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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2018

La banalizacin del sufrimiento

Jos Arturo Val del Olmo
Rebelin


Carlos dependa de la Renta de Garanta de Ingresos (RGI) para pagar la renta de alquiler y cuando se la quitaron, en marzo del ao pasado, estuvo a punto de ser desahuciado. La unidad de tramitacin de Txagorritxu haba pedido un informe de convivencia a la Ertzaintza porque Carlos acuda siempre acompaado de una mujer. Un ao despus, el juez determina que el informe policial, basado en declaraciones de vecinos, no probaba nada, y obliga a Lanbide a pagar todos los atrasos.

Mawa, Mohamed, y sus cuatro hijos, se vieron en la calle cuando Vitalquiler no quiso renovarles el contrato y el Juzgado decret, en febrero, su desahucio. Cuando la intervencin de Stop Desahucios consigui suspenderlo, el Ayuntamiento asign a la familia un tcnico, que les acompa durante ms de un mes para buscar un piso de alquiler privado, porque el ayuntamiento no crea a la familia, que llevaba meses intentndolo.

El establecimiento de rutinas en las administraciones est eliminando la subjetividad y la responsabilidad de los profesionales en la toma de decisiones. Puesto que aplican una norma del centro, o un protocolo, no tienen que pensar las razones de su proceder y sus consecuencias. El resultado de esta banalizacin del sufrimiento afecta a los ms desamparados, obligados a dar cuenta cada da de su propia pobreza.

El paro, la exclusin, o los desahucios, se utilizan por el poder poltico y econmico para desarrollar prcticas y discursos dirigidos al control de conductas y pensamientos de los afectados, para exculpar al capitalismo y al estado de toda responsabilidad, y justificar la imposibilidad de cambiar las cosas. Se hace a las personas responsables de su situacin y se les reprocha por ello. El solicitante de una prestacin, a la que tiene derecho, es vctima de una sociedad desigual que no es tenida en cuenta por los profesionales que le atienden, y hay, adems, un juicio moral previo de culpabilidad.

Se les obliga a llevar, una y otra vez, documentacin que ya obra en poder de la administracin, recorriendo siempre las mismas colas, en las mismas oficinas, para justificar que no se quiere estafar a la sociedad prestaciones claramente insuficientes. Se les investiga por recibir ayudas sociales, deben estar permanentemente localizados, pedir permiso para desplazarse, confesar a quien invitan a sus casas, o con quien duermen, si salen del pas o no, si se casan o se arrejuntan, o cualquier otra circunstancia que deslegitime la ayuda que estn cobrando. Asi, se consigue que controlen su propia subjetividad segn los criterios del poder, autocensurndose.

La persona intervenida es considerada desprovista de habilidades, actitudes, o aptitudes personales, para enfrentarse a la adversidad de su existencia, sin cuestionar las estructuras econmicas que generan la desigualdad y la expulsin del mercado de trabajo o de alquiler. Se inventan trminos como bsqueda activa de empleo, o itinerarios de insercin, que estn descontextualizados de la realidad social, y que consiguen que la persona se vea desautorizada y obligada a renunciar a su subjetividad. Las causas que han provocado cada historia no interesan, como si cada persona hubiera elegido su propia miseria. La formacin se vende como producto salvador, para reciclarse, para hacer el curriculum, para las entrevistas de trabajo, para mejorar su autoestima, para desarrollar la inteligencia emocional, cuando lo necesario es un empleo digno y una sociedad ms justa e igualitaria.

Como complemento, se hacen campaas peridicas presentando al sector benfico como actor necesario para responder a situaciones de emergencia y de pobreza. Se potencia as la desconfianza en los sistemas pblicos y en su papel corrector de desigualdades. La caridad y la beneficencia se aceptan como la nica posibilidad de salir del pozo, quebrando asi el principio democrtico de igualdad. Que ms de 18.000 personas dependan en Gasteiz, diariamente, de la caridad, para cuestiones bsicas, como pagar alquileres, vestirse, o alimentarse, o que mas de 9.000 menores vivan en hogares donde no ven cubiertas sus necesidades bsicas, se publicita como natural, exculpando al poder poltico, que alienta la divisin entre los que perciben prestaciones a las que tienen derecho y quienes trabajan en empleos precarios y mal pagados.

Al promover la superficialidad, y la supresin del pensamiento reflexivo, se banaliza la vida, y se entiende que sea mas fcil desintegrar un tomo que destruir un prejuicio, como deca Einstein, dado que todava hay quien sostiene la mentira de que cientos o miles de inmigrantes defraudan, o que se acepte el falso mito de que es posible conseguir un trabajo y una vida dignos, en base exclusivamente al esfuerzo personal, al margen de las condiciones reales de la sociedad.

Nos queda la esperanza, que como deca San Agustn, tiene dos hijas maravillosas; la ira ante las situaciones injustas, y la determinacin de luchar para cambiarlas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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