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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2018

Los caminos de la utopa: memoria, identidad y futuro en UNASUR

Ricardo Melgar Bao
Pacarina del Sur


Discutimos el nuevo horizonte de sentido del nosotros continental que legitima su real diferenciacin y escisin. Utopa y proyecto se tocan y friccionan. En ese contexto se analizan los elementos que bajo las ltimas administraciones gubernamentales orientaron la definicin de la poltica exterior mexicana como coadyuvante de la conversin nacional en alteridad de la Amrica del Sur. Mxico durante las dos ltimas dcadas orient sus principales esfuerzos en materia econmica, energtica y geopoltica a acelerar su integracin al bloque trilateral del norte, liderado por Estados Unidos y acompaado por Canad. La escisin de las Amricas se hizo ms evidente con la constitucin de la Unin de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Alianza del Pacfico. Se toman en cuenta las aristas complejas de la resignificacin de la soberana nacional mexicana, as como las memorias de los agravios y riesgos en las relaciones de los pases de UNASUR. Bajo tales trminos presentaremos crticamente la redefinicin de las fronteras geoculturales, econmicas y polticas y en su interior, su real y subalternizada diversidad etnocultural.

El nosotros supranacional entre la enunciacin y sus imgenes

En el horizonte cotidiano de nuestros pueblos, los modos de enunciar y representar en imgenes el nosotros supranacional no son desdeables, en ellos hay un componente utpico en tensin crnica con su componente real. En el habla popular del ltimo medio siglo se fueron extendiendo las formas del nosotros, que trascendieron las adscripciones nacionales. Enunciar un nosotros andino, amaznico o conosureo, gracias a su tenor polismico, gan mucha ms presencia, mientras que el adscribirnos como suramericanos continuaba en su accidentado periplo ideolgico, poltico y cultural. Nos doli que Espaa a inicios del ltimo cuarto del siglo XX, nos rebautizase como sudacas. Cierto es que inicialmente el estigma ibrico fue dirigido hacia nuestros migrantes, pero que por derivacin de sentido nos termin incluyendo a todos. No nos solazaremos con la crisis espaola que tambin nos duele como nos lo recuerdan los migrantes latinoamericanos y africanos. Sin pretender agotar las aristas de la identidad cultural suramericana debemos precisar sus retos contemporneos.

La construccin de la identidad cultural suramericana, en primer lugar, no puede quedar circunscrita a su territorialidad geogrfica o poltica, ya que sus fronteras son mviles, tanto como sus flujos migratorios y lugares de trnsito o destino. En segundo lugar, la identidad cultural suramericana no puede quedar reificada a la lectura esencialista e imaginaria de lo que creemos compartir. En esa direccin debemos auscultar, debatir y evaluar el modo de enunciacin del nosotros supranacional, sus mudanzas y variaciones de sentido de cara a reorientar nuestros procesos de integracin. Debemos ponderar si es viable y pertinente impulsar una postura inclusiva frente a esos nosotros supranacional. En tercer lugar, la identidad suramericana debe ser resignificada no slo desde arriba, posibilitando que las voces de nuestra heterogeneidad tnica cultural brinden sus granitos de arena. Lo anterior, coadyuvar a que la identidad sudamericana depure sus alienadas ideas acerca de su inveterado atraso y subalternidad. La idea fuerza de la unidad sudamericana debe ser connotada afectivamente de manera positiva. Sostenemos que la comunidad emocional de toda identidad cumple la funcin de cohesionar y propulsar la voluntad colectiva. La identidad suramericana tiene que ver con la restitucin de la memoria de su heterogeneidad y la de sus puentes de fraternidad. Nuestra identidad est en efervescente transicin y desarrollo, y su horizonte de futuro est en juego.

Desde la perspectiva de UNASUR, la identidad suramericana tiene una dimensin social que puede ser capitalizada a su favor. Siempre y cuando se proponga una estrategia inclusiva frente a los migrantes intracontinentales. Estos actores todava resienten su marginacin en los marcos ciudadanos del pas de su residencia, siendo ms grave el caso de los indocumentados sobre los que pesan los agravios de su detencin y expulsin. El trato a los indocumentados es duro, suele justificarse bajo los artilugios de su presunta ilegalidad, criminalizando su presencia. Migrantes formales e indocumentados han borrado las fronteras nacionales. Colombianos en el Ecuador, paraguayos, bolivianos y peruanos en la Argentina, peruanos y bolivianos en Chile, colombianos, ecuatorianos y peruanos en Venezuela.

Veamos la perspectiva del sujeto migrante emergida de su experiencia. Las comunidades migrantes sudamericanas ms significativas en el Brasil, se estiman a la fecha en medio milln. La mayora se concentra en Sao Paulo, ciudad en la que se calcula residen 200 mil bolivianos, 40 mil peruanos y 35 mil paraguayos.[2] En dicho pas, la lucha por la amnista logr en 2009 la expedicin de una ley que atendi esa demanda coyuntural, pero que segn los activistas de dichas comunidades, representa slo el primer paso para conquistar sus plenos derechos con la obtencin de la ciudadana, independientemente de sus filiaciones nacionales.

La migracin intracontinental dista de haberse cribado en las ltimas dcadas, tiene una larga historia por recuperar cuyo arco temporal tiende hilos de continuidad entre los primeros tiempos de la vida republicana y el presente. Los migrantes tienen en su seno un segmento frente al cual la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha impulsado algunas prevenciones y medidas de apoyo; nos referimos a los desplazados de las guerras internas, el caso colombiano sigue siendo el ms emblemtico de los ltimos aos.

Frente a todo ello, la identidad suramericana necesita cimentar una de sus bases en la reelaboracin entre todas las cancilleras de la regin de una poltica concertada en materia de migraciones intra continentales y extracontinentales. Nuestros migrantes en Estados Unidos, Europa, y dems continentes demandan una estrategia concertada de nuestros gobiernos que algunos casos slo se preocupan por las remesas y muy poco por atender sus necesidades culturales, las cuales no deben confundirse con las ofertas que se desprenden de los calendarios patrios. UNASUR es consciente de que los flujos migratorios continuarn a la alza y crecern mucho ms con las obras de integracin, como son los corredores biocenicos, las carreteras y los nuevos corredores ferroviarios y lacustres, sin que contraigan de otro lado, los flujos migratorios extra continentales, mientras no se abran mejores horizontes en su compartido espacio continental.

Patrimonializar las bases sociales de su identidad supone atender de otro modo a sus migrantes sin distincin de nacionalidad dotndolos del derecho a la ciudadana, implica adems recuperar una historia todava sumergida, la de los desterrados y asilados suramericanos. Este tema apareci en ms de una oportunidad en la historia de los proyectos de integracin pero en sentido nada tolerante, y felizmente no logr acuerdos. En el curso de los debates del segundo congreso continental de 1848, el representante del gobierno de turno en Chile, present una mocin para ser votada en la plenaria, con la finalidad de silenciar las voces de los adversarios polticos nacionales que fueron deportados y que cuestionan a su gobierno desde los espacios pblicos de sus pases refugio. Asunto muy delicado adems, porque desde la fundacin de nuestras repblicas, los nuevos gobiernos que dejaron atrs las prcticas represivas, muy pocas veces, promovieron polticas de retorno viables. Esos intelectuales, cientficos, artistas que por razones polticas de diversa ndole, echaron races de por vida en pases refugio, muy excepcionalmente han sido recuperados por las historias nacionales. Los desterrados dejaron sus obras y sus huellas diseminadas por el territorio sudamericano, centroamericano, mexicano y antillano, dislocndolas contra su voluntad de sus patrias originarias. La historia de los exilios que no est hecha en Amrica del Sur tiende puentes de hermandad, por su pluralidad ideolgica, revelando adems su heterogeneidad tnica. No todos fueron criollos ni mestizos. El hermano de Tpac Amaru recibi el asilo de la recin independizada Argentina, y dos de los principales lderes del congreso indgena boliviano, tras el derrocamiento del gobierno de Gualberto Villarroel, encontraron refugio en el Brasil a mediados de los aos cuarenta del siglo XX. Los exilios de nuestros prceres de la independencia sealan esa paradoja de nuestra historia poltica marcada por la negacin y el reconocimiento, la exclusin nacional y la hermandad de un pueblo hermano, vecino o no.

El ciclo de la independencia en Amrica del Sur no abarc al Brasil, aunque s recibi su influjo. En el imaginario social de nuestros pueblos recin emancipados coexisti la idea de patria como horizonte local, la de repblica en tensin con la de la soberana del pueblo y la de hermandad americana. La insercin de nuestros pases en la economa mundial gener desarticulaciones regionales

Una nueva alteridad, una nueva frontera

Con el inicio del siglo XX, resentimos el influjo de la academia estadounidense de pensar la historia cultural y la identidad desde un prisma supranacional. As se formularon las tipologas sobre las reas culturales en nuestro continente, a partir de identificar ciertos ejes de articulacin de rasgos culturales compartidos, tambin llamados complejos culturales y que inevitablemente abrieron la discusin sobre el lugar y el papel del centro en los procesos de reproduccin e irradiacin cultural precolombinos. Las narrativas descriptivistas sobre las reas culturales no tardaron en ser criticadas por algunos intelectuales, polticos y militares, quienes expresaron sus desconfianzas, dudas y observaciones. Los potenciales usos geopolticos contemporneos del concepto de rea cultural son conocidos. En el fondo, se trataba de legitimar la presuncin de que en cada rea el centro significaba y dominaba su hinterland cultural y algo ms, por lo cual el origen cultural devino en capital simblico en las disputas nacionales del presente.

Amrica del Sur ha sido diferenciada por sus legados culturales prehispnicos, as como sus reconfiguraciones coloniales y republicanas bajo conduccin criollo-mestiza. Del otro lado de Amrica del Sur, Mxico ha sido identificada como el asiento de las dos principales culturas mesoamericanas en el altiplano central y en el sureste: la azteca y la maya, mientras que las culturas del norte, quedaron bajo las adscripciones de las siguientes reas culturales: rido Amrica, Oasis Amrica o integradas al gran suroeste norteamericano.

Pensar los espacios histrica y culturalmente compartidos suscit el desarrollo de propuestas heterodoxas e interesantes aunque poco debatidas. La de Indoamrica del peruano Vctor Ral Haya de la Torre y sus cuatro sectores, que a su manera retom el intelectual ecuatoriano, Luis Monsalve Pozo, o la triloga propuesta por el brasileo Darcy Ribeiro sobre los pueblos testimonios, los pueblos nuevos y los pueblos trasplantados, que permiti apreciar por ejemplo ese corredor cultural compartido existente en los puntos de enlace territorial de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay.

A partir de la dcada del 70 del siglo XX emergieron otras propuestas desde el mirador sudamericano, por ejemplo: la de la unidad amaznica, la del rea andina y la de cuenca del Plata, cada una reclamando un ncleo de poder y articulacin. Estos enfoques fueron diseados sobre espacios y sujetos supranacionales por lo que en ellos la nocin de fronteras se proyect con tensin algo ms que discursiva frente a los lmites y soberanas de los estados involucrados, aunque gener instancias de integracin ms econmica que poltica y cultural. Sin embargo, las tramas de identidad cultural supranacional distaron de constituir temas de investigacin y debate especializado de acadmicos, polticos, militares y diplomticos.

Mxico resenta desde dcadas atrs los alcances de un rea polmica llamada Gran Suroeste por la academia estadounidense y en la que algunos han destacado el desarrollo cultural de los indios pueblo. A pesar de que en el estado de Chihuahua, que es fronterizo con Estados Unidos, y a un par de horas de Ciudad Jurez, se ubica el importante complejo arqueolgico de Paqum en los bordes de la ciudad de Casas Grandes, los arquelogos de Estados Unidos dirigen las excavaciones y su insercin en una controvertida redefinicin de las reas culturales. Por si fuera poco, Theo R. Crevenna, brillante intelectual alemn nacionalizado estadounidense y vinculado al Departamento de Estado desde la administracin Truman, fue muy versado en temas de geopoltica, reabri el debate sobre los corredores interfronterizos. Theo fue autor de un libro sobre la invasin a Normanda y coordinador del ms importante y pionero estudio sobre las clases medias en Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela, publicado entre los aos de 1950 y 51.[3] En los aos ochenta del siglo pasado registr en la Universidad de Nuevo Mxico un proyecto sobre el corredor cultural colonial que una Nuevo Mxico hasta Zacatecas siguiendo la ruta minera de la plata, el cual involucr a un nutrido nmero de entidades e investigadores.[4] Los avances de ese proyecto presentados por los investigadores estadounidenses en eventos internacionales, ubicaban como principal eje de atraccin y dinamismo de los bienes culturales las ciudades situadas del lado de su frontera. El gobierno de Vicente Fox condecor en 2006 a Theo Crevenna con la orden del guila Azteca, en grado insignia, dando por conocidos sus mritos acadmicos.[5]

El sector de la academia estadounidense que acompaa estos estudios transfronterizos en tiempos del TLC abre dudas razonables sobre su asepsia geopoltica con respecto a Mxico. Existen otros elementos que fundan nuestra preocupacin sobre el curso etnocultural de las relaciones bilaterales Estados Unidos / Mxico. Mencionaremos dos de ellos. El primero, tiene que ver con los grupos tnicos binacionales. Tres meses antes de la firma del TLC, la administracin de Salinas de Gortari convirti en asunto reservado un delicado asunto fronterizo que de ser conocido hubiese frenado su firma, o por lo menos, puesto en riesgo. Un convenio bilateral sobre la condicin de grupos tnicos binacionales con derecho a libre trnsito fronterizo a favor de los Ppagos y Kikapus haba sido violentado. Todos los habitantes de esas etnias fueron convencidos de adoptar nicamente la nacionalidad estadounidense. La Constitucin mexicana prescribe que ningn extranjero puede tener posesiones territoriales en zona fronteriza, y en estos casos, las mudanzas de nacionalidad de estos grupos tnicos, han suscitado un foco de tensin que aunque las autoridades mexicanas procuran invisibilizarlo, sigue latente. .

El segundo elemento tiene que ver con TLC, la soberana alimentaria y la identidad. Las lites de poder en Mxico han persistido en profundizar su relacin con Estados Unidos no obstante que los costos del TLC son impactantes. La soberana alimentaria qued destrozada, lo refrenda un dato duro: la importacin de maz amarillo transgnico, el cual va relevando al maz blanco y mixto, tan vinculados histricamente a la identidad gastronmica mesoamericana, a la cosmopercepcin de los pueblos originarios y a su universo ritual. Mxico en 2012, se ha convertido en el principal importador mundial de maz transgnico. De las 396 mil toneladas importadas en 1992, se ha pasado a la cifra record de 9.8 millones de toneladas para el ciclo 2011-2012, segn revel la Confederacin Nacional de Productores Agrcolas de Maz de Mxico (CNPAMM). [6] El segundo, por haber erosionado su campo cultural incrementndose la presencia de las industrias culturales estadounidenses.

A lo anterior se agrega un giro geopoltico que llev a Estados Unidos a constituir el 1 de octubre de 2002 su Comando Norte, el cual integr a su hinterland de seguridad a Canad, Mxico y a un rea de 500 millas nuticas que incluye algo ms que el Golfo de Mxico. El fantasma del 11 de septiembre sirvi de trasfondo ideolgico de la redefinicin de Estados Unidos del proceso de integracin con sus vecinos ms cercanos. En 2002, el general Richard B. Myers, jefe del Estado Mayor, explic que el Comando Norte se comprometera a facilitar a las fuerzas armadas mexicanas una ms eficiente "cooperacin para la seguridad" (venta de equipo, entrenamiento castrense) y "coordinacin militar".[7] En 2010, James Winnefeld Jr, su comandante en jefe, declar enfticamente: La prioridad nmero uno ser nuestra asociacin con Mxico. No hay duda de eso. [8]

El mismo ao, se dio otro paso ms, la firma de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de Amrica del Norte (ASPAN), en la cual los presidentes de Estados Unidos, Canad y Mxico se comprometieron a aprobar nuevas regulaciones comerciales y otras relativas a la seguridad y la cooperacin militar y energtica que vienen siendo guardadas con celoso hermetismo.

La relacin de Mxico con Estados Unidos se contamin al filtrarse informacin sobre el trasiego de armas inducido por la AFT en territorio mexicano y que favoreci el potencial de fuego del Crtel de Sinaloa. El presidente Obama aplic el veto para evitar que la documentacin vinculada a la Operacin llamada Rpido y Furioso, sea estudiada y debatida en la cmara de representantes. [9]

Por lo que respecta al Comando Norte, se estrenaron los cursos de entrenamiento a los cuerpos de lite de las fuerzas armadas de Mxico en el manejo de nuevas tcnicas contrainsurgentes.[10] En 2012 lo refrend Charles Jacoby su comandante en jefe, al declarar que los mexicanos siguen la estrategia correcta en el noreste del pas en materia de seguridad frente al crimen organizado, aunque en su opinin tendran que realizar otras cosas.[11] No fue casual que tres das despus, visitase Mxico acompaado del contralmirante Colin Kilrainy, el nuevo agregado naval, y sostuvo una reunin de alto nivel con Mariano Francisco Saynez, en ese momento Secretario de la Marina mexicana, quien declar que intercambiaron "puntos de vista en lo concerniente a diversos temas de importancia para ambas fuerzas armadas".[12] En agosto, despus de las elecciones presidenciales en Mxico y an bajo el mandato de Caldern, se realizar una nueve cumbre de Aspan. Leslie Bassett, ministra consejera de la Embajada de Estados Unidos, sugiri que en dicha cumbre era deseable que Mxico aceptase la incorporacin de la iniciativa Mrida. [13]

En el actual mapa geopoltico, Mxico no va del lado de Amrica del Sur, sus lites dominantes siguen firmes en su apuesta hacia el norte, aunque ello acentu la subalternidad de su pas y de su gobierno. Est diferenciacin de espacios interamericanos, auspiciada y sostenida por Estados Unidos, dota por contraposicin de legitimidad al proyecto de UNASUR. Sin embargo, Estados Unidos ha reformulado la estrategia a seguir en Amrica del Sur, incluida la que corresponde en el terreno militar a su Comando Sur.

La hegemona del Pentgono sobre las fuerzas armadas latinoamericanas fue conferida a su Comando Sur, el cual impuls la realizacin de conferencias por rama militar, maniobras militares conjuntas y un programa de becas en su controvertida Escuela de las Amricas a partir de 1946 en la zona ocupada del Canal de Panam. A partir de 1959 se dio inicio a las conferencias navales, un nuevo fantasma de la Guerra Fra que haba cobrado identidad en el Caribe, por lo se deba exorcizar su propagacin por mar. El desembarco y ocupacin armada de la Repblica Dominicana el 28 de abril de 1965, fue legitimada por los gobiernos aliados de turno. No fue un caso aislado si recordamos otras ominosas intervenciones.

La XXV edicin de la Conferencia Naval Interamericana (CNI) realizada en mayo del presente ao en Cancn, Mxico, puso en primer lugar la cuestin de los nuevos retos de la Seguridad Martima Interamericana en consonancia con la tesis de la posguerra que prescribi en 1947 el Tratado Interamericano de Asistencia Recproca (TIAR) para los estados signatarios. La preocupacin principal del Pentgono gira en torno al Pacfico, escenario principal de la economa mundial. La llamada operacin Martillo al mando del general Douglas Fraser, jefe del Comando Sur, iniciada a partir de enero de este ao entre el Pacfico y el Caribe, dista de tener como nico objetivo el trfico de drogas y la violencia que le acompaa, aunque consider que debe ser tratado como un problema hemisfrico", que amenaza "desde Canad hasta Chile".[14] El caso peruano es emblemtico al respecto.[15]

La frontera estadounidense es mvil y se hace sentir en Amrica del Sur en los terrenos diplomticos, militares y econmicos. No es casual que Roberta Jacobson, Subsecretaria interina para Asuntos Hemisfricos del Departamento de Estado, haya visitado Buenos Aires para reunirse con el Canciller Hctor Timerman, empresarios y polticos. Es la segunda visita de este tipo en el trienio, recurdese la de Arturo Valenzuela, en diciembre del 2009. Valenzuela cuestion la seguridad jurdica para los inversionistas estadounidenses y dijo con aoranza y tono provocador que bajo el gobierno de Carlos Menen el panorama de las inversiones era ms saludable. La reaccin del gobierno argentino fue oportuna y airada. En 2012, el gobierno argentino ha desactivado el convenio celebrado entre el Comando Sur y Jorge Capitanich, gobernador del Chaco para instalaciones de tipo militar. La poltica estadounidense no escatimar esfuerzos en tomar provocadoramente a su favor, la estructura federativa de algunos pases para suscribir acuerdos no con los gobiernos centrales, sino con los estatales.

Ya se puede apreciar uno de los alcances del Convenio del 2006 y el Acuerdo de Cooperacin firmado el 2 de septiembre de 2011 entre el Subsecretario de Defensa de Chile, Oscar Izurieta, y el Jefe del Comando Sur General, Douglas Fraser, sobre la frontera Pacfico de Amrica del Sur. Las instalaciones del llamado Centro Conjunto para Operaciones de Paz (Cecopac) Fuerte Aguayo, en las cercanas de Valparaso, estar nominalmente regida por el convenio bilateral Programa de Fortalecimiento del Sistema Provincial de Emergencias. [16]

Si lo anterior lo vinculamos al quehacer de Leon Panetta, Secretario de Defensa estadounidense, durante a sus visitas a Colombia, Brasil, Chile y Per, la poltica de Washington se har ms transparente en su acelerada carrera por ganar posiciones militares. Estados Unidos vende a nuestras lites gobernantes su maquillada cultura estratgica junto con sus modelos de seguridad y su ideologa sobre los derechos humanos, incluida su cara intervencionista militar.[17] Panetta explic a los medios, su inters en participar en consultas con varios de nuestros socios en esta parte del mundo e intentar fomentar alianzas de seguridad innovadoras en la regin. Frente a Brasil, la poltica de Estados Unidos es de presin, compromiso y premio consuelo. Un pacto de seguridad con Brasil es lo que est en juego. Paneta fue claro cuando sostuvo que: "Brasil es una potencia econmica y la cooperacin en alta tecnologa, que necesita fluir en ambas direcciones, parece limitada por los controles a la exportacin existentes actualmente. Respondiendo a esto, tomamos la decisin de librar 4 mil licencias de exportacin para Brasil, un nivel similar al que tenemos con nuestros mejores aliados globales." [18] La cuestin paraguaya tras la cada de Lugo, dar a Brasil el premio consuelo de Itaip en trminos ms favorables que los ofrecidos por Lugo. Sin embargo, los escndalos mediticos de espionaje electrnico y al injerencismo estadounidense en materia de navegacin area internacional han enfriado las relaciones diplomticas. Las relaciones entre los gobiernos de UNASUR y los Estados Unidos se han vuelto difciles.

Memoria de los proyectos de integracin

Los proyectos de integracin en curso no pueden dejar de mirarse y dialogar con las iniciativas que se dieron en otros tiempos, por lo que justifican la presentacin de una apretada sinopsis. Existe consenso de que las primeras ideas sobre la unidad suramericana se gestaron durante el proceso independentista que libraron los pueblos sometidos al colonialismo espaol. Lograda la independencia y establecidas la mayora de las repblicas suramericanas, padecieron los costos polticos, sociales y econmicos que emanaron de la insercin asimtrica de sus regiones en el mercado mundial y sus caudillos, lo que trajo aparejado guerras civiles e inevitables antagonismos entre sus fuerzas centrpetas y centrfugas, capitalizados principalmente por el capital comercial y bancario, principalmente britnico. La amenaza neocolonial espaola no haba desaparecido, como lo probara ms adelante su flota naval en las costas del Pacfico sur, as como las presiones, amenazas e incursiones francesas, prusianas y britnicas. Estados Unidos despert fundadas preocupaciones con el lanzamiento de la doctrina Monroe, y a partir de la invasin de Mxico en 1847, en potencial amenaza. En ese contexto, se reactivaron los encuentros y aspiraciones unionistas. Al Congreso Anfictinico de Panam realizado en 1826, sigui, dos dcadas ms tarde, un segundo congreso.

La realizacin del Congreso Anfictinico de Panam de 1826 fue antecedida de acuerdos bilaterales que coadyuvaron a crear un clima favorable para avanzar hacia compromisos de mayor envergadura y de carcter multilateral. Joaqun Mosquera, Miguel Santa Mara y Pedro Gual, representantes de la Gran Colombia bajo la orientacin de Bolvar, firmaron tratados de unin, liga y confederacin perpetua con los siguientes pases: Per el 6 de junio de 1822; Chile el 23 de octubre de 1823; Mxico, 3 de diciembre de 1823, la Unin Centroamericana el 15 de marzo de 1825. Argentina declin firmar tal acuerdo y contrapropone uno de amistad el 8 de marzo de 1823. Los tratados bilaterales contenan una clusula de cara a la realizacin ulterior del Congreso Anfictinico, que obligaba a los pases firmantes a acreditar dos delegados provistos de facultades para suscribir acuerdos.

Ninguna identidad cultural o poltica se afirma, desarrolla o reelabora al margen del reconocimiento de la historia de su propia heterogeneidad y de su relacin con la alteridad. Si esta tesis es vlida para la modelacin de una identidad continental, podramos en Amrica del Sur iniciar un mejor camino que el que siguieron sus repblicas en la construccin de sus identidades nacionales.

Las historias de las repblicas suramericanas han dado cuenta de los procesos de construccin de sus identidades nacionales a costa de sus respectivas diversidades etnoculturales y en constante desconfianza o antagonismo frente a los pases vecinos en grado mayor al que han tenido frente a las potencias neocolonialistas que vulneraron su soberana de muchos modos y expoliaron sus recursos naturales y humanos.

Desde una perspectiva suramericana no dudamos en afirmar que las historiografas nacionales poco han ayudado y contribuido a cultivar una tradicin compartida a favor de la integracin. Expliqumonos. Si bien es legtimo el canon o paradigma historiogrfico que orient a los historiadores a investigar las tramas endgenas de cada pas, dejaron muchos pendientes. Al incluir sus guerras fratricidas con tonos xenofbicos entre los hitos ms relevantes de sus existencias republicanas cultivaron resentimientos y desencuentros nacionales. Al escudriar el pasado colonial, o el de las culturas de los pueblos originarios entre particularismos, continuidades y rupturas, segmentaron sus territorialidades e identidades que rebasaban las fronteras nacionales. Un captulo relevante de dicha historiografa sobre el periodo republicano, se aboc a investigar nuestros intermitentes o crnicos conflictos fronterizos. Dicho afn, al mismo tiempo que nutra la pedagoga cvica con martirologios y rituales conmemorativos, sin querer, terminaba por erosionar el legado unionista de los prceres de la Independencia y de los que lo reactualizaron. En muchos casos, la obsesin por el mal vecino, invisibiliz el injerencismo de alguna potencia o de una gran corporacin monoplica beneficiaria del conflicto. Las potencias o empresas productoras de armamentos que nutrieron nuestras guerras fratricidas o nuestras alucinadas carreras armamentsticas, no pueden ser olvidadas, forman parte de lo que debemos aprender en materia de seguridad suramericana.

Al mismo tiempo que se afirma un movimiento de rectificacin historiogrfica y antropolgica acerca de las diversidades tnicas y sus territorialidades culturales, algunos mandatarios de UNASUR han invocado la necesidad actual de descolonizar nuestros saberes, memorias e imaginarios en aras de fortalecer el camino de la integracin bajo nuevas bases. En esa direccin, una nueva historia y una nueva antropologa se hace tan necesaria como los procesos de renovacin de otras disciplinas humansticas y de las Ciencias Sociales. Avanzar ms all de los lindes nacionales coadyuvar gradualmente a forjar un nuevo imaginario y memoria regional.

Las ideologas de la asimilacin, de la integracin y del mestizaje cultural solaparon muchos agravios. En la actualidad, enfrentamos el reto de atender sus demandas Reconocemos su emergencia poltica no como nuevos actores, la construccin de sus respectivas identidades nacionales a costa, descubriendo tardamente, que nacin y diversidad etnocultural no son ni antagnicas ni excluyentes.

La mirada puesta en el presente y la voluntad pragmtica de forjar a UNASUR, gener tres significativas tensiones discursivas en documento intitulado Un Nuevo Modelo de Integracin de Amrica del Sur. Hacia la Unin Suramericana de Naciones, elaborado por la Comisin Estratgica de Reflexin. La primera tiene que ver con la idea presentista de realidad ms apremiante, algo dislocada de la historia que debemos rescatar. Por ejemplo, el legado decimonnico, el de los prceres, es recordado con justicia pero reducido a su dimensin utpica. El voluntarismo y pragmatismo poltico fueron tambin atributos de quienes lideraron el proceso independentista y tejieron las primeras bases unionistas de nuestro continente. El legado decimonnico unionista en la regin trasciende el ciclo de fundacin de la mayora de nuestras repblicas, as lo refrendan los congresos de 1846-1847 y los de 1865-1866.

Los pueblos originarios y la agenda de la integracin suramericana

La II Cumbre de UNASUR en diciembre de 2006, se pronunci a favor de que la Declaracin de los Derechos de los Pueblos Indgenas fuese votada en la asamblea de la ONU, adems de expresar: su contribucin positiva en la construccin de las sociedades contemporneas de la regin.[19] La misma cumbre aprob la constitucin del Observatorio Regional para el Desarrollo Social y Humano Incluyente con el propsito de monitorear y evaluar el avance de la regin en la lucha contra la exclusin, entre los que se encuentran sin lugar a dudas, los pueblos indgenas y afrodescendientes. El lugar de las minoras asiticas est ganando espacios, en parte favorecidas por los flujos contemporneos de migrantes chinos y coreanos. La propia Europa se est reinventando en los escenarios sudamericanos gracias a los flujos ms recientes acicateados por la crisis crnica que viven varios de sus pases. De contraparte, la crisis, puso rango de alerta en pases sudamericanos con fuerte presencia migratoria en Japn, Italia y Espaa, sin acordar puntos o preparar una agenda conjunta. En un escenario ms amplio y disperso los migrantes indgenas latinoamericanos han logrado cierta visibilidad en dichas latitudes y han fungido como correa de transmisin de las demandas de sus localidades de origen, avaladas por el Convenio 169 de la OIT y otras convenciones del derecho internacional. UNASUR muestra a la luz de sus migrantes una de sus debilidades ms significativas.

De manera implcita, UNASUR reconoci a los pueblos originarios en su Tratado constitutivo de 2008, al afirmar que est integrada por nuestras naciones, multitnicas, plurilinges y multiculturales.[20] El enfoque de UNASUR dista, por ahora, de ser integral, pero algo se ha avanzado, por ejemplo, en materia de intercambios de experiencias sobre educacin intercultural y en una loable iniciativa sobre las lenguas originarias. Pongamos tres ejemplos viables para UNASUR en materia de desarrollo alternativo que pueden aportar las experiencias y saberes indgenas de aplicacin prctica vinculados a la preservacin de la biodiversidad, los programas contra la desertificacin[21] y la sustitucin de la ganadera ceb en los ecosistemas andinos que los erosionan y contraen el rico potencial de los camlidos autctonos. Empresas estadounidenses del tipo de la Shaman Pharmaceutical Inc., practican la va corta de la biopiratera a travs de la informacin sobre la sangre de grado brindada por los pobladores indgenas de Ecuador, Colombia y el Per.[22] Al ser puesta en evidencia y demandada en el Ecuador, se declar en quiebra y se volvi a dar de alta bajo otras firmas.[23]

El lastre del legado iluminista criollo escindi su reconocimiento a las grandes culturas prehispnicas de su trato a los derechos y demandas contemporneas de los pueblos originarios. Reconocemos los orgenes como un referente simblico. En la mayora de los latinoamericanos no existe la idea de que la reaccin anticolonialista de los pueblos originarios merezca ser reivindicada como el primer hito de nuestra identidad en resistencia, porque nuestras pertenencias tnico-nacionales son ajenas a ellas y porque en la actualidad teniendo poco espesor demogrfico en nuestro proceso de integracin suramericana levantan extraas banderas contra el extractivismo minero en boga, las represas, las vas de comunicacin y las polticas de Estado. Respecto a estos ltimos actos de boicot y tenaz oposicin indgena a los proyectos de desarrollo en sus espacios de residencia, Bolivia, Ecuador, Colombia y Per, por citar los casos ms conocidos en los ltimos cinco aos, tendran motivos fundados para proponer en UNASUR una instancia de arbitraje respetuosa del Convenio 169 de la OIT. Los pueblos originarios se sienten excluidos de toda consulta sobre el futuro de UNASUR y sus proyectos. Nos debe preocupar que en noviembre de 2009, la Coordinadora Andina de Organizaciones Indgenas (COAI) interpusiese una demanda en contra de los proyectos de integracin de IIRSA ante la Comisin Interamericana de Derechos Humanos. Las dirigencias indgenas se aproximan a la OEA y se distancian de UNASUR porque ste y sus pases miembros, no solo carecen de un espacio de atencin de sus preocupaciones y demandas, sino tambin por el hecho de que algunos de sus proyectos de infraestructura e integracin son percibidos como reales amenazas. La COAI ante la Comisin ha expresado su deseo de participar y discutir la reestructuracin de los proyectos de desarrollo e integracin suramericana. Podemos criticar a la CAOI por inflar el nmero de identidades tnicas, pero eso no afecta los puntos sustantivos de sus reclamos. Los asiste el derecho ciudadano y el convenido 169 de la OIT, a discutir el destino de los gastos pblicos y en particular de los que se destinan a favor de los proyectos de IIRSA que tienen que ver con sus territorios tnicos. LA COAI critica el sesgo economicista que caracteriza a los proyectos de IIRSA y que deja fuera el parecer e inters de los pueblos originarios, que son o sern afectados en las reas de inversin y desarrollo. Por ltimo: caracterizan a los megaproyectos de UNASUR por: priorizar los grandes negocios en su mayor parte relacionados con el mercado de minerales, hidrocarburos, soya, madera, agronegocios, agrocombustible, agua. Es decir, de mercantilizacin de la vida en general.[24]

Sabemos que por separado o de manera coordinada, los pueblos originarios pueden recurrir a instancias multilaterales de mayor envergadura amparados en el Convenio 169 de la OIT. Pero debe preocuparnos otro asunto que no descalifica a la COAI y a organizaciones locales y sus redes suramericanas, la poltica de la USAID a travs de ONG de cooptacin de lderes emergentes de los pueblos originarios. No olvidemos que a partir de 1940, Estados Unidos en su diseo geopoltico hacia Amrica Latina, consider que era urgente realizar un inventario tanto de las lenguas originarias como una cartografa etnogrfica del continente.

Recordemos que en el curso de nuestras historias republicanas, quienes son descendientes de inmigrantes europeos, los criollos y los mestizos impusieron a las poblaciones indgenas las lgicas diversas del despojo de tierras comunales, el exterminio o el etnocidio blando de polticas indigenistas y los programas no menos autoritarios de control natal que tuvieron como precursor a la FUNAI en el Brasil. Entre los aos 1998 y el 2000, se esteriliz a un cuarto de milln de mujeres indgenas en el Per. Cuando un programa de esta naturaleza y envergadura se orienta hacia un segmento de la poblacin, debemos emplear sin eufemismos el trmino de limpieza tnica, considerando su impacto en el mediano plazo en la recomposicin tnica de ciertas regiones. Este asunto en el Per ha sido silenciado y encarpetado por las autoridades judiciales y polticas, pero tampoco ha sido punto de agenda en UNASUR. El dramtico caso mapuche nos recuerda que estas prcticas son muy extendidas en el continente. En el escenario de la Unin Europea, acciones como stas no hubiesen quedado totalmente impunes. La memoria de Europa sabe cada da de las polticas etnocidas y genocidas que exceden con mucho el holocausto de judos, gitanos y minusvlidos y sus tribunales no han quedado atados de manos.

Estados, fronteras e historias fragmentadas

La historiografa de los pases de Amrica del Sur no contribuye a la integracin suramericana, ya que le pesan como plomo los agravios de las guerras libradas con los pases vecinos, los diferendos limtrofes y las maneras de significar las fronteras. El proceso de integracin necesita impulsar otro modo de conferirle sentido a las fronteras, pero ello no significa que las tensiones entre estados miembros de UNASUR desaparezcan, por lo que tendr que buscarse un espacio de legtimo arbitraje.

Los arbitrajes y laudos sobre cuestiones fronterizas en Amrica del Sur han venido reproduciendo lastres propios del neocolonialismo incubados en nuestras propias lites polticas y diplomticas, que las orill a buscar en las potencias extranjeras o en organismos internacionales, su papel como rbitros y jueces, sin que quede demostrada su imparcialidad. Hay gobiernos que al no poder darle cauce a los acuerdos bilaterales o trilaterales, optaron por recurrir al arbitraje de alguna potencia real o simblica, como el Vaticano, como lo desearon los gobiernos de Argentina y Chile para resolver el litigio fronterizo sobre el Canal del Beagle. El Tratado de Paz y Amistad fue firmado en la Ciudad del Vaticano el 29 de noviembre de 1984 por los ministros de relaciones exteriores Dante Caputo (Argentina) y Jaime del Valle (Chile).

Recordarn los colombianos y venezolanos, que durante tres dcadas, de 1844 a 1874, disputaron diplomticamente si el ro Orinoco deba ser compartido o no, al quebrarse la negociacin bilateral, aceptaron ambas partes recurrir al laudo arbitral de la Corona Espaola, proceso que dur una dcada. El fallo de 1891 suscit resentimientos que perviven en la tradicin historiogrfica venezolana ms reciente.[25] El laudo arbitral de Calvin Coolidge sobre los territorios cautivos de Tacna y Arica en manos de Chile, tras la derrota peruana en la Guerra del Pacfico, tuvo un accidentado camino entre los aos de 1925 y 1927, que dej dudas razonables sobre arbitraje del lado peruano. El Tratado del 3 de junio de 1929 no cerr el captulo de las heridas de la Guerra del Pacfico. En la actualidad, la controversia sobre la lnea fronteriza martima en el Pacfico se ventila en el Tribunal de Haya.

Aunque resulte plausible que UNASUR sostenga que tenemos una historia comn entre nuestros pueblos y naciones, tendremos que aceptar que a la fecha sigue siendo inexistente y por ende, debe ser algo ms que un punto de agenda diplomtica o poltica, el cual demandar un esfuerzo profesional y colectivo que discuta en primera instancia cmo construirla. Asumir el ideal de unir a nuestros pueblos, no puede trastocar los procesos histricos vividos, signados ms por sus litigios y agravios fronterizos, econmicos y polticos, que por sus prcticas solidarias. La historiografa nacional que es la que prima en nuestros medios acadmicos, polticos y diplomticos ha respondido a una lgica endgena. Algunos dirn que existen historias continentales pero en sentido estricto, sus enfoques y nfasis sobre los diversos periodos tratados se han volcado ms sobre nuestros particularismos econmicos, polticos, tnicos y culturales.

La frontera suramericana del Pacfico merece especial atencin por constituir el principal eje de gravedad de la economa mundial y de las tensiones geopolticas entre Estados Unidos y las potencias asiticas. Estados Unidos apuesta a fortalecer sus vnculos con los pases suramericanos ribereos de Pacfico de manera directa o mediada a travs de Mxico.

Ecuador ha sido visto por el Comando Sur como un engranaje importante de su poltica de seguridad hemisfrica. Sin embargo, el gobierno de Rafael Correa, al clausurar la base militar norteamericana en Manta, infligi un revs temporal a Estados Unidos, al que se sum el veto argentino a la instalacin de una base militar en su territorio,[26] que fue compensado con los acuerdos concertados con el gobierno colombiano. Argentina frustr la instalacin de otra base. La visita de Obama a Chile, considerado su principal aliado estratgico sobre el Pacfico, se fortaleci con la firma de un acuerdo con ese pas para la construccin de una central de energa nuclear.

El caso colombiano se inscribe en la misma direccin de tensin geopoltica de Amrica del Sur. El acuerdo suscrito por el gobierno colombiano y el de Estados Unidos en agosto de 2009, que concede al segundo la instalacin de bases militares en Palanquero y otras localidades, ha abierto una sensible fisura en el espacio sudamericano. Este acuerdo tuvo como antecedente la decisin del gobierno de Rafael Correa de no renovar el permiso a Estados Unidos para que mantengan la base militar de Manta, ms all de la fecha de vencimiento en noviembre de 2009. Entre la administracin Bush y la de Obama encontramos una lnea cada vez ms injerencista en el campo militar que pone en riesgo la seguridad continental, en particular de pases como Ecuador y Venezuela al norte y Bolivia al sur. Lo anterior, es el correlato prctico de los nuevos poderes conferidos al Comando Sur en la regin, que corren en paralelo a la contraccin de las funciones de la divisin de Asuntos Hemisfricos del Departamento de Estado bajo la gestin de Barack Obama.[27] Cuatro aos antes, Nicholas Burns, subsecretario de Asuntos Polticos del Departamento de Estado hizo una sincera y trascedente declaracin: No tenemos un socio mejor en Amrica Latina. Nuestra asociacin con Colombia nos ayuda al progreso de los intereses de los Estados Unidos y a defender nuestros valores comunes. El Presidente Uribe es uno de nuestros aliados ms fuertes, y el apoyo de los Estados Unidos, en particular el gran apoyo bipartidista del Congreso, ha formado parte integral del xito que compartimos con Colombia.[28]

Cerrando lneas

Desde otro horizonte histrico, el nuestro, Helio Jaguaribe ha recordado la importancia de la historia de la insercin continental en el curso de las tres grandes mudanzas de la economa mundial y del relevo de los ejes de poder que les correspondieron. No se trata de un ejercicio intil sino trascendental para el proyecto de UNASUR. Los enfoques presentistas y pragmticos hacen recordar los fracasos de nuestros intermitentes proyectos de integracin, desde el Congreso Anfictinico de Panam en 1826 al presente, aunque muchos hayan insistido en sealar otros factores sociales, polticos y de carencia de instituciones operativas.

El desarrollo de la integracin, siguiendo el documento fundacional de UNASUR, debe fortalecer la identidad propia de Amrica del Sur, basada en el carcter multitnico, multicultural y plurilinge de nuestros pueblos.[29] Aspiracin identitaria legtima que se resiente cuando se sesga el cauce del dilogo cultural a quienes forman parte de la homogeneidad lingstica mayoritaria. Abramos y fortalezcamos el dilogo cultural ms all de nuestras adscripciones lingsticas y tendremos ms espacios de reflexin, negociacin y acuerdo, menos conflictividad intertnica y ms democracia. Es recurrente el reclamo de los pueblos originarios ante la falta de consulta democrtica sobre la viabilidad de ciertos proyectos extractivistas o de desarrollo sustentable en sus regiones de vida por parte de la iniciativa privada y el gobierno, como lo prescribe la Convencin 169 de la OIT y la Declaracin Universal de Derechos Lingsticos que inspirada en la Declaracin de Recife de 1987 de la Asociacin Internacional para el Desarrollo de la Comunicacin Intercultural, que sirvi de fundamento en 1996 para que la Asamblea General de la ONU vote a favor de la constitucin de un Consejo de las Lenguas.[30] En los pases integrantes de UNASUR, la patrimonializacin de la biodiversidad tiene mucho de retrica y muy poco de proyecto de conservacin y desarrollo. Algo similar sucede con la diversidad etnolingstica. UNASUR y sus pases miembros merecen elaborar una poltica de comunicacin basada en la infodiversidad. He de recuperar los tres ejes de la declaracin mencionada porque creo que son pertinentes para la agenda de UNASUR.

Frente a todo ello, la identidad suramericana necesita cimentar una de sus bases en la reelaboracin entre todas las cancilleras de la regin de una poltica concertada en materia de migraciones intra continentales y extracontinentales. Nuestros migrantes en Estados Unidos, Europa, y dems regiones, demandan una estrategia concertada de nuestros gobiernos. UNASUR es consciente de que los flujos migratorios continuarn a la alza y crecern mucho ms con las obras de integracin como son los corredores biocenicos, las carreteras y los nuevos corredores ferroviarios y lacustres, sin que contraigan de otro lado, los flujos migratorios extra continentales, mientras no se abran mejores horizontes en nuestro propio espacio.

Notas

[1] Agradezco las oportunas sugerencias crticas de Gilberto Lpez y Rivas y Raquel Sosa Elzaga.

[2] http://www.csa-csi.org/migrantesbrasil/, consultada el 15/6/2013.

[3] Crevenna, Theo R., La clase media en Bolivia, Brasil, Chile y Paraguay, Washington, Pan American Union. Social Science Section, 1950.

[4] El Camino Real de Tierra Adentro, Texas--New Mexico: national historic trail feasibility study, environmental assessment, United States. National Park Service, U.S. Dept. of the Interior, National Park Service, 1997.

[5] Diario Oficial de la Federacin, 18/1/2006, http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=4913095&fecha=18/01/2006, consultado 3 de junio de 2010.

[6] Daz, Ariene, Mxico, primer lugar en importacin de maz en el mundo, advierte la CNPAMM, La Jornada, Mxico, 12/4/2012.

[7] Carlos Fazio, Comando Norte, La Jornada, 22 de abril de 2002.

[8] Notimex, Organismo militar de EU fortalece vnculo con Mxico, 1/6/2010,

[9] Obama aplica fuero ejecutivo a Rpido y Furioso, Noticias Terra, 20/6/ 2012.

[10] "Comando Norte de los Estados Unidos entrena al Ejrcito en contrainsurgencia, http://patiobonitoaldia.com/2010/06/27/comando-norte-de-los-estados-unidos-entrena-al-ejercito-en-contrainsurgencia/ consultado el 7 de junio de 2012.

[11] Notimex, Comando Norte apoya estrategia militar en Mxico, El Universal, 13 de marzo de 2012.

[12] AFP, Comandante de Comando Norte de EU viaja a Mxico, 16/3/2012, http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/comandante-de-comando-norte-de-eu-viaja-a-mexico

[13] Proponen incorporar Iniciativa Mrida al ASPAN, 18/6/2012 en: http://www.informador.com.mx/mexico/2008/17633/6/proponen-incorporar-iniciativa-merida-al-aspan.htm

[14] El jefe del Comando Sur de EEUU alerta de la violencia en Centroamrica, EFE, 19/4/1912, http://www.revistatenea.es/revistaatenea/revista/articulos/GestionNoticias_8320_ESP.asp

[15] Elsa M. Bruzzone, Jos Luis Garca, El Comando Sur en Per, 4/6/2012 en ALAI, http://www.alainet.org/active/55377&lang=es, consultada el 8/1/2013.

[16] Olaso, Francisco, Argentina: no al Comando Sur, Proceso, 1/6/2012 en: http://www.proceso.com.mx/?p=309423, consultado el 4/2/2013.

[17] Ros-Lehtinen: 'despotas' esconden su historial en DD.HH. La voz de Amrica, 8/6/2012 en: http://www.voanoticias.com/content/congreso-ros-lehtinen-despotas-derechos-humanos-jacobson/1204911.html

[18] . Zibechi, Ral, La nueva estrategia de EU amenaza Amrica Latina, La Jornada, 18/5/2012, p.1.

[19] Declaracin de los derechos de los Pueblos Indgenas de la Organizacin de Naciones Unidas. II Cumbre de Jefes de Estado de la Comunidad Suramericana de Naciones Cochabamba, 9 de diciembre de 2006, en: http://www.comunidadandina.org/unasur/documentos.htm, consultada el 8 de junio de 2012.

[20] Tratado Constitutivo de la Unin de Naciones Suramericanas, Brasilia, 23 de mayo de 2008, http://www.comunidadandina.org/unasur/tratado_constitutivo.htm, consultado el 5 de junio de 2012.

[21] Mayer, Enrique. Tenencia y control comunal de la tierra: caso de Laraos (Yauyos). Lima: Departamento de Ciencias Sociales, P.U.C., 1977.

[22] Forero, E., Etnobotanical observations en Croton lechleri, Muell Arg. In the Amazon Valley (Colombia). Fina reportsubmitted to Shaman Pharmaceuticals INC, Colombia, 1992; Meza, E. El manejo sostenible de Sangre de Drago o grado, Material educativo. Shaman Pharmaceutical, Inc, 1998.

[23] Bravo, Elizabeth, Biopiratera o buen vivir. El caso de Ecuador, Papeles, nm.107, 2009, pp. 69-76.

[24]IIRSA El doble rostro de la integracin Suramericana, 5/11/2009, http://www.abyayalacolectivo.com/web/compartir/noticia/iirsa-el-doble-rostro-de-la-integracion-suramericana, consultada el 10 de junio de 2012.

[25] Polanco Alcntara, Toms, Guzmn Blanco, tragedia en seis partes y un eplogo, Caracas: editorial Grijalbo, 1992, p. 762; Picn, Delia, Historia de la Diplomacia Venezolana, Caracas: Universidad Catlica Andrs Bello, 1999, pp. 156-157.

[26] Suspenden una base del Comando Sur de EE.UU. en Argentina, 08 de Junio de 2012, http://www.genteba.com.ar/component/content/article/71-portada-varias/53982-suspenden-una-base-del-comando-sur-de-eeuu-en-argentina, consultada el 10/06/2012.

[27] Vase: Sanahuja, Jos Antonio: Estrategias regionalistas en un mundo en cambio: Amrica Latina 2010: y la Integracin Regional en: Amrica Latina y los Bicentenarios: una agenda para futuro, Madrid: Fundacin Carolina, Siglo XX, 2010, p. 116 y La construccin de una regin: Sudamrica y el regionalismo pos liberal en : Una regin en construccin. UNASUR y la integracin de Amrica del Sur de Celestino Del Arenal y Jos Antonio Sanahuja (editores), Barcelona: CIDOB, 2010, pp. 87-134.

[28] Burns, Nicholas, Observaciones sobre el futuro de la poltica de los Estados Unidos en Colombia para el Dilogo Interamericano, Washington, DC, 3 de agosto de 2005 en: http://spanish.state.gov/col/d/2005/51009.htm, consultado el 3/4/2012.

[29] http://www.sela.org/view/index.asp?ms=258&pageMs=77864, consultado el 6 de junio de 2013.

[30] http://www.egt.ie/udhr/udlr-es.html, consultada el 12/01/2013.

[31] Vase: http://www.viicumbrealianzadelpacifico.com/noticias/decisiones-de-la-vii-cumbre-de-la-alianza-del-pac%C3%ADfico, consultada el 1/6/2013.

Cmo citar este artculo:

MELGAR BAO, Ricardo, (2013) Los caminos de la utopa: memoria, identidad y futuro en UNASUR, Pacarina del Sur [En lnea], ao 5, nm. 17, octubre-diciembre, 2013. ISSN: 2007-2309. Consultado el

Consultado el Mircoles, 11 de Julio de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.comindex.php?option=com_content&view=article&id=825&catid=13 Fuente: Pacarina del Sur - http://pacarinadelsur.com/home/mascaras-e-identidades/825-los-caminos-de-la-utopia-memoria-identidad-y-futuro-en-unasur - Prohibida su reproduccin sin citar el origen.



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