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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2018

El nuevo clima

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

Junio es tiempo de verbenas y fiestas. El equinoccio es tiempo de alegra. Este ao la fiesta se anticip y ocurri lo improbable. Mariano Rajoy y el Partido Popular fueron despedidos por una compleja coalicin que incluye a toda la izquierda parlamentaria y a los nacionalistas perifricos. Para que ello sea posible, han tenido que darse una serie de circunstancias, una coyuntura adecuada en la que ha pesado tanto la sentencia de la Grtel, como el pavor que produca en los nacionalistas una victoria electoral de Ciudadanos. Hay dos elementos que muestran lo favorable de la situacin. De una parte, la tranquila respuesta del sector financiero y empresarial al cambio (Ana Botn, una de las dueas del pas, incluso felicit a la nueva ministra de Economa), muestra que el poder econmico posiblemente haba dado el placet al cambio. De otra, la incapacidad de la derecha de montar una movilizacin como podra esperarse si, como alegan, ha habido una versin suave de golpe de estado. O la maniobra de Pedro Snchez les ha cogido con el pie cambiado, o eran tan conscientes que su situacin no tenida salida que han preferido aceptar el cambio con relativa pasividad (tambin al PP le inquietaba el ascenso de la gente de Rivera). Tiempo tendr la derecha para montar una de sus brutales contraofensivas.

Lo que parece indudable es que el cambio ha generado, por lo menos, otro clima. Aunque el equinoccio es una temporada breve, y despus de la fiesta viene la resaca, de momento el ambiente se ha hecho ms respirable. Volvemos al pasado, a una situacin parecida a la que se produjo tras la victoria electoral de Zapatero. Aunque ahora la situacin es ms complicada por el complejo equilibrio parlamentario, que puede hacer la vida ms difcil al Gobierno de Snchez que al del anterior gobierno socialista.

II

Qu podemos esperar del nuevo Gobierno? Ms all de un cambio en las formas y de los problemas de estabilidad que puede tener, lo ms previsible es que este gobierno sea una nueva versin de los anteriores gobiernos socialistas. O sea, una combinacin de polticas neoliberales en lo econmico y de polticas progresistas en lo social. Si en algn pas se produjo la tercera va, la combinacin de neoliberalismo y progresismo, es en Espaa. La razn de ello se debe, en primer lugar, a que Espaa inaugur un sistema democrtico justo en el momento que el neoliberalismo se impona como poltica dominante. Pero aqu no haba un slido sistema de bienestar al que se poda erosionar, sino que la herencia franquista era un estado de mnimos (menos en el tema represivo), y en el momento del cambio haba una sociedad que exiga ampliar derechos sociales. Y esto es lo que se percibe en una mirada de largo plazo: que toda la poltica ha estado dominada por estas dos fuerzas contradictorias, la de polticas econmicas neoliberales y, al mismo tiempo, una cierta extensin de derechos sociales, con el resultado final de un sector pblico insuficiente (pero con cierto msculo) para satisfacer las demandas sociales, con unos niveles de desigualdad vergonzosos pero unas cotas de apertura social notoria. Si alguien ha protagonizado este camino contradictorio ha sido el PSOE. Y por eso, cada vez que el PP alcanza el poder, se experimenta una regresin en trminos de derechos y una continuidad en trminos de poltica econmica. Y, en cierta medida, esta misma trayectoria se ha materializado en la propia sociedad, a menudo mucho ms activa en la defensa de libertades que en impugnar las polticas econmicas.

Si uno mira la composicin del nuevo gobierno, se mantiene esta imagen de continuidad. El rea econmica queda bajo el control de la economa ortodoxa. Se podra pensar que Nadia Calvio es una comisaria impuesta por Bruselas para controlar que la poltica econmica no se distancia de las pautas de la UE. Algo inquietante cuando es obvio que el pas necesita de una reforma fiscal que mejore la equidad y d al sector pblico el msculo que necesita. Es incluso dudoso que se aborden las reformas necesarias, como la del modelo energtico o la poltica de suelo y vivienda, porque las relaciones estrechas que mantienen los grandes grupos econmicos con el PSOE (lo hemos vivido recientemente en Barcelona en el caso del agua) hace difcil que puedan introducirse cambios a menos que ello interese a estos propios grupos. Y es poco probable que se desmonte la ltima reforma laboral que est totalmente tutelada por la UE y la OCDE.

En cambio, podemos esperar propuestas ms interesantes en otros campos, como la posible recuperacin de la sanidad universal, avances en polticas de conciliacin familiar, y un mejor clima cultural. Insuficiente para el tipo de cambios que haran falta, pero que posiblemente ser bien aceptado por una parte importante de los votantes de izquierdas. Falta ver si, en los prximos meses, Snchez ser capaz de conseguir llevar a buen puerto alguna de sus reformas progresistas, o viviremos otros dos aos de mera campaa electoral, contrarrestada por una brutal movilizacin de una derecha necesitada de recuperar una hegemona que se ha esfumado entre sentencias y maniobras parlamentarias.

El tema migratorio se puede constituir en un tema central, y en uno de los reclamos de la derecha. En toda Europa se ha convertido en una cuestin letal, en un punto donde concentrar los miedos y frustraciones de una parte de la sociedad. Y, adems, Espaa puede estar en los prximos meses en el ojo del huracn de estas polticas, no slo por los guios progresistas de Snchez (aunque al final su apoyo a la propuesta de crear centros cerrados de reclusin est directamente en lnea con las polticas conservadoras), que dan espacio a las respuestas de la derecha, sino porque el cierre de otras vas de acceso (Italia especialmente) conviertan a Espaa, de nuevo, en el principal punto de desembarque de los nuevos migrantes. Y ya sabemos lo fcil que es convertir la llegada de pateras con inmigrantes africanos en una sensacin de amenaza para gente miedosa y algo xenfoba.

III

La otra gran cuestin poltica seguir siendo, cmo no, Catalunya. Una situacin embarrada y de difcil solucin a corto plazo. Es cierto que las lites polticas del independentismo han constatado la inviabilidad de su proyecto de escisin unilateral: ni tienen suficiente apoyo en Catalunya, ni cuentan con apoyos internacionales significativos, ni tienen capacidad para enfrentarse en serio al poderoso estado espaol. Como ha reconocido la exconsellera Clara Ponsat, en octubre pasado jugaron de farol.

Pero la realidad, de nuevo, es ms compleja. La larga movilizacin del movimiento independentista ha tenido como efecto generar un estado de opinin en una parte de la poblacin catalana de que la independencia es inevitable, de que no hay marcha atrs. Esto ocurre sobre todo fuera del rea metropolitana, donde uno tiene la sensacin de que, al menos en lo cotidiano, se vive en otro pas. Y esta amplia movilizacin social sigue empujando para mantener el procs. Y tiene cierta capacidad de influencia en los aparatos polticos. Claramente en Junts per Catalunya, donde una gran parte de los diputados en el parlamento cataln son ms representantes de estas corrientes que en el PDCAT (a diferencia del Parlamento espaol, donde el PDCAT controla su grupo parlamentario, sin lo cual hubiera sido ms difcil el voto favorable a Snchez), y en la CUP. Y su dinmica influye tambin en PDCAT y ERC, temerosos de llevar a cabo una revisin abierta de su poltica para no ser tildados de traidores (uno de los insultos ms graves que puede padecer un patriota). Y cuenta, adems, con el poderoso altavoz de la televisin y la radio pblica catalanas, cuya deriva propagandstica en los ltimos tiempos es palpable (la mayora de la programacin est constituida por una combinacin de programas directamente polticos con otros de entretenimiento, dedicados a glosar las virtudes de la Catalunya tradicional, a reforzar el estereotipo). Y mantienen el frente abierto de los encarcelados, los fugados y los procesados. Un espacio en el que el Gobierno de Snchez tiene una capacidad de influencia ms limitada, y que constituye un verdadero frente abierto donde se retroalimenta la poltica pasional. A menos que los procesos judiciales se acaben desinflando, la tensin ser sostenida y afectar al conjunto de la poltica estatal.

IV

Para la izquierda se replantea una vieja cuestin. El posible crecimiento electoral del PSOE se traduce (y las encuestas vuelven a apuntar en esta direccin) en una cada del apoyo electoral de la izquierda. Y, en el plano de la accin poltica, se abre el debate entre el apoyo a polticas contradictorias o el enfrentamiento. El dilema en abstracto tiene difcil solucin. Y, en clave electoralista, poco recorrido. Sobre todo para una izquierda como la actual, carente de una base social slidamente estructurada. Y, por tanto, con un apoyo social mucho ms voluble.

Cualquier respuesta inteligente debe partir de un conocimiento realista de la situacin. Es decir, de aceptar esta volatilidad del voto y de reconocer que la base social es un terreno de arenas movedizas. El reconocimiento de esta situacin debera llevar a dos conclusiones. La primera es la de saber escoger con inteligencia aquellos puntos donde habr necesariamente que colaborar con el gobierno y aquellos donde es posible desmarcarse e incordiar. En qu espacios plantear propuestas que abran dinmicas que vayan ms all de los estrechos cauces de la tercera va. Y saber elegir bien las formas y los momentos es tan esencial como desarrollar bien los contenidos. No hay un manual de instrucciones para resolver este dilema. Este es a menudo el meollo de la poltica. Aunque uno se equivoca menos cuando antes ha analizado con detenimiento la situacin y toma decisiones bien debatidas y sopesadas. La segunda es una tarea a largo plazo, de ver cmo es posible desarrollar acciones que favorezcan la consolidacin de organizaciones de base, redes organizativas que ayuden a consolidar una base social estable. No se trata slo de una cuestin organizativa, sino de formacin de estados de opinin y percepciones sociales. Y no se trata de una cuestin abstracta: todas las grandes y pequeas batallas exigen la creacin previa de una legitimidad social, de un movimiento suficientemente denso que favorezca su desarrollo. Y en muchos de los debates a los que hacemos frente ―reforma fiscal, regulaciones medioambientales, derechos sociales― no podremos avanzar sin convencer activamente a una masa social suficiente para implementarlos. El tiempo que deja la poltica del Gobierno actual debera ser aprovechado para consolidar iniciativas en este sentido.

En los prximos meses, el espacio de la nueva izquierda debe afrontar su primer gran test en las elecciones municipales, donde se pondr a prueba su consolidacin en los ayuntamientos del cambio. Una situacin que previsiblemente se desarrollar en varios ejes. El primero, y principal, la evaluacin de la gestin realizada y el proyecto de futuro. Es sin duda la cuestin ms esencial en unas elecciones locales. La gestin realizada, hasta donde conozco, ha tenido ms claros que oscuros. Pero la nica forma de hacer frente a los ataques feroces que vendrn de todas partes pasa, crucialmente, por elaborar un discurso que no rehuya los fallos y puntos crticos y ofrezca una perspectiva clara de cmo se piensa subsanarlos. No hacerlo, limitarse a propagar lo que se ha hecho bien, a parte de intil (slo convence a los ya convencidos), supone dejar todo el espacio abierto a la crtica de los rivales. El segundo es el plano del enfrentamiento social relacionado con dos de los temas que he comentado en las secciones anteriores: el de la inmigracin y el debate nacional. Ya tenemos atisbos de que ste va a ser un tema que PP y Ciudadanos estn tomndose en serio (y que es especialmente sensible en los barrios de clase obrera donde la izquierda municipal consigui sus mejores resultados). Y se trata de temas que no pueden abordarse slo desde el debate partidista, sino que obligan a un trabajo capilar con la gente progresista asentada en los territorios. Slo generando esta base de compromiso de la izquierda poltica con sectores sociales prximos, pero a menudo crticos, es posible que se acabe por frenar la embestida para dinamitar la continuidad de los Ayuntamientos del cambio. Por eso tambin el reconocimiento de errores resulta esencial para construir un espacio de confianza. O hay ambicin y modestia en construir este tejido social, o los lobbies volvern a imponer su hegemona en el Gobierno de la ciudad.

Fuente http://www.mientrastanto.org/boletin-170/notas/el-nuevo-clima



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