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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2018

El mito de la intimidad

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Buena parte de lo que acontece en la actualidad en el mundo capitalista tiene su origen en la poca burguesa. Los burgueses, en defensa de los intereses de clase de su poca, se enfrentaron al poder establecido desde la frmula del dinero, y para asegurar el nuevo poder sacaron a la luz derechos, conquistados por ellos y luego traspasados a las masas, no como conquista, sino como concesin. Entre ellos se vendi la intimidad como requisito indispensable para construir la individualidad, en la que resida un soporte del poder burgus. La paradoja resultaba en cundo era incompatible con el sistema, puesto que parte del negocio capitalista se basaba en explotar como mercanca las parcelas de intimidad de las personas, vistas en trminos de masas consumidoras. Quiz sea este el problema al que se enfrenta cualquier intento de consolidar en el terreno real el derecho a la intimidad, lo que hoy puede observarse con mayor claridad.

Si se establecen esferas de exclusin del dominio del poder poltico, caso de la realidad de la intimidad de las personas, el poder se encuentra con barreras que dificultan su empresa totalitaria. De manera que desde el plano de su actividad hay que desarrollarla como derecho de papel, lo que implica involucrar a los dems y excluirse l mismo en lo que afecta a las cuestiones del poder. En cuanto a las propias personas, se trata de conservar la intimidad como una creencia ms. Con tal finalidad, la ley realiza una tarea sustancial. Basta con publicar la ley que la garantiza para que surja la creencia, que luego se consolida cuando el poder sanciona las agresiones de los gobernados a la disposicin normativa. El otro aspecto del juego de la gobernabilidad viene desde la propia produccin legislativa que convierte al ciudadano en esclavo del poder en virtud de la seguridad y del mal llamado inters general. Llevado al terreno de la realidad, no hay intimidad posible frente a la actividad policial, del fisco y de los tribunales, porque es obligado desprenderse de la vestimenta que cubre las desnudeces personales y desvelar cuantos secretos guarda el individuo. Todo ello respondiendo al inters pblico, que no es ms que una manifestacin del obligado culto al poder, dirigido a transformar ciudadanos en vasallos.

Suponiendo que esto sea as, en qu queda el derecho a la intimidad?. Por coherencia no se puede desmontar el mito, hay que seguir promoviendo ilusiones, fundamentalmente para vender progreso poltico. A tal fin, resulta consecuente que el respeto a la intimidad quede entre los propios ciudadanos y nunca afecte a quien ejerce el poder. En tales trminos, la intimidad como derecho resulta inofensiva para este ltimo porque, situado por encima de la ciudadana, permanece indemne. Incluso, desde su posicin de superioridad y como rbitro de la cuestin, le aporta valor aadido porque permite darle nuevas atribuciones. La intimidad-derecho no solo se factura como conquista ciudadana sino que permite al poder hacerse presente permanentemente como garante de la misma. Los afectados por el derecho a la intimidad pasan a ser los otros y el rbitro resulta ser el que gobierna.

Las nuevas tecnologas han permitido levantar el velo que cubre la intimidad de las personas y sacarla a la luz sin mayores reservas. De manera inconsciente, voluntariamente los usuarios se entregan al negocio privado ajeno a travs de descargas de programas de ordenador o participando en el juego de las redes sin asumir el riesgo que ello implica para la construccin y conservacin de la individualidad. Semejante candidez, que afecta directamente a la intimidad, ha permitido que tales canales se conviertan en un autntico mercado moderno, donde tambin el poder puede vender con mayor facilidad su propio negocio y hacer que la propaganda gane en efectividad manipulando conductas. Las leyes protegen hasta cierto punto de los abusos basados en la ingenuidad poniendo trabas, y sobre todo echando mano de las sanciones para aliviar al fisco a cuenta del boyante negocio empresarial a costa de las intromisiones en la intimidad de las personas, pero el problema de fondo sigue latente. La pura y dura realidad es que las empresas del ramo explotan al mximo el negocio, obteniendo suculentos beneficios, y los ejercientes del poder se quedan con el producto aadido.

Descendiendo ahora al plano de realidad existencial inmediata, el espacio publico es un enjambre de cmaras de vigilancia empresarial, pblica y privada que dan cuenta de cada paso y de cada ciudadano. No obstante, para guardar las apariencias, en algunos casos la imagen se emborrona o se acude al pixelado para que todava se pueda hablar de una dudosa parcela de intimidad de las personas, que se aplica selectivamente. Claro est que las cmaras no suelen apuntar a la va pblica, pero lo curioso es que siempre hay alguna que lo hace o un vehculo que circula grabando imgenes o un smartphone o tal vez algn dron, que juegan con el espectculo, la informacin o el simple espionaje. Pese al carcter tuitivo de la norma, resulta que casi siempre hay un artefacto para dar cuenta de los movimientos de las personas, aunque procurando respetar eso que llaman intimidad.

Por referir lo ms convencional sin entrar en el espionaje con medios sofisticados que no estn al alcance de cualquiera, ya en el espacio privado, la domtica, la quinta generacin, los contadores de consumo o los canales de comunicacin convencionales, entre otros artilugios, dan cuenta puntual de la forma de vivir de cada uno. Pese a tan cacareado derecho, unos son simplemente tolerados en inters de la tecnologa empresarial; otros, atentando contra ella hbilmente camuflados y tolerados; algunos, incluso actuando al margen. Estos ltimos pasan a ser la vctima propiciatoria del sacrifico, para dejar constancia de la vigencia testimonial del derecho a la intimidad, pasando a ser objeto de escarmiento, no tanto por vulnerar derechos como por desafiar el precepto legal. Lo que viene a demostrar que a veces se puede llegar a hablar de intimidad, pero no siempre.

Prescindiendo del aspecto propagandstico de la  llamada intimidad-derecho, se pregunta, dnde queda la intimidad real?. Pudiera ser que, en algunos casos, encontrara refugio en la letra de las leyes. Mas lo evidente es que, ya en la prctica, resulta permanentemente agredida por unos u otros motivos. La sensacin es que nuestra intimidad se desmorona a cada paso. Directores de la orquesta poltica, traficantes de datos o simples curiosos han creado el negocio de la intimidad , utilizndola para sus respectivos fines. Mientras a la persona que camina a plena luz o permanece en su refugio, en ambos casos agredida en su individualidad, se le dice que esta situacin responde a una exigencia del progreso. Y para que se sienta amparada, el gobernante dice velar por el derecho a la intimidad de la ciudadana, aunque pasando por alto que no se trata de su intimidad personal.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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