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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2018

La Colombia del 2018 al 2022: gobernabilidad, guerra y coca

Cristian Camilo Barrera
Rebelin


El panorama poltico de Colombia no es para nada alentador en algunos temas sensibles y relevantes para el conjunto del pas en el nuevo cuatrienio. El nuevo gobierno no da luces favorables de impulsar polticas que permitan superar los problemas estructurales que requiere la mayora del pas. Por ejemplo, sobre el tema del desempleo no es claro lo que se har, pero tampoco hay expectativas de que las decisiones que tome el gabinete entrante procuren garantizar condiciones laborales dignas que logren revertir la amplia tendencia de que la mayora de colombianos y colombianas que trabajan lo hagan en la informalidad y el denominado rebusque; tampoco es clara la estrategia del nuevo gobierno que pretenda superar la falta estructural de oportunidades en el acceso a una educacin digna y de excelencia; tampoco da buenas seales en abordar y mejorar el problema de la cobertura, el acceso y el goce efectivo del acceso a una atencin mdica oportuna; y en ltimas, el paraguas que logra recoger y sintetizar la ausencia de estas polticas sociales que permitan el goce y el acceso a los derechos fundamentales al conjunto de los colombianos lo representa la poltica de guerra que el nuevo gobierno est enfilando. Merece la pena decir de manera enftica que est no ser una estrategia de guerra nicamente contra la insurgencia, sino sobre todo ser una guerra contra los pobres, los despojados, los campesinos, indigenas, afros y los pueblos que depositaron su esperanza en que este pas poda respirar en el corto plazo una anhelada senda de paz, derechos, justicia y verdad, pero la realidad impone una difcil y compleja manifestacin de guerra de las lites en contra de los y las ms humildes de este pas.

1- El retorno del Uribismo  

La llegada de Ivn Duque a la presidencia de Colombia en el periodo 2018-2022, ms all de representar el retorno del uribismo a la casa de Nario, debe ser entendido como una manifestacin del poder que hoy todava dispone un grupo poltico con importantes recursos econmicos, sociales y militares, el cual cuenta con amplia influencia y el respaldo de clientelas en bastas regiones de Colombia. En esta ocasin se repite la escena de hace 16 aos, cuando la burguesa y las familias tradicionales de la oligarqua comercial, financiera e industrial, que se autoproclaman como parte de una selecta lite en apariencia escrupulosa y de buenas costumbres, nuevamente debe hacerle guio y abrirle la puerta para co-gobernar junto a un grupo poltico que cuenta como principal fuente de poder con una serie de poderes locales afincados en tierras apropiadas de manera indebida, que tiene un amplio control de las rutas y la comercializacin de la cocana a escala nacional y trasnacional, y que cuenta con amplias capacidades de controlar las clientelas y aparatos regionales del orden legal e ilegal.

Es decir, Duque, ms que el heredero del capital simblico de Uribe, es el paladn del grupo terrateniente, mafioso y ganadero que movi sus influencias y poder para hacerlo candidato y luego presidente. Duque no representa al conjunto de la ciudadania y tampoco es heredero de una corriente poltica tradicional del pas, l solo representa a esos poderes que han acumulado y escalado importantes escenarios dentro de la institucionalidad y en los territorios en menos de dos dcadas. Resulta importante resaltar como en la eleccin de Duque como presidente se manifiesta de manera evidente un patrn histrico del poder poltico estatal en Colombia, donde se entrecruza y encuentra un complejo hbrido entre lo legal y lo ilegal, ya que si bien las funciones del nuevo presidente debern dar cuenta de lo institucional y lo legal, al tiempo l representa y est muy bien respaldado por poderes ilegales que son efectivos donde el Estado se aleja totalmente de esa ficcin idealizada como forma de organizacin poltica que funciona y opera en funcin de lo pbico y la ciudadania, y en lugar de existir como un ente neutral, es en realidad un aparato amarrado por un poder mafioso que regula y administra a su conveniencia las funciones, los beneficios y los castigos.

En muchos territorios de Colombia quien asume su rol como autoridad lo hace gracias a un ejercicio de poder que es moldeado de acuerdo a la medida de los intereses y planes de un cacique, patrn o lder poltico, as entonces cada micro-Estado o su representacin local, va determinando bajo el criterio de su lder la necesidad y la voluntad de su accionar. Determina quien paga impuestos, quien es detenido, como acta la policia, va regulando y controlando la parte de la legalidad que le interesa hacer funcionar, y de paso va configurando y acaparando asuntos de la ilegalidad que tambin le resultan valiosos o necesarios por tomar, de ah que la gran mayora del aparato estatal est subordinado a los intereses particulares y las motivaciones de estos lideres polticos. Resultar entonces muy interesante hacer seguimiento a la manera como el uribismo logre administrar y regular en este cuatrienio el hbrido legal - ilegal, que en ltimas se constituye en su principal elemento de fuerza y poder, pero al tiempo se podra convertir en una contradiccin y tensin latente donde podrn gestarse tensiones entre los intereses y formas de actuar desde la lgica de poder en lo local y lo que se vaya decidiendo desde lo nacional.

2- De la paloma de la paz a la Paloma Valencia: que vendr en la nueva estrategia de guerra?  

Resulta evidente en el contexto actual que cada vez son menos probables y casi nulas las posibilidades de que con el gobierno entrante, Colombia transite hacia un camino de reconciliacin, verdad, transformaciones y paz. En este periodo la conduccin del Estado estar bajo el mandato de un grupo poltico vido de revanchas y castigos, donde quienes gobiernan se pretendern asumir como juez y parte, y con ello, aplicando a su favor la lgica de los vencedores y los vencidos, buscarn imponer a sangre y fuego una justicia a la medida de sus intereses y beneficio poltico.

En este momento podemos identificar al menos siete elementos vigentes en el contexto nacional que pueden ser entendidos como los ingredientes fundamentales para el caldo de cultivo que marcara el definitivo y rotundo fracaso para las posibilidades de una ruta de paz en Colombia. De manera anloga, estos siete elementos pueden ser entendidos como incentivos para alebrestar la poltica de guerra y muerte que muy bien sabe operacionalizar y funcionalizar a su favor el grupo poltico que tiene el turno para gobernar el pas, que no es otra cosa distinta a la faccin ms criminal y fascista de la derecha colombiana.

Los siete ingredientes para condimentar la receta de la guerra que est cocinando el uribismo para el nuevo cuatrienio son los siguientes:

1- La reciente oficializacin del ingreso de Colombia a la OTAN

2- La subordinacin inicial de Duque a los Estados Unidos como su principal aliado comercial, poltico, econmico y militar para su poltica de gobierno

3- El inters del uribismo por elevar gradual y convenientemente la tensin binacional entre Colombia y Venezuela

4- La estrategia de revancha y represin que estn preparando las lites en algunas regiones en contra de los sectores democrticos y populares que casi derrotan a la vieja y corrupta clase poltica en las elecciones presidenciales

5- La decisin de retomar las fumigaciones con glifosato como medida que pretende revertir la tendencia al incremento de las hectreas cultivadas de coca en Colombia, pero que buscar perseguir y afectar de manera ejemplar y directa a los pobladores rurales que tienen como nica alternativa econmica el cultivo de la coca.

6- La continuidad de la crisis en la implementacin del acuerdo con las FARC y la latente negacin del nuevo gobierno a continuar dialogando con el ELN

7- El inters de Duque y los uribistas por extraditar cuanto antes a Santrich y posiblemente a otros miembros de la dirigencia de las farc a los Estados Unidos y terminar as de manera irreversible las confianzas y las posibilidades de avanzar en la posibilidad de paz con el emergente partido poltico de las FARC.

As las cosas, se pueden esbozar desde ahora dos escenarios de confrontacin y disputa militar que se darn en un futuro cercano. Por un lado, se puede prever una estrategia de confrontacin militar entre las fuerzas estatales y los grupos denominados como disidencias de las farc presentes en el sur oriente y en el pacifico colombiano, y tambin sern previsibles confrontaciones entre las fuerzas estatales con las estructuras militares del ELN ubicadas en el pacifico, el sur occidente, el oriente colombiano, el nor-oriente del pas y en algunas zonas rurales. Se puede inferir un inters por parte del gabinete entrante de repetir la frmula militar implementada hace 16 aos de pretender aniquilar fisicamente a las fuerzas opositoras y anular as la posibilidad de una salida poltica a la confrontacin, advirtiendo de antemano las nefastas y dolorosas consecuencias que ello tendr para el pas, pero especialmente para las poblaciones ms pobres, alejadas y excluidas de los escenarios de representacin, del acceso a los derechos fundamentales y distantes de algn tipo de inclusin real en este confuso e incipiente proyecto nacional.

Adems de la dimensin de la confrontacin militar anteriormente descrita, tambin es necesario advertir las dimensiones de la estrategia de guerra donde se vern afectados civiles. Hay que advertir y mencionar tres posibles formas como se podr poner en evidencia la afectacin a civiles como resultado de la puesta en marcha de la estrategia de guerra del nuevo gobierno: la primer forma ser haciendo un seguimiento al dramtico y doloroso aumento de la cifra de lideres sociales asesinados. En Colombia se han asesinado 100 dirigentes sociales en lo que va del 2018, y en lo que va la denominada poltica de paz (2012 - 2018) , el nmero de lideres asesinados supera los 500. Con la llegada de Duque y la implementacin de su estrategia de guerra resulta apenas evidente que incrementarn los riesgos y vulnerabilidades a los lideres y lideresas en los territorios, y desde ahora ser necesario advertir y solicitar un respaldo internacional que permita frenar esta poltica de muerte sistemtica e inaceptable.

Una segunda forma como se har evidente la estrategia de guerra del nuevo gobierno ser en hacer seguimiento a la estrategia de la oligarqua y el poder hegemnico de pretender anular y golpear al movmiento social y popular colombiano, hoy el Estado apela al poder judicial, y por medio de montajes y judicializaciones se han pretendido dar golpes de legitimidad y generar miedos en los movimientos populares como resultado de detenciones y la apertura de procesos judiciales en contra de algunos lideres sociales, donde pretenden sealar a los dirigentes con dinmicas ilegales y subversivas. Resulta apenas obvio que el uribismo tambin har uso de esta estrategia y habr que advertir desde ahora la tendencia incremental que esta estrategia pueda tener en el corto plazo.

La tercera forma como se har evidente la estrategia de guerra del uribismo en contra de movimiento popular ser en las dinmicas y posibles escenarios de choque que se habrn de dar en varias regiones de Colombia. Por la dinmica de incumplimientos del gobierno Santos a diferentes plataformas sociales y populares, seguramente en su primer periodo Duque tendr que enfrentarse a dinmicas de movilizacin y resistencia de procesos sociales de tipo campesino, indgena y afro; en regiones como el Cauca, Nario, Huila, en Arauca, en el pacifico y en el catatumbo, seguramente la respuesta de Duque no ser conciliadora y de reconocimiento a estas exigencias, sino que la represin del ESMAD ser la frmula de respuesta a las exigencias de estos territorios y procesos sociales. As mismo, se puede advertir y palpar desde ahora una estrategia de revancha y retaliacin por parte de algunos dirigentes polticos en algunas regiones en contra de sectores sociales y populares que encabezaron y asumieron una quijotesca disputa enfrentando a las clientelas corruptas tradicionales en la eleccin presidencial del 2018, all seguramente el poder mafioso local, con o sin mandato del poder nacional, har uso de su poder legal - ilegal, para pretender castigar e imponer su forma de justicia de acuerdo a sus intereses y proyecciones. La cereza del pastel a esta tercera forma de guerra en contra de los ms pobres, seguramente se har efectiva con la implementacin de los operativos de fumigacin, erradicacin, militarizacin y judicializacin a los campesinos y pobladores que subsisten con los cultivos de coca, tema que a continuacin se expondr en detalle.

3- La bendita coca en el pas del sagrado corazn

Un tema sensible y bastante complejo para muchas regiones y habitantes de la Colombia profunda en el nuevo periodo ser el tema de los cultivos de coca. Este podra ser el detonante de una compleja y fuerte disputa entre el gobierno de Duque y miles de campesinos y pobladores que hoy tienen como nica alternativa viable y rentable el cultivo de esta planta. La decisin de retomar las fumigaciones con glifosato, y derivado a ello la dinmica de re-militarizacin de los territorios, sern el gesto inicial del uribismo por intentar congraciarse con la administracin de Trump, previendo desde ahora algunas de las consecuencias y riesgos que ello pueda tener.

Para hacer una breve recapitulacin de lo que ha pasado con el tema de los cultivos de coca en Colombia, hay que recordar la manera como en principio el gobierno Santos pretendi mostrar este asunto como un indicador favorable ligado a los acuerdos de paz con las FARC, en tanto dijo hasta la saciedad en medios de comunicacin y entrevistas que el fin de la guerra con las farc era el fin de los cultivos de coca, bajo la ingenua y acomodada premisa de que las farc eran el principal cartel de droga del mundo, y que al desaparecer las farc, iban a disminuir de manera notable y progresiva los cultivos, cosa que result ser totalmente falsa y contraria a los ojos de la realidad. En cambio, hay que decir que un factor que ha incentivado el incremento de los cultivos de coca en Colombia en los ltimos dos aos en varias regiones precisamente ha sido la dinmica de incumplimientos y burlas por parte del gobierno Santos a los campesinos y personas que tuvieron la voluntad de acogerse a los programas de sustitucin de cultivos, pero en lugar de ello, lo que se ha puesto en evidencia es la incapacidad y falta de voluntad de un Estado que no logra ponerse de acuerdo entre sus dependencias y que no logra actuar de manera armnica y eficaz.

Merece la pena sealar que dentro de la estrategia de choque a los cultivos que habr de implementar el nuevo gobierno, se entiende que el principal actor por atacar y neutralizar en la guerra contra la cocaina es el habitante rural que cultiva la hoja de coca, de ah que su principal estrategia para reducir la produccin sea la de arrancar, quemar y fumigar las plantaciones y propiedades de los cultivadores. Habra que preguntarse por la cuestin de los cultivos de hoja de coca en Colombia como un problema de clase: ya que mientras los pobres son quienes la cultivan y sufren sendas arremetidas y procesos de estigmatizacin pblica por vivir de estos cultivos, son al tiempo quienes reciben el menor margen de utilidad como resultado de este proceso productivo. Pero por otro lado, quienes comercian, transportan y transforman estos narc ticos a escala trasnacional, son aliados de grupos polticos, cuentan con relaciones y respaldos de diferentes espacios del poder institucional oficial, y cuentan con amplios mrgenes de evasin judicial de su responsabilidad. A pesar de la desgastada retrica del uribismo y la oligarqua colombiana que pretenda presentar ante la opinin a la insurgencia como el nico actor responsable de la comercializacin de la droga, vemos que hoy resulta evidente la existencia de otros actores annimos detrs de esta actividad, y tambin resulta evidente que ellos cuentan con bastante poder y capacidad de controlar y regular un negocio demasiado lucrativo.

Un hecho evidente y que el Estado niega -o pretende esconder- es la existencia de complejas redes dentro de la sociedad colombiana que controlan y regulan este lucrativo negocio. Es desconocido el rostro de este pulpo que controla actualmente la cadena de transformacin, comercializacin y transporte de la coca en Colombia. Seguramente la institucionalidad seguir diciendo que los responsables de ello son grupos o bandas delincuenciales, pero es claro que por la envergadura y rentabilidad del asunto, hay poderes de diverso tipo que se mueven entre las sombras de la legalidad que se lucran de ese lucrativo negocio. Resultar entonces paradjico ver a un nuevo gobierno combatiendo a los cultivadores en las regiones, pero con funcionarios y polticos ligados a las cadenas de comercializacin, transporte y transformacin del narctico. No olvidemos que hay incluso expresidentes y senadores de Colombia que fueron amigos y personas de confianza de Pablo Escobar, quien fuera el ms poderoso narco de la historia.

La problem tica de los cultivos de coca en Colombia tambi n pone en evidencia el fracaso total y la debilidad estructural de la pol tica agraria proyectada por el Estado colombiano. Hoy estamos frente a un sector rural totalmente atrasado y deteriorado, ello por la ausencia de una pol tica concertada, pertinente y eficaz con el campesinado. Mientras los gobiernos de turno en Colombia apoyaron y fortalecieron el sector agroindustrial y ganadero, dejaron en una total desventaja competitiva y al margen del acceso a beneficios o incentivos para el campesinado. Debemos ser francos y honestos: hoy en Colombia no hay alg n otro producto distinto a la coca que les genere a los campesinos un margen de ganancia y supervivencia similar. La ausencia de v as, la incertidumbre para los campesinos en el pago por otros productos que cultivan, el elevado costo de los insumos agr colas para cultivar, y otros factores de tipo estructural y social limitan y constrien las posibilidades de que el campesinado pueda tener alternativas concretas y eficaces para sustituir los cultivos de coca en la profunda, desigual y macondiana Colombia actual.

Entonces, ms all de la posible implementacin de lo que se podra denominar como el plan Colombia 2 donde se definan las lineas de cooperacin entre Colombia y Estados Unidos, o ms bien de subordinacin de Colombia a los Estados Unidos a cambio de unos cuntos millones de dlares, habra que indagar desde ahora lo que implicar para el gobierno entrante asumir una estrategia de lucha contra las drogas, habilitado con ello espacios del territorio colombiano para el despliegue de unidades militares norteamericanas, subordinando las decisiones internas a las lineas y criterios del gobierno de Trump, y en ltimas generando las lineas estratgicas sobre las cuales se mover el resto de la agenda poltica de Duque en este cuatrienio. Entonces, lo que suceda con la coca dentro de la agenda poltica ser el tema determinante para el resto de la agenda poltica nacional, y sin dudas habr de afectar tanto la dimensin de la guerra, como tambin las condiciones y posibilidades de gobernabilidad y ejercicio del poder a nivel local y regional.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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