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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-07-2018

Uruguay
Pobreza estructural y violencia funcional del capitalismo

Daniel Banina
Rebelin


La proximidad electoral ha impregnado de una enorme virulencia a la prdica antigubernamental en todos los temas, y en particular en el tema de la violencia,que se ha transformado en la vedete de las crticas.

La derecha uruguaya es parte de esa llamada nueva derecha que ha elaborado un discurso light, tratando de conquistar el centro poltico. Seguramente que a esa derecha no le resulta demasiado complicado, ya que el uruguayo en general y el poltico en particular, tienen tendencia a la mediocridad, a la mesocracia, al medio, al ni tan tan ni muy muy.

Desde la cada de la dictadura, el centro del espectro poltico es codiciado por la centroderecha y por la centroizquierda; es que hay un prestigioso centrismo social y poltico. Cuando se plantean dos posiciones frente a cualquier problema surgen polticos, periodistas politlogos, opinlogos, planteando que no es buena la intransigencia, que hay buscar y encontrar el camino del medio.

Esta mesocracia se extiende al conjunto de la sociedad y tambin se ha instalado en el movimiento obrero; y uno ve a los dirigentes fundamentar de que todo conflicto necesariamente termina en una negociacin, apuntando al camino del medio. Da la sensacin que la lucha de clases se diluye en una equidistancia entre capital-trabajo.

Es cierto que existe una ultraderecha que apoyo a la dictadura cvicomilitar y que hoy se sigue viendo (a s misma) como la salvadora de la Patria, que caa en las garras del comunismo y el tupamaraje. Hay tambin una derecha econmicosocial que est de acuerdo bsicamente con el planteo econmico del gobierno frenteamplista y piensa y proclama que hay que profundizar las polticas y pide ms neoliberalismo.

Hay tambin una expresin poltica de esas derechas que se concreta en (los partidos tradicionales, blanco y colorado) en los clsicos herrerismo y sanguinetismo y ahora tambin con Novic, el outsider; que por ahora ha pescado slo en la pecera de la derecha y centroderecha.

Todo este bloque ha sido vanguardizado por los grandes medios hegemnicos. No nos olvidemos que estamos en las sociedades postmodernas; sociedades del espectculo donde los medios gozan de especial prestigio y no es poca cosa que la prensa sea menos vulnerable, en tanto no tiene que dar cuenta de haber malgobernado con anterioridad. Dos temas han sido y sern los predilectos, de esa derecha: la corrupcin y la violencia.

En el tema corrupcin la estrategia apunta a investigar y denunciar los actos (por desgracia numerosos) de corrupcin frenteamplista, apuntando fundamentalmente a contradecir aquel viejo aforismo si es de izquierda no es corrupto y si es corrupto no es de izquierda. Se proclama que hay corruptos en todos los partidos y que la corrupcin no es de izquierda o derecha; la corrupcin es culltural, inevitable y est fuertemente vinculado a la condicin humana

Pero ahora nos queremos remitir a la violencia, en tanto estamos convencidos que hay un profundo error en el enfoque poltico-ideologico que sostiene el progresismo al valorar el proceso de la violencia en la sociedad capitalista.

Causas sociales

Hace unos aos atrs, el progresismo se enojaba y planteaba que era una sensacin trmica generada por los medios hegemnicos que dedican horas a difundir hechos delictivos, hasta con regocijo y siempre con un titulo catstrofe. Ahora ya aceptamos que en los ltimos aos (o meses) se ha incrementado significativamente la violencia.

Adems, estamos convencidos que las causas son sociales y por lo tanto, la solucin es tambin social: combatir la pobreza, proporcionar vivienda, educar, generar oportunidades y empleos, tratar (a los supuestamente violentos) como personas.

Esta forma de pensar se complementa con una forma de sentir ya que en nuestra cultura est el desafio que planteaba el Che Guevara, cuando deca que un revolucionario debe sufrir como propias todas las injusticias de la humanidad.

Hubo un hecho que mostr paradigmticamente cmo pensamos y cmo sentmos. Se desat un motn en un lugar de reclusin juvenil, all por el 2005-2006, y ah aparece Marina Arismendi, (responsable del Ministerio de Desarrollo Social, MIDES) secundada por el senador Eduardo Lorier (PrimerSecretario del Partido Comunista ese momento), mediando, ayudando, ofrecindose como rehenes para el traslado. Todo termin sin lesionados y con los menores infractores escapados.

Este anlisis no apunta a una crtica, sino simplemente a ejemplificar un pensamiento, una forma de sentir. Una forma de sentir y de pensar que se apoya en una abstraccin idealizada de una realidad muy compleja.

Desde la izquierda sabemos que la causa de la violencia est en la miseria, la marginacin y el desclasamiento y por eso nos preocupamos esencialmente por mejorar esas condiciones. Mientras tanto, la derecha, que no quiere reconocer esta realidad social; lo nico que plantea es el camino de la represin.

Escudriemos esos aspectos sociales

All por los 1950 se haba terminado la industria de sustitucin y la crisis se precipitaba sobre los gobiernos batllistas (el ala liberal del Partido Colorado). En 1962 el batllismo entr en crisis y los colorados pierden el gobierno luego de 97 aos. En esos aos 50 se popularizaron los cantegriles; ( una ironia, al denominar esos asentamientos marginales como al Hotel Cantegril de Punta del Este). La Suiza de Amrica babia comenzado su historia de miseria y marginacin.

En los 80, desde finales de la dictadura, se produjo un salto primero cuantitativo y luego cualitativo, no solo referido a los asentamientos sino a una poblacin del Uruguay que se ha ido conformando en todos estos aos:

Un ncleo duro de pobreza estructural, que se traduce, se plasma, se concretiza, en marginacin y desclasamiento. No es ninguna novedad, se da en multiples grandes ciudades de nuestra Amrica Latina, que por algo es el continente con ms desigualdad social del mundo.

Uno de los primeros estudios fue el realizado por el socilogo estadounidense Oscar Lewis que en los 60 estudi los barrios marginales de la ciudad de Mxico, que ya llegaba, en ese momento a mas de seis millones de habitantes. En un anlisis muy minucioso, Lewis describe lo que llama endocultura de la pobreza (Esas ideas fueron plasmadas en un libro novelado, Los Hijos de Sanchez que termin en una pelcula del mismo nombre, protagonizada por Anthony Quinn y Katy Jurado)

Esa cultura refiere a vivir resignadamente la pobreza, que se haba transformado en un hecho normal, ya que as vivieron padres y abuelos. Esa cultura implica muy escasa escolaridad, embarazo adolescente, prostitucin infantil y adolescente, dificultad para encontrar trabajo y para tener acceso a la educacin.

El concepto de propiedad se relativiza pero no en sentido de la colectivizacin, sino en el sentido personal: si t tienes algo, yo tengo derecho de apoderarme de ello. La vida y la muerte adquieren tambin otra dimensin. No es raro que una familia soporte, hasta con cierta naturalidad y total resignacin, la muerte de uno o ms de uno de sus nios ms pequeos.

Un adolescente herido o muerto en una reyerta callejera es noticia de todos los dias. La violencia domstica no se considera tal; mi abuelo le pego a mi abuela y a mi padre, mi padre le pega a mi madre y a m, yo le pego a mi mujer y a mis hijos todo normal. Esa realidad de la Ciudad de Mxico que describe Lewis, se reproduce en todas las grandes ciudades de nuestra regin, con mil particularidades y diversa intensidad (desigual y combinado).

Cultura de la pobreza

No hay dudas de que ya tenemos en la llamada rea metropolitana uruguaya, una cultura de la pobreza; una forma peculiar de pensar, de sentir, de valorar la enseanza, el trabajo, el delito, las relaciones familiares, el embarazo adolescente, la prostitucin.

Pero a estas condiciones bsicas, estructurales, se han sumado diversos factores:

-La droga y el narcotrafico. Adiccio+on y dependencia. Regionalizacin de proveedores, con claros vnculos con el crimen organizado internacional. La pasta base de cocana se generaliz como droga para pobres. Se expandi sobe todo en los jvenes, extendindose a prcticamente todos los centros educativos del pas: lo marcan las estadsticas de consumo.

-Se agrega la prostitucin y la trata de blancas con denunciadas conexiones europeas.

Todo este mundo de pobreza, exclusin, desclasamiento y delito es parte de las grandes ciudades del continente ms desigual del mundo. En las favelas de Rio de Janeiro ha adquirido una dimensin gigantesca y desde la crcel el jefe de la principal banda (PCC Primer Comando Capital), fundamenta ideolgicamente y predice su triunfo, en tanto a ellos no les importa la vida y la muerte.

Para decirlo de otra manera, sobre una base de miseria , marginacin y desclasamiento, en los ltimos veinte aos, se constituy (lenta y progresivamente al principio y geomtricamente en los ltimos aos), lo que podramos llamar una maquina criminal organizada.

La realidad de aquel mundo de los 1950-60-70 ha cambiado radicalmente. Ahora se han constituido bandas de delincuentes que cometen rapias, concretan crmenes por sicariato, regentean bocas de pasta base. Desde las crceles siguen regenteando las organizaciones y montan sistemas de extorsin a otros presos y sus familiares, vendiendo seguridad.

Regentean la trata de blancas con fuertes conexiones europeas. Copan determinados barrios, se apoderan de casas y establecen pautas de convivencia y funcionamiento. Se han agudizado los ajustes de cuentas, siendo llamativo el poder de fuego que poseen y que utilizan con creciente agresividad.

Tambin ha habido un incremento de una violencia delictiva descentralizada. El crimen organizado impregna tambin con el ejempl0: consigo un amigo, una moto, un revolver y a resolver!

El gobierno dice y dice bien que es fundamental incidir socialmente en esa realidad. Hay una intervencin social que lleva adelante el gobierno; MIDESCAIFAyuda personalizada, social y econmica; proteccin en salud, etc. etc. Nada de esto parece suficiente. Es como que la asistencia social se desarrolla a menor velocidad que la miseria, la exclusin y el delito.

Hay un fantasma que recorre el mundo, el fantasma del capitalismo. Hace casi tres siglos que lo est recorriendo y arrasando nuestras sociedades. El capitalismo es causante de todo lo bueno y de todo lo malo que nos sucede. Quin si no?

Parece irracional plantear que algo que sucede en esta sociedad; esta misma sociedad, nada tenga que ver con esos hechos. Sera como pensar que Roma; en su esplendor, en su crisis y en su desaparicin, no tuviera nada que ver el modo de produccin esclavista.

La ideologa dominante nos hace pensar que esta sociedad capitalista es una realidad inmutable, que siempre existi y que siempre va a existir, o a lo sumo que su superacin est mas all del horizonte de posibilidades. En definitiva, seria una utopa plantearse la superacin del capitalismo: con los pies en la tierra, hay que mejorar la sociedad que tenemos.

Nuestro pensamiento apunta en sentido contrario. La violencia se eliminar una vez superado el capitalismo y transcurrido un par de generaciones. Esa tarea, es la la nica posible; posible e inevitable.

Entonces, estamos planteando que nada se puede hacer contra la violencia y el delito? Para nada. Estamos planteando que el combate frontal a esa violencia y a ese delito si es efectiva tendr solo victorias parciales, avances limitados. Pero adems, lo que tenemos que entender es que luchar, y derrotar, o por lo menos controlar y limitar la violencia es parte de la lucha superadora del capitalismo.

Todo tipo de violencia es funcional al capitalismo.

Veamos: Parece fcil entender que hay una violencia generada por el proceso econmico que apunta a la reproduccin ampliada de capital. Esta violencia es tolerada y promovida desde el capital. Ah est el lavado de activos, pero tambin la usura en sus variantes ms modernas; las off shore y los parasos fiscales, que aseguran la evasin fiscal y posibilita el lavado.

All por los 60, la Asoiciacin de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU), en una tarjeta de fin de ao plasm La Banca no comete delitos, la banca es un delito. Desregulacion financiera, mercados secundarios, crditos chatarra, fondos buitres, burbujas, manipulacin fraudulenta del grado inversor, etc.etc.

Pero, el otro delito; el narcotrfico con la pasta base como droga del Siglo XXI, las rapias en todas sus variantes, las bandas organizadas, con alto poder de fuego, copando barrios, los crmenes por sicariato ,etc. etc. Esta violencia tambin es funcional a la sociedad capitalista.

En primer lugar, el dinero acumulado por el narcotrfico y la trata internacional dnde se guarda, por donde pasa y se lava? El sistema financiero internacional medra con esos capitales; el propagandeado combate al lavado no es ms que un saludo a la bandera, un maquillaje cmplice, que intenta controles sin liquidar las offshore, los parasos fiscales, los buitres, el secreto bancario, el anonimato, el secretismo, la manipulacin y clandestinidad de la economa de las empresas y ni qu hablar de las multinacionales.

Adems, la industria de la seguridad est floreciente; desde autos blindados a gas pimienta, pasando por rejas electrificadas, armas legales o clandestinas, alarmas de todo tipo, empresas de seguridad, custodias, patovicas, 222, etc. etc.

Adems, es una violencia bastante controlada en la medida que se mantenga medianamente guetizada. Con mano dura se logra erradicar en determinados lugares (del ftbol en Europa, de la ciudad de Nueva York), lo que luego, nos da pie para poner como ejemplo de que la contraviolencia, la represin, la tolerancia cero es la nica solucin.

Adems, mientras estemos convencidos de que la violencia se soluciona aumentando la represin, no estamos pensando en las causas. Ni qu decir que si tenemos un gobierno SD lo mostramos como el gran responsable por no ejercer la represin suficiente.

Pero, adems, mientras la sociedad clama por seguridad no reclama educacin, salario, salud y vivienda

Tambin se pretende hacer participar a las Fuerzas Armadas en las tareas represivas propias de la polica. Cuando aparecen las criticas, la derecha lica la propuesta y plantea que el mando ser del Ministerio del Interior y que requerir un adiestramiento previo .Si transformamos al soldado en polica, para qu usar entonces al Ejrcito?

Es que la derecha tambin tiene sentimientos y se regocija teniendo su aparato militar directamente en la represin. Desde una concepcin ms clsica y ortodoxa el aparato burocratico-militar hay que reservarlo para los clsicos y trascendentes funciones e proteccin del Estado burgus y no arriesgarlas en una tarea sucia y compleja y a la que unas FFAA descafeinadas podran ser vulnerables.

Y la violencia contra la mujer?

La propia violencia contra la mujer, que se apoya en un machismo ancestral, se ha intensificado en la sociedad capitalista. M alla de un innegable componente sicopatolgico parece que el femicidio seguido del suicidio del victimario se respalda, se sustenta, en un exacerbado y patolgico sentido de propiedad. La lucha contra la violencia sobre la mujer tendra, para ser esclarecedora y efectiva, que engarzarse con la lucha por superar la sociedad capitalista.

Bien dicen Daniela Lopez y Sofia Brito (feministas marxistas chilenas, que el hacer feminista deberamostrar que las luchas concretas, especficas, en distintos mbitos tienen un hilo conductor y que son expresin de una unidad, de una relacin social general: la relacin entre capitalismo y patriarcado.

Pero tambin que es vital repensarnos como izquierda, entendiendo las herramientas que ofrecen los feminismos para comprender la totalidad de un sistema de explotacin dominacin y alienacin, ante el cual, sin reconocer las dimensiones de la interpelacin de gnero que le subyacen, permaneceramos miopes.

Luego de citar a Alejandra Castillo -el cuerpo del capital descansa en la explotacin del cuerpo de las mujeres, concluyen: Qu necesidad se nos presenta a las feministas marxistas en este esquema? Precisamente, pensar un feminismo que no renuncie a la emancipacin y que no sea procesado en la forma poltica y econmica del bloque de poder. Necesitamos una izquierda que se interrogue desde una perspectiva de totalidad, que considere la reproduccin social ampliada como un marco para comprender la precarizacin de la vida hoy.

A manera de corolario: para erradicar la violencia hay que superar el capitalismo y generar el hombre nuevo en el correr de dos generaciones. No es una irona; es la tarea de la humanidad de los prximos 50, 100, 150 no importa cuntos aos

Hasta no superar el capitalismo, qu hacer? Debemos combatir el delito y la violencia en el seno de la sociedad capitalista. Slo tendremos mejoras parciales, pero debemos entender que su combate representa un combate contra el capitalismo mismo.

Parece obvio que el desafo es a dos puntas; que hay dos frentes de lucha: Promocion social; intensa, multimodal. Salud, vivienda, educacin, trabajo, cultura, cultura de trabajo. Aquellos barrios copados por el crimen organizado deben recibir la invasin solidaria del Estado. Podriamos decir, un combate frontal a la que llamamos, endocultura de la pobreza.

Y en el otro frente, represin, lo ms especfica posible, sobre las bocas, sobre las bandas, sobre las estructuras narcas, sobre las crceles, liquidando las estructuras criminales que las cogobiernan. Estricta vigilancia de fronteras (martimas y secas), ah s con las FFAA, tal vez nucledas en un cuerpo especial de fronteras. Todo impregnado en un trabajo de inteligencia, que se torna clave en el combate al crimen organizado internacional.

Desde la izquierda debemos vanguardizar tambin la represin. Toda esta batalla requiere una enorme inversin: en escuelas y no en crceles.

Daniel Banina. Mdico cardilogo, integrante de la Direccin Nacional de Izquierda en Marcha. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE, estrategia.la)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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