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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2018

Gentrificacin
Corazn de cemento

Paula Llaves
El Salto

Empez en Chueca dice cuando, con la excusa de arreglar el barrio, se fue echando a los maricas, a las bolleras y a las trans para dejar entrar a los gays. No es lo mismo ser marica que ser gay. No es lo mismo ser homosexual y ser gay


La manifestacin del Orgullo desde el edificio Cibeles. Foto: Ayuntamiento de Madrid

Pensaba que le haban robado Madrid.

Yo cuando la conoc, me enamor me dice. Me enamor como no me he enamorado de nadie. Te juro que era pasin, admiracin, orgullo... Ya no, ahora somos como un matrimonio aburrido que comparte piso y no se separa porque no puede permitirse pagar dos alquileres.

Cities without gays and rock bands are losing the economic development race, deca en los 90 el economista Richard Florida. Y nosotros tenamos, espalda con espalda, Chueca y Malasaa. Dos bocas de metro, dos barrios humildes y, precisamente por eso, libres, creativos, abiertos, inclusivos... Ya tenamos la fama y solo era necesario cardar la lana. Y, siguiendo con el refranero espaol, cuando las barbas de tu vecino veas cortar...

Empez en Chueca dice, cuando, con la excusa de arreglar el barrio, se fue echando a los maricas, a las bolleras y a las trans para dejar entrar a los gays.

No es lo mismo ser marica que ser gay. No es lo mismo ser homosexual y ser gay me dice.

Se enciende un cigarro y se re mientras lo piensa. Le invade la nostalgia, recuerda cuando Madrid era una fiesta y las calles estaban llenas, llenas, llenas de gente caminado y haba te acuerdas? Barrios enteros dedicados a un estilo de msica, y los parques siempre estaban llenos de gente.

Tena sus cosas, claro. Tampoco vamos a idealizar los montones de mierda y los ros de meadas, pero, maldita sea, ramos ms modernos, la gente te miraba menos, se hablaba ms... Tambin te digo, dejaron que se nos cayese el barrio a trozos. Te acuerdas de las huelgas de basura de Botella y Manzano? O de cuando nos quitaron las fuentes de la calle? Eso no era gratis, eso era para que las vecinas no pudieran soportarlo y vendieran las casas a cuatro duros. Y mira, claro... Camino abonado. Les sali la jugada redonda. Tambin te digo, se vea venir. Siempre es igual.

El gesto se le endurece, la voz se le hace amarga...

Esto va as: t, yo y nuestros amigos, tan fantsticos, tan formados, tan ledos y tan sensibles, somos infecciosos. Somos un virus malsimo. Y ahora, ahora nos vamos a cargar Vallecas, Tetun, Carabanchel... Lo que pillemos. Que s, que ya lo s, que no somos como ellos, verdad? T y yo no somos hipsters, no somos modernos de postal fagocitando cualquier iniciativa cultural, creativa o artstica con el dinero que pap necesita blanquear de cuando especulaba... Claro que no, t y yo somos de barrio, somos de barrio pero con nfulas. Tuvimos la suerte de poder estudiar cuando todava era posible pagar una matrcula universitaria, esa fue la puerta. Bueno, la rendija. Un error de clculo que ya han corregido...

A veces pienso que somos fruto de un exceso de soberbia. De la suya y de la nuestra. De la suya porque supongo que, en parte, estaban convencidos de que genticamente ramos incapaces, de que las otras barreras, las del trabajo a la vez que las clases, las de los libros a precios desorbitados, nos iban a dejar a todos en la cuneta. Pero mira, se les fue de las manos. Demasiados licenciados, doctorados, con idiomas, criados en pisos de sesenta metros, tres habitaciones, un cuarto de bao minsculo, saln con terraza, en los 90 reconvertida en ampliacin del saln. Y claro, no, a ver, no iban a dejar que estos muertos de hambre dirigieran sus empresas, ya se ocuparon tambin de que las empresas pblicas fueran sus empresas. No poda ser que la meritocracia les dejara pasar... As que la solucin fue sencilla: subir las tasas universitarias, hacerlas imposibles para nosotros, aceptables para ellos, y ampliar la edad de jubilacin. As se garantizaban que una generacin entera, la tuya, la ma, se quedaba fuera del mercado laboral, condenada a trabajos de becario, mientras puestos de responsabilidad se mantienen en manos de seores que no saben abrir una tabla de excell esperando a que sus nietos terminen el mster. Ahora ya s. Sus nietos, no los nuestros.

Pero nosotros tambin pecamos de prepotencia, claro. Pensamos que por poner un pie en la universidad empezbamos a formar parte de la intelectualidad, que eso nos conceda algn tipo de dignidad que mereca ser premiada. Aceptbamos trabajos infrarremunerados en salario y sobredotados de honores. Entre 300 y 600 euros, pagando su autnomo, cobra un profesor asociado doctor. El 60% de los profesores universitarios de este pas tienen ese tipo de contrato. Lo mejor de nuestra generacin cobra una miseria por formar a los hijos de quienes pueden pagrselo para que dentro de unos aos una plaza hecha a medida les ofrezca a sus ahora estudiantes su puesto de trabajo por el doble de salario.

O peor an, cremos que tenamos talento, y que con eso bastaba.

Ya lo deca Batania: Yo tengo talento, dices, t tienes talento, aseguras, todos tenemos talento por no decir que solo tenemos hambre. Solo es hambre lo que nos corroe, falta de todo, ambicin de murcilago.

En los aos 80 y 90 y hasta en los dosmiles escribamos fanzines y formbamos bandas de msica experimental, y pintbamos, y exponamos en bares y casas ocupadas, y proyectamos pelculas y hacamos teatro a precios razonables pensando, qu ingenuos, que podamos crear una nueva escena, que seramos el nuevo Dad, la nueva Internacional Situacionista, los padres del punk, que La Pepita sera nuestro Els catre gats, que el Patio Maravillas (cuando de verdad tena un patio y estaba en el Barrio de las Maravillas) sera nuestro Montparnasse... Y no nos dimos cuenta de que no tenamos lo que hay que tener.

S, claro, tenamos las ganas, la educacin, los afectos. Pero nos faltaban, era evidente, eso tan decimonnico: los medios de produccin, la propiedad de la tierra, el techo sobre nuestras cabezas.

Y entonces fuimos nosotros, qu idiotas, los que, con toda nuestra hambre de hacer y de habitar, ocupamos esos barrios cntricos y baratos, en pisos de paredes desconchadas, en corralas con baos compartidos y con almas tendidas en las zonas comunes, y disfrutamos, claro, sonreamos mucho entonces, dormamos en colchones en el suelo, en casas amuebladas con cajas y ladrillos, antes de que los muebles hechos con pals fueran cosa de ricos. Aprendimos a vivir con poco y a pensar con mucho, y haba una luz y un encanto y una algaraba de voces en las plazas y las opiniones se rulaban como la cerveza. Y entonces vinieron ellos.

Ellos que s tenan lo que hay que tener y no necesitaban el talento, porque bastaba con apropiarse de nuestras ideas, comprar los edificios donde estaban nuestras casas y subirnos desmesuradamente el alquiler. A ti, a m y al del bar de abajo. Y nos tenamos que ir, nosotros y el frutero del barrio, porque los turistas no compran en las tiendas pudiendo comer en un bar de Huertas, y desalojaban uno, dos tres patios maravillas... Y hacan lo mismo que nosotros, pero mejor, ms limpio. Abran tiendas donde se venda ropa como la nuestra, pero no hecha con serigrafa casera, sino con mano de obra esclava en el sudeste asitico. Abran tiendas de muebles reciclados a precios desorbitados, impriman merchandising de nuestros barrios, y alquilaban, pintaban, reformaban, el caf ascenda de precio, desaparecan de las calles los perros, los ancianos y los nios y la gente fea.

Qu pena lo de la msica en Madrid... El Aqualung, la Canciller, el ... Esa es otra. Ya no queda nada de la escena urbana, que era lo que MOLABA de Madrid. Te acuerdas de la cancin esa de Radio Futura? S mujer... y yo ca, enamorado de la moda juvenil.... Qu lstima. Esto ahora es como un decorado de cine. Fachadas muy bonitas, pero detrs, nada. Sacaron a la gente de la calle, cerraron los bares de conciertos y nos condenaron a esta monotona de centros comerciales, de cadenas de restaurantes todas iguales, donde suena solo lo de siempre y sustituyeron el hablar por el comprar abriendo las tiendas 24/7. Qu barbaridad...

Nos fuimos bajando a Lavapis porque nos lo podamos pagar. Estudiantes, artistas y migrantes fuimos ocupando las buhardillas inhabitables, los stanos sin luz de un barrio obrero. Un barrio en el que hasta bien entrado el siglo XIX nadie con un bolso de Prada se atreva a cruzar a las nueve de la noche. Un barrio con bares clandestinos, con flamenco y con punk y con reggae, con recitales de poesa, con teatros pequeo, con salas de conciertos, con galeras de arte improvisadas, y otra vez cometimos los mismos errores. Mira...

Recuerdas cuando El Econmico haca honor a su nombre con platos de lentejas a doscientas pesetas? Recuerdas el Labo y Casablanca ? Ya no queda nada...

Argumosa la estn comprando entera para echarla abajo. Ya se quitaron de encima a los propietarios y ya estn ejecutando los desahucios de alquileres . Y nosotros, que nos pensbamos tan listos porque no camos en el engao de la hipoteca... Qu risa, como si no fuera obvio que cuando los pobres van ganando el partido, los ricos les cambian las reglas.

El caso, guapa, es que ya no somos tan soberbios ni tan modernos, ni tan abiertos, ni tan creativos, porque queremos un techo estable sobre nuestras cabezas, pero no sabemos muy bien a donde irnos.

Total, que ya no s, a lo mejor los equivocados ramos nosotros y para seguir en Madrid, o aunque sea para no discutir con ella, lo nico que nos queda es olvidarnos de que una vez tuvimos talento.

Pues eso, que por eso yo ahora defiendo la pluma, las zapatillas sin marca, el pincho de tortilla y salir en chndal. Anda, vamos a bailar esta, que tampoco es cuestin de que, adems de la ciudad, nos roben la alegra.

Apaga el cigarro, lo tira en una lata y se dirige a un contenedor. Sonre.

La higiene es importante, por muchas razones... No te olvides que la primera excusa fueron siempre los montones de mierda, y los ros de meadas.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/gentrificacion/corazon-de-cemento

 



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