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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2018

200 Aos con Carlos Marx. 200 aos de lucha de clases

Xabier Ron
Praza Pblica


 Hace menos de dos meses, el 5 de mayo de 2018, celebrara sus 200 aos de viaje intelectual. Carlos Marx es, sin ningn gnero de duda, uno de los personajes ms influyentes de nuestra historia reciente. Para bien y para mal. Para quienes asumimos la teora de Marx aplicando los necesarios filtros toricos para actualizar su pensamiento, la fecha merecera mayor relieve y mayor presencia. Aun ms, si cabe, si pensamos que incluso sus detractores usan su bagaje terminolgico y conceptual. Mientras, los que se proclaman sus partidarios y tienen alguna responsabilidad, en no pocas ocasiones, obran como meros adeptos o como aduladores sin haber ledo ninguna de sus principales obras, sin haber actuado conforme al mtodo dialctico. Incluso sin mantener la ms mnima coherencia programtica cuando les toca ejercer el cargo y, por momentos, actuando conforme a los patrones del capital ms puro y duro. Y con pleno convencimiento, Carlos Marx criticara no solo todas estas actitudes, sino que rechazara la imposicin de dogmas emocionales, irracionales y no argumentados.

Frente a quienes refutan sus tesis pensando que desacert en sus anlisis del funcionamiento del sistema capitalista, aplicamos el pensamento crtico para aprovecharnos de sus aciertos y emendar sus errores. Se trata de actualizar, no de ser revisionistas y caer en el histrionismo terico y metodolgico propio de las mentes liquidacionistas que adornan a los idlatras de derechas y de izquierdas del posmodernismo.

Marx introdujo en las pginas del discurso filosfico, econmico y poltico un aparataje conceptual que llega hasta nosotros: acumulacin, alienacin, contradicciones del capital, explotacin, fetiche, lucha de clases, materialismo histrico, medios de produccin, plusvala, proletariado, subsuncin, valor de uso / valor de cambio, y un largo etctera. Conceptos que poseen, en su misma enunciacin, una poderosa fuerza de evocacin que nos lleva de la tesis a la praxis y que obliga a quien participe del mtodo dialctico a no dejarse arrastrar por los dogmas de ningn tipo. En todo caso, como nos dijo un buen maestro, 'el saber est escrito, solo hay que leer y reflexionar'. Y esto, hoy, cuando se vive bajo la nube neoliberal de la digitalizacin, cuando todo se reduce a la inmediatez y a la explosin actitudinal, es algo que est lejos de poder ser una realidad. Por eso, uno de los aprendizajes ms importantes que extraemos de la lectura de Marx es la necesidad de mantener la coherencia entre tesis y praxis, y no engaar sobre los posibles y los imposibles de cualquiera accin poltica.

Por mucho que se piense que Marx se equivoc, lo cierto es que las primeras conclusiones de El Capital, cuyo primer volumen se publica en 1867, o las reflexiones ms contundentes de El Manifiesto comunista, elaborado conjuntamente con Federico Engels en 1848, y que cumple 170 anos, una vez confrontadas con la realidad que vive la clase trabajadora hoy, conduce a minimizar la supuesta falta de acierto que se le atribuye.

Son muchas y variadas las demostraciones: la continua formacin y variabilidad del sujeto-precariado, la accelerada y constante degradacin de los derechos laborales y salariales, la acumulacin por desposesin que describe magistralmente David Harvey, el incremento de la jornada laboral, las estrategias de flexibilidad laboral que extienden el horario y el lugar de trabajo ah donde toma cuerpo la subjetividad de la clase trabajadora, esto es, en los propios hogares o dems espacios que antes permanecan fuera de la produccin de plusvala.

Todo esto, en primera instancia, nos obliga a releer la obra de Marx con ojos crticos, tal y como proceden los italianos Federico Chicchi, Emanuele Lombardi y Stefani Lucarelli, que introducen la nocin de imprinting para designar la generacin de plusvala con el trabajo denominado gratuito y complementar as la nocin de explotacin que introduca Marx a travs de la subsuncin.

En efecto, resulta de la mxima importancia incorporar la extraccin de valor y la generacin de plusvala que el capitalismo hace en el mbito de las subjetividades para entender por qu el capitalismo es hegemnico y domina todos los aspectos de la vida del ser humano. Los autores italianos aciertan cuando afirman que "la subjectividad es hoy influenciada a producirse y reproducirse como una empresa que debe actuar continuamente -so pena de quiebra- en la sociedad-mercado de forma competitiva y performativa" (p. 32). As, toda la riqueza social del mbito reproductivo se transforma en valor de cambio. Es el mbito del trabajo vivo no remunerado, el que se manifiesta fuera del espacio productivo y asalariado, en definitiva, el trabajo gratuito. Un trabajo que asume diferentes facetas: desde el trabajo domstico hasta el trabajo voluntario, pasando por las plataformas de economa supuestamente colaborativa. Un trabajo que vive submergido en dinmicas complejas de miedo y supuesta liberdad actuante.

El desplazamiento del tiempo-espacio de trabajo al tiempo-espacio de no-trabajo es practicado tanto por los adeptos al sistema como por aquellos que dicen ser antisistema. En este ltimo caso, en demasiadas ocasiones, de forma ilgica. Por poner un ejemplo que consideramos paradigmtico: cuando estamos delante de una pantalla de forma no creativa, sino para formalizar / entregar un trabajo o para alojar contenidos en redes sociales fuera del horario oficial reconocido estamos entregando nuestro tiempo y riqueza social al capital que lo convierte en plusvalor. Se favorece de esta manera la acumulacin. No podemos olvidar que detrs de telfnica, de internet, y de todas las redes sociales fluye de forma pura el capitalismo cognitivo, bien alimentado por la publicidad. La flexibilidad introduce al hogar dentro de la lgica del mercado capitalista. Por eso, las normas recientes del capitalismo procuran vender que el trabajo desde las casas es beneficioso para las personas cuando es todo lo contrario. Solo es beneficioso para el capitalismo. La relacin social que se establece entre un sujeto y una plataforma de economa supuestamente colaborativa es una relacin dominada por la filosofa competitiva del mercado capitalista. Por eso, adems de no mentirnos a nosotros mismos sobre el alcance de las relaciones digitales, pensamos que una reivindicacin de izquierdas real sera no renunciar a las conquistas del pasado y no perder los lmites de la jornada laboral ni su espacio, tal y como fueron definidas en la relacin contractual, de existir esta. En el fondo, tiene mucho que ver con la reciente demanda de Jorge Moruno, cuando afirma que toda revolucin debe aspirar a una reordenacin y reparto del tiempo de vida.

Estas circunstancias, que demuestran la penetracin del imaginario capitalista, conducen a los autores italianos a complementar la subsuncin de Marx (en donde se pacta entregar el trabajo al capital a cambio de un salario) con el imprinting, y disuelven as el lmite que introduce el salario entre trabajo y no-trabajo, o productivo y reproductivo. En efecto, no es exagerado afirmar que hoy en da todo es espacio generador de plusvalor para el capital. Este aspecto es ms importante de lo que parece: si leemos bien la sociedad actual y su relacin con el capitalismo tecnolgico y financiero, tambin llamado cognitivo, percibiremos que debemos superar las visiones individualizantes y sectoriales, que segregan los intereses de clase en nichos laborales, y unificar las demandas en una nica gran lucha de clases para procurar la emancipacin. Sin duda, es una difcil utopa a construir, pero sin utopa no es posible la transformacin. Una transformacin que debe entender las contradiccines del capital y aprovechar las lineas de fuga y resistencias existentes para ir hegemonizando un nuevo modo de vida alternativo, diferente y ms justo. Mas, para esto, es preciso cambiar primero las formas que permiten la expansin del modo de vida capitalista en los diferentes parmetros culturales que convierten a los hogares en nichos de trabajo gratuito.

O tambin, para actualizar el pensamiento de Marx, debemos introducir los aciertos de la crtica feminista, que profundiza en el concepto de lucha de clases al mismo tiempo que proporciona al pensamiento de Marx el acertado bagaje de la crtica feminista. A este respecto, resulta muy sugerente el trabajo crtico y reflexivo de Silvia Federici sobre la dependencia con respecto a la institucin salario. En el fondo, cuando Federici pide un salario para el trabajo no remunerado de los hogares, nos conduce al imprinting, al espacio reproductivo en donde se produce la extraccin de plusvala para el capital procedente del trabajo gratuito originado principalmente por mujeres: reivindica que finalice el patriarcado do salario. No obstante, la contradiccin que asume la autora es que, para hacerlo, hay que emplear la misma herramienta que disciplina a toda la clase trabajadora, el salario. La estudiosa italiana seala as que no existe mbito de la vida humana que escape a las normas bsicas do capitalismo. Pierde relevancia y fuerza la visin de Marx sobre los supuestos beneficios de la industrializacin en el avance de la liberacin del ser humano. El capitalismo ya no es tan solo una etapa en el progreso histrico, es el modo de vida en el cual nos reproducimos.

En definitiva, cando se manifiesta la clase trabajadora, debera tener muy en cuenta las enseanzas ms provechosas de Marx. Y deberan considerar que no existe discusin que sea estril si conduce a superar departamentos estancos. Debates que deben ir ms all de los simples edulcoramientos del pensamiento correcto que solo llevan a una atrofia epistemolgica y a la parlisis actitudinal. Un Marx actualizado nos proporciona el bagaje terico y conceptual para que no seamos incongruentes e incoherentes con nuestra praxis. El debate nos debera permitir el establecimiento de los posibles mecanismos de resistencia que deben erosionar al capital, al mismo tiempo que mejoran las condiciones de vida de las personas en el camino que debera conducirnos al socialismo. Marx nos ense que la historia de la Humanidad es un proceso de lucha de clases para emanciparse y liberarse de la explotacin. Cuando, el 5 de mayo de 2018, celebramos esos 200 aos del nacimiento de Marx, nos dimos cuenta, viendo la realidad que vivimos, que aun nos queda todo por hacer.

 

Referencias bibliogrficas:

Chicchi, Federico / Leonardi, Emanuelle / Lucarelli, Stefano (2018), Ms all del salario. Lgicas de la explotacin, Madrid: Enclave de libros.

 

Federici, Silvia (2018), El patriarcado del salario. Crticas feministas al marxismo, Madrid: Traficantes de sueos.

 

Harvey, David (2014), Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, Quito / Madrid: IAEN / Traficantes de Sueos.

 

Moruno, Jorge (2018), No tengo tiempo. Geografas de la precariedad, Madrid: Akal.

 

Este artculo es una versin ampliada del texto ya publicado en el diario digital gallego: Praza pblica con motivo del 1 de mayo de 2018 y del 5 de mayo, fecha que seala el 200 aniversario de Carlos Marx

 

Fuente: http://praza.gal/opinion/4596/200-anos-con-carlos-marx-200-anos-de-loita-de-clases/  

 

 

 

 



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