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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2018

"Pluriverso": hacia horizontes postcapitalistas

Alberto Acosta
Rebelin


Hablar del pluriverso significa: revelar un espacio de pensamiento y de prctica en el que el dominio de una modernidad nica haya quedado suspendido a nivel epistmico y ontolgico; donde esta modernidad haya sido provincializada, es decir, desplazada del centro de la imaginacin histrica y epistmica; y donde el anlisis de proyectos descoloniales y pluriversales concretos pueda hacerse honestamente desde una perspectiva des-esencializada. (Arturo Escobar (2012) )

La actual crisis mundial es sistmica, mltiple y asimtrica, con claros alcances civilizatorios. Nunca antes tantos aspectos cruciales de la vida fallaron simultneamente, y las expectativas sobre el futuro son tan inciertas. Los problemas ambientales ya no pueden ocultarse por ms poderosos -y torpes- que sean los negacionistas. Tampoco pueden ocultarse las abismales desigualdades, que van en aumento a medida que la sombra del desarrollo cubre todas las partes de la Tierra. Cual virus mutante, las manifestaciones de la crisis se perciben en todos los espacios: ambientales, econmicos, sociales, polticos, ticos, culturales, espirituales...

Dejar de buscar al fantasma del desarrollo es difcil . Su retrica seductora, a veces llamada mentalidad de desarrollo o desarrollismo, se ha internalizado en prcticamente todos los pases. Sobre todo en aquellos que sufren las consecuencias del crecimiento industrial en el Norte Global. Norte Global que, por cierto, fue el primero en aceptar un camino nico de progreso, sin aceptar su responsabilidad en la grave crisis socio-ambiental global . De hecho, hasta parte del Sur no asume el reto ambiental al acusar al Norte de impedirle alcanzar el desarrollo (inspirado en el mismo estilo de vida del Norte).

Casi siete dcadas despus de que la nocin de desarrollo [1] se extendiera por todo el mundo, la verdad ms bien parece indicar que el mundo vive un mal desarrollo . Dentro de ese mal desarrollo estn inclusive los pases llamados industrializados o desarrollados. Es paradjico, pero el discurso del desarrollo en trminos vitales solo lleva a la consolidacin de la crisis sistmica actual.

Dicha crisis no es coyuntural ni manejable desde la institucionaliad existente. Es histrica y estructural, y exige una profunda reorganizacin de las relaciones tanto dentro, como entre las sociedades de todo el mundo, como tambin entre la Humanidad y el resto de la Naturaleza, de la cual formamos parte. Y eso implica, evidentemente, una reconstruccin institucional a escala mundial, algo inviable desde las actuales instituciones de alcance planetario e inclusive desde los estrechos mrgenes estatales.

Tal como sintetiza el libro Pluriverso Diccionaro del Postdesarrollo [2], nuestra leccin ms importante como Humanidad es reencontrarnos con la Madre Tierra para garantizar una vida digna para todos los seres (humanos y no humanos). En todas partes, cada vez ms personas buscan satisfacer sus necesidades afirmando los derechos y la dignidad de la Tierra . Esas bsquedas responden al colapso ecolgico, al acaparamiento de tierras, a las guerras destadas para controlar las reservas petroleras y mineras, as como a otros extractivismos (agroindustria, plantaciones agroexportadoras, incluso con cultivos genticamente modificados) que casi siempre destruyen los medios de vida rurales y generan pobreza urbana. A veces, el progreso occidental se vuelve el principal causante de que nuestro mundo est enfermo de opulencia, alienacin y desarraigo. Ante ello, los movimientos de resistencia popular se encuentran extendidos en todos los continentes.

A medida que la globalizacin del capital desestabiliza las economas regionales y nacionales, dejando a su paso poblaciones enteras de refugiados -incluso dentro de sus propios pases-, algunos sectores de la poblacin afrontan la situacin identificndose con el poder machista de la derecha poltica, con su promesa de quitar empleo a los migrantes, artificialmente sealados muchas veces como causantes de las crisis... A menudo, las clases trabajadoras inseguras tambin adoptan tal postura. El resultado es una peligrosa derivacin global hacia el autoritarismo.

Por su parte, la -privilegiada- tecnocracia promueve el neoliberalismo con ilusiones de democracia representativa y trayectoria de innovacin para el crecimiento perpetuo. Algo perverso, pues denota que hasta la diferencia derecha-izquierda ortodoxa es difusa en cuanto a modernizacin y progreso. Adems, cada una se basa en valores eurocntricos y machistas.

Karl Marx nos record que, cuando una nueva sociedad nace desde adentro de la vieja, esta arrastra muchos defectos del sistema antiguo. Ms tarde, Antonio Gramsci observara: La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo est muriendo y lo nuevo no puede nacer; en este interregno aparece una gran variedad de sntomas morbosos. Lo notable es que ahora -algo no anticipado por estos intelectuales europeos- las alternativas emergen sobre todo desde los mrgenes polticos de ambas periferias del capitalismo, tanto desde su periferia colonial como de su periferia domstica . Basta anotar los esfuerzos de los grupos decrecentistas que avanzan desde la academia a la configuracin de un vigoroso movimiento social .

Por cierto, el anlisis desde Marx es necesario, pero no basta; debe complementarse por otras propuestas, incluidas las que emana del Sur global como las perspectivas del sumak kawsay o Buen Vivir, del eco-svarag, del ubuntu, del comunitarismo; incluyendo las versiones crticamente reflexivas de las principales religiones y, por supuesto, los aportes de la convivialidad de Ivan Illich para construir una sociedad que permita a todos sus miembros la accin ms autnoma y creativa posible, usando herramientas controlables por ellos mismos. En una transicin como sta, crtica y accin requieren nuevas narrativas imaginativas, combinadas con soluciones materiales prcticas. Tejer resistencias y sumar proyectos alternativas potenciar el trnsito por senderos pluriversales.

Ya no podemos hacer lo mismo, aunque lo hagamos mejor. Ya no podemos confiar en crear corporaciones ms responsables o burocracias reguladoras eficientes; ni siquiera basta con reconocer la ciudadana plena para los de color, viejos, discapacitados, mujeres o queer dentro del pluralismo liberal. Del mismo modo, no bastan los parches prstinos de la Naturaleza, de poco efecto sobre el colapso de la biodiversidad. Ninguna opcin basta si no se ataca el corazn de la crisis sistmica mundial: el capitalismo y sus ansas infinitas de poder expresadas en una acumulacin depredadora tanto de la vida humana como de las dems formas de vida.

En aquellos esfuerzos parciales que no cuestionan al capital, el fantasma del desarrollo se reencarna de infinitas maneras, pues los remedios de corto plazo desde el poder solo sostienen el statu quo Norte-Sur, el patriarcado, la colonialidad y el divorcio Humanidad-Naturaleza. Por supuesto, incluso las mejores intenciones carentes de horizontes postcapitalistas- pueden llevar, sin quererlo, a soluciones superficiales, falsas y hasta agravantes de los problemas globales. Eso s, es difcil distinguir las iniciativas convencionales, falsas o superficiales de aquellas transformadoras radicales. Adems, en el proceso de transicin muchas propuestas hoy innovadoras irn perdiendo su vigencia en el camino. Pero justamente tendremos que aceptar esta dialctica en donde hasta las propuestas ms potentes debern reemplazarse por propuestas superiores, aunque la superacin no provenga desde nuestra cosmovisin.

Aqu caben las palabras del notable socilogo alicantino Jos Mara Tortosa en su libro Maldesarrollo y malvivir pobreza y violencia a escala mundial (2011):

La tarea es enorme y, precisamente por ello, no hay por qu hacerle ascos a compaeros de viaje, compaeros de marcha que no compartan otras variables. Los ateos podran trabajar con los agnsticos y los creyentes, los budistas con los cristianos, los catlicos con los protestantes. Los que pueden tener motivaciones para alterar el funcionamiento del sistema las tienen originadas en religiones o en ideologas bien concretas y comparten una cierta idea de la justicia aunque no compartan la cosmovisin. No importa. De lo que se trata desde esta perspectiva es ponerse a marcar el paso en una misma direccin: la de una sociedad ms justa y, por tanto, menos empobrecida y violenta. La acumulacin de pequeas reformas podra ser, entonces, revolucionaria. Por eso ninguna de stas tiene que ser despreciada si, unidas a las dems, puede producir el salto cualitativo: aislada puede tener sentido, ligada a las dems lo puede tener con mucha ms razn ya que ya no slo se tratar de afrontar necesidades locales sino que puede coadyuvar en el cambio de las reglas del juego.

Inpulsando el cambio del juego mismo, cabra anotar.

Las alternativas transformadoras -como sinetizan ms de cien aportes en el libro mencionado- difieren de las soluciones convencionales de varias maneras. Como se resume en la introduccin de dicho libro, primero, idealmente van a las races de al menos un problema. Segundo, cuestionan las caractersticas centrales del discurso del desarrollo: crecimiento econmico, retrica del progreso, racionalidad instrumental, mercados, universalidad, antropocentrismo, sexismo, etctera. Tercero, abarcan una tica radicalmente diferente a la del sistema actual, reflejando valores basados en una lgica relacional; un mundo donde todo est interconectado; y con sociedades que abarcan valores como: diversidad y pluriversalidad; autonoma y autosuficiencia; solidaridad y reciprocidad; bienes comunes y tica colectiva; unidad con la Naturaleza y sus derechos; interdependencia; simplicidad y suficiencia; inclusin y dignidad; justicia y equidad; sin jerarqua; dignidad del trabajo; derechos y responsabilidades; sostenibilidad ecolgica; no violencia y paz. Cuarto, a medida que avanzamos, la agencia poltica pertenecer a los marginados, explotados y oprimidos. Y, quinto, la transformacin debe integrar y movilizar mltiples dimensiones: poltica, econmica, social, cultural, tica, espirituales, aunque no necesariamente de golpe. Hay varios caminos hacia una socio-bio-civilizacin, donde el nico centro sea la vida misma.

Muchas cosmovisiones y prcticas radicales hacen ya visible al pluriverso. La nocin de pluriverso cuestiona a la universalidad propia de la modernidad eurocntrica. Como diran los zapatistas de Chiapas, el pluriverso representa un mundo donde caben muchos mundos: un mundo en donde todos los mundos conviven con respeto y dignidad, sin que ninguno viva a costa de otros. Esta es la definicin ms sucinta y adecuada del pluriverso.

El camino es largo para que la multiplicidad de mundos se vuelva totalmente complementaria, pero ya hemos tomado rumbo: los movimientos por la justicia y la ecologa encuentran cada vez ms puntos comunes. Igualmente, las luchas polticas de mujeres, indgenas, campesinos, as como de pobladores urbanos a lo largo y ancho del planeta, estn convergiendo.

Si bien las transiciones son complejas y no completamente radicales, son alternativas si al menos tienen potencial para la transformacin sistmica. Dada la diversidad de visiones imaginativas, permanece abierta la creacin de sinergias entre ellas. Habr reveses; unas estrategias se desvanecern otras ser cooptadas por el poder del capital, y otras surgirn. Las diferencias, tensiones e incluso contradicciones existirn, pero esa es la esencia misma de un intercambio constructivo. Intercambio en donde todas las visiones tienen un espacio para expresarse e intercambiar experiencias, crticas y sobre todo sueos.

Los caminos hacia el pluriverso sustentados en las reflexiones del post-desarrollo y la post-economa - son mltiples, abiertos y estn en continua evolucin. Una evolucin que demanda siempre ms democracia, nunca menos; ms libertad, nunca menos; ms vida, nunca menos.

Notas:

[1] Para comprender este proceso de discusiones mltiples se recomienda el libro de Koldo Unceta: Desarrollo, postcrecimiento y Buen Vivir, Abya-Yala, 2014 .

[2] Editado por Ashish Kothari, Ariel Salleh, Arturo Escobar, Federico Demaria, Alberto Acosta; con su primera edicin en la India (estar publicado en octubre del 2018). Este artculo se inspira en la introduccin de ese libro, que sirvi de base para el texto publicado en la Revista Ecuador Debate 103 del CAAP (2018): Encontrando senderos pluriversales, de los mismos autores . La idea de armar tal compilacin fue discutida por primera vez por Alberto Acosta, Ashish Kothari y Federico Demaria, en la Cuarta Conferencia Internacional sobre el Decrecimiento en Leipzig, 2014. Un ao despus, Ariel Salleh y Arturo Escobar se unieron al proyecto y la planificacin comenz en serio. El libro cuenta con 110 entradas, de diferentes temticas, como aportes de 120 autores y autoras de todos los continentes.

Alberto Acosta, economista ecuatoriano. Profesor universitario. Exministro de Energa y Minas. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la Repblica.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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