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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-07-2018

Prostitucin en Cuba: miradas de fondo desde los feminismos poscoloniales

Rosa Campoalegre
Cubaposible


La prostitucin ha generado histricamente profusos debates que recorren las familias, las polticas pblicas y las ciencias. Las rutas de estos debates muestran el conflicto entre concepciones polarizadas sobre: sexualidad y gneros, libertad y opresin, evidenciando mitos y realidades en las variantes de prostitucin, cuya evolucin va de la mano del desarrollo de la denominada industria sexual. Mltiples han sido las teoras, polmicas y estrategias de respuestas el fenmeno social en estudio. Sin embargo, esta vez se sugiere a las lectoras y los lectores una mirada poco usual, anclada desde los feminismos poscoloniales latinoamericanos y caribeos.

Se trata de un posicionamiento epistemolgico que permita de/construir enfoques, prcticas cotidianas e imaginarios sociales sobre el tema. Valdra cuestionarse por qu son precisamente estos feminismos el punto de partida en el anlisis. La respuesta a tal interrogante distingue la posicin contrahegemnica que los define como: Una metodologa revolucionaria para la despatriarcalizacin de la vida cotidiana hasta la letra. (Paredes, 2010:1).

El moderno sistema colonial de gnero profundiza los vnculos entre el patriarcado como cultura de la dominacin y la prostitucin, que es una pieza clave en el mantenimiento de esa opresin. Luchar contra el patriarcado es replantear el enfoque y colocar a la prostitucin de manera diferente en la agenda nacional de justica social.

Se asumen los feminismos poscoloniales en su doble aspecto al constituir simultneamente un lugar de enunciacin y un campo de accin, ms bien campo de batalla, desde el paradigma emancipatorio de la Epistemologa del Sur (De Sosa, 2011) , cuya exigencia distintiva es reinventarnos y, con ello, transformar nuestras prcticas y as mismos/as.

Aqu el Sur es visto ms all de lo geopoltico para multiplicarse simblicamente en escenarios de sufrimientos, opresiones y resistencias, conformando la diversidad de sures que habitan desde el espacio local al global -con sus marcadas diferencias y conexiones- de las que Cuba hace parte. Advierta que el fenmeno de la prostitucin y en particular las personas que la ejercen, tambin integran un sur, en el Sur.

De ese modo, el debate es instalado tomando en consideracin las siguientes interrogantes: es la prostitucin lo que habitualmente se define como tal?; Qu tendencias caracterizan su afrontamiento?; Cmo se encuentran y desencuentran eufemismos y emergencias, hegemonas y resistencias en este tema?; Cules son las nuevas alternativas emergentes? La invitacin es a narrar la historia desde otro lugar: hacia alternativas de cambio.

Violencia o trabajo: realidades, discursos y cuerpos en tensin

El debate feminista acerca de la prostitucin refleja un planteamiento dicotmico asentado en los polos violencia y trabajo (Morcillo, 2014). En torno a qu es prostitucin, giran puntos de vistas muy diversos, que generan tensiones ilustrativas de nudos de disensos hasta el conflicto: es la prostitucin compra y venta de placer o de personas? Placer: para quin y para qu? Es trabajo sexual o esclavitud? Es delito o conducta antisocial /peligrosa?

Enmascarada bajo servicios sexuales, en realidad, la prostitucin compra y vende personas. No obstante, el trmino de trabajo tiene la intencin de dignificar. Sin embargo, lejos de hacerlo crea eufemismos que generan ms patriarcado en el imaginario social, silencia las violencias tpicas de la prostitucin, refuerza mitos y prejuicios en torno a ella, y naturaliza esa forma de explotacin mediante ropajes protectores a travs de reglamentaciones. De igual modo, considerar que la prostitucin es trabajo sexual, limita sensiblemente las bases de la ciudadana, pues legitima la existencia de ciudadanos/as de segunda clase al valorar como mercanca a los cuerpos, a la sexualidad y a los derechos asociados. Pueden existir derechos y garantas erigidas sobre tal desequilibrio del poder?

Al respecto, destaca el punto de vista de Kaisa Ekis Ekman (2014:47), quien alerta:

Para m la prostitucin nunca va a ser un trabajo como cualquier otro, no solamente porque las cifras demuestran que dentro de la prostitucin se halla tambin la violencia sino porque en las prostitutas la tasa de mortalidad es 40 veces ms alta que entre las mujeres fuera de la prostitucin y estas cifras no existen para ningn trabajo.

Ante esta polmica en busca de abandonar el etiquetamiento social ha surgido el trmino de personas en condicin de prostitucin. Ello se proyecta al reconocimiento de la condicin de vctimas, pero subyace la limitacin de volver a colocar la discusin en las personas que las ejercen y al presentarlas como vulnerables, las revictimiza. Al unsono el vocablo condicin sugiere cierto estatus de atrapamiento atemporal, indefinido, incidente en la visin proactiva del tema.

Sostenemos la tesis contrahegemnica que define la prostitucin como un proceso complejo de violencia de gnero agravada, sustentado en relaciones glocales1 de explotacin. Tras eufemismos y castigos, la prostitucin es, en esencia, colonialidad de gnero, invisibilizada y en re-victimizacin.

Asumiendo esta colonialidad en calidad de opresin de gnero racializada, segn ilustran destacadas feministas latinoamericanas como Mara Lugones (2010), Rita Segato (2011) y Karina Bidaseca (2016). El aporte de los feminismos poscoloniales es demostrar que las mujeres y otras vctimas de la prostitucin habitan mltiples opresiones, que han de encontrar diversidad de voces y caminos ante el temor de la sociedad por personas fuera de la norma sexual establecida a tenor de la cultura patriarcal.

Entender que la prostitucin es un proceso, revela fases principales, ellas son:

Ideacin: caracterizadas por la formacin de motivos hasta la toma de decisinde los/as sujetos para iniciar el proceso deprostitucin.

Iniciacin: integran las primeras experiencias de participacin en actividadesde prostitucin en una o varias modalidades, presenciales o virtuales.

Eventual: participacin inestable, discontinua, asicrnica en el ejercicio de la prostitucin, que comparte con otras actividades vitales de carcter laboral, estudiantil o decuidados.

Meseta: participacin estable en la prostitucin, constituida en estilo de vida y articulada con actividades delictivas.

Agravacin: la prostitucin como estilo de vida y la participacin activa, diversificada y sostenida en actividades delictivas de carcter trasnacional.

Los resultados de investigaciones cientficas y estudios socioperativos muestran que en el pas la tendencia de la prostitucin es a concentrase en las fases eventual y de meseta2 . Al unsono se desdibujan los perfiles tradicionales, mediante el rejuvenecimiento de la iniciacin y el ensachamiento hacia la adultez en correspondencia con el acelerado proceso de envejecimiento poblacional, lo cual propicia el surgimiento de nuevas formas de prostitucin y de asociacin con delitos conexos.

Ello demuestra, en el plano sociolgico, que no estamos ante un fenmeno marginal, sino estructural. Se conforma un grupo social especfico capaz de reproducirse como componente de la estructura social cubana. Las personas que ejercen la prostitucin son vctimas de la reproduccin social e intergeneracional de procesos de desigualdad social y dominacin.

Viajando a la semilla hasta llegar a hoy

Para avanzar sobre este tema proponemos un dilogo imaginario con Alejo Carpentier, un viaje a la semilla, que revela los orgenes de la prostitucin en el colonialismo y su afianzamiento poltico institucional en la repblica neocolonial. Tras el desmontaje programtico de la prostitucin (a partir de 1959), con el triunfo de la Revolucin cubana, fueron transformadas las principales causas objetivas de este fenmeno.

En 1962 se realiza en el pas un censo que registra 6,000 prostitutas y comienza la toma de medidas: surgen as las escuelas de rehabilitacin. La solucin entonces fue socioeducativa, no penal. Como resultado fueron reducidas sustancialmente estas actividades a lmites evaluados como indicativos de erradicacin.

Pero problemas sociales tan complejos, encuentran variadas formas de perpetuarse. La peculiar coyuntura de crisis de la sociedad cubana en los 90, que en determinadas aristas an se aprecia, gener condiciones favorables a la reanimacin de la prostitucin. Si bien determinados anlisis tienden a privilegiar los factores econmicos asociados a la crisis y a la incidencia del turismo, tienen influencia ms activa los factores ideolgicos que sustentan la prostitucin. El turismo no solo implica una amenaza, es tambin es una oportunidad, para avanzar en mejores prcticas de atencin a la prostitucin.

El deterioro de valores bajo el impacto de la crisis econmica de los 90, sirve de catalizador para el aumento de la prostitucin en la sociedad cubana hasta la actualidad. Los imaginaros sociales han transitado del rechazo histrico a la prostitucin en el pas, en calidad de tendencia predominante, a percepciones de tolerancia social y familiar. El fenmeno se renueva como una de las estrategias familiares de vida para el afrontamiento de la crisis y sus impactos (Campoalegre, 2013). Tambin representa un canal de movilidad social a fin de intentar insertarse en el escenario global. Este cambio legitima, naturaliza y hasta en determinadas ocasiones erige a la prostitucin como experiencia vital exitosa y alterativa migratoria eficaz. La conexin entre trata de personas y prostitucin, a escala nacional y global, refuta ese mito que es preciso informar para desmitificar y poder prevenir tales conductas.

En consecuencia, ya no se trata de enfrentar fijando el punto de mira en las actividades o en las personas que la ejercen, hay que trascender a lo esencial. En este campo, hay dismiles causas a atender como sociedad. Se conforma un nuevo contexto explicativo del fenmeno, para el cual resultan indispensables nuevas estrategias y mayor articulacin.

La diversificacin de las formas de propiedad, la complejizacin de la economa y la sociedad cubana, dilatan las trayectorias individuales y grupales de la prostitucin, confirmando la tendencia mundial referida a la evolucin de sus formas hacia modos ms sutiles de actuacin y nuevos mtodos de organizacin.

Cuba se atiene al enfoque abolicionista de la prostitucin y toma como base la prevencin articulada con mecanismos de participacin social desde las comunidades. En este enfoque subyace el paradigma martiano de sociabilidad: En prever est todo el arte de salvar (Mart, 1893:397).

Lo decisivo es comprender la necesidad de repensar las estrategias tradicionales de prevencin. Tales estrategias estn centradas en la mujer y en el riesgo. Al focalizar en la mujer se refuerza la cultura patriarcal, con una visin homognea y binaria de ser mujer, a contrapelo de la diversidad, as se profundiza las desigualdades sociales. Mientras jerarquizar el riesgo promueve criminalizacin. Aunque se sanciona penalmente de forma severa el proxenetismo y la trata de personas, en la prctica prostitutos/as, son privados de libertad en virtud del estado peligroso.

Bajo estos presupuestos la prostitucin es encarada en el Cdigo Penal como conducta antisocial, situacin que retrotrae a la doctrina de la peligrosidad social ampliamente superada por el Derecho. Estas personas pueden ser aseguradas mediante medidas pre delictivas con internamiento de uno a cuatro aos. Sin embargo, no debemos criminalizar esas conductas, ni asociarlas a la justicia penal, todo lo contrario: el eje estructurador del cambio consiste en asumirlas lo ms lejos posible del sistema de justicia penal.

En la prctica, actores sociales priorizan la prostitucin femenina, olvidando un principio esencial: Para cambiar la condicin de la mujer-seala Mariela Castro- hay que cambiar la condicin del hombre, porque el gnero es una categora relacional (2014,1).

Equidistante, la prostitucin masculina o trans adquiere menos visibilidad, se construye de manera diferente desde el punto simblico y recibe un discreto tratamiento en los sistemas operativos de enfrentamiento policial. No es casual, que en la dcada del 90 surgen el centro de recepcin, clasificacin y procesamiento penal de prostitutas y los centros de rehabilitacin para prostitutas (actualmente extendidos a todas las provincias del pas para el cumplimiento de medidas pre delictivas con internamiento), sin que se cuente con instituciones similares destinadas a los hombres. Esta prctica institucional tributa a la criminalizacin y a la revictimizacin de la prostitucin femenina en particular, lo cual no ha implicado una reduccin sustancial y sostenible del fenmeno, demostrando la necesidad de otras respuestas.

No hay argumentos que logren sustentar la peligrosidad social de las personas que ejercen la prostitucin, como rasgo constitutivo esencial del delito; en paralelo a la anti-socialidad se esfuma al carecer de una definicin y basamentos especficos. Aunque los rganos especializados aluden a la conexin con delitos graves vinculados a las drogas, el proxenetismo, la trata de personas, el homicidio y el asesinato fbico por razones de gnero, cada quien debe ser juzgado por los delitos que comete y no por los que presumiblemente pueda cometer.

Ante este panorama, sugerimos una senda de/construccin del enfoque sobre el tema, en correspondencia con el contexto de cambios de una sociedad, cuyo modelo econmico y social, se ha definido en actualizacin. La diversidad de actores econmicos caracterizada por el predominio de la propiedad estatal socialista y la reanimacin del sector privado, la inversin extrajera, las cooperativas no agropecuarias, las nuevas formas de gestin, han hecho surgir nuevos escenarios -causales, motivacin y actores- en este fenmeno que sustentan los desafos ante las polticas pblicas. A ello se aade la recomposicin de la estructura social cubana con un aumento de las desigualdades y la polarizacin del mapa familiar. Es presumible la estabilidad perspectiva del fenmeno de la prostitucin, dada la capacidad de seguir reproducindose y amplindose.

En tales circunstancias, la prostitucin presenta mayor vulnerabilidad para las mujeres que la ejercen debido al aumento de la competitividad, la dependencia de los/as intermediarios/as, la movilidad geogrfica y el mayor hostigamiento operativo, actores que reducen la influencia de las redes sociales de apoyo. Mientras las desigualdades profundizan la reestratificacin interna de este grupo generando mayor desequilibrio de poder y, por consiguiente, el aumento de las violencias hacia estas personas y desde ellas mismas.

En busca de un cierre, cabe destacar la multiplicidad de desafos en tensin, que se erigen desde los mbitos epistmico, econmico, socioestructural y poltico. Baste delinear a la mayor brevedad los principales retos en materia de poltica pblica:

Atender y no enfrentar, formando capacidades en el tema es la estrategia clave: no criminalizar, estableciendo la mayor distancia funcional con el sistema de justicia penal. No son polticas penales las que necesitamos, sino polticas de cuidado.3 El nuevo paradigma de cuidados implica la articulacin de polticas distribucin y de reconocimiento de manera intersectorial, con empoderamiento femenino y familiar.

La prostitucin es un proceso plural marcado por la diversidad, por lo cual debe atenderse desde la interseccionalidad, (Segato,2011; Bidaseca, 2016), redescubriendo las diferencias resultantes del entrecruzamiento de gnero, generacin, color de la piel, clase y territorio, a fin de explicar cmo se reproducen histricamente las desigualdades sociales.

Prostituirse no es una vida fcil: es uno de los principales dramas humanos de todos los tiempos. La lucha de y por los cuerpos como territorio oprimido constituye un fundamento bsico para la atencin a la prostitucin.

El imperativo es la identificacin y el acompaamiento social de nuevas voces. Promover las narrativas protagnicas de estas para reconstruir las historias de opresin e impactar los imaginarios sociales con fines preventivos. No invisibilizar bajo eufemismos o el excesivo control de informacin, no al silencio y a la distancia con respecto a las personasque ejercen la prostitucin.

Frente a la prostitucin existen antdotos eficaces, como la informacin, la educacin en valores y el empoderamiento de las familias -en calidad de proceso en el que se amplan las condiciones para el despliegue de sus funciones sociales-; en fin, todo un continuo que tribute al empoderamiento real de las personas. Deconstruir desde los feminismos poscoloniales, prcticas e imaginarios sociales acerca de la prostitucin en Cuba, conducir a nuevas miradas estratgicas. En polticas pblicas se abre el reto de qu hacer para no ser: la fugitiva, la que rompi las puertas de la casa vivienda y cogi el monte.4

Notas

1Se refiere a la articulacin de los escenarios globales y locales.

2Vese la mesa de posicionamiento sobre prostitucin celebrada en el II Simposio Internacional Violencia de Gnero, prostitucin,turismo sexual y trata de personas,la Habana 27 al 31 de enero del 2017.

3Es entendido como acciones intencionadas para generar bienestar, procurando satisfacer necesidades fsicas y emocionales que permitan estar y sentirse bien. El cuidado tiene como centro de su actuar el inters y la preocupacin por los dems (Campoalegre, et. al., 2016).

4De la autora de la destacada poetiza afrocubana Georgina Herrera.

Referencias

Bidaseca, K. Genealogas crticas de la colonialidad en Amrica Latina, frica, Oriente. Buenos Aires: CLACSO/UNSAM; 2016.

Campoalegre R., Chavez E., Manreza Y., Samn Quiala M. et al. Aprender sobre familias. La Habana: Editorial CENESEX; 2016.

Campoalegre R. Familias cubanas en transicin. Caudales. [CD-ROM]La Habana: Centro de Investigaciones Psicolgicas y Sociolgicas; 2013.

Castro, M. (2014).Discurso pronunciado durante la VII sesin del Grupo de trabajo de composicin abierta de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre las metas del desarrollo sostenible. New York 6 de febrero de 2014.

De Sousa, B. Epistemologa del Sur. Buenos Aires: Siglo XXI editores; 2009.

Ekis Ekman KIntervencin en la mesa redonda internacional sobre prostitucin.

Sexologa y Sociedad 2014; 52:46-49.

La Habana Lugones, M. Hacia un feminismo descolonial. Hypatia, 2010; 25 (4):105-117.

Mart Jos. La leccin de un Viaje. Obras Completas. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. V (5); 1975.

Morcillo, Santiago Como trabajo. En Sexualidad, Salud y Sociedad. Rvista latinoamericana. 2014; 18: 12-40.

Paredes, J. Hilando fino desde el feminismo comunitario. La Paz: Moreno Artes Grficas; 2010.

Segato, R. Gnero y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratgico descolonial; 2010. Disponible en http://seminariovirtual.clacso.org.ar/

Fuente: http://cubaposible.com/prostitucion-cuba-miradas-fondo-desde-los-feminismos-poscoloniales/



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