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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2018

Inventemos un nuevo pas de pases

Armando Fernndez Steinko
El Viejo Topo


Vamos a hablar de la reinvencin de un pas, de un pas de pases. Utilizo la palabra pas para no empezar polemizando: no es relevante, a estas alturas, que lo llamemos nacin -o nacin de naciones- y no es suficiente que lo llamemos estado pues no se trata de proponer una nueva cscara institucional sino algo ms hondo y sentido que afecta no slo a la organizacin colectiva de recursos y personas, sino tambin al sentimiento, a la identidad.

Los pases no existen desde el principio de los tiempos, los pases se inventan y luego se van construyendo con polticas decididas y persistentes. Inventar no se refiere aqu a un proceso puramente cultural e ideolgico, si bien los bocetos y los diseos son importantes. Inventar es, sobre todo, empezar a mirar las mismas cosas de otra forma, hacerlo desde los problemas por resolver en el presente, significa definir, a grandes rasgos, cmo se quiere que sea ese pas, extraer de su larga y contradictoria historia aquello que queremos sirva de referencia para un nuevo diseo, aquello que queremos que encaje en nuestro modo de verlo desde hoy para proyectarlo hacia el futuro. El resultado debera ser un nuevo proyecto institucional, jurdico y cultural. Tambin un proyecto identitario comn, que es la tarea que ha quedado siempre pendiente en todos los intentos que ha habido, desde el siglo XIX, de combinar unin y diversidad en Espaa.

En el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX esta clase de cosas las hacan las lites intelectuales, profesores, clrigos y periodistas y, en menor medida tambin determinados artistas de referencia. Eran ellos los que vertan las intuiciones y formulaban las propuestas, las hacan circular, las debatan en la esfera pblica de la poca y empujaban a los polticos a incorporarlos a sus programas de gobierno. La ciudadana permaneca en gran medida al margen debido a su bajo nivel cultural y al elevado coste de la informacin. Hoy el proceso tiene que transcurrir de otra forma. Disponemos de una ciudadana, sobre todo femenina, extraordinariamente formada y los costes de la informacin tienden a cero: la invencin del nuevo pas puede y debe ser un proceso de creacin colectiva en el que la sociedad civil tenga un protagonismo nuevo y central. La complejidad tcnica de un proyecto as es evidente pero las cuestiones tcnicas se fundamentan siempre en un espritu, en una intencionalidad poltica. De ese espritu y de esa intencionalidad se trata aqu en este momento.

Hay dos aspectos que hay que tener en cuenta antes de empezar:

a.) inventar un pas pasa por sumar acuerdos polticos y sociales amplios que, tendencialmente tienen que abarcar un espacio muy abierto del espectro ideolgico;

b.) pero hacerlo significa, tambin, hacer una propuesta normativa propia, en este caso desde una perspectiva progresista, si bien sabemos que esta palabra, como tambin la palabra izquierda, est cambiando su significado en los ltimos aos a veces frenando la exploracin de espacios comunes debido a su fuerte carga identitaria heredada del pasado.

Mi hiptesis es la siguiente: an reconociendo que hacen falta consensos ideolgicos amplios, las fuerzas progresistas, las que, por simplificar, anteponen la solidaridad a la competencia y la ley del ms fuerte, son hoy las mejor situadas para tomar la delantera de un proyecto como el que nos traemos entre manos. Porqu?

Por que el neoliberalismo y las dinmicas competitivas que emanan de su lgica de funcionamiento y de sus convenciones culturales, las fuerza insolidarias que estas desencadenan hacia dentro y hacia fuera de los pases y su ideologa del estado mnimo son incapaces de fraguar una colectividad perdurable. El neoliberalismo ha generado un tipo de persona nueva, algunos de cuyos rasgos -autonoma, subjetividad, cultura y formacin- son esenciales para la aventura poltica que estamos proponiendo. Pero el neoliberalismo es una forma de organizar la vida social que alimenta los nacionalismos excluyentes y la cultura de la competencia como frmulas de organizacin social mientras predica la necesidad de un estado mnimo, un estado limitado a ejercer funciones represivas, a facilitar la actividad de los grandes actores empresariales y a intervenir en los mercados financieros con los impuestos de los ciudadanos. Es una forma de entender la sociedad basada en la cancelacin de los proyectos cooperativos y solidarios por los que apostaron la mayora de los gobiernos tras el desastre de dos guerras mundiales en menos de treinta aos. No es necesario reclamarse del progresismo o de la izquierda pero parece imposible inventar hoy un nuevo pas, al menos uno que permita superar la situacin de bloque en Espaa, a partir de fermento poltico que llamamos neoliberalismo.

Lo que nos traemos entre manos no es organizar una especie de gran tertulia sino alcanzar una serie de conclusiones con capacidad de desbloquear la situacin y para eso tenemos que ceirnos a la realidad antes que al deseo: no todos caben en el proyecto. La situacin nos obliga a identificar aquellos posicionamientos que resultan incompatibles con el nuestro con el fin de definir un espacio argumental nuevo con capacidad de reafirmarlo, de hacerlo crecer y para luego, tal vez dialogar con otras formas muy distintas de ver el problema. Esto no quiere decir que no nos interesen sus opiniones o que tanto las suyas como las nuestras no puedan cambiar por el camino. Significa que su participacin al principio del proceso har imposible construir los consensos necesarios para alcanzar los objetivos que aqu nos hemos propuesto y, si lo hacen, otros ciudadanos, probablemente mucho ms numerosos, acabarn abandonndolo. Por el respeto que nos debemos los unos a los otros esto hay que decirlo al principio del camino.

Tres son los proyectos incompatibles con nuestra propuesta.

A.) el de aquellos convencidos de que la nacin espaola est inventada para siempre. Admite varias variantes que van desde la que se siente continuadora del golpe de Estado contra la Segunda Repblica, hasta aquella otra que ve en el constitucionalismo de 1978 una nueva manifestacin, igual de definitiva y cerrada, de dicha nacin.

B.) el de aquellos que apuestan por hacer state building en la era neoliberal lo cual pasa por la destruccin de lo que llaman el estado espaol: los independentistas, para entendernos;

C.) el de aquellos otros que, buscando un espacio entre los dos anteriores, apuestan por una confederacin de naciones. Tambin estos dan dichas naciones por ya inventadas para siempre y lo que proponen no es sino una unin burocrtica de constructos dados como existentes desde tiempos inmemoriales.

Las tres nos parecen incompatibles con el proyecto de creacin de algo nuevo porque manejan una visin ahistrica y congelada del hecho identitario y del hecho nacional en particular: Espaa Catalua Euskadi etc son entidades que cabe encajar o desencajar entre s de forma novedosa. pero la naturaleza de dichas entidades es considerada un hecho cerrado y definitivo. Las dos primeras son evidentemente incompatibles entre s y la tercera es un cmodo intento de no tomar partido y cada vez ms el deseo de empujar a algn despistado hacia la segunda. La naturaleza ahistrica de la idea de nacin que manejan las tres explica el estancamiento poltico que vivimos en la actualidad, estancamiento que contiene el germen de una voladura generalizada de la convivencia en Espaa y en Europa, el germen de la vuelta al perodo de entreguerras.

Cmo se inventa un nuevo pas, una nueva nacin? Tenemos dos precedentes muy cercanos a mano: los proyectos de construccin nacional de nacionalistas catalanes y vascos. Nos han enseado cmo se construye un nuevo sistema administrativo a lo largo de dos generaciones, una nueva identidad, una nueva cultura lingstica, un espacio econmico propio, nos han enseado a escribir una nueva historia. Por razones sustanciales su proyecto de nacin no es, ciertamente, el nuestro pues estn convencidos de que lo que han venido haciendo es darle una armadura institucional a un alma colectiva eterna que hasta entonces no tena esqueleto estatal propio con lo cual se vea obligada a esconderse entre los bosques y las montaas. Lo cierto es que se trata de territorios que han accedido antes a la modernidad capitalista que el resto de Espaa y fundamentan esa ventaja histrica, que formulan en trminos de eterno anhelo de separacin y diferenciacin, en una superioridad de lo propio. Pero tambin esos territorios accedieron a la modernidad a partir de una situacin de atraso previo que les haca aparecer como advenedizos en los procesos de construccin nacional de la poca y no hay mejor ejemplo que la bandera de Euskadi, un plagio casi exacto de la del Reino Unido. Quieren cerrar el quiosco de la invencin de las naciones ahora que ellos ya han inventado la suya propia sin caer en la cuenta que todos tienen derecho a hacer lo que empezaron a hacer ellos en la segunda mitad del siglo XIX, de que hoy estamos obligados a hacerlo.

Para Oriol Junqueras, segn escriba en un memorable artculo publicado en La Vanguardia en 2011, las esperanzas de regeneracin de Espaa que abri el movimiento 15-M son incompatibles con los objetivos del independentismo pues podran alejar a muchos ciudadanos catalanes del deseo de ser independientes arrojndolos a los brazos de un movimiento de renovacin que pudieran compartir con el resto de los espaoles. Es rigurosamente cierto. Las izquierdas no han sabido interpretar las consecuencias de este anlisis y en vez de poner en marcha una operacin de reinvencin colectiva de un nuevo pas como han hecho los nacionalistas, han visto en los independentistas una suerte de aliados en su lucha en favor de la regeneracin del pas. Resulta difcil de comprender pero lo cierto es que no han cado en la cuenta, de que no es posible aliarse con aquellos que intentan liquidar aquello que uno pretende regenerar pues el intento de liquidacin provoca, ahora y en todas las pocas y situaciones conocidas, una reaccin de defensa y conservacin de lo establecido, una reafirmacin de la nacin que ahora se ve en peligro en detrimento de lo que pretenda ser una agenda regeneradora bienintencionada. Realmente es tan difcil haber previsto lo que est pasando? Una parte de las izquierdas ha afinado mal su puntera en una suerte de ingenua ciencia poltica estilo Walt Disney. Al no tener proyecto propio de pas se han arrojado a los brazos de los enemigos de la regeneracin aceptando con sonrisas su propio secuestro: sufren el sndrome de estocolmo que lleva al secuestrado a cortejar al secuestrador.

Aclarado todo esto estamos en condiciones de abordar lo que queremos poner encima de la mesa aqu: la invencin de un nuevo pas. Pero antes de hablar de fiscalidad, de territorio, de culturas lingsticas, de historia, de tradiciones democrticas o sobre el contenido de la nueva identidad, tenemos que ponerlos de acuerdo sobre los principios que deberan cimentar el nuevo proyecto comn. Son su base y necesitan ser slidos, coherentes entre s, as como reunir consensos fuertes para que puedan soportarlo.

Mi propuesta, que no deja de ser una primera lista abierta, es la siguiente:

1.) Defender la integridad territorial de los estados es hoy, en plena era neoliberal, un objetivo deseable en s mismo. Hoy por hoy, los estados son los nicos constructos con capacidad de hacer frente a las corporaciones, a los mercados financieros, de poner en marcha procesos redistributivos importantes, de abordar las tareas destinadas a frenar el cambio climtico, a activar programas de inversin capaces de afrontar el problema de la cantidad y de la calidad del empleo etc. La existencia de estados fuertes y su integridad territorial no es condicin suficiente, pero s es una condicin necesaria para abordar estas y otras muchas tareas que son los grandes retos a los que se enfrenta hoy la civilizacin humana. Slo si avanza el proceso de integracin Unin Europea sobre bases democrticas y solidarias, es posible prescindir hoy de estados fuertes en beneficio de un espacio supranacional que cumpla sus funciones.

2.) El nuevo pas de pases tiene que nacer de una lgica solidaria antes que competitiva: los territorios tienen que coordinarse para no robarse los impuestos, las inversiones, los recursos naturales y los servicios sociales los unos a los otros. Si apostamos, desde posiciones humanistas o progresistas, por una Europa en la que los pases ricos les tienen que permitir a los los pases del sur equilibrar sus balanzas de pagos, desarrollar una base productiva propia y acceder a la modernidad en condiciones dignas y socialmente justas, no tiene ningn sentido continuar con las rivalidades latentes o explcitas entre territorios que se abrieron con el diseo autonmico de 1978 y que se han exacerbado con el procs. No se trata de crear una cultura de la subvencin de los territorios pobres por parte de los ricos. Se trata de que estos ltimos colaboren en la movilizacin de recursos para que aquellos puedan desarrollarse a partir de los suyos propios, sobre todo de su fuerza de trabajo, de su propio acerbo cultural, productivo y natural.

3.) El nuevo pas no podr construir espacios de solidaridad si no se apoya en una identidad compartida que les de legitimidad. Si las regiones ricas de Europa y de Espaa en particular tienen tanto inters en remarcar la existencia de identidades propias es porque saben que estas debilitan la empata con los territorios con menos recursos potencialmente destinatarias de los procesos redistributivos. Las identidades se reproducen de forma ciega o de forma consciente y planificada. En los espacios tradicionales se van (re)generando como un producto espontneo resultante de la transmisin de valores, referencias e imaginarios de unas generaciones a otras en el seno de la familia tradicional y de la comunidad. Los intelectuales y periodistas modulaban los procesos de configuracin identitaria desde fuera, pero la inercia era determinante. Esta inercia explica la tendencia a considerar la identidad como un producto ahistrico y no poltico, como algo natural que afecta al sentimiento y a los espacios privados, en definitiva a espacios muy distintos a los artificios estatales e institucionales en general.

Pero las cosas ya no son as. Las identidades ya no se construyen de forma ciega sino planificada. Lo hacen principalmente a travs de la escuela pblica obligatoria, que sustituye en gran parte a la familia, y a travs de los medios de comunicacin de masas, que sustituyen a la comunidad y el vecindario de antao. Cuanto ms tradicional sea la sociedad, tal y como sucede an en los espacios rurales o en las localidades pequeas y apartadas, ms activa es la familia y la comunidad como mecanismos de reproduccin identitaria. Pero las instituciones y los medios de comunicacin incursionan cada vez ms profundo en estos espacios colonizando hasta el ltimo pueblo y protagonizando un proceso de construccin cada vez ms poltica, cada vez ms diseada y planificada. Si en algn punto se quedaron cortos los intentos de refundar Espaa en los siglos XIX y XX, es en la incapacidad de las lites regeneracionistas de construir de forma sistemtica y consciente una nueva identidad acorde con el proyecto regenerador que, en realidad, compartan la mayora de los territorios en aquellos aos. Pero los procesos de regeneracin madrileo, cataln, vasco o andaluz de los dos ltimos siglos han tenido una trayectoria centrfuga antes que unitaria justamente porque nadie se ocup de inventar esa nueva identidad compartida que pudiera haber desembocado en una Repblica de territorios solidarios. Y esto, a pesar de que sus programas, sus inquietudes y sus sensibilidades llegaron a ser muy similares entre s.

4.) El nuevo pas de pases, y la nueva identidad sobre la que tiene que construirse, tienen que dotarse de una cultura plurilinge en todo el territorio. La lengua es el principal fermento de la identidad y la situacin que vivimos en Espaa tiene mucho que ver con la incapacidad de las lites polticas de pensar una cultura lingstica que recoja, proteja y unifique la riqueza lingstica de/en todos sus territorios a la vez y no slo en los llamados histricos. Naturalmente: no se pueden ensear las 4 lenguas cooficiales en todos ellos . Pero la cultura plurilinge que proponemos, y que debe crearse en todo el territorio del estado, tiene que ser simtrica en lo que se refiere al nmero de lenguas impartidas, unas obligatorias, otras optativas. Hay cientos de publicaciones que ilustran cmo se construyen proyectos lingsticos exitosos, los problemas que pueden surgir y las formas de solucionarlos. Los beneficios culturales y cognitivos de crecer en un entorno de este tipo estn fuera de dudas y la elevacin generalizada del nivel cultural de la poblacin otro de sus resultados. La posibilidad, el derecho y la obligacin de conocer el cataln, el euskera o el gallego significa, adems, que los no catalanes, los no vascos y los no gallegos podrn aspirar, por fin, a ser funcionarios pblicos en estos territorios. Desde 1978, las lenguas se han venido utilizando como arma de enfrentamiento entre identidades tenidas por terminadas. Pero no es ese el nico destino que le puede asignar al extraordinario acerbo cultural que significa la existencia de cuatro lenguas vivas. Construir una cultura plurilingue es un programa de dos generaciones que empieza con las cuas publicitarias y los doblajes en la televisin, la transmisin de segundas y terceras lenguas en la primaria, la naturalizacin del uso de varias de ellas en los medios de comunicacin. Pero tambin contina ya, de forma natural, en el seno de las familias pues el nmero de matrimonios con un doble trasfondo lingstico crece cada ao en Espaa.

5.) La idiosincracia del nuevo pas debe obedecer al principio de simetra. Si consideramos que las naciones son construcciones histricas y si nos proponemos crear una nueva, no tiene sentido seguir distinguiendo eternamente entre naciones viejas, consideradas naturales y legtimas, y naciones nuevas consideradas artificiales y producto de iniciativas burocrticas estatales. Es lo mismo que mantener eternamente la distincin entre los viejos y los nuevos ricos pues los primeros tambin fueron nuevos en algn momento de la historia y los segundos se convertirn en viejos con el paso de los aos. Si Catalua ha madurado como nacin, esto es el resultado de la iniciativa de polticos, periodistas, intelectuales y muchos otros actores que teorizaron su segmentacin cultural del resto de Espaa con el fin de hacerla ms y ms diferente: el provincianismo, el regionalismo y el nacionalismo no son sino estaciones de un proceso que tambin tuvo su hora cero en algn momento en el que la mayora de los catalanes no tena la sensacin de ser otro pas o, menos an, otra nacin. Es verdad que, ya desde la Edad Media, la estructura social de Catalua es distinta a la de Castilla. Pero esa diferencia tambin afecta a determinados territorios dentro de Catalua y no digamos tambin dentro del reino de Aragn, o a los de la inmensa Castilla en la que conviven espacios sociales, tradiciones legales, dialectos y muchas otras cosas muy diferentes entre s. Las lenguas ayudaron mucho a convertir sociedades diversas en un sociedades percibidas como nicas, pero ya hemos visto que las culturas lingsticas se construyen polticamente y, con ello, la propia percepcin de la particularidad de lo propio y de ese nuevo pas que vamos a construir.

Creo que ha llegado el momento de romper, de una vez por todas, con el discurso de los derechos o nacionalidades histricas cuya legitimidad fundamento tiene una raz esencialmente lingstica, y que hoy es utilizado para asentar privilegios de unos ciudadanos frente a otros. Si el cdigo civil cataln fue una fuente de diferenciacin fundamental durante siglos es porque la estructura social de una parte importante de Catalua -desde luego no de toda- era efectivamente diferente a la de Andaluca o a la de Castilla la Vieja, lo cual explica y legitima la existencia de un sistema jurdico propio. Pero el efecto unificador de la modernidad capitalista no ha pasado en balde, el Estado, el mercado, la sociedad de consumo, las instituciones, los medios de comunicacin y muchas otras cosas han venido unificando las condiciones de vida y de trabajo de las personas al sur y al norte del Ebro. Esta uniformizacin es contradictoria, est plagada de desigualdades y guarda una relacin tensa con la diferenciacin cultural y las identidades locales, pero deja sin efecto muchas de las razones esencialistas que legitiman la vigencia de los derechos histricos. Pensar, en los tiempos que corren, que se van a poder afrontar los retos del presente reproduciendo el estatismo del derecho natural es engaarse y engaar a la poblacin. Todo esto no es una uniformizacin arbitraria, es una forma contempornea de combinar particularismo y solidaridad, uniformizacin con diversidad, solidaridad con pluralidad y asimilacin colectiva de lo mejor de todas las tradiciones. Si encontramos la frmula para conseguirlo, habremos dado un paso de gigante hacia la solucin de muchos de los problemas que afectan a Europa y al mundo en general. Merece la pena intentarlo, pero desde la simetra.

6.) El sexto principio que yo, en este momento, estoy en condiciones enumerar es el principio de la preservacin. Me refiero con preservar a una determinada forma de tratar los recursos -naturales y culturales, lingsticos y arquitectnicos, humanos y sociales, educativos y etnogrficos- que rompa con una forma de entender la modernidad basada en la idea de destruccin creativa, en la liquidacin continuada de patrimonio y recursos -tangibles e intangibles- en favor de unas dcimas ms de crecimiento econmico, de unos aos ms de paz social, de consensos polticos y sociales cada vez ms efmeros. Nuestra historia est llena de expulsiones en masa: de musulmanes, de judos, de afrancesados, de heterodoxos y de republicanos, episodios de liquidaciones del adversario en cuatro guerras civiles en 150 aos que han cristalizado en una determinada forma de entender la identidad de Espaa incompatible con cualquier proyecto regenerador y consensuable. Esta plagada de destruccin de paisajes, de tramas urbanas, de costas y de edificios histricos que empez en los aos del desarrollismo pero que continu despus de 1978 hasta hoy. No estamos hablando slo de crear una nueva convivencia basada en la tolerancia del distinto, en la diversidad y el respeto de las otras personas, culturas e ideas. Estamos hablando, adems, de un pas en el que tambin se respeten las cosas valiosas que nos pertenecen a todos, includos nuestros hijos, pero que no tienen voz. Los recursos que no pueden defenderse de sus destructores -normalmente intereses privados a corto plazo- pero son otro de los sustratos sobre los que se asienta una identidad compartida: son un acerbo colectivo que define la individualidad de un pas, de una regin o de una ciudad y que, adems, representan un ocano inmenso de recursos para construir una sociedad, una economa y un proeycto cultural sobre bases sostenibles.

7.) El sexto principio es la necesidad de que el nuevo pas se asiente en una cultura democrtica avanzada. Esto quiere decir que, ms all de la retrica participativa, del problema del sistema electoral, ms all del intento del independentismo de camuflar su proyecto detrs de un falso problema democrtico, hay que reforzar los espacios en los que los ciudadanos estn realmente en contacto directo y cotidiano con los problemas que les afectan y las instituciones destinadas a darles una solucin. Estos son los municipios: eso, y no otra cosa, es aplicar el principio de subsidiariedad. Hacerlo nos obliga a elevar su autosuficiencia, su dotacin presupuestaria, su colaboracin mancomunada y su capacidad de generar sistemas productivos a partir de recursos endgenos. Hay que idear mecanismos encaminados a promover dicha participacin en el control y la aplicacin de los presupuestos, promover la transparencia en su administracin: tanto de los recursos pblicos muebles -los caudales pblicos- como inmuebles -el territorio, los espacios y edificios pblicos, los recursos naturales-. Es muy difcil que la regeneracin de un pas pueda llegar desde arriba en sociedades tan complejas como las nuestras, que llegue al margen de la implicacin directa de un nmero importante de ciudadanos, que llegue slo de la mano de las lites, bien sean estatales o autonmicas. Esto pasa por que las comunidades autnomas cedan parte de su presupuesto, de sus funcionarios y competencias en beneficio de las corporaciones locales.

8.) El acercamiento de las instituciones al ciudadano tiene que venir acompaado de un rearme del espacio estatal para que pueda hacer de paraguas protector de la vida municipal frente a las grandes fuerzas econmicas, financieras y polticas que intentan apropirsela. Solo un estado fuerte puede aplicar polticas redistributivas importantes y enfrentarse a la lgica ultracompetitiva propia del neoliberalismo y a la mercantilizacin extrema de la vida que este postula. Este rearme no tiene que significar centralizacin y ni siquiera pasa por mantener la actual concentracin de los tres poderes del estado en una sola ciudad. Significa concentracin de recursos, s, pero combinada con una gestin compartida de los mismos a travs una nueva cmara territorial, de una nueva forma de intervencin de las comunidades autnomas y de las corporaciones locales en las decisiones estatales. La capitalidad oficial tiene que ser necesariamente una, pero la capitalidad real puede ser compartida entre varias ciudades como sucede en Alemania donde la sede del poder judicial est alejada de la del legislativo y el ejecutivo. Esta separacin, que puede afectar a muchos otros rganos del Estado, facilitara la divisin de poderes, creara un funcionariado estatal con fuertes convicciones federales, y contribuira a crear una cultura en la que la puesta en comn de recursos no tuviera que quedar asociara a la centralizacin en el imaginario de la poblacin. Porque, y aunque parezca paradjico sin serlo en absoluto: antes de desarrollar econmica, cultural, productiva y lingsticamente todos los rincones del territorio, antes de descentralizarlo realmente hay que concentrar recursos procedentes todos ellos con el fin de distribuirlos luego en funcin de los criterios acordados de forma consensudada. Es esta la cuestin y no tanto el dilema centralizacin versus descentralizacin que es el que viene operando desde 1978.

9.) La sociedad del futuro es la sociedad del conocimiento. Es posible aprovechar esta inciativa para adelantarse a ella descentralizando el sistema universitario y de I + D y creando distritos universitarios nicos para proceder despus al desarrollo de espacios especializados en determinadas reas de conocimiento distribuidos entre todos los territorios del pas a travs de la descentralizacin de la investigacin, la creacin de colegios mayores destinados a facilitar la rotacin de estudiantes, de profesores y de investigadores. Este sistema de movilidad le transmitira a la juventud universitaria una idea de pas de pases y, adems permitira incluir a regiones y ciudades, hoy situadas en la periferia del sistema educativo, cientfico e informacional, en un sistema integrado de centros especializados de generacin y transmisin de conocimientos en el que pudieran cursar estudios no slo los que han nacido cerca de los grandes centros terciarios, sino sino los mejores, independientemente de su extraccin social y, esto es nuevo, independientemente de su lugar de residencia: el territorio debe dejar de ser una fuente de segmentacin social. Un sistema as permitira descentralizar las capacidades de I&D y crear polos de desarrollo en zonas hoy perifricas basados en la expansin del conocimiento, de la excelencia investigadora y de la comunicacin entre expertos. Si en la Universidad de Valencia, por ejemplo, existiera una buena tradicin de investigacin de movimientos sociales se deberan movilizar recursos procedentes del todo el Estado para crear centros de excelencia en la Universidad de Alicante en este rea particular de conocimiento, si bien tambin habra que crear infraestructuras habitacionales y becas para que estudiantes de postgrado de toda Espaa pudieran cursar en ellas los estudios relacionados con esta especializacin. Y as rea de conocimiento por rea de conocimiento siguiendo el ejemplo de algunos centros de investigacin del CSIC. Tambin esto exige una concentracin de recursos como paso previo a la distribucin territorial y la descentralizacin de los mismos.

Hay seguramente otros principios que podran aadirse a esta lista pero se trata de empezar y algunas de mis propuestas son tal vez excesivamente concretas pero slo se depuran las ideas ponindolas en marcha. Propongo crear una red de intercambio de propuestas e ir ponindolas sobre papel de forma ordenada y sistemtica con el fin de crear un corpus coherente que avancen de lo general a lo particular, es decir, que partan de una serie de principios generales que se vayan concretando con propuestas de contenido constitucional, cultural, fiscal, de organizacin territorial etc, Historiadores, fiscalistas, constitucionalistas, lingistas, socilogos, antroplogos, empresarios, sindicalistaspero tambin personas con capacidad de extraer de su experiencia personal conclusiones constructivas enmarcables en el proyecto general que estamos proponiendo, son invitados a participar. Iramos escribiendo y consolidando dichas propuestas, discutindolas en coloquios estatales para ir dotndolas de coherencia interna, para ir suavizando los desencuentros ms espinosos e ir reafirmando los aspectos ms consensuables. El resultado podra ser un documento de 300 pginas, acompaado de un resumen, que podramos llamar Una propuesta de pas de pases o Una propuesta federal para Espaa o algo parecido. Habra que moverlo con el fin de ganar adhesiones y, despus, hacer presentaciones en las sedes de los partidos polticos, de los sindicatos, de las organizaciones sociales, en los medios de comunicacin. De esta forma podramos esquivar el bloqueo que, por diferentes razones, hoy sufren muchas de estas insituciones para abordar un debate tan urgente como el que estamos proponiendo aqu empujndoles a coger el toro por los cuernos como es su obligacin. La sociedad civil pedir la palabra y eso facilitar el desbloqueo.

Nota del autor. Me gustara conocer vuestra opinin sobre todo esto as como vuestras propuestas de principios generales. Slo tenis que mandarme vuestro texto a [email protected]

Fuente: El Viejo Topo, n. 365, junio de 2018, pp. 10-17.



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