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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2018

Morder el anzuelo

Joaqun Jess Snchez
CTXT

No hay semana en que una superproduccin de Hollywood o un concurso de talentos no haga algo revolucionario. No es ingenuo pensar que el mismo sistema que nos oprime ser el que nos libere?


Cartel de la pelcula Black Panther (2018). LINDSAY SILVEIRA

En Arabia Saud volvern a abrir salas de cine. Lo deca el peridico el otro da. Treinta y cinco aos llevaban sin proyectar nada, no sea que se les colara algo inmoral. Para la ocasin han escogido Black Panther, esa pelcula de superhroes que fue tan celebrada hace unos meses porque, por lo visto, era subversiva y empoderaba una barbaridad. No puedo dejar de preguntarme: cmo de inofensivo debe de ser algo para que ni a la mayor satrapa del mundo le cause problemas?

Con bastante frecuencia se puede leer aqu y all que algn producto cultural de masas es revolucionario. Hubo quien interpret el estreno de Wonder Woman como un logro feminista; la ltima edicin de Operacin Triunfo, donde unos chicos se besaron, de la lucha LGTBI; Black Panther, celebrado como una reivindicacin afrodescendiente. Se celebra la visibilizacin (el activismo est lleno de palabras ortopdicas) de minoras, colectivos oprimidos o cualquier grupo que se sienta desplazado del discurso hegemnico que se repite en las pantallas, en los libros o por los altavoces. Lo que resulta de una candidez casi peligrosa es creer que ese mismo sistema que ha arrinconado a mujeres, negros, homosexuales y a otros tantos a roles menesterosos ser el mismo que los aupar hacia su emancipacin.

Black Panther es, se mire por donde se mire, una pelcula tpica de superhroes. Ni siquiera es de las buenas. En un pedazo de frica se estrella un meteorito con un metal preciossimo. Esto permite, no se sabe muy bien cmo, que este pas, que se llama Wakanda, prospere a una velocidad extraordinaria. Tienen la tecnologa ms avanzada del mundo, pero a la vez, chamanismo. Edificios altsimos coronados por chamizos, tcnicas para reparar lesiones de columna en un cuarto de hora y empalizadas. Una sociedad hipertecnolgica y tribal que escoge a su gobernante (un rey!) en una pelea a muerte al borde de una cascada. Lanzas, aviones que se conducen desde un holograma, vestidos africanizantes, moralina del por qu somos una autarqua cuando podramos ayudar a los negros que malviven en los arrabales neoyorquinos y gritos nacionalistas (Wakanda forever!). Tantas premisas inverosmiles que tragar y tantos agujeros de guin como cualquier otra pelcula del gnero: un genio con un emporio militar que crea inteligencias artificiales y armaduras a gog, un muchacho que tira flechas sin mirar y acierta siempre, sueros que convierten a un nio escuchimizado en un hombretn portentoso Hasta el conflicto es intercambiable: debe una sociedad ultraavanzada abandonar el hermetismo en que se protege para ayudar a otros?

Este problema, calcadito, es el que mueve la accin de Wonder Woman; pero con mujeres guerreras en vez de con africanos guerreros. Se cambia un poco la mitologa, se ajustan los superpoderes que correspondan y a funcionar. A qu tanta celebracin? Ah, lo de la visibilizacin. Es cierto que la representacin es un instrumento poltico poderossimo. Lo que la ideologa hegemnica no muestra, lo oculta. El caso del cine es particularmente claro: la industria ha generado estereotipos de xito, de fracaso, de masculinidad, de feminidad y de otros muchos roles desde sus orgenes. Que haya una mujer con superpoderes, una excepcin en un coto ms bien viril, podra ser beneficioso. Lo mismo con el pas africano hiperdesarrollado. Los nios que hoy vean estas pelculas se quedarn con que la pica no es solo cosa de hombres blancos. Puede ser.

Los tericos marxistas de Frankfurt, que era una gente muy suspicaz, sospecharon de las buenas intenciones de la industria cultural. Hay un pasaje muy famoso de La dialctica de la Ilustracin en el que se dice que los golpes que recibe el Pato Donald una y otra vez sirven para acostumbrar a los nios a la violencia que habrn de soportar por parte del sistema. Si los dibujos animados tienen otro efecto adems del de acostumbrar los sentidos al nuevo tempo, es el de martillear en todos los cerebros la vieja sabidura de que la paliza continua y la eliminacin de toda resistencia individual es la condicin de la vida en esta sociedad. A Adorno no le gustaban los dibujos animados; tampoco el jazz. Cada uno tiene sus cosas. Pero se dio cuenta de algo fundamental: la industria cultural, que reproduce la opresin del sistema en tanto perpeta sus valores, finge constantemente ser nuestra liberadora.

Esta estrategia es muy rentable, porque convirtiendo al botones en el rey del mambo se hace caja por partida doble: hay mucha gente que pasa por taquilla para apoyar este esfuerzo de concienciacin que el sufrido Hollywood hace por nuestro bien. Pero esta maniobra crematstica es la menos peligrosa. Lo alarmante de este asunto es que nos la han vuelto a colar. La industria cultural ha vuelto a hacernos creer que es ella quien tiene en sus manos, y en sus buenas intenciones, nuestra emancipacin. Marvel, que es Disney, o DC cambiando el chasis de sus personajes y estando en la vanguardia de Dios sabe qu lucha justsima.

Que esta batalla la han ganado parece evidente. Las redes sociales se han desvivido mostrando fotos de abuelos llevando a nietas vestidas de Mujer Maravilla al cine. Ella tambin ser una herona. Chavalitos con el pelo afro gritando Wakanda forever en ingls, claro aqu y all. Un simulacro de conquista social con palomitas y cocacola que no incomoda ni a un jeque.

Continuamente la industria cultural nos encandila con espejismos de liberacin. El caso de la ltima edicin de Operacin Triunfo es sintomtico. Todo un pas enfervorecido! Hablamos de un programa de talentos, en el que los candidatos compiten por la fama y el xito. Pero, aunque finjan lo contrario, su triunfo no depende de sus mritos, sino que est mediado por el mismo formato televisivo, que escoge quin pasa y quin no. Es el sistema quien reparte las cartas, quien ha dispuesto cuidadosamente los papeles para que veamos justo lo que quiere que veamos. Ahora un momento de amor, ahora otro reivindicativo. Mientras tanto, miles de seguidores aplaudiendo la espontaneidad de tal concursante, lo que se parece a ellos mismos, lo fan que son. Mordiendo el anzuelo con mucho entusiasmo.

Que todas estas artimaas pasen desapercibidas es un triunfo innegable de la industria cultural. El entusiasmo de los activistas por ver la eficacia de sus luchas es comprensible. Pero la simple idea de que un blockbuster sea incluso de alguna manera diluida emancipador, empoderante o cualquiera de esos calificativos que se usan por ah es una idea estpida. Pero, claro, es la cultura! La cultura (qu ser eso?) tiene ese halo bonachn que nos persuade de que solo nos traer cosas buenas. Es el caballo de Troya perfecto. No es la revolucin. Es el sistema, imbcil.

Joaqun Jess Snchez (Sevilla, 1990) es crtico de arte, escritor y comisario. Publica (o ha publicado) en ArtForum, Jot Down, tintaLibre, The Objetive, FronteraD y El Estado Mental y colabora con galeras e instituciones nacionales e internacionales. Se pirra por la literatura gastronmica y subraya los libros con regla

Fuente: https://ctxt.es/es/20180627/Culturas/20461/Joaquin-Jesus-Sanchez-black-panther-wonderr-woman-arabia-saudi-hollywood.htm



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