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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2018

Los lmites del movimiento ecologista

Miguel Muiz
Mientras tanto


Con la correlacin de poder existente es perfectamente imaginable una "patada adelante" que garantice los niveles de vida deseados a una parte minoritaria y privilegiada, a costa de la desposesin de amplios sectores de poblacin. [...]

[] exponer la crudeza de estos datos y exigir que sea la prioridad de las agendas polticas es tildado, con frecuencia, de catastrofista.

Es un error garrafal confundir la consciencia de los datos con la catstrofe. Los datos son datos y es absurdo rebelarse contra ellos. La catstrofe es que COP tras COP se constate que vamos al colapso y los resultados sean irrelevantes.

La catstrofe es no hacer nada. Nadie llama a su doctora catastrofista cuando le diagnostica un tumor. Ms bien, afronta el proceso de curacin, reorientando todo hacia la prioridad de conservar la vida. Eso es lo que toca ahora. Esa la tarea poltica ms importante, heroica y hermosa que tenemos por delante.

Yayo Herrero,La catstrofe es no hacer nada

Ahora son los "mercados" (no sin la connivencia o, incluso, el respaldo y el patrocinio tcito o explcito de los impotentes y desventurados Gobiernos estatales) los que han usurpado la primera y la ltima palabra a la hora de negociar la lnea que separa lo realista de lo poco realista. Y los "mercados" son un nombre abreviado para designar a fuerzas annimas, sin rostro ni domicilio fijo: fuerzas que nadie ha elegido y que nadie es capaz de limitar, controlar o guiar.

Zygmubt Bauman y Lenidas Donskis, Ceguera moral. La prdida de sensibilidad en la modernidad lquida

 

Base social y activismo ecologista

Este texto contina el anlisis comenzado en " Apuntes sobre el eje verde que se desvanece ", donde se abordaba la ausencia del conflicto ambiental en la agenda de movilizacin social vigente; partiendo de Albert Recio [1], el anlisis se inscribe en la reflexin de Pablo Massachs sobre potencialidades y limitaciones de las TIC en el movimiento ecologista organizado [2].

Se trata de ir ms all de la gastada expresin la gente, un lugar comn entre ecologistas a la hora de decidir qu se hace y cmo se hace lo decidido; ya se sabe, "la gente" no quiere informaciones pesimistas, "la gente" no tiene tiempo para leer documentos largos o complejos, "la gente" quiere cosas sencillas, positivas y concretas; esa "gente" que justifica cualquier actividad de protesta sin mayor reflexin de fondo, actividad que, en muchos casos, responde a intereses de los que "la gente" no tiene ni idea. Para superar la falacia de "la gente" se apuntan cuatro lneas: la evolucin histrica del movimiento ecologista, una aproximacin a la estructura social en que se inscribe su accin, su enlace desde esa estructura a la funcin paliativa que cumple hoy por hoy, y un esbozo de perspectivas para afrontar las limitaciones con que interviene/intervenimos.

El movimiento ecologista ha cambiado (y mucho) desde sus inicios hasta hoy

Aunque la Cumbre de la Tierra (Estocolmo 1972) se considera la referencia inicial del movimiento, ese acontecimiento representa la eclosin de un trabajo que comienza a pocos aos del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando algunos ncleos de cientficos y tcnicos empiezan a tomar conciencia del binomio produccin-destruccin vinculado al desarrollo industrial. Un trabajo que cristaliza en libros como Primavera silenciosa (Rachel Carson, 1963), en documentos como Los lmites del crecimiento (informe del MIT al Club de Roma, 1971) o en iniciativas como el simposio "El papel del hombre en los cambios de la faz de la Tierra" (Estados Unidos, 1955), por poner algunos ejemplos. En el campo de la energa, se vinculan el pacifismo y el movimiento contra la energa nuclear, por la relacin entre nuclearizacin militar y civil.

Ledos desde la perspectiva de hoy, la reflexin y denuncia de esa primera etapa sobre los impactos que industrializacin y desarrollo provocan en ecosistemas renovables y recursos no renovables (extraccin hasta el agotamiento en una lgica implacable del lucro), sorprende por su lucidez y radicalidad (mi favorito es el segundo informe al Club de Roma de Mesarovic y Pestel, La humanidad en la encrucijada), forman parte de la denuncia del capitalismo, aunque el marco de la Guerra Fra hizo imposible una confluencia con las izquierdas por causas que merecen un estudio propio.

Lo significativo, siguiendo a Naredo [3], es que se puede establecer la lnea de fractura en la evolucin del movimiento ecologista a partir del inicio de los aos ochenta (no por casualidad es el perodo en que la doctrina neoliberal pasa de run-run acadmico a imposicin poltica agresiva). La fractura se concreta en la reduccin del rigor y la concrecin en las investigaciones, y en el nivel de exigencia de las alternativas; y se concreta, finalmente, en la institucionalizacin de la crisis ecolgica que representa la Cumbre de Ro de 1992.

En Estocolmo 1972 se concret el avance en la consciencia ambiental iniciado en los aos cincuenta, en Ro 1992 se levant acta del retroceso iniciado en los aos ochenta.

Naredo demuestra esa fractura con el contraste entre documentos publicados con anterioridad a los aos ochenta y todo lo que se redacta despus. Los aos setenta plantean diagnsticos contundentes, cuantifican, y fijan objetivos en leyes y medidas concretas a aplicar por fuerzas polticas, instituciones, y el Estado, para llegar a unos cambios que se consideran urgentes [4]. En cambio, a partir de los ochenta, y especialmente despus de 1992, los objetivos pierden concrecin; aparecen las planificaciones indicativas, leyes y reglamentos vinculantes son sustituidos por acuerdos voluntarios redactados por empresas implicadas en la devastacin ambiental; y las fuerzas que han de actuar se limitan a la difusa "sociedad civil" (de la que forman parte tanto los que obtienen lucro de la devastacin ambiental, como los que sufren las consecuencias de la misma), las ONG y, en algunos mbitos, las entidades municipales (hay que recordar el papel tan intil como cosmtico de las llamadas "Agendas 21" institucionalizadas en Ro 92). En conjunto, se pasa de determinar quines son los responsables a proclamar que "todos somos responsables" [5]. Una primera aproximacin a la vaciedad del concepto "la gente" se deduce de este recorrido histrico.

Las personas que nos dedicamos al activismo voluntario compartimos una experiencia de esta dinmica: mientras el tratamiento de un conflicto ambiental se limita a la denuncia y alternativa genricas, se disfruta de un consenso social y poltico elevado (recordemos, por ejemplo, la aceptacin casi universal de las energas renovables como alternativas al modelo fsil y nuclear); pero cuando el conflicto pasa de enunciar la "problemtica" a abordar la "resultica", lo que implica medidas concretas, delimitacin de responsabilidades, afectacin de intereses, inversiones econmicas y cambios en las pautas de vida y consumo de sectores sociales concretos, la ausencia de polticas concretas hace que el consenso inicial se desvanezca, y el NIMBY (o SPAN) aparece en mltiples formas [6].

El movimiento ecologista se ha desarrollado, sobre todo, en pases del Primer Mundo [7]. Cuando las polticas neoliberales impusieron sus cambios sociales, la adaptacin de las ONG ecologistas se desarroll en paralelo a la reduccin y fragmentacin de las clases trabajadoras (resultado de la externalizacin de la produccin material), y al hundimiento del movimiento poltico y social articulado en torno a ellas; el movimiento ecologista se adapt sin dificultades al individualismo, el discurso post, el particularismo, la sustitucin del anlisis en clave conflicto por el anlisis en clave problema, el papel del "activismo virtual", etc. [8].

Esta adaptacin es comn a la mayora del ONGismo, y no se puede separar de la codificacin de una funcin paliativa que ha llevado a la creacin del llamado Tercer Sector, en el que, sin embargo, las organizaciones ecologistas no acaban de conseguir reconocimiento institucional, precisamente por las caractersticas del conflicto que abordan, que no puede reducirse a la atencin individual de casos desde la propia ONG [9].

Base social, conflictos y ecologismo banal

En el Primer Mundo existe una tolerancia de las lites hacia la contestacin que provocan la devastacin ambiental y las crecientes desigualdades sociales. En otras reas geopolticas del mundo, afectadas por el expolio masivo, la perturbacin que provoca la actividad de personas afectadas/concienciadas por conflictos ambientales y sociales se resuelve con represin y violencia directa [10], pero en el Primer Mundo las cosas no son tan sencillas, como muestra una revisin de los tipos de conflictos ambientales y su vinculacin con la base social afectada.

Tomemos el reconocimiento universal de la llamada "pobreza energtica", compartido tanto por las organizaciones del Tercer Sector como por cnclaves internacionales de representantes de los que mandan, como ejemplo; es un caso de manual del tratamiento paliativo de las desigualdades en sociedades del Primer Mundo. Se asume la existencia de un precariado sin relacin con la situacin laboral, cuya cantidad (y calidad) cambia en funcin de la variable del consumo que se aborda, como una realidad que est aqu para quedarse. La atencin paliativa a una fraccin de ese precariado, desde ONG del Tercer Sector que actan de mediadoras con las empresas y las administraciones, se publicita como solucin a una "pobreza energtica" que goza de omnipresencia publicitaria [11].

Esto constituye una segunda aproximacin a la vaciedad del concepto "gente". No se acta sobre "la gente", sino sobre unos grupos sociales formados por precarios, que incluyen a gran parte de las personas paradas (unos 4,4 millones en 2016 sobre 22,8 millones de personas activas), y tambin a una parte de los 18,3 millones de personas consideradas ocupadas, habida cuenta que en dicha categora estadstica, "se consideran personas ocupadas o personas con empleo, a todas aquellas de 16 y ms aos que durante la semana de referencia han trabajado al menos una hora a cambio de una retribucin (salario, jornal, beneficio empresarial) en dinero o en especie" [12].

Sobre estas desigualdades crecientes, en la que parte de la poblacin con derechos ciudadanos subsiste en la marginacin, se despliega un activismo ecologista dirigido a "todas las personas". Pero eso no es as ni en el propio campo; para valorar el apoyo social de que el ecologismo dispone hay que analizar dos tipos bsicos de conflicto ecolgico y la forma en que participan en ellos las organizaciones ecologistas consolidadas, es decir, aquellas que estn registradas legalmente, tienen personas asociadas y cotizantes, personas que trabajan en ellas de manera remunerada junto a otras que lo hacen de manera voluntaria, disponen de un mnimo de infraestructura logstica (sede o local, proyeccin en la red, etc.), presencia en la sociedad, y relaciones formales con medios de informacin, instituciones polticas y culturales.

Los conflictos ambientales ms numerosos, que son los menos visibles en los medios, afectan a impactos de tipo concreto y local; son impactos fcilmente perceptibles en la sociedad o el territorio afectado. Relacionados casi siempre con proyectos de infraestructuras sobre espacios no urbanizados, o actuaciones que alteran espacios considerados estables (proyectos de nuevo urbanismo o de remodelacin, vas de transporte, explotaciones mineras o infraestructuras energticas). Son conflictos que, si cristalizan, provocan una movilizacin amplia y directa, porque al ser fcilmente visibles su denuncia es fcilmente gestionable (explicable y asumible por la sociedad afectada en trminos de sentimientos agredidos de pertenencia o identidad o de prioridad del afn de lucro a costa del entorno) y, adems, como afectan a comunidades concretas, ofrecen mltiples vas de participacin social creativa.

En estos conflictos, la cantidad y la heterogeneidad de personas afectadas/concienciadas/movilizadas determina la respuesta desde el poder (sea el de empresa/s implicada/s o el de la mediacin poltica institucional): La respuesta va desde polticas persuasivas basadas en la imagen, para prevenir la cristalizacin del conflicto, hasta el fomento de la divisin en la comunidad afectada (contando con el papel activo de los medios de informacin); habitualmente se invoca el "desarrollo", el "trabajo", la "riqueza" o las "oportunidades" que supondr la realizacin del proyecto previsto; y no hay que descartar la compra directa o cooptacin desde el poder de personas claves en la movilizacin para neutralizarlas o, en el extremo opuesto, maniobras de presin y acoso sobre ellas.

El papel de las organizaciones ecologistas consolidadas en este tipo de conflictos es variable: dependiendo de si su mbito es global, local o regional, pueden mantenerse al margen o asumir protagonismo; o dar apoyo al colectivo ciudadano que impulsa la movilizacin aportando logstica, medios de difusin, asesoramiento tcnico o legal; o desarrollar funciones de interlocutor con el poder empresarial o poltico implicado.

Ser la forma en que se resuelva el conflicto la que determinar la relacin entre las organizaciones ecologistas consolidadas (que se impliquen, o no) y la base social afectada, el resultado puede llevar a una situacin de incremento o reduccin, del prestigio, del nmero de personas asociadas, del peso poltico como referente, etc.; las variables, como es fcil de imaginar, son muchas, y no se pueden homogeneizar en trminos de "gente".

Pero es en los conflictos ambientales globales donde el papel paliativo de las organizaciones ecologistas consolidadas se revela clave para la gestin correcta por parte de los responsables. Los conflictos globales estn provocados por impactos que no son directamente perceptibles, que afectan el aire, el agua, el suelo o el subsuelo; que implican energa y residuos, que afectan la biodiversidad a niveles regionales o planetarios, o a espacios remotos, a ecosistemas completos o a especies consideradas exticas; que llegan a amplias capas sociales del Primer Mundo a travs de los medios, porque su envergadura, lejana e importancia, pese a no ser directamente visibles, les hace aparecer con frecuencia en los medios.

Esa presencia del conflicto en los medios provoca una necesidad de respuesta social en una parte de las personas informadas (y su complemento de resignacin en otra parte). Para ese sector concienciado se pone en marcha la dinmica circular de las respuestas paliativas. La informacin sobre la gravedad del "problema" incentiva la necesidad de "hacer algo", las organizaciones ecologistas consolidadas canalizan esa necesidad; una necesidad que, forzosamente, debe obtener un resultado positivo (parcial o total) para que el crculo que comienza con la informacin no concluya en frustracin, lo que devaluara el papel mediador de la organizacin implicada. En este proceso circular las Tecnologas de la Informacin y la Comunicacin (TIC) juegan un papel clave.

Dos puntos ms

Los conflictos ambientales globales implican actividades productivo-destructivas a gran escala (de extraccin de recursos y vertidos de residuos), implican grandes empresas o grupos financieros, grandes movimientos de capital, y la participacin de gobiernos nacionales e instituciones internacionales, etc. Por su envergadura se trata de conflictos en los que es muy difcil incidir realmente, y en los que tambin es muy difcil comprobar si la incidencia (real o virtual) obtiene resultados. La complejidad y amplitud del conflicto dificulta la percepcin de xito o fracaso; todo es confuso.

Adquirir conciencia de un conflicto cuyas causas no son perceptibles directamente (dioxinas, nitratos, radiaciones ionizantes, partculas en el aire, emisiones de gases de efecto invernadero, vertidos masivos en reas lejanas, expoliacin o extinciones de especies, etc.), y cuyas consecuencias se producen en entornos alejados del lugar donde se generan las causas, requiere formacin, curiosidad activa y conciencia de la utilidad de lo que se hace. La "gente" en este caso es un grupo social distinto, que vive en su mayora en ciudades o urbanizaciones residenciales, con formacin y tiempo disponible para que su conciencia se traduzca en actividad. Aqu entran en juego las TIC.

Las personas que ramos activistas en los aos ochenta recordamos las campaas de tarjetas postales de Greenpeace; se enviaban a personas con poder poltico o a presidentes de empresas, con una peticin concreta o genrica. Su eficacia oscilaba entre discutible y nula, pero mostraban una capacidad logstica que reforzaba la sensacin de que "se haca algo". Las TIC han generalizado las peticiones, ampliando su alcance, potenciado la difusin y reduciendo la logstica al mnimo. Han supuesto el impulso definitivo al ecologismo banal y al activismo virtual, aquel que pasa del conflicto al problema, del objetivo definido al hacer algo. El que da prioridad al bienestar anmico de la persona que acta sobre la eficacia de la actividad, lo que impone la necesidad de publicitar un cierto xito por encima del conocimiento riguroso del estado del conflicto sobre el que se pide actuar.

Las TIC sustituyen la comunicacin y la accin. Su campo es tan enorme como banal: se calcula que en los tres ltimos meses de 2016, 29 millones de personas entre 16 y 74 aos (un 84,6% de la poblacin de Espaa) han usado internet desde dispositivos mviles u ordenadores personales par diversos fines, desde la documentacin al entretenimiento [13]. Una parte de ellas lo ha hecho para actuar.

Un primer nivel de activismo virtual lo ofrecen las plataformas de peticiones que combinan la oferta gratuita de difusin con la sugerencia de aportacin econmica para aumentar el alcance de la peticin una vez iniciada. Change.org, declara en su pgina web que dispone de 226.376.565 personas actuando; otra de ellas, Avaaz (presentada como "el movimiento Avaaz") dice disponer de 47.833.388 miembros en todo el mundo [14].

El activismo virtual es especfico para cada una de las ONG ms conocidas. En el campo de la ecologa su carcter paliativo queda ms en evidencia por varios motivos: el contraste entre los conflictos globales que se abordan, la concrecin en la calidad y precisin de los destinatarios de la peticin, la definicin de objetivos y, sobre todo, por la ausencia de verificacin de los resultados que se ofrecen.

As, "Salva la Selva", la nica pgina de peticiones de contenido especficamente medioambiental, presentaba 64 peticiones de accin en su web mediante el envo de cartas dirigidas a polticos locales o a la Unin Europea sobre conflictos ambientales que se desarrollan en Amrica Latina, frica y Asia. El tema de varias peticiones se repite: once estaban relacionadas con el aceite de palma; de otra parte, el apoyo para cada peticin oscilaba entre ms de 290.000 y menos de 15.000 envos. La web de "Salva la Selva" detalla dieciocho xitos, que van desde el abandono de planes de urbanizacin de espacios naturales (que pueden responder a mltiples factores, especialmente econmicos) a la correccin de una informacin falsa sobre animales en un canal de entretenimiento de la TV de pago, pasando por diversas sentencias judiciales. Muchas de la peticiones recogidas en "Salva la Selva" corresponden a iniciativas locales de organizaciones de defensa indgena a las que la web ofrece cobertura. En algunos casos, "Salva la Selva" reconoce que el xito obtenido no puede valorarse con precisin.

Pero son las organizaciones ecologistas consolidadas a nivel estatal las que ofrecen una mejor perspectiva sobre el valor del activismo virtual. En el caso de Greenpeace, su web ofrece diez peticiones, seis de ellas se refieren a conflictos que se desarrollan en espacios remotos (desde Indonesia a los bosques boreales o el rtico y el Antrtico), siete tienen destinatarios genricos (desde "los supermercados" a "los gobiernos" pasando por grupos de empresas) y tres interpelan directamente a interlocutores concretos, con poder de tomar decisiones verificables.

La pgina de victorias de Greenpeace es muy definitoria de las caractersticas y resultados que ofrece el activismo virtual. Organizada por aos de existencia de la organizacin se remonta a 1972, a la accin que le dio origen; lo significativo es que en 2017 (siete victorias reflejadas en la web) Greenpeace considera victorias propias el cierre de las trmicas de carbn de Iberdrola (una decisin empresarial vinculada a sus polticas de expansin internacional), el cierre de la central nuclear de Garoa (fruto de un desacuerdo entre Enel-Endesa e Iberdrola), o un acuerdo internacional histrico para proteger el rtico de la pesca industrial firmado por nueve pases de la UE. Es importante sealar que Greenpeace consigna como victorias tres compromisos voluntarios de grandes empresas que no tienen concrecin definida.

En el caso de Ecologistas en Accin tambin existe una pgina de ciberacciones que finaliza el 2 de abril de 2018 y se remonta a junio de 2007. En ella figuran ms de 120 ciberacciones, que en determinados casos se clasifican como finalizadas. La web incluye peticiones de microfinanciacin para proyectos, y rplicas de peticiones presentadas en plataformas como Change.org u otras ONG ecologistas. En 2017 aparecen 22 ciberacciones que incluyen reivindicaciones vecinales, locales, regionales, peticiones de microfinanciacin para actividades de la propia ONG, recogidas de firmas genricas y dos con peticiones a nivel de la Unin Europea. Fuera de considerar finalizadas determinadas ciberacciones, Ecologistas en Accin no se adjudica victorias en sus actividades, ni reivindica en exclusiva su participacin en el cierre de Garoa [15].

Como muestra de lo que es el activismo virtual conviene detenerse en el anlisis de la campaa de proteccin de las abejas frente a los productos qumicos que estn provocando su exterminio. La gravedad e implicaciones de este conflicto lo convierte en uno de los ms importantes de este inicio de siglo. Tanto Greenpeace como Salva la Selva reivindican una victoria (?) que se limita a prohibir el uso de cuatro productos qumicos, y slo en el mbito de la Unin Europea, y en la que se reconoce que an existen multitud de insecticidas tan peligrosos como los prohibidos incluso, al nivel regional europeo en que se ha obtenido la supuesta victoria.

Pero el conflicto de las abejas ni se limita a la Unin Europea, ni se circunscribe a unos cuantos insecticidas. Se trata de un conflicto mundial de extrema gravedad, que combina todas las amenazas que el ecologismo comenz a denunciar en 1963, cuando Rachel Carson public Primavera silenciosa, y algunas nuevas y ms graves fruto de la codicia neoliberal [16].

El tratamiento del conflicto de las abejas pone en evidencia la falacia paliativa que supone el activismo virtual.

 

Bueno, pero qu hay que hacer?

Formular el diagnostico acertado es el primer paso para afrontar el conflicto. El grito de desesperacin contenido en el fragmento de texto de Yayo Herrero que encabeza este artculo es algo compartido por muchas de las personas que participamos en el activismo ecologista. Lo que no est compartido es el camino comn para actuar, y aqu, ms all del inventario de medidas (tan necesarias como casi imposibles) que la propia Yayo Herrero desgrana en su artculo, es necesario un debate sobre criterios ticos del activismo, sin que ello suponga detener la actividad y ponerse a debatir. Planteo ocho puntos, podran ser catorce o veinte. Lo importante es empezar. El orden de exposicin no indica prioridad.

Superar al mximo el doble lenguaje. Mantener el respeto y escuchar a quin se expresa es la premisa bsica de cualquier debate. No cerrar un debate hasta haber agotado toda la exposicin de razones y valorado sus causas, aunque el proceso pueda llevar tiempo.

Asumir el carcter poltico del activismo ecologista. Superar el discurso sobre "la gente" y el "todos somos responsables". Denunciar con la mayor concrecin posible y sealando a los verdaderos responsables. Superar la adiccin compulsiva de aparecer en los medios y buscar la vinculacin y el dilogo con los sectores sociales concretos afectados por los conflictos.

No presentar como soluciones lo que son compromisos. Llamar a los compromisos por su nombre y explicar las limitaciones por las que puede ser necesario aceptarlos o asumirlos, pero no adjudicarles un valor de solucin que no tienen.

Diferenciar entre lucha y protesta, explicando lo que se juega en la primera (el precio del fracaso) y las limitaciones de la segunda (pura expresin de enojo sin mayores consecuencias).

No renunciar a denunciar los conflictos ocultndolos como problemas. No afrontar un conflicto sin explicar claramente el/los/la/las responsable/es del mismo y sus implicaciones.

Interrogarse siempre sobre la presencia de las zonas de confort que nos ofrecen los que mandan y los que gobiernan en su nombre, las implicaciones que tiene mantenerse en ellas y el precio que se pagar por salir de ellas.

Superar el individualismo (el activismo virtual es una de sus frmulas, pero hay ms) buscar el contacto presencial y el debate personal ms all de las pantallas de ordenador.

Tener paciencia, la realidad es que en la lucha ecologista hoy por hoy casi todo est perdido, as que qu podemos perder si cambiamos de forma de actuar?

Notas:

[1] http://www.mientrastanto.org/boletin-166/notas/romper-los-techos-de-cristal-despegarse-de-los-suelos-pegajosos .

[2] http://www.mientrastanto.org/boletin-169/ensayo/activismo-y-euforia-tecnologica y http://www.mientrastanto.org/boletin-151/notas/el-ecologismo-y-sus-zonas-de-confort .

[3] Jos Manuel Naredo, Races econmicas del deterioro ecolgico y social: ms all de los dogmas, Siglo XXI. Edicin 2006 y 2010, p. 21.

[4] Ibid., pp. 24-31.

[5] http://www.mientrastanto.org/boletin-167/notas/apuntes-sobre-el-eje-verde-que-se-desvanece .

[6] NIMBY (acrnimo de "Not In My Backyard") se puede sustituir por SPAN ("S, Pero Aqu No") cuando hace referencia a una infraestructura que se reconoce necesaria pero que se rechaza de entrada, en la ubicacin local propuesta sin un anlisis riguroso que lo justifique. Un ejemplo de manual lo constituyen las plataformas de oposicin ciudadana a proyectos de parques elicos.

[7] Basta comprobar la ubicacin de la sede social de las grandes organizaciones ecologistas como Greenpeace, WWF, Birdlife, UICN, Friends of Earth, etc.

[8] Una interesante, y reciente, aproximacin a esta realidad y sus consecuencias sociales negativas en: https://www.eldiario.es/politica/activismo-exagerar-diferencias-individuos-competir_0_784972325.html .

[9] La construccin e institucionalizacin del Tercer Sector cumple el papel de asumir funciones de gestin de conflictos sociales que se consideraban responsabilidad de la Administracin y el Estado. Se trata de la versin "compasiva" del axioma neoliberal de la superioridad de la excelente iniciativa privada sobre la perversa burocracia estatal, iniciativa que se encarna aqu en ONG de la "sociedad civil". Lgicamente las primeras en apuntarse al Tercer Sector fueron las organizaciones paliativas con tradicin histrica, en muchos casos vinculadas a la Iglesia catlica. Puede obtenerse una aproximacin a la situacin actual en http://www.plataformatercersector.es/es/entidades-miembro , y sobre la institucionalizacin vase Consejo Estatal de Organizaciones no Gubernamentales de Accin Social, http://www.msssi.gob.es/ssi/familiasInfancia/ongVoluntariado/consejos.htm . Sobre el estado de limitado reconocimiento administrativo de la funcin de las organizaciones ecologistas es interesante el contenido del Punto 1 de la carta dirigida por las cinco grandes en Espaa (Amigos de la Tierra, Ecologistas en Accin, Greenpeace, WWF y SEO/BirdLife) al gobierno socialista de Pedro Snchez, disponible en https://www.ecologistasenaccion.org/?p=88088 .

[10] La cantidad reconocida de personas activistas en temas ambientales asesinadas ronda las doscientas cada ao con ligeras variaciones. En 2016: https://www.eldiario.es/desalambre/activistas-asesinados-medioambiente-Global-Witness_0_664583658.html ; en 2017: http://www.lavanguardia.com/natural/20180202/44467533729/casi-200-ambientalistas-fueron-asesinados-en-2017-por-defender-el-planeta.html .

[11] La "pobreza energtica" est reconocida como un "problema" por las grandes empresas energticas (Gas Natural Fenosa, Enel-Endesa, Iberdrola) que despliegan polticas de imagen con el apoyo del Tercer Sector (un ejemplo en http://www.cruzroja.es/principal/web/empresas/ ). Tambin est reconocido por instituciones internacionales como el G20 (vase "Ministros del G20 destacan la necesidad de erradicar la pobreza energtica", https://www.eldiario.es/economia/Ministros-G20-necesidad-erradicar-energetica_0_782871726.html ). La divisin de la "pobreza" en categoras separadas (energtica, alimentaria, etc.), en lugar de considerarla un fenmeno social global tiene implicaciones relacionadas con la precariedad laboral y la especializacin paliativa que merecen un anlisis propio.

Por otra parte, en el neolenguaje neoliberal la expresin "una realidad que est aqu para quedarse" se va imponiendo desde un discurso de apelacin a la resignacin social ante aspectos conflictivos sobre los que no hay voluntad para saber cmo lleg "aqu", ni ganas de incidir en ellos, ni de analizar sus implicaciones.

[12] Informe Mujeres y hombres en Espaa 2017. INE (PDF), http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"c=INEPublicacion_CHYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"cid=1259924822888HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"p=1254735110672HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayoutHYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"param1=PYSDetalleGratuitas , p. 9.

[13] Fuente: "Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologas de Informacin y Comunicacin en los Hogares. Ao 2017", en http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"c=INEPublicacion_CHYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"cid=1259924822888HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"p=1254735110672HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayoutHYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"&HYPERLINK "http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INEPublicacion_C&cid=1259924822888&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios/PYSLayoutm1=PYSDetalleGratuitas"param1=PYSDetalleGratuitas .

[14] Consulta realizada el 9 de junio de 2018, https://www.change.org/es y https://secure.avaaz.org/page/es/ . La "materia prima" de dichas plataformas es la recopilacin de direcciones electrnicas de las personas que apoyan cualquiera de sus peticiones. En el caso de Change.org, el 9/6/2018 tena nueve peticiones en curso en la web y seis consideradas "victorias", la principal "Mou: no fue expulsado de Espaa", obtuvo el apoyo de 174.555 personas. Otras peticiones eran "Un milln de personas contra el cncer", "La vaca Margarita no fue sacrificada", "Siete menores obtienen la nacionalidad", "El Langui consigue que Madrid sea ms accesible" y "Osman y su familia son acogidos en Espaa".

[15] Vanse https://www.salvalaselva.org/ y https://es.greenpeace.org/es/que-puedes-hacer-tu/peticiones/ , https://es.greenpeace.org/es/quienes-somos/victorias-de-greenpeace/ , https://ecologistasenaccion.org/SPIP/rubrique270.html .

[16] Dos aproximaciones, entre muchas: https://mundo.sputniknews.com/ecologia/201611041064595114-muerte-abejas-llevar-fin-humanidad/ y http://www.lavanguardia.com/natural/20161005/41771284333/abeja-peligro-humanos.html

Miguel Muiz Gutirrez es miembro de Tanquem Les Nuclears100% RENOVABLES, del Collectiu 2020 LLIURE DE NUCLEARS y del Moviment Ibric Antinuclear a Catalunya. Mantiene la pgina de divulgacin energtica www.sirenovablesnuclearno.org

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-170/ensayo/los-limites-del-movimiento-ecologista

 

 

 


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