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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2018

La memoria, remedio popular, contra el sndrome de Estocolmo

Anselmo Esprella
Rebelin


Una parte importante de la poblacin de Bolivia, mantiene un idilio amoroso con, Jack el Destripador


Cmo es posible que en los medios de comunicacin, cada tanto aparezca una versin remozada de Frankestein, que vuelve a encandilar a quinceaeras y abuelas de una clase media trepadora, dizque, creativa y culta?

Qu nos pas, por qu nos ha ido tan mal en todo? Se pregunta antes de morirse de tristeza, el pobre Sergio Almaraz. Dnde qued la alegra para esta patria, siempre atragantada de angustias? Quiz en el sndrome de Estocolmo, se encuentre escondida la respuesta que atormentaba al extraordinario analista e investigador. Ese estado de deslumbramiento que provoca a las mariposas, lanzarse sonrientes a los brazos de una vela encendida e insensible. Dependencia psicolgica que desarrolla la vctima, respecto a su secuestrador que la har arder en el infierno, pero ella acude feliz al abismo.

De ser as, cabe aclarar que dicho sndrome, no habra comenzado en Estocolmo Suecia, sino en la mismsima, Chuquisaca Bolivia.

Segn la Corte Nacional Electoral (CNE), el domingo 29 de junio de 1980; luego de recuperada la democracia, un total de 220.309 almas, votaron por un tipejo que solo hasta un ao antes, haba gobernado a sangre y fuego el pas, durante siete largos aos. Estas, 220.309, almas benditas del purgatorio boliviano, por supuesto, no eran militares ni torturadores ni violadores ni asesinos. Nada de eso. Eran personas silvestres que comulgaban cada domingo, llevaban a sus hijos al zoolgico y cantaban el himno nacional con fervor verdadero. Entonces Qu nos pas? Cmo fue posible que cometiramos semejante atrocidad.

Kristin Enmark, se llamaba la rehn de 23 aos, que brind un efusivo beso a su captor y que despus declar: Confo plenamente en l, viajara por todo el mundo con l. Pero l, es decir, Carlk Oloffson, estaba dispuesto a cortarle lentamente cada uno de los dedos, con tal de impedir que la polica lo detenga. Sin embargo, ella lo tiene en gran estima y an hoy, despus de 40 aos, continan escribindose cartas.

Entre 1983 y 1984, el trotskismo, encaramado en la Central Obrera Boliviana (COB), le hizo 300, huelgas hasta las ltimas consecuencias a la UDP, triste alfeique de la izquierda boliviana de entonces. Sus huelgas envalentonaron al neoliberalismo, que le vendi al pueblo, el suicidio, como solucin. En 20 aos, en las narices de los medios de comunicacin, remataron 212 empresas del pas ms pobre del continente. Don Manuel Morales Dvila, sola decir que robarle a un pueblo harapiento, era un crimen de lesa humanidad.

En dos dcadas de angurrias y saqueos de Libre Mercado, Cuntos nios murieron de paludismo, diarreas y tuberculosis? Cuntos sobrevivieron con las carnes masticadas por la leishmaniasis; enfermedad de los perros y los pobres.

Durante los aos ms infames del neoliberalismo, la derecha, lobo disfrazado de lobo, gan elecciones, nada ms y nada menos, que en los centros mineros, vanguardia del movimiento popular boliviano.

Sin embargo, el ao 1997, se nos fue la mano. Aquel ao hicimos presidente, al chacal; (Banzer), al mismo que durante siete aos, nos haba clavado un cuchillo ensarrado en la espalda. Es difcil entender, cmo pudimos hacernos esto?

Los estudiantes de la Universidad Pblica de El Alto (UPEA), van por la ciudad cantando:

qu lindo, qu lindo que va ser.

El Evo, a la escuela, que salga bachiller

Parece una broma graciosa e inocente, el problema es que la cancioncita, se la corean a un tipo que de nio, caminaba 5 kilmetros cada da para llegar a una escuela sin ventanas ni pupitres, que siempre llegaba atrasado a clases, quiz por el concierto de ranas, que da y noche le atormentaban el estmago.

A dems que, ese chiquillo, que recoga cscaras de naranja para comer, construy ms colegios y escuelas, como nunca lo harn los estudiantes revolucionarios que marchan con paraguas y con el rostro embarrado de bloqueador solar, para que el sol, no les queme la delicada piel ladina.

El domingo 21 de julio de 1946, la ciudad amanece desierta, la nieve cubre los tejados y los rboles, hace mucho frio, el presidente no ha dormido en varios das. A las 10 a.m. Los ltimos militares y civiles ms prximos a Villarroel, salen del Palacio con cualquier excusa y ya no regresan.

Todos los regimientos se han dado vuelta. A las 11, llega a Palacio una ambulancia de la Fuerza Area Boliviana FAB, en su interior hay soldados ocultos, armados con ametralladoras. Los oficiales ofrecen llevar a Villarroel a la base area de El Alto. Durante media hora le ruegan abandonar el palacio, advirtindole que peligra su vida. En una actitud similar a la que adoptar Salvador Allende, varios aos despus; el presidente no quiere huir.

La embajada norteamericana, ha acusado a Villarroel de ser un nazi, por querer aumentar el precio del estao a los poderosos pases aliados.

Entonces, azuzados por los medios de comunicacin, unidos por el mismo amor a la patria, marchan codo a codo, albailes, chifleras, estudiantes de la UMSA, empleadas domsticas, obreros y beatas de Sopocachi.

Los golpistas, saben que Villarroel no ha escapado, que no quiere escapar. Disparan varios caonazos que hacen temblar toda la ciudad, despus, arrebatados por los alaridos y las descargas, suben por las escaleras, lo buscan por los salones y stanos del palacio. Lo encuentran en una habitacin, desarmado, tumbado en el piso con el cuerpo desgarrado por los tiros que ha recibido, lo insultan, le destrozan la cabeza a culatazos, le vuelven a disparar varias veces, luego arrojan su cuerpo por una de las ventanas que da a la calle Ayacucho. La muchedumbre en la plaza, nuevamente escarmienta con saa el cuerpo de este hombre muerto hace varias horas, como queriendo causarle un dolor, ms all de la muerte misma.

Lo despojan de su vestimenta y lo cuelgan de uno de los postes de luz, al lado de su edecn Waldo Ballivin y de su secretario privado Luis Ura.

Villarroel haba querido dar los mismos derechos al blanco y al indio, a la esposa y a la amante, al hijo legal y al hijo natural: lo mataron.

Ciertamente la historia de Bolivia est llena de olvidos, pero tambin de mucha memoria.

Porque la memoria nos salva de la humillacin y porque el olvido, es un lujo que los pueblos no se pueden dar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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