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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-07-2018

Eleccin histrica en Mxico

Jos Luis Hernndez Ayala
Rebelin


El abrumador triunfo electoral de Andrs Manuel Lpez Obrador (AMLO) -nada menos que el 53 por ciento de la votacin, mayora en las cmaras de diputados y senadores, por lo menos cinco de nueve gubernaturas en juego y un sinnmero de congresos estatales, alcaldas y concejales-, expresa la furia popular en contra de un rgimen oligrquico corrupto, por la inseguridad producto de la infernal guerra interna, supuestamente, en contra del crimen organizado y la desigualdad social. De hecho, estas elecciones se transformaron en un gran plebiscito nacional en contra de las polticas neoliberales y de un rgimen poltico en descomposicin. Los dos partidos burgueses tradicionales Partido Revolucionario Institucional, Partido Accin Nacional y su socio menor el Partido de la Revolucin Democrtica-, han recibido un golpe contundente y humillante.

Ricardo Anaya, candidato de la coalicin PAN-PRD-Movimiento Ciudadano, apenas recibi alrededor del 22.52% y Jos Antonio Meade, candidato del PRI y dos partidos satlites, ronda el 16%. Estos partidos, desgastados por fuertes enfrentamientos entre el PRI y el PAN, seguramente afrontarn nuevas divisiones internas, rupturas y un mayor descrdito. La clase dominante est ante un fuerte dilema: intentar refundar estos desprestigiados instrumentos de dominacin o inventar otros. Intensa divisin en las elites Esta divisin de los partidos de la derecha, y al interior de ellos, es un reflejo de grandes conflictos existentes al seno de la oligarqua. El conflicto ms fuerte lo desat el reparto del botn de las reformas neoliberales realizadas por el gobierno de Enrique Pea Nieto, entre ellas la privatizacin de la industria petrolera, pero tambin existen contradicciones entre los sectores ms ligados al mercado interno con los grandes grupos exportadores e incluso por su descontento por el alto grado de corrupcin del actual grupo gobernante. Esta divisin burguesa fue el caldo de cultivo que propici el apoyo de un sector empresarial a la candidatura de Lpez Obrador y que el resto se resigne a aceptarlo como el mal menor. El gran poder oligrquico ha perdido una batalla, pero no la guerra. Se han visto obligados a respetar la voluntad popular porque saben que no les alcanzaba para el fraude y menos queran despertar al tigre desconociendo o violentando el proceso electoral. Saben que perder el poder Ejecutivo y el Legislativo, no es perder todo el Poder. An cuentan con el control de los altos mandos de las fuerzas armadas, el poder Judicial (sobre todo de una Suprema Corte de Justicia dispuesta a defender la legitimidad de las reformas neoliberales), la alta burocracia de carrera en todos los ministerios, los aparataos corporativos, la Iglesia, los medios de comunicacin y, sobre todo, de un enorme poder econmico. En un principio la oligarqua intentar congraciarse con el nuevo gobierno, lo cortejar e incluso estarn dispuestos a cambiar un poco para que nada cambie, infiltrarn (ya lo han hecho) al nuevo partido en el poder y al gabinete presidencial para contener, desde dentro, cualquier esfuerzo de cambio verdadero que afecte sus intereses y, si todo esto falla, impulsarn una guerra meditica e incluso la amenaza golpista.

El pragmatismo electoral que llev a AMLO a pactar con partidos de derecha como el Partido Encuentro Social (PES) o abrir candidaturas y puertas de Morena a trnsfugas del PRI, PAN Y PRD, le sirvieron para vencer al centenario aparato de dominacin prista, pero es completamente equivocado pensar qu, por este camino se puede lograr una autntica transicin a la democracia. Hay objetivos, como investigar y castigar la enorme corrupcin en Pemex o auditar la deuda pblica, completamente inaceptables para la oligarqua y no existe otra alternativa que apelar a la movilizacin popular para alcanzarlos. Posibilidades y lmites del nuevo rgimen A diferencia de la izquierda ultraizquierdista, que apuesta a un pronto desgaste del gobierno de Lpez Obrador por incumplir sus promesas de campaa y revertir las reformas neoliberales, existe la posibilidad de que su gobierno s impulse una serie de reformas mnimas que pueden mejorar, en lo inmediato, la extrema pobreza de amplios sectores de la poblacin, impulsar el crecimiento econmico y consolidar un nuevo tipo de rgimen. Para empezar las medidas que ha anunciado en contra de la corrupcin y el despilfarro (reducir a la mitad de los salarios de los altos funcionarios pblicos y erradicar todo tipo de privilegios, no robar, vender la flota de aviones del gobierno y utilizar lneas areas comerciales, eliminar los millonarios gastos de publicidad, revisar los contratos y concesiones gubernamentales y castigar los malos manejos, cancelar las impopular y millonaria pensin a los ex presidentes, etc.), son puntos que est en condiciones de cumplir y que tendran un gran impacto en la opinin pblica.

El problema central de elevar los salarios mnimos y contractuales, es otra de sus promesas que es factible realizar. Los bajos salarios de la clase trabajadora mexicana no son causados por una supuesta baja productividad, como se nos ha hecho creer, es una decisin de estado para defender un modelo econmico basado en ofrecer mano de obra barata a empresas trasnacionales. Este punto es uno de los asuntos ms controvertidos en la actual renegociacin del Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (TLCAN), en donde los gobiernos de Trump, Trudeau y los sindicatos de Estados Unidos y Canad, presionan a Mxico para elevar salarios de sus trabajadores que son diez veces menores a los de sus contrapartes. Incluso en Mxico, la Confederacin Patronal de la Repblica Mexicana (COPARMEX), ha demandado la elevacin del salario mnimo para fortalecer el mercado interno. Desde luego que la patronal no estar dispuesta a que los salarios recuperen su nivel histrico de 1976, pero s existen las condiciones econmicas y polticas para presionar por mejores salarios y estos es algo que los sindicalistas debemos aprovechar. Las propuestas de incrementar al doble la pensin de los adultos mayores, hacerla extensiva a nivel nacional y que incluya a los discapacitados, adems de crear becas para todos los jvenes, son medidas asistencialistas que pueden crearse de inmediato, otra cosa es saber si pueden sostenerse con los actuales ingresos del estado o se tendrn que cobrar mayores impuestos a las grandes fortunas. La derogacin de la reforma educativa, que no ha podido generalizarse por la heroica lucha de resistencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educacin, es un casi un hecho, no le cuesta nada y s le brinda enorme beneficio poltico entre el milln 300 mil integrantes del gremio magisterial. Como parte de la lucha en contra de la corrupcin y para desmantelar uno de los pilares bsicos de sistema de dominacin priista, es posible que Lpez Obrador intente construir una nueva relacin con la clase trabajadora basado en pactar con nuevos liderazgos sindicales y campesinos y no con el charrismo o los caciques del campo controlados por el PRI. Este punto es crucial para que la clase trabajadora pueda recuperar su democracia e independencia, este es el momento de que el sindicalismo y las centrales campesinas independientes, deberan iniciar una ofensiva para reagruparse y lanzar una ofensiva para recuperar las organizaciones que ahora estn bajo el control de gnsteres o de organizar a los millones de trabajadores que carecen de organizacin. Otro objetivo que puede cumplirse, este de mayor envergadura, es iniciar un proceso de pacificacin del pas. Esto podra resolverse terminando, abierta y tajantemente, con el contubernio del estado con las bandas criminales; cesando la proteccin militar al comercio y produccin de estupefacientes; regresado el ejrcito a los cuarteles; esclareciendo la desaparicin de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y legalizando el consumo de la marihuana. Es completamente cierto, y en esto coincidimos muchos agrupamientos de la izquierda anticapitalista, que existen muchas otras demandas que el nuevo gobierno de Lpez Obrador slo podr resolver si se atreve a enfrentar la voracidad de los patrones y apoyarse en la movilizacin social. Investigar, hasta sus ltimas consecuencias, las corruptelas de anteriores gobiernos; echar abajo la reforma energtica que privatiz la electricidad y el petrleo; cancelar la construccin del nuevo aeropuerto en el lago de Texcoco y otros megaproyectos que atentan contra el medio ambiente; realizar una auditora al deuda pblica y privada; convocar a un nuevo constituyente para derogar las reformas neoliberales en materia laboral, educativa, seguridad, etc., son algunas de ellas.

La mejor forma de darle fuerza a estas demandas, es hacindolas bandera de amplios movimientos sociales y no mediante estridentes gritos de pequeos grupos. Estamos ante un nuevo ciclo poltico que abre nuevos y trascendentales retos para la izquierda anticapitalista: ni la crtica ultraizquierdista ni el seguidismo hacia el nuevo gobierno son la alternativa. Debemos construir un polo de izquierda que, sin sectarismo, ofrezca una autentica propuesta alternativa de transicin democrtica y de ruptura con las polticas neoliberales. Finalmente considero que la izquierda anticapitalista debera estar contenta, y no amargada como le sucede a muchas personas y organizaciones, de que, por fin, el caduco y casi centenario rgimen de dominacin priista haya recibido este golpe mortal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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