de una cultura nacionalista entre la poblacin. Un nacionalismo que ha servido para movilizar a la gente cuando se ha requerido (por ejemplo en las guerras), para legitimar las aventuras imperiales pero tambin para justificar medidas de proteccin de derechos sociales. Y ha provocado que mucha gente interprete el mundo en clave dual extranjeros y nacionales o que evale el desarrollo en clave de mrito nacional, ignorando el impacto que tiene esto en el resto del mundo.

Hoy, en los pases centrales, una parte importante de esta poblacin socializada en el nacionalismo y el supremacismo europeo vive en medio de una gran zozobra. Con miedos justificados desempleo, deterioro de las condiciones del empleo, de los servicios sociales, etc. o no. Educada adems en una infracultura de individualismo consumista que dificulta el entendimiento de procesos bsicos, como los impactos ambientales, y que dificulta una evaluacin sosegada de dilemas colectivos [1]. Y frente a estos desafos se abre un enorme campo de accin para los reaccionarios defensores del cierre social. Esta es la clave de los nuevos movimientos de derechas que se estn imponiendo en muchas de las viejas y nuevas Europas y que estn poniendo en jaque la base de cualquier poltica democrtica. Pues se basan en aceptar como normal un trato discriminatorio, racista, frente a la gente de fuera, as como en promover una forma de hacer poltica basada en el caudillismo.

Un desafo que no podr solo plantearse en trminos tico-democrticos. Si bien la defensa de principios bsicos es ineludible. El problema de fondo es que la globalizacin neoliberal (favorecida por las nuevas tecnologas y el despilfarro energtico en el que estamos instalados), como toda la globalizacin anterior, nunca fue un proyecto universal. Exiga mantener enormes desigualdades entre grupos sociales diferentes. No slo en beneficio de las lites, sino tambin de la gente de unos pases determinados. El anlisis del capitalismo real resulta incompleto si se limita a considerar la propiedad y las relaciones de clase. Hay que aadirle el papel del patriarcado en la reproduccin social y las estructuras de gnero. Y el del imperialismo como mecanismo de imposicin de condiciones de desigualdad entre habitantes de pases diferentes. Y el efecto que todo ello sumado genera sobre la base material de nuestra existencia, la naturaleza.

Luchar contra el capitalismo hoy, responder a su modelo explotador y depredador, requiere ms que nunca de un pensamiento cosmopolita, orientado a elaborar propuestas de desarrollo viable, justo y deseable para el conjunto de la sociedad. Si algo bueno nos debera dejar la fase neoliberal debera ser que nos sita inevitablemente frente a la necesidad de pensar una economa en clave planetaria, de humanidad. A volver a la senda que trataba de esbozar el proletarios de todo el mundo, unos pero sin caer en su optimismo ingenuo.

Hoy las sociedades capitalistas ms desarrolladas parecen orientarse hacia un imperialismo hacia adentro, con barreras, con carnets de acceso exclusivo (Israel es posiblemente una versin extrema de este modelo). Pero no es ni deseable ni posiblemente viable a largo plazo. Necesitamos urgentemente retomar la bsqueda de un globalismo igualitario, ecolgico, cosmopolita.

Nota

[1] En las ciudades actuales dos de los grandes debates cotidianos tienen que ver con la tenencia de perros y con el automvil. Cualquier intento de regulacin de ambas cuestiones choca con una feroz oposicin del partido canino y el partido del coche (muy transversales ambos en trminos de clase, gnero o nacionalidad) basado en la defensa de la libertad de eleccin e ignorante de los impactos sociales y ambientales de ambos tipos de consumo.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-170/notas/imperialismo-defensivo-de-populismos-y-migraciones

 



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