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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2018

Inseguridad(es) a la uruguaya

Nicols Centurin
Rebelin


El debate sobre inseguridad ocupa en Uruguay y otros muchos pases- las primeras planas de los diarios y varios minutos en los informativos centrales de la televisin. Es tema de largas discusiones en cualquier reunin, donde se esgrimen argumentos que van desde la pena de muerte hasta la abolicin de las crceles tal como las conocemos hoy en da.

Latinoamrica transita por una restauracin conservadora con derivas autoritarias. Donde algunos festejan el fin del ciclo progresista, Andrs Manuel Lpez Obrador le tira la estantera con su contundente victoria en Mjico. Nuestro continente se debate constantemente en un flujo y reflujo de posiciones de la lucha por la verdadera emancipacin colonial e imperial.

Todos estos fenmenos no son ajenos al Uruguay, aunque estemos muchas veces de espalda a los pases hermanos y esperando en el puerto mirando hacia las Europas.

Jugando con el miedo

El aumento de la criminalidad y la violencia en nuestro pas es un sntoma que le sirve y de mucho a la derecha conservadora con vocacin autoritaria. Que se sirve de un populismo represivo para captar votos e intentar canalizar ese sentimiento de indefensin e impotencia que sufren algunos ciudadanos que han padecido hechos de delincuencia.

No sabemos si es la profeca auto cumplida o la enfermedad con la cura ya pronta, lo que s sabemos es que la derecha fluye en este tipo de coyunturas y sabe captar el descontento de la poblacin.

Luego la historia nos ha demostrado que las soluciones que plantearon no han tenido finales felices para nuestro pueblo y que por ms trillado que suene y de lugar comn, es as, la violencia engendra ms violencia.

Intentos como bajar la edad de imputabilidad no han tenido cabida por parte del pueblo uruguayo. Y los que otrora estaban en contra de aumentar las penas y castigar ms, hoy proponen y/o se suman a la juntada de firmas con deseo de concretar un plebiscito, del senador nacionalista Jorge Larraaga de Vivir sin miedo.

Algunas de las propuestas que incluye esta modificacin a la Constitucin son que los allanamientos se puedan realizar en horarios nocturnos y que los militares oficien de apoyo para los policas.

Sistema sintomtico o sntoma sistemtico?

Es innegable el aumento de los homicidios en Uruguay y la cifra que hoy tenemos es de alarma en un pas de tan poca poblacin, que tiene que servir para que nos ocupemos del asunto y no solo esgrimir sentencias cortoplacistas que poco aportan al verdadero tema de fondo.

El capitalismo de por s precisa de un porcentaje de la poblacin en la marginalidad y otro tanto en la pobreza. Los excluidos del sistema en casi todas sus aristas (educacin, salud, vivienda, trabajo, cultura, etc.) son el espejo en el que la sociedad no se quiere reflejar, no se quiere ver y menos contribuir a que su situacin se revierta. Este sistema es inseguro per se pero la derecha poltica y social con todas sus redes y engranajes nos quiere poner el foco solo en la delincuencia. Como si no existieran otras inseguridades. Nos nombran la palabra inseguridad y ya la asociamos a algn delito. Pero este sistema nos plantea inseguridades en todos los mbitos, en lo poltico, en lo institucional, en lo laboral, en la salud, en los vnculos, en todo.

Con el discurso de la meritocracia y que el que es pobre es porque quiere, se construye un discurso que configura nuestra subjetividad y propicia a que cada uno se haga cargo de su vida sin importar el de al lado (sin importar coyunturas). Donde prevalece el primer sujeto del singular antes que todo.

El consumismo ms el xito personal que determina el deber ser de nuestra sociedad, no se ajusta necesariamente a los sectores marginados de nuestra poblacin. De igual manera estos dos horizontes son transversales a todas y todos y permean en cada uno de nosotros.

Territorio, narcotrfico y clases sociales

El narcotrfico y las bandas por territorio es un fenmeno que viene tomando tenor y nos impacta como espectadores muchas veces por los medios, otras veces en primera fila. Nos impacta porque no veamos que suceda y ya aconteca o es un fenmeno sui generis en este territorio?

El narcotrfico y su modus operandi es ms complejo que la delincuencia asociada a hurtos, rapias o copamientos. Se precisa de una estructura, una organizacin y una territorialidad a la que hay que disputar y en un futuro (lo ms prximo posible) conquistar. De all se teje la trama de quien controla cual territorio. Previa sangra y reordenamiento. Muchas familias en barrios de muchas necesidades insatisfechas han sido desplazadas por estas bandas de narcotrfico.

Lo que resuena es la espectacularidad y la impotencia que genera que familias de trabajadores que tienen poco o nada tengan que atravesar esta situacin. Pero otra cuestin que me resuena es porqu sucede en barrios marginales o de la periferia? Ser que siempre sabemos ms de los pobres que de los ricos? En los barrios ms pudientes no hay narcotrfico? O como guardan las formas que esta sociedad exige, o como se hace puertas adentro en una casa de lujo o en un restaurante de elite no pasa nada?

Miedo en la ciudad.

Asistimos al espectculo, al horror, a la cmara en vivo, al s un caza noticias. Las redes sociales han magnificado y viralizado todo tipo de cuestiones, desde perros cachorros muy tiernos jugando en un patio hasta el morbo de un cadver en plena va publica.

La sociedad se escandaliza. Haber sufrido alguna vez un robo o que a algn conocido le haya pasado, ms los medios de comunicacin, mas las redes son un coctel que con mucha efervescencia cala hondo en la percepcin sobre la seguridad en nuestro pas y deviene en frases cotidianas (esto es tierra de nadie, no se puede vivir as, nos gobiernan los chorros, hay que matarlos a todos) que configuran una atmosfera previa a un apocalipsis delincuencial.

La tesis del enemigo interno, del inminente riesgo de ser vctima de un delito. Ese otro construido desde el prejuicio y el miedo. Ese ellos y nosotros expresado por el intendente frenteamplista de Canelones, Yamand Orsi. Como en una especie de guerra interna. Donde nosotros siempre somos los buenos y nada tenemos que ver con ellos. Donde el Gran Hermano est mas presente que nunca y el Estado Policial se afianza cada vez ms.

El socilogo Rafael Paternain adverta ya desde la dcada del 90 que entre la percepcin de inseguridad y los datos facticos exista una brecha. Esta brecha sigui creciendo y alimentndose hasta el da de hoy. Buscar en el pasado lo que no se hizo es inservible; asustarse por lo que pasa ahora como si hubiera explotado una bomba, ms que susto es negligencia. Ocuparse y tomar medidas para el corto plazo efectivas pero acompaarlas de un plan integral que apunte hacia las causas estructurales, sera lo ms atinado.

En el medio de esta atmosfera de indefensin y semi caos, la derecha se sirve del miedo de la gente, lo apuntala y lo leuda. Caldo de cultivo para captar votos de incautos y personas hastiadas por la situacin que hayan vivido.

Si entramos apenas en el debate sobre las soluciones que se plantean, responden ms al plano del deseo que a una verdadera intencin de vivir en paz, con seguridad y orden. Poco se habla del sistema en que vivimos, el sistema carcelario, como llegamos hasta aqu, que perspectiva de futuro trazamos, qu lugar ocupa la educacin, la salud, el trabajo, la economa, en todo esto.

Creo que nunca aporta al anlisis y es muy hipottico, atribuir intenciones en los anlisis. Pero me asaltan muchas dudas cuando candidatos y lderes de la derecha uruguaya se posicionan ante determinados temas en la vereda opuesta de su contrincante a la interna de su partido. Por ejemplo en la interna del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou fue un ferviente adherente al Si a la baja. En ese entonces Jorge Larraaga se posicion en contra con argumentos que hoy mismo el esgrime a su favor para su propio plebiscito. Y claramente, Luis Lacalle Pou est en contra de esta recoleccin de firmas. Porque ambos han sido contrincantes en las elecciones del 2014 y las siguientes del 2019.

Entonces la pregunta emerge sola. Hay una vocacin real de mejorar las condiciones de seguridad de nuestro pas (porque los que en mayor medida les que sufren la inseguridad son laburantes) o son momentos de populismo represivo que se sirven para captar votos? Un voto en el centro del espectro poltico. Un voto que siempre est en disputa. Lo interesante sera reflexionar sobre la diferencia entre el centro y la centralidad en poltica. Pero ya nos desviaramos del tema principal.

Ojo y por ojo y se soluciona todo

Uruguay cuenta con el ndice ms alto de presos per cpita en Latinoamrica. Un pas que apenas alcanza los 3 millones y medio de pobladores tiene ms de once mil presos. Entonces la hiptesis de que salen por una puerta y entran por otra, de que nadie atrapa a los delincuentes como no tendra mucho correlato con la realidad.

Sonados casos que han tenido gran repercusin meditica ya sea por el delito en s mismo, la forma en que se perpetu o la victima de estos, han prendido las antorchas de la pena de muerte y en el mejor de los casos sobre la cadena perpetua, que aqu en Uruguay no existe.

Lo que nos debemos plantear es el rol del Estado y la justicia ante la vida y cules son las respuestas que pone en prctica ante determinadas situaciones. Sabemos que las polticas sociales implementadas por el MIDES estn fragmentadas, superpuestas y atomizadas.

Carecen en muchos casos de integralidad y coordinacin ante los casos abordados. Sabemos tambin que las crceles lejos de rehabilitar o hacerle un bien a esa persona para que no vuelva a delinquir, es una maquina de perfeccionamiento de la delincuencia y deshumanizacin. Sabemos tambin que este sistema genera desigualdad y eso genera violencia, criminalidad, narcotrfico. O ponindolo al revs, los pases menos desiguales son los que poseen menores ndices de criminalidad.

Foucault esboza claramente el rol de las instituciones carcelarias en esta sociedad capitalista. Por qu las prisiones permanecieron? Porque, de hecho, producen delincuentes y la delincuencia tiene una cierta utilidad econmico poltica en las sociedades que conocemos. La utilidad mencionada podemos revelarla fcilmente: cuantos ms delincuentes existan, ms crmenes existirn; cuantos ms crmenes haya, ms miedo tendr la poblacin y cuanto ms miedo en la poblacin, ms aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial.  

Si apelamos a la pena de muerte, lo calificara como la derrota o ms bien la abdicacin del Estado ante el problema de la delincuencia. La solucin ms fcil, ms inmediata, cortar la cadena por el eslabn ms corto y dbil.

Achacarle el tema del narcotrfico y la delincuencia solo a las bocas de pasta base del barrio o al rastrillo de la esquina, es tapar con un manto reduccionista e ingenuo el papel que cumplen los grandes distribuidores y productores de droga a nivel mundial y regional, las instituciones encargadas de controlar dicha distribucin que hacen la vista gorda o existe cierta connivencia entre estos. El ingreso de armas y porque los delincuentes tienen tanto acceso a las mismas.

El lavado de dinero y el blanqueo, donde los bancos ofician de agentes facilitadores para que esto suceda. Entonces el rastrillo de la esquina que entra a tu casa y te roba el televisor o te cincha de la cartera cuando volvs del trabajo, es el ultimo eslabn de una cadena mucho ms larga, poderosa e invisibilizadas por los medios y muchos actores polticos.

Aqu no hay soluciones mgicas. Pero yo planteara empezar por ir cambiando este sistema, sus estructuras socio econmicas y vinculares. Porque el capitalismo es la madre de todas las violencias.

Nicols Centurin. Graduando de la Licenciatura en Psicologa, Universidad de la Repblica, Uruguay. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE, estrategia.la)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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