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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2005

Division internacional de la explotacion

Carlos X. Blanco
Rebelin


Toda formacin social que participa del curso de la historia, que accede a ella por el contacto comercial, blico o de otra ndole- con otras, ve decir, culturas que constituyen su alteridad, se define como una totalidad compleja de grupos diferenciados y con relaciones sociales internas asimtricas desde el punto de vista lgico, explotadoras desde el punto de vista econmico: relaciones de dominacin poltica, en definitiva. Aunque la dominacin antigua no era estrictamente capitalista, all se pueden ver bosquejos de la explotacin econmica del trabajo, bien libre bien esclavo. As como el terrateniente o el mismo estado exhibieron comportamientos comerciales o empresariales se ha visto en la historia que, dada la poca concentracin de trabajo humano cristalizado en tiles, mquinas y herramientas, la forma pura de explotacin era no obstante bien escasa. Y lo mismo se traslada al periodo del feudalismo o a cualquier otro modo de produccin no capitalista (por ms que episdicamente haya comportamientos y estructuras capitalistas envueltos y coordinados por otras formas de dominacin). El capitalismo, frente a muchos vestigios de dominacin y divisin sociales (que, en su condicin de vestigios, suelen tener un estatuto jurdico, ms o menos sancionado por la vida poltica) tiende a introducir una enrgica simplificacin en las relaciones sociales. En el caso ms simple, dejando al lado grupos sociales intermedios, la dualizacin de clases es la situacin que marca la interna conflictividad de esa formacin social que puede estar, a la vez, en conflicto externo, y contacto comercial-cultural, con otras culturas ajenas.

De una manera u otra, esa dualizacin se refleja en la organizacin del territorio. La oposicin entre centros urbanos y campos de cultivo y ganadera, es tan antigua como la civilizacin misma. Los centros urbanos se forman en calidad de polos de concentracin de excedentes, as como ncleos de concentracin de los sectores parasitarios de la sociedad: dominadores directos, entre los cuales cabe incluir la casta sacerdotal-funcionaria, y dems lacayos a su servicio. El capitalismo en este sentido ha heredado la muy vieja dualidad centro-periferia, pues la urbanizacin y la administracin burocrtica estatal son precondiciones para que este modo de produccin se implantara. Slo con el consentimiento y solidaridad de los viejos poderes puede el capital recortar de manera simplificadora las instituciones y viejos modos de relacin que se le oponen. La acumulacin originaria, y la aparicin de capas sociales con capacidad inversora en los procesos productivos dependen de la milenaria tradicin de expolio de excedentes de la vida campesina, de la afluencia de los mseros del campo a las grandes urbes para constituir un ejrcito laboral de reserva, y de una diferenciacin territorial en torno a estndares de riqueza para as ejercer y justificar la dominacin desde la capital y toda la red de capitales provincianas administradoras.

El modo de produccin mundial actual se puede definir como una verdadera exacerbacin de este proceso de explotacin del hombre sobre el hombre por medio de la desigual distribucin de bienes y servicios entre comarcas, pases y continentes, la cual no es sino la consecuencia de la muy deliberada y consciente produccin de subdesarrollo (en trminos de A. Gunder Frank), que convierte y debilita a los pases y zonas de la periferia en inmensas fincas de monocultivo a disposicin de los grupos capitalistas de accin transnacional, con la consiguiente destruccin de la sociedad civil (incluida su dbil clase media) y soberana en la mayor parte del planeta, que no adquiere posiciones centrales.

El modo capitalista de produccin mundial es un modo que no ejerce homogneamente su dominio a lo largo del planeta, pues precisamente la nueva fase de capitalismo financiero y tecnolgico precisa de enormes centros urbanos desde los cuales distribuir la produccin (que la informtica y la compactacin del trabajo en unidades discretas y modulares permiten) a lo largo de todo el planeta. Esos grandes centros urbanos son mercados de valores y cuarteles generales de la gestin y produccin, aun cuando la aplicacin concreta de las rdenes y emisiones se tenga que realizar en las antpodas. En torno a los grandes centros de decisin en el llamado primer mundo hay regiones y pases enteros densamente poblados, intercomunicados y urbanizados, que dependen cada vez ms ampliamente de la economa de los servicios, y cada vez menos de los sectores primarios y secundarios, pues la divisin internacional del trabajo en dichos sectores, hace ya tiempo que ha elegido territorios alejados donde la mano de obra est ms barata, y otras rigideces legislativas, impositivas, sindicales, etc. se encuentren ausentes.

El primer mundo, entonces, por ms que conserve importantes islotes que se puedan llamar todava productivos (agricultura intensiva de pases templados, industria pesada, minera, etc.), cada vez bascula en mayor medida hacia la constante y progresiva elaboracin de servicios, que de forma muy bizarra en ocasiones, acaba desvirtuando cualquier clsica concepcin del hombre y de sus necesidades. Pues stas se inventan por doquier cada da, se ofrecen al mercado, y crean los consumidores que pedirn stas en mayor nmero, con mayor calidad o complicacin, y a su vez, se ampla la base para la nueva inventiva de necesidades.

La pattica (y nunca neutral ni bienintencionada) doctrina de la civilizacin del ocio slo posea una validez representativa en esos sectores poblacionales del primer mundo opulento, en los cuales un declive incesante de la produccin industrial, aadido al fin sociolgico (que no mercantil) de la agricultura de los pases del centro, fue el catecismo ideolgico de la reconversin y encarcelamiento de las clases obreras de la zona. La civilizacin del ocio era la otra cara de la moneda de un proceso de soborno de clase obrera opulenta, para que los capitales emigraran al segundo y tercer mundos, donde las exigencias de su poblacin, o su capacidad de resistencia, fueran menores. El capital es, en lo fundamental, una relacin social y el proceso histrico de transformacin de esta relacin social hubo de consistir (y todava lo estamos viendo) en una paulatina y constante divisin internacional del trabajo, por manera que en el centro la llegada inmensa de plusvala obtenida ahora de una lejana periferia cree una red social que soporte el desempleo y jubilacin, unos estndares altos de vida y una suplementaria produccin de plusvala. Esta produccin de plusvala ha de ser rpida en sus rotaciones, ligera en infraestructuras, intensa en capital intelectual en el mbito de la ocupacin y produccin de servicios (ocio, cultura, asistencia, ertica, etc.).

Hoy, ms que nunca, el estudio econmico-social de una formacin histricamente dada, por ejemplo, a escala nacional, requiere adems de una consideracin de las relaciones internacionales, pues el origen y los trayectos de la produccin del plusvalor se suelen encontrar en puntos muy alejados del globo, sobrepasando toda clase de fronteras, fsicas y polticas. La formacin social a escala nacional es un todo que comprende orgnicamente a las diversas subramas o sectores de la economa, amn de clases sociales y fracciones muy heterogneas. Pero en todo caso, cada totalidad es comprendida a la luz de un todo de orden superior que viene configurado ya en nuestro siglo a una escala planetaria. Slo as seguiremos fieles al mtodo dialctico que parte del todo, y a la vez se conoce lo concreto, y que sabe que las categoras del capitalismo, son ellas mismas totalizadoras.

El capital es, pues, ante todo, una relacin social global, a escala de toda la sociedad. El empirismo estudia el capital a partir de los fenmenos inmediatos: el equipo es el que se cristaliza, las unidades de produccin concretas donde este equipo se instala. La costumbre de la economa convencional de partir de la microeconoma refleja simplemente su incapacidad para comprender que el todo es superior a la suma de las partes. Marx parte del todo[1]

La relacin social que damos en llamar Capital ha ido ganando en su poder totalizador, a saber, destructivo de cuantas relaciones sociales le impiden su imposicin y ampliacin. Todo vestigio de relacin social que se ha mostrado compatible con esta categora, se ha visto forzado cuando menos a una subordinacin y transformacin interna para lograr su feliz acomodo al nuevo marco global de relaciones capitalistas. El proceso ha sido imparable desde que el capital financiero de finales del s. XIX utilizara el marco poltico-militar del colonialismo para un mayor abaratamiento de las materias primas, de la fuerza de trabajo, y el transporte, entre otros factores. La antigua forma, poltica y militar, de dominacin de unas naciones sobre otras, por la va del estado imperialista soportador de grupos financieros, se fue transformando en un pequeo mosaico imperios financieros per se que cada vez subordinan con mayor xito, no ya a los estados de la periferia sino a sus antiguos soportes jurdicos, administrativos y militares: los estados de la metrpoli capitalista e imperialista, cuya funcin se va reduciendo a la de mero auxiliar, exentos de soberana y autonoma poltica, al servicio descarado de estas potencias privadas, pero no menos agresivas, expansionistas y repletas de poder.



[1] Samir Amin: Imperialismo y desarrollo desigual, Fontanella, Barcelona, 1976. Pgina 65.



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