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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2018

Cmo romper la trampa de la pobreza

Jos Natanson
Le Monde Diplomatique


Simplificando apenas, la sociologa de la desigualdad distingue dos maneras de analizar la movilidad social en las sociedades modernas. La primera, la movilidad estructural, refiere al tamao de las distintas clases o sectores sociales, que cambian a lo largo del tiempo, se complejizan y a veces se polarizan.

La segunda forma de enfocar el tema no alude al tamao relativo de cada estrato sino a la movilidad entre generaciones, es decir a las mayores o menores posibilidades que tiene una persona que naci en una cierta posicin social de pasar a otra. Sucede que, como el color de ojos y los departamentos, la ubicacin en la estructura social se transfiere de padres a hijos, a travs de la herencia patrimonial pero tambin de la educacin, el capital relacional e incluso el lugar de nacimiento. Esta transmisin intergeneracional de las oportunidades distingue a ciertos pases y algunos perodos histricos en los cuales la fluidez social, las chances de migrar de una clase a otra, es ms alta, frente a sociedades ms rgidas, donde la posicin de origen determina fatalmente la de destino.

Desde la consolidacin nacional en 1880 hasta los aos 30, empujada por el boom agroexportador y una incipiente industrializacin, Argentina registr una expansin de las clases medias y trabajadoras urbanas y, sobre todo, una intensa movilidad ascendente, de la que la inmigracin europea fue causa y consecuencia. Superada la crisis mundial, la economa logr recrear las bases del progreso social, aunque en esta etapa se centr en la mejora de las condiciones de vida de los sectores postergados ms que en los ascensos de clase. Con altibajos, esta evolucin positiva, analizada en los estudios pioneros de Gino Germani (1), se verific durante toda la etapa de industrializacin sustitutiva, con momentos especialmente virtuosos durante el primer peronismo, el frondizismo y los ltimos aos de la dcada del 60. El declive comenz cuando la crisis del petrleo de comienzos de los 70 se conjug con el agotamiento del modelo estadocntrico y la voluntad poltica de disciplinar a los sindicatos expresada en el Rodrigazo, el primer ajuste de shock de nuestra historia (ntese que, contra lo que suele recordar la memoria siempre parcial de la izquierda peronista, el giro ortodoxo no comenz con Martnez de Hoz sino durante el gobierno de Isabel, del mismo modo que la represin ilegal no se inici con Videla sino con la Triple A). El resto de la historia es conocido: el proto-neoliberalismo de la dictadura se perfeccion durante el menemismo, conformando un ciclo largo de ajuste estructural cuyas consecuencias sociales, descriptas por Susana Torrado (2), se hicieron visibles en la crisis del 2001, a lo que le sigui un proceso de recuperacin sorprendente, pero heterogneo y agotado en 2010, liderado por el kirchnerismo.

Qu ocurre con la movilidad social hoy? La encuesta nacional sobre la estructura social, una ambiciosa investigacin coordinada por 50 unidades acadmicas de ciencias sociales de distintos puntos del pas, sugiere algunas conclusiones (3).

La primera es que la sociedad argentina es una sociedad bastante rgida. Esto es as en todos los sectores pero especialmente en los extremos: las clases altas y medias-altas (empresarios, profesionales, directivos) y las clases bajas (obreros no calificados y trabajadores rurales) son las que tienen ms probabilidades de pasar toda su vida en una misma posicin social, definiendo una cristalizacin de la cima (hoy verificable en casi todos los pases) y, lo que resulta ms negativo, de la base de la pirmide (hay algo ms de movilidad en los tramos medios, entre empleados del sector servicios, obreros calificados y pequeos comerciantes, que pueden pasar de alguna de estas categoras a la otra y, en ocasiones, convertirse en profesionales o empresarios).

Pero lo ms grave es que esta rigidez es ms marcada entre los jvenes, lo que significa que las nuevas generaciones tienen menos posibilidades de saltar de clase que las ms viejas. Aunque puede que parte de esta dificultad se explique porque los jvenes todava no alcanzaron su madurez ocupacional, la razn principal es la falta de oportunidades. En otras palabras, hoy un joven tiene menos chances de romper la determinacin de su origen que sus padres, sobre todo si naci en el seno de una familia pobre.

No hace falta una profunda inmersin antropolgica en el tercer cordn del Conurbano para inferir que aqu puede encontrarse parte de la explicacin de algunos de los dramas sociales que enfrenta nuestro pas. Construida a travs de la comprobacin cotidiana de familiares, amigos y vecinos, la sensacin, que no es una conclusin cientfica sino una intuicin profunda, de que el futuro no podr ser mejor que el presente est en la base de problemas como la inseguridad, las adicciones, las conductas nihilistas o desesperadas e incluso decisiones de vida como el embarazo temprano (la maternidad como el nico proyecto posible para las jvenes de los sectores populares a las que el mercado de trabajo no les ofrece ms oportunidades que el servicio domstico).

Cmo romper esta condena de clase? El principal condicionante para el ascenso social es la educacin, por lo que la primera estrategia es construir escuelas y universidades pblicas de calidad y, en un paso ms, facilitar el acceso de los jvenes de los sectores ms postergados mediante polticas de accin afirmativa o discriminacin positiva (el Estado selecciona una serie de poblaciones que considera discriminadas, definidas en funcin del color de piel, el origen tnico, el lugar de residencia o el nivel de ingresos, y las prioriza estableciendo cupos). Este tipo de disposiciones nacieron en los pases en los que la discriminacin es una herencia histrica de los sistemas de castas o esclavistas, como India, que reserva espacios para los ciudadanos pertenecientes a la casta de los intocables, Estados Unidos, que desde 1968 estableci cuotas para facilitar el ingreso de los negros y los indgenas a las universidades, y Brasil, donde el gobierno de Lula produjo una revolucin de la educacin superior con cupos para los estudiantes negros, indgenas y provenientes de las secundarias pblicas.

Pero la educacin no es suficiente. La desigualdad no es un impulso de una sola vez sino una serie de capas viscosas y discretas que se superponen una sobre otra. La encuesta demuestra que los jvenes de los sectores populares que logran terminar el secundario e incluso obtener un ttulo terciario o universitario enfrentan otros obstculos. Ocurre que a medida que aumentan los aos de escolaridad la competencia en el mercado de trabajo se abre a jvenes provenientes de estratos ms altos, que disponen de otras ventajas. La ms habitual: una familia capaz de sostenerlo mientras acepta pasantas y trabajos que implican resignar ingresos al comienzo de su carrera para adquirir la experiencia y los contactos necesarios para progresar despus. Las becas, como las becas Prouni creadas por el PT en Brasil y el plan Progresar argentino, apuntan a compensar esta asimetra.

Tampoco es suficiente. El territorio integra y contiene, pero tambin discrimina. El hecho de que los jvenes pobres vivan lejos de los centros de excelencia educativa, con todo lo que implica en trminos de tiempos y gastos de transporte, constituye un muro macizo, dificilsimo de sortear. Las universidades del Conurbano, una de las polticas ms progresistas lanzadas desde la recuperacin de la democracia, supusieron un gran avance en este sentido, fortalecido ltimamente por la decisin de muchas de ellas de crear colegios secundarios universitarios estilo Nacional Buenos Aires. Segn la Coneau, el 75 por ciento de los ingresantes a la Universidad Nacional de La Matanza son primera generacin universitaria (4).

Pero incluso si el Estado logra la hazaa de garantizar educacin de calidad para los chicos ms pobres, la pone a su alcance y los apoya para que terminen sus estudios, la realidad impone otras barreras, por ejemplo relacionales, en la forma de las redes de conocidos imprescindibles para insertarse en los difciles mundos profesionales. Y, aunque menos visibles, tambin aparecen barreras simblicas: sucede que a la hora de decidir el mercado de trabajo reproduce las desigualdades sociales, discrimina; no slo considera el nivel educativo sino que registra el color de piel, el lugar de residencia, el modo de hablar, hasta la ropa.

Este nudo es aun ms cerrado, y desatarlo no involucra un problema de educacin sino de economa, de sector pblico y privado, de Estado y mercado. Desde fines de los 60, Estados Unidos aplica programas de cupos para la contratacin de negros e indgenas en la administracin federal (resulta interesante comprobar que, en un pas ultraliberal con un rechazo casi gentico al intervencionismo estatal, la disposicin rige tambin para los grandes contratistas privados del Estado). Aunque pensadas originalmente para grupos raciales o tnicos, este tipo de polticas, replicadas en otros pases, se han ido ampliando para beneficiar a jvenes de bajos ingresos, mujeres e incluso a personas provenientes de ciertas regiones: tras la reunificacin, Alemania se dio una agresiva estrategia orientada a reequilibrar las diferencias Este-Oeste a travs de una serie de medidas que buscaban beneficiar a los ciudadanos nacidos en la parte comunista, por ejemplo mediante desgravaciones impositivas a las empresas que contrataran personal de Berln Oriental.

Por supuesto, se trata de programas complejos que a medida en que se desarrollan van enfrentando diversos obstculos. En primer lugar, la resistencia de los sectores ms conservadores, que suelen accionar judicialmente para bloquearlos (en Estados Unidos y Brasil las cortes federales fallaron sistemticamente en contra de las objeciones). Pero el principal problema no es poltico, pues una vez lanzadas este tipo de medidas suelen alcanzar un alto consenso social, sino de implementacin: la definicin del criterio racial, por ejemplo, puede generar injusticias ocasionales, como mostr la famosa nota de la revista brasilera Veja acerca de dos gemelos que fueron considerados de diferente manera a la hora de aplicar para el ingreso a la universidad (uno fue catalogado como mestizo y el otro como blanco). Del mismo modo, las polticas de incentivos al sector privado para que priorice a los grupos desfavorecidos enfrenta dilemas adicionales: si se trata de fomentar la contratacin de jvenes pobres mediante exenciones impositivas, hay que incentivar a las pymes de baja productividad, que obviamente requieren ms asistencia, o a las multinacionales hipertecnificadas, donde las posibilidades de ascenso, de marcar realmente un quiebre en la vida de un chico nacido en una villa son mucho mayores?

Concluyamos. La encuesta nacional sobre la estructura social confirma que el pas de nuestros abuelos comenz a morir con el Rodrigazo y que la sociedad argentina hoy no slo es desigual sino tambin rgida. Como sealamos en otra oportunidad (5), la bsqueda de justicia social supone en primer lugar un Estado activo que promueva la movilidad estructural, es decir que reduzca las inequidades mediante una enrgica redistribucin del ingreso. Pero como vivimos en la Argentina del siglo XXI y no en la Suecia socialdemcrata de la posguerra creemos que, sin resignar este objetivo fundamental, existen una serie de polticas orientadas a impulsar la movilidad social ascendente que podran contribuir a romper la trampa de la pobreza. Consultado para este editorial, el ex funcionario del PT Aloizio Mercadante, responsable de implementar la segunda fase de la reforma educativa en Brasil, lo resumi de esta manera. La discriminacin positiva no es una solucin permanente. Se trata de crear oportunidades para que los negros, los indgenas y los pobres accedan a una vida mejor. Lo ideal es una sociedad sin discriminaciones. Pero hasta que eso llegue este tipo de polticas permite ir corrigiendo las desigualdades y, en el camino, fortaleciendo la diversidad, la convivencia y el sentido de justicia.

Notas:

1. Estructura social de la Argentina: anlisis estadstico, Ediciones Solar, 1987.

2. Susana Torrado, La herencia del ajuste. Cambios en la sociedad y la familia , Capital Intelectual, 2004.

3. Pablo Dalle, Jorge Ral Jorrat y Manuel Riveiro, Movilidad social intergeneracional, en Juan Ignacio Piovani y Agustn Salvia, La Argentina en el siglo XXI. Cmo somos, vivimos y convivimos en una sociedad desigual , Siglo XXI, 2018.

4. http://www.coneau.gov.ar/archivos/libros_evaluacion_externa/66_UNLaMatanza.pdf

5. Ver editorial de Le Monde diplomatique , edicin Cono Sur, N 199, enero de 2016.

Fuente: http://www.eldiplo.org/229-el-ajuste-al-desnudo/como-romper-la-trampa-de-la-pobreza/



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