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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2018

Cazarabet conversa con Salvador Lpez Arnal sobre Contra la (sin) razn nuclear (I)
Ser experto en algo, ser buen conocedor de algn tema de alguna materia, no implica compromiso transformador alguno

Javier Daz Soro
Cazarabet


Salvador Lpez Arnal es colaborador de Rebelin, El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales y del cambio global. Junto con Eduard Rodrguez Farr es coautor de Casi todo lo que usted deseaba saber algn da sobre los efectos de la energa nuclear en la salud y el medio ambiente, Vacunas, s o no?, Ciencia en el gora y Contra la (sin) razn nuclear. Fukushima, un Chernbil a cmara lenta (todos ellos publicados por El Viejo Topo). Nos centramos, en esta conversacin, en el ltimo libro de los citados.

***

Qu os ha llevado a escribir este libro? Cul ha sido el interruptor que os ha llevado a ello?

Me quedo ms tranquilo si comento de entrada a los lectores y lectoras que el saber de este libro (tambin de los otros) es, sobre todo y fundamentalmente, el inmenso saber de Eduard, un gran cientfico, un gran humanista y un gran amigo y compaero-maestro para m.

Respondo a tu pregunta. La importancia del tema, la decisiva importancia del tema, ahora y en el futuro, para la salud, la seguridad y el bienestar demillones de ciudadanos/as. Aqu yen muchos lugares del mundo. Tambin para nosotros dos en concreto.

No es la primera vez que lo hacemos. Hace aos publicamos otro libro sobre el tema, en la misma editorial: Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energa nuclear en la salud y el medio ambiente. Entre ese libro y ste del que hablamos se ha producido un accidente atmico de incalculables consecuencias, el de Fukushima, un accidente-hecatombe que Eduard y yo consideramos uno de los momentos ms graves de la industria nuclear, por no decir el ms grave. Durante estos ltimos siete aos, desde marzo de 2011, el da de esa catstrofe atmica, hemos ido escribiendo cada cierto tiempo sobre lo sucedido (un Chernbil a cmara lenta como apunt Eduard poco das despus de aquella fecha fatdica). Todos esos textos los hemos incluido en el libro.

Para los lectores interesados, si me permites,doy el ndice del libro, para que se hagan una idea fiel: Prlogo de Miguel Muiz, El activismo precisa de conocimiento riguroso y tico. Presentacin: La marca atmica como lnea de demarcacin del antropoceno. 1. Coordenadas nucleares. 2. Una breve consideracin sobre una tecnologa ineficaz. 3. La hecatombe de Fukushima. 4. Cinco maestros reflexionan sobe las apuestas fustico-nucleares de una civilizacin irresponsable. 5. Contra las falacias atmico-nucleares. 6. Henning Nankell, los residuos radiactivos y el oscuro legado de la humanidad. 7 . O bservaciones sobre ciencia, poder poltico-militar y cuentas insaciables de resultados. A modo de conclusin: La esperanza (con l compartida) de Kenzaburo O. Un anexo sobre una iniciativa legislativa popular espaola en torno al cierre de las centrales nucleares cierra el libro.

Alguna motivacin ms?

Nos ha movido tambin, otro interruptor de esos a los que hacas referencia en tu pregunta anterior, esta esplndida ysabia consideracin de 1977 de Nicholas Georgescu-Roegen, un maestro para nosotros. Abrimos con ella el libro: Otra alternativa abierta a la humanidad es la energa nuclear. Aunque el stock de esta energa, si se utiliza en los reactores ordinarios, no suma una cantidad mucho mayor que los combustibles fsiles; si se usa en el reactor-reproductor, algunos opinan que podra proporcionar abundante energa para una poblacin de veinte mil millones de personas durante, quizs, un milln de aos.

Pero este plan a gran escala est lleno de problemas por las consecuencias no previstas para la especie humana, y tal vez para toda la vida terrestre, recordaba el economista y matemtico rumano. Representa, de hecho, un autntico pacto fustico. Los defensores de este pacto no nos dicen cmo almacenar de manera segura los residuos nucleares. Ni tampoco sugieren qu hacer con las montaas de residuos mineros resultado de la extraccin del uranio, del granito de New Hampshire o de la pizarra bituminosa de Chattanooga. Es una preocupacin an ms grave, conclua NGR, el que slo sean necesarias unas ocho libras de plutonio 239 para fabricar una simple bomba atmica. Y no existe forma de asegurar que el plutonio 239 no vaya a parar a manos que no estn controladas por mentes sensatas. Slo en Estados Unidos, cientos de libras de material nuclear se encuentran ya sin contabilizar, comentaba hace ya muchos aos este gran bioeconomista. 

Me ha gustado mucho la reflexin que realiza en el prlogo Miguel Muiz en la que afirma poco ms o menos, para que nos entiendan quienes todava no han ledo el libro, que no vale con ser crtico por ser crtico, que cada vez hay que armarse de ms argumentos y para eso tan solo hace falta hablar hasta lo que se sepa, sin ms, sin estridencias, no querer ser ms papista que el Papa y saber qu se critica y porqu y hasta qu punto que para eso estn los cientficos, estudiosos y crticosQu nos podis reflexionar porque si bien todos los activistas debemos saber sobre qu protestamos no todos tiene que ser muy diestros? Y es que hay cuestiones que se despiertan desde el sentido comn, lo que no debe quitar que nos informemos, estudiemos y leamos..

Poco puedo aadir a los que sealas. Estamos de acuerdo. Para cualquier activismo, se necesita pasin por la justicia, por la equidad, por la fraternidad, por la libertad, disposicin para pelear (en circunstancias no siempre fciles)contras las numerosas barbaries polticas en las que estamos inmersos (pienso por ejemplo, en el momento que dialogamos, en la criminal poltica del estado de Israel o en el pensamiento etnicista-supremacista y las posibles acciones del actual presidente de la Generalitat de Catalua), lucha contra la barbarie, deca,la nuestra, no la de los otros, y conocimiento (cuando ms mejor) del tema. A la manera kantiana: el teoricismo, sin prctica, es poco til o intil; la prctica sin teora conduce, o puede conducir, a desvaros, a callejones sin salida y, en ltima instancia, al desencanto. Las pasiones, nuestras pasiones polticas, deben ser pasiones razonadas, revisables y matizables y vividas en comunidad, con los otros, que somos tambin nosotros. Un amigo, un compaero, un verdadero maestro, Joaqun Miras, explicara esto ltimo mucho mejor que yo lo estoy haciendo.

Y por supuesto, cuando hablo de conocimiento hablo tambin del conocimiento ms prctico, ms emprico, ms concreto, el que otorga la experiencia en la lucha, en el trabajo, la participacin en el combate antinuclear en nuestro caso. Los activistas tienen mucho que decir y ensear sobre todo esto. Sus saberes nos enriquecen a todos.

Aado, adems, que comparto, que compartimos, tanto Eduard como yo, el elogio que has hecho del texto, del generoso texto de presentacin que nos regalado -y ha regalado a los lectores- Miguel Muiz. Para nosotros, Miguel es un activista ejemplar, honesto donde los haya, que escribe textos imprescindibles todos los meses en la revista electrnica de mientras tanto. En trminos machadiano-brechtianos, un hombre bueno. Sin ninguna sombra oscura. Todo un referente, un maravilloso referente, un compaero del alma.

Pero es que muchas veces el activismo ha sido un poco calificado, cmo os dira?, de sensacionalista o populista, pero es que cuando se acercaban a expertos en la matera estos, simplemente, no se mojaban. En mi entorno lo he vivido, lo he visto(con otras causas, pero)

Tambin de acuerdo con lo que creo que apuntas. Esas descalificaciones, en muchos casos, son interesadas y mal intencionadas, no son fruto de ninguna calentura momentnea, luego rectificada. No estoy diciendo, no quiero decir, que ningn activista del mundo-mundial no haya cometido alguna vez algn error o haya dicho alguna tontera (quien est libre de pecados y torpezas gnoseolgicos que tire la primera piedra!). Claro que s, no hay duda, pero ese no es el punto, desde luego que no. Los errores, por millares y muy peligrosos, estn, sobre todo, en el bando pro-atmico. Es necesario justificar algo tan bsico, tan sabido, tan conocido?

Ser experto en algo, ser buen conocedor de alguna materia, no implica compromiso transformador alguno. Del es al debe suele haber un salto que exige compromiso, mucha humanidad, estar concernido, alma, pasin, espritu, sentimiento, rabia, indignacin, y no pensar todos los segundos del da, mes y ao en la cuenta corriente, en la ya abultada cuenta de resultados. La industria nuclear, comola industria del amianto por ejemplo (que an existe, no es algo del pasado), est llena a rebosar de buenos conocedores de la temtica en los que no asoma ninguna inquietud politica y en los que rige, en la mayora de los casos, un pueril fanatismo tecnolgico. La tecnologa superar cualquier dificultad! Somos la especie omnipotente gracias a nuestra omnisciencia siempre in crecendo!Tonteras mil veces discutidas y refutadas. No hay buen pensamiento en todas esas consideraciones. Ni siquiera un pensamiento de suficiente muy ajustado.

Los expertos suelen ser parte (hay excepciones muy importantes y a tener muy cuenta, no se puede olvidar un nudo tan bsico) de los grupos dominantes que ejercen siempre su interesado poder dominante. Las remuneraciones que obtienen por esa subordinacin poltico-cultural -incluso vital, existencial-suelen tener muchas cifras. Roma, los imperios y las grandes corporaciones pagan muy bien a sus sirvientes, cuando son sirvientes y les son tiles.

No quiero decir en todo caso, sera un falso decir insisto de nuevo, que todos los tcnicos de la industria nuclear sean indiferentes a los problemas que presenta la industria, personas cuyo nico inters se centra en el generoso salario de fin de mes y en las pagas complementarias. Afirmar una cosa as sera simplificar mucho la cuestin, deformarla en ltima instancia, pintar muy mal y de negro muy oscuro el escenario real. No es eso, hay ms aristas y caras en este poliedro.

La poca del auge de la energa nuclear, marc un antes y un despus?, cmo y de qu manera?

Por el incremento de la radiactividad en nuestra planeta. De hecho, como se sabe, la marca atmica ha sido la escogida para delimitar una nueva era geolgica, el Antropoceno. Hablamos de ello en el primer captulo del libro.

Simplificando mucho, tomo pie en reflexiones de Eduard, l aporta el saber: e n 1942 irrumpe un fenmeno generado por la humanidad, por grupos muy especficos de la humanidad, cuyo anlisis detallado nos llevara a discutir sobre la epistemologa y poltica de la ciencia en tiempos de guerra y enfrentamientos de Estados. Entra en funcionamiento en Chicago, en diciembre de ese ao, el primer reactor nuclear ideado por Enrico Fermi, el gran fsico italiano exiliado. Se le llam la pila atmica. Es el primer reactor que se fabric para generar una reaccin nuclear en cadena controlada y obtener plutonio con el fin de poder construir la bomba atmica. A partir de entonces, con la intervencin humana, y en contra de lo que hasta entonces haba ocurrido, ha ido aumentado la radiactividad en nuestro planeta. Recordemos que existe un fondo de radiactividad natural que se distribuye segn la geografa y que depende, en proporciones diversas, de varios factores. De la radiacin csmica en un 40%; de la radiactividad terrestre de rocas, suelo y aire en otro 40%, y, finalmente, el 20% restante, de la radiactividad natural incorporada al organismo. As pues, el 80% de la radiacin natural que el ser humano recibe es externa a nuestro organismo. Alrededor de 0,00125 Sv al ao por persona, entre 0,001 y 0,0015 segn el territorio.

La radiactividad natural existente en el medio ambiente proviene de los radionclidos contenidos en la corteza terrestre desde su origen y de los radionclidos, con perodos de desintegracin mucho ms cortos, formados continuamente en las series radiactivas naturales del uranio, del torio y del actinio -existe una cuarta serie artificial, la del neptunio-, o por la interaccin de los rayos csmicos con la atmsfera y la superficie del globo.

Los diversos radionclidos naturales contribuyen muy desigualmente a la radiactividad global de la biosfera, debida fundamentalmente a una veintena de ellos. Dada su abundancia en la corteza terrestre y su ritmo de desintegracin, tres de ellos, el torio 232, el uranio 238 y el potasio 40, originan alrededor del 90% de la radiactividad natural. De los catorce radionclidos generados por los rayos csmicos, los ms frecuentes son el carbono-14 (el ms abundante), el tritio (el hidrgeno-3) y el berilio-10, que representan una nfima proporcin de la radiactividad del medio. Al atravesar la atmsfera, los rayos csmicos, fundamentalmente, protones, partculas alfa y, en menor proporcin, electrones y otras partculas, interaccionan sobre todo con el hidrgeno y el nitrgeno produciendo, respectivamente, tritio y carbono-14. El nivel de radiacin csmica aumenta per se con la altura sobre el nivel del mar y con la latitud; en el ecuador, por tanto, es mnima. Conviene tener presente que la cantidad de estos radionclidos se encuentra en equilibrio entre una formacin constante y una desintegracin continua con vidas medias cortas .

S que es un poco tcnico lo que estoy contando, espero sin muchos errores.

Prosigue, no queda otra.

Como cualquier otro contaminante, los radionclidos introducidos en la biosfera no permanecen fijos sino que existen diversos factores meteorolgicos, geoqumicos, acuticos y biolgicos que determinan su dispersin y circulacin por el medio, recorriendo grandes distancias a partir del foco emisor. Estos factores, junto con las caractersticas singulares del radionclido, provocan que la diseminacin del contaminante no sea en ningn caso homognea.

Esta radiactividad, digamos natural, fue disminuyendo pero, en cambio, ha ido aumentando, como deca, desde 1942. A travs de los procesos tecnolgicos, de los reactores nucleares, introducimos en la biosfera elementos radiactivos, algunos de los cuales son elementos muy similares a los que fisiolgicamente, de forma natural, utilizan los organismos.

Por ejemplo

El estroncio 90, por ejemplo, que es uno de los elementos ms importantes de la contaminacin de Chernbil, o el cesio 137, son radionclidos que se incorporan al organismo. El primero acta como el calcio y se incorpora a los huesos; el cesio 137 se incorpora a los msculos, como el potasio; el iodo radiactivo se incorpora al tiroides. Todos estos elementos consiguen incorporarse al cuerpo humano porque son equivalentes o iguales, como en el caso del iodo, a elementos no radiactivos que existen en la naturaleza y que son necesarios para la vida.

El ininterrumpido aumento del uso industrial, militar, cientfico y mdico de la energa atmica, de los radionclidos y las ondas electromagnticas de alta frecuencia, rayos X y gamma, est incrementando fuertemente, y de forma continua, el nivel de exposicin que sufre la especie humana a las radiaciones ionizantes.

La presencia a escala mundial de numerosas instalaciones y aplicaciones de la energa nuclear, conteniendo inmensas cantidades de radionclidos txicos, altamente activos y de larga vida, constituye una gigantesca fuente potencial de contaminacin radiactiva del medio y un riesgo de exposicin a la radiacin de creciente importancia para la salud pblica. La entrada de estos radionclidos en la biosfera ya se ha producido de forma significativa. Conocemos ms de 400 elementos radiactivos artificiales, algunos de ellos detectados en cantidades importantes en la atmsfera, la hidrosfera y la litosfera.

Me he extendido ms de lo conveniente. Lo podemos dejar aqu. Nos hacemos idea de lo que comentamos. Eso espero cuanto menos. Pido disculpas por este desarrollo.

Sin embargo

Perdona, perdona, me he olvidado, tengo que insistir. En todo caso remarco: el argumento, usado desde atalayas defensoras de la energa nuclear, que sealan que tambin existe radiactividad natural y que, por consiguiente, no deberamos preocuparnos, es netamente falaz, no se puede considerar seriamente. Por un lado, por lo que antes decamos: la vida, nuestra especie en concreto, ha aparecido en un fondo radiactivo determinado que ha ido disminuyendo desde el origen del planeta, pero nosotros, con nuestras actividades, con nuestra tecnologa, estamos incrementado esa radiactividad. Esto es un hecho radiobiolgico comprobado. Cuanto ms antigua es una especie o un philum ms resistente es. Pero, adems, por otro lado, la afirmacin de que la radiactividad natural no tenga efectos negativos es una tesis muy discutible porque tambin hay estudios publicados que muestran que hay diferencias de efectos -cnceres, diversos tipos de mortalidad- cuando la radiactividad natural es ms alta en una regin que en otra.

Por cierto, antes de que me olvide y aunque no vega al caso.

Adelante con eso que no tiene al caso.

La Organizacin Mundial de la Salud (OMS) firm en 1959 un convenio o acuerdo con la Agencia Internacional de la Energa Atmica (AIEA) de Viena por el que todas las cuestiones relacionadas con la utilizacin de la energa atmica o con la radiactividad necesitaban el acuerdo de la AIEA. De este modo, todos los estudios que publica la OMS sobre estos temas han pasado anteriormente por el filtro de la Agencia. Desde entonces, desde la firma del acuerdo, tampoco ha habido programas de investigacin de la OMS. La misma Agencia europea tena y tiene un comit de radioproteccin o radiovigilancia pero no son temas que hayan pasado nunca por estudios de salud. Hay muy pocas investigaciones independientes epidemiolgicas, radiobiolgicas. La mayor parte de los departamentos de radiobiologa dependan o tenan relacin con instituciones militares. En Francia, el Comisariado de Energa Atmica; la Agencia de Energa Atmica en Estados Unidos. En Inglaterra, el Medical Research Council tena unidades que estaban ntimamente ligadas con los departamentos de energa y de asuntos militares.

Pido disculpas de nuevo. Me he extendido en exceso. Ser mucho ms concreto a partir de ahora.

S, una central nuclear tiene sus riesgos, personalmente, como ciudadana que se ha realizado constantes preguntas y dudashe visto ese peligro, he ledo y he tratado de informarme y le he temido porque siempre he visto que hay otras muchas maneras de obtener energa de forma ms limpia y con menos riesgos y eso me basta, al menos a m텿Cmo lo veis?

El tema de la autosuficiencia energtica es ms complejo por supuesto. Pero s, por supuesto, hay otras formas de obtener energa que no tienen nada que ver con la contaminacin ni con la arriesgada apuesta atmica. El mbito de las energas renovables es el territorio al que ests apuntando. No parece ninguna barbaridad apuntar que Espaa tiene en el sol y en las energas asociadas una fuente ms que generosa para sus necesidades energticas temperadas. Toda transicin energtica racional, adems de cambiar sustancialmente nuestras formas despilfarradoras de vida (asunto muy importante, cada vez ms importante), exige una apuesta decisiva por las energas renovables, que no incluyen, se diga lo que diga y lo diga quien lo diga, la energa nuclear.

Tomemos un descanso si te parece.

Me parece, lo necesito.

Fuente: http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/sinrazonnuclear.htm

 



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