Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-07-2018

Un sueo traicionado
Nicaragua en las barricadas

Rebecca Gordon
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Siempre tendremos que enfrentarnos con el poder de Estados Unidos

Introduccin de Tom Engelhardt

Hace dos dcadas, cuando yo trabajaba en una editorial, Chalmer Johnson, por entonces un ilustre estudioso de Asia y ex asesor de la CIA, nos envi una propuesta para un libro al que ya llamaba Blowback: The Costs and Consequences of American Empire (Reaccin, los costos y consecuencias del imperio estadounidense). Todava recuerdo un pasaje del prlogo que me convenci de que por supuesto eso era sencillamente lo que deba hacerse:

Un da, en el momento culminante de las manifestaciones [contra la guerra de Vietnam], fui a la biblioteca de la universidad para comprobar cul era el material bibliogrfico sobre el comunismo vietnamita, la historia del comunismo en el Sudeste Asitico y el movimiento comunista internacional a disposicin de los estudiantes. Me sorprend al ver que los libros ms importantes sobre estos temas estaban en su estante sin haber sido tocados. Para m, la conclusin pareca bastante obvia: esos estudiantes no saban nada sobre comunismo y no les interesaba remediar esa situacin. Estaban definiendo el comunismo vietnamita guindose a partir de sus romnticos deseos de oponerse a las polticas de Washington. Result, sin embargo, que entendieron mucho mejor que yo los impulsos de un Robert McNamara, un McGeorge Bundy o un Walt Rostow. Ellos captaron algo fundamental que yo no haba llegado a percibir sobre la naturaleza del papel imperial de Estados Unidos en el mundo. Mirando hacia atrs, habra deseado participar en las manifestaciones del movimiento contra la guerra. Con toda su ingenuidad e indisciplina, estaba en lo cierto, mientras que la poltica estadounidense estaba equivocada.

Si el lector se toma seriamente la conclusin de Johnson ver se trata de una idea a la que hoy podra adherir sin temor a equivocarse. Desde la Segunda Guerra Mundial, en una vasta porcin del planeta, desde Irn o Guatemala en los aos cincuenta del pasado siglo, hasta el Vietnam de los sesenta, hasta buena parte del Gran Oriente Medio de hoy, la gente ha sufrido muchas veces gracias al papel imperial de Estados Unidos en el mundo, aunque la voluntad de la "gente" a la que [EEUU] estaba tratando de destruir se haya expresado de maneras que, aunque a algunas personas pudieran parecer "romnticas" en aquel momento, eran imperfectas en ellas mismas. En nuestro mundo estadounidense (incluso ms en el trumpiano), siempre se trata de ellos, nunca de nosotros.

En la nota de hoy, Rebecca Gordon, colaboradora habitual de TomDispatch, explora un caso tal vez menor pero muy elocuente del decididamente nefasto poder estadounidense: Nicaragua. Desde los aos ochenta del siglo pasado, ella ha estado implicada en la oposicin a ciertas expresiones de ese poder; por lo tanto, tiene mucho que decir. Algo que, desgraciadamente sigue siendo lo adecuado para este momento del siglo XXI.

--ooOoo--

Nicaragua en la encrucijada

El 19 de abril, los estudiantes universitarios de la capital nicaragense, Managua, se lanzaron a la calle. Cul era su reclamo inicial? Una respuesta gubernamental ms activa a los descontrolados incendios en la reserva de biodiversidad ms valiosa del pas.

Inmediatamente, se desencaden un arrasador incendio social en Managua, que muy pronto se extendi por todo el pas. Miles de nicaragenses agregaron una segunda exigencia a la primera: que el presidente Daniel Ortega revocara sus ltimos cambios en la ley de la seguridad social, que al mismo tiempo aumentaban el impuesto para financiar la seguridad social (algo que disgust a la empresa privada) y recortaban las prestaciones a los ms mayores (provocando la ira de mucha gente de a pie). En los subsiguientes enfrentamientos murieron cerca de 200 nicaragenses, fueron detenidos varios centenares y otros miles resultaron heridos, casi todos ellos a manos de la polica antidisturbios, francotiradores no identificados o bandas de matones progubernamentales montados en motocicletas. En estos momentos, el movimiento de autoconvocados* articula dos reclamos claves: justicia y democracia; justicia para quienes han muerto a manos del Estado y un regreso al gobierno democrtico en Nicaragua.

Por qu debemos preocuparnos? En un mundo en el que el presidente de Estados Unidos proclama su deseo de ver de pie y prestndole atencin a su gente del mismo modo que los norcoreanos lo hacen en relacin con Kim Jung-Un, en el que su ministro de Justicia arranca a los nios de los brazos de sus progenitores, en el que Estados Unidos piensa en la militarizacin del espacio (a pesar de nuestro refrendo del Tratado de Espacio Exterior de 1967)..., en un mundo como este, por qu debera uno preocuparse por lo que pase en un empobrecido pas centroamericano a miles de kilmetros de los centros de poder?

Porque hubo un tiempo en el que la imaginativa e idiosincrsica revolucin en Nicaragua brind al mundo un ejemplo de la forma en que un pueblo poda quitarse de encima las imposiciones de la dominacin de Estados Unidos e intentar construir un pas democrtico dedicado al bienestar humano. Lo s porque vi algo de esto durante los seis meses en las zonas de combate de la Nicaragua de 1984, mientras trabajaba en una organizacin llamada Testigos para la Paz. Mi trabajo all era informar sobre la campaa militar contrarrevolucionaria respaldada por EEUU (la Contra) cuyo objetivo era derribar al gobierno sandinista que en 1979 haba desplazado a un despiadado dictador. En su accionar, los Contra empleaban la tortura, el secuestro y el asesinato; buscaban a los civiles en su propia casa y en el campo, y a los trabajadores en las escuelas y las clnicas rurales.

Un poco de historia (resumida)

Nicaragua est en el centro mismo de cualquier mapa de las Amricas; en los aos ochenta del pasado siglo, pequea como era, tambin estaba en el centro de la imaginacin poltica de muchas personas. En ese pas estaba puesta la esperanza de millones de personas que vivan allende sus fronteras, la esperanza de que realmente era posible convertirse en protagonista de su propia historia nacional o segn la letra del himno sandinista dueo de su historia, arquitecto de su liberacin*.

En 1979, antes de la cada del dictador apoyado por Washington Anastasio Somoza Debayle, muy pocas personas fuera de la Amrica Central haban pensado alguna vez en Nicaragua. Era el pas ms pobre y ms analfabeto de la regin. Por cierto, se cuenta que Somoza dijo una vez: No necesito personas educadas. Yo necesito bueyes! (o, como dira nuestro presidente en su campaa electoral de 2016: Me encantan los poco instruidos!). En los aos que siguieron a la expulsin del dictador, Nicaragua se convirti en el smbolo de la esperanza de la izquierda de todo el mundo

Somoza haba administrado Nicaragua como si se tratase de su finca privada y arrendado las laderas de las serranas a empresas madereras muy especficas de Estados Unidos y Canad y junto con los oligarcas, terratenientes y comerciantes de su finca, exprimi hasta el ltimo cntimo del pueblo que gobernaba. Se mantuvo en el poder apoyndose en un rgimen de intimidacin, tortura y asesinato. Su Guardia Nacional funcionaba como una milicia privada (con el tiempo, algunos de sus integrantes huidos al vecino Honduras cuando los sandinistas llegaron al poder, formaran la columna vertebral de la Contra).

Sin embargo, en 1979, despus de un ao de la insurreccin con enfrentamientos en las zonas montaosas del pas por una guerrilla armada con AK-47 y en las ciudades por ciudadanos corrientes que lanzaban bombas de fabricacin casera desde las barricadas, el rgimen de Somoza se derrumb. En el momento de su huida despus de un brutal bombardeo areo, una parte del pas lo respaldaba. Sus antiguos aliados los grandes terratenientes, la industria privada y la Iglesia catlica, junto con los medios de prensa de todas las tendencias se volvieron contra l. Lo mismo hizo la mayor parte de los nicaragenses, los campesinos* del medio rural y la minscula clase trabajadora urbana. Al final cuando se dieron cuenta de que era una causa perdida, incluso los patrones de Washington abandonaron a Somoza.

Un grupo llamado Frente Sandinista de Liberacin Nacional (FSLN) ocup el vaco dejado por Somoza. Creado en 1961, tom ese nombre de Augusto Csar Sandino, un jefe guerrillero que unas dcadas antes haba luchado contra la ocupacin estadounidense. En 1978, a pesar de las discrepancias internas, el grupo se consolid alrededor de cinco principios bsicos de gobierno: pluralismo poltico; construccin de una economa mixta, que incluira la propiedad privada, las empresas del Estado y las colectividades; la movilizacin popular mediante una diversidad de organizaciones de masa; y una poltica exterior no alineada.

En julio de 1979, cuando Somoza renunci y huy del pas, el FSLN tom el poder provisto de unos planes largamente elaborados destinados a mejorar la vida de los pobres que vivan tanto en las zonas rurales como en las urbanas. El grupo cre clnicas, promovi la educacin pblica y puso en marcha el programa de la canasta bsica* de los alimentos esenciales a un precio accesible, con la que hubo una rpida reduccin de la desnutricin endmica en todo el pas. Mediante una campaa nacional de vacunacin, en 1981 se acab con la poliomielitis. Tambin se aprobaron leyes para que los agricultores pobres no perdieran su tierra por la accin de los bancos y se instituy una reforma agraria que entreg ttulos de propiedad a miles de campesinos* que hasta entonces no tenan tierras.

En 1980, unos 90.000 personas, dos tercios de las cuales eran estudiantes secundarios de clase media urbana a punto de graduarse, participaron en la campaa nacional de alfabetizacin. En esta campaa, los estudiantes involucrados en la campaa pasaron cinco meses viviendo con familias campesinas* y se enteraron de las penurias (y las alegras) de la agricultura de subsistencia. A cambio de esa hospitalidad, los estudiantes ensearon a leer a las familias anfitrionas. Quien me acompaaba en esos momentos, hoy ocupa un sitio en la direccin de una ONG nicaragense de desarrollo; cuando eran adolescentes, varios de sus organizadores empezaron su vida de compromiso comunitario participando en la campaa de alfabetizacin.

Por supuesto, el gobierno sandinista no era perfecto. Algunas de sus peores polticas reflejaban el racismo endmico del pas ejercido contra los grupos indgenas y los nicaragenses de origen africano (que hablaban en ingls). Los conflictos existentes entre los sandinistas y los indgenas miskito fueron exacerbados por la imposicin gubernamental de un servicio militar obligatorio para responder a la agresin de los Contra. Muchos miskitos eran seguidores de la iglesia pacifista de Moravia, aunque los sandinistas interpretaron su resistencia al servicio militar como una forma de complicidad con el enemigo; de ese modo, abrieron la puerta a la exitosa infiltracin de la CIA en el FSNL.

El servicio militar obligatorio se hizo profundamente impopular en todo el pas, y algunas veces su cumplimiento fue muy torpe. Ms de una vez, estuve en un bus detenido en un control de carretera esperando a que los soldados comprobaran los documentos de todos lo jvenes que viajaban en l para estar seguros de que ninguno de ellos intentaba evadir la obligacin de servir en el ejrcito. Los sandinistas tambin crearon y consolidaros estructuras de gobierno, entre ellas una presidencia y una asamblea nacional. Cuando el partido sandinista barri en las elecciones de 1984 con el 67 por ciento de los votos y Daniel Ortega se convirti en presidente, nadie puso en duda que el resultado expresaba el deseo de una abrumadora mayora de los nicaragenses.

En 1986, la Asamblea Constitucional de la Nacin aprob una nueva constitucin, que otorgaba numerosos derechos a los nicaragenses, incluso a las mujeres y al colectivo LGTB. Uno de sus artculos incluso exiga la igualdad absoluta entre hombres y mujeres y la responsabilidad compartida en los quehaceres domsticos y el cuidado de los hijos (hagamos una pausa aqu para recordar que la constitucin de Estados Unidos tiene pendiente an la inclusin de los derechos estipulados en la Enmienda por la Igualdad de Derechos; solo hay un artculo, que exige a los hombres que compartan las tareas domsticas!).

Entre las disposiciones de la nueva constitucin estaba el de la duracin del mandato presidencial, que sera de seis aos.

Sin embargo, los nicaragenses no eran tontos. Y lo saban; al mismo tiempo que gobernaran los sandinistas, EEUU continuara con su campaa blica de los Contra. Por eso, en 1990, votaron el reemplazo del FSLN por el partido UNO liderado por Violeta Chamorro, con un resultado que sorprendi a muchos fuera de Nicaragua, entre ellos a la empresa estadounidense de encuestas contratada por los sandinistas. El pueblo haba hecho or su voz y los sandinistas aceptaron el veredicto popular.

Esto, en s mismo, fue trascendental. Por primera vez en la historia un partido revolucionario victorioso se permita no ser reelegido para gobernar y se resignaba a dejar atrs muchas de sus esperanzas, aunque protegiendo las estructuras democrticas por las que tantos nicaragenses haban dado su vida para crearlas y mantenerlas.

Nicaragua en el corazn y la mente de los estadounidenses

Mientras Nicaragua llevaba adelante su revolucin, nosotros en Estados Unidos estbamos soportando la nuestra: la Revolucin reaganiana. Ronald Reagan, que haba sido gobernador de California, gan las elecciones generales de 1980. Una vez en la presidencia, marc el inicio del exitoso ataque del Partido Republicano a las estructuras del New Deal** todava arraigadas en la vida de EEUU. La administracin Reagan debilit los sindicatos, redujo los impuestos a los ms adinerados, liberaliz importantes sectores de la economa desde los bancos hasta el cuidado de la salud (cuyas consecuencias se sienten todava hoy); atac los programas sociales como el de ayuda a las familias con hijos dependientes y Medicaid, y convirti algunas expresiones perfectamente respetables como bienestar o derecho a... en cdigos aplicables a la supuesta vileza de los afroestadounidenses. El sida estaba devastando a las comunidades gay, pero el presidente se neg incluso a nombrarlo en pblico hasta el primer ao de su segundo mandato. Mientras tanto, la administracin Reagan intensific la guerra contra las drogas de Richard Nixon hasta convertirla en un asalto a gran escala contra los pobres. En 1986, el presidente present un proyecto de ley contra las drogas que impona largas penas de prisin para quienes la contravinieran, incluso en el caso de aquellos delitos menores que no implicaran violencia.

En otras palabras, las cosas en Estados Unidos eran bastante desalentadoras. Esto hizo que algunos tuvieran la tentacin de adoptar una revolucin en funcionamiento, sobre todo una que ya haba conseguido tanto y tena una gran banda de sonido: la msica de los hermanos Luis y Carlos Meja Godoy, que inclua el himno sandinista mencionado ms arriba y el tan querido Nicaragita, Nicaragita, cuyo ultimo verso deca Pero ahora que ya sos libre, Nicaragita, yo te quiero mucho ms.*

Ciertamente, Nicaragua era libre, aunque tambin era objeto de ataques. Estados Unidos haba sido siempre su mayor socio comercial. Sin embargo, en 1985, el presidente Reagan orden el embargo de todo el comercio con el pas y redujo el transporte areo y martimo hacia y desde EEUU. Otros pases, incluyendo los del bloque sovitico, Cuba y la Unin Europea, adems de varios miles de personas y organizaciones, ofrecieron ayuda material, asistencia tcnica y, en el caso de Testigos para la Paz, acompaamiento en las zonas de guerra. Esos voluntarios arriesgaron su vida la verdad es que el joven ingeniero Ben Linder perdi la suya por el privilegio de formar parte de este intento de liberacin.

En mis seis meses en esa tierra, conoc a nicaragenses que nunca haban estado a ms de 50 kilmetros del sitio donde haban nacido, pero tenan una visin del cambio que se propagara por toda Centroamrica, Amrica latina y llegara como fue en mi caso hasta Estados Unidos. En todas partes me decan Los estadounidenses pueden impedir que este ao el Congreso vote cualquier ayuda a la Contra, pueden impedirlo el ao que viene, pero hasta que no hagis una revolucin en vuestro propio pas nada cambiara realmente. Siempre tendremos que enfrentarnos con el poder de Estados Unidos.

Un asunto apasionante de verdad. Y que ha afectado a muchos, no siempre en la forma ms eficaz. Algunos estadounidenses que visitaron Nicaragua se convencieron aun ms de que su partido de izquierda en la patria estaba destinado a convertirse en la vanguardia que hara la revolucin en la Amrica del Norte. Algunos se hicieron ms rojinegros* (los colores del FSLN) que los propios sandinistas y no queran escuchar critica alguna al partido al que adheran. Otros, sencillamente vivan con la mirada puesta en el da en que pudieran marcharse de un Estados Unidos poblado de una gente intil, polticamente atrasada y mudarse para siempre a Nicaragua, con su gente tan consciente (o en las palabras de hoy, despierta).

Y algunos de nosotros reconocieron a regaadientes que con todo lo que ambamos el luminoso verde de las montaas nicaragenses la tarea deba hacerse en nuestro propio pas. Regresamos a casa con la creencia de que si no podamos encontrar la forma de amar a Estados Unidos, a pesar de su desesperante intransigencia, nunca encontraramos la forma de cambiarlo.

Problemas en el Paraso

Ciertamente, como todo lo dems en Nicaragua, su historia despus de 1990 ha sido complicada. Al principio, algunos de los integrantes del FSLN ms comprometidos con la democracia popular lo dejaron para fundar unos partidos al estilo del Sandinista pero ms pequeos, aunque no tuvieron un xito significativo en las urnas. Mientras tanto, en los meses pasados entre las elecciones y el traspaso del poder, algunos sandinistas participaron en la Piata*: una apropiacin total de los activos, empresas, vehculos y dinero en metlico del Estado. En el proceso, Daniel Ortega, su esposa Rosario Murillo y otros miembros de alto rango del partido en el gobierno empezaron a amasar su fortuna personal y a reconstruir su poder poltico. El matrimonio incluso emprendi una muy publicitada conversin a una carismtica forma de catolicismo romano (lo que ayuda a explicar por qu la Nicaragua de hoy tiene una de las leyes contra el aborto ms punitivas del mundo).

Hacia 1999, Ortega formaliz un pacto con el bien conocido poltico de derechas, y despus presidente, Arnaldo Alemn. l y su partido PLC, que construy su respaldo en la clase oligrquica que antes haba apoyado a Somoza y vapule a Violeta Chamorro en las elecciones de 1996. Ms tarde, Alemn fue acusado de corrupcin a gran escala y sentenciado a varios aos de detencin domiciliaria.

En 2006, Daniel Ortega fue elegido presidente una vez ms. Erosionado por unos cuantos escndalos personales entre ellos la muy creble acusacin de violacin sexual continuada durante aos por parte de su hijastra Zoilamrica poco a poco concedera clemencia completa a Alemn.

En los 12 aos que siguieron a su segunda eleccin. Ortega consolid su poder personal, coloc a varios miembros de su familia en importantes (y lucrativos) cargos y consigui el control total del aparato partidario del FSLN. Ortega urdi varios cambios constitucionales que hoy le permiten permanecer en el cargo un nmero ilimitado de periodos; esto es, se ha asegurado una posible presidencia vitalicia.

A pesar del carcter cada vez ms autocrtico de su gobierno, en la ltima dcada Nicaragua ha vivido un sustancial desarrollo econmico del que muchos se han beneficiado. El de Ortega es un gobierno autoritario; no obstante, ha proporcionado verdaderos beneficios materiales a los nicaragenses. Incluso ms, ya sea por el firme espritu de cuerpo de la polica y las fuerzas armadas o por la mano dura* de Ortega, o por una combinacin de ambas cosas, el pas no est sufriendo el flagelo de la droga ni el dominio de los crteles que aterrorizan a los pueblos de gran parte de Centroamrica y Mxico

En estos momentos, Estados Unidos es una vez ms el mayor socio comercial de Nicaragua y el gobierno de Ortega mantiene relaciones cordiales con los principales organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional.

En la encrucijada

En las ciudades y barrios urbanos de todo el pas, la gente ha vuelto a levantar barricadas, tal como hicieron los militantes sandinistas en la insurreccin de 1979 contra Somoza. Una vez ms, estn arrancando los bloques de hormign del pavimento que alguna vez se produjeron en la fbrica de propiedad de Somoza; ahora para impedir que la polica sandinista pueda moverse en sus ciudades y barrios.

Envo, un revista digital de la Universidad de Amrica Central, de Managua, llama a este levantamiento una revolucin desarmada. Desarmada es una pequea exageracin, ya que los defensores de muchas de las barricadas han utilizado morteros de fabricacin casera (unos tubos de acero que disparan pequeos sacos de plvora provistas de mechas de camo), pero el poder de fuego de los manifestantes se ve superado por el de las fuerzas armadas regulares y la polica del gobierno, e incluso por el de las turbas* (bandas de matones organizados).

Para quienes han estado siempre atentos a la vida de Nicaragua, ha sido extrao ver al Consejo de la Empresa Privada del pas (COSEP) un eterno adversario del sandinismo, unirse con los estudiantes universitarios y los campesinos* para crear una Alianza Civil por la Justicia y la Democracia. El pasado mayo los lderes de la Alianza acordaron un dilogo con el gobierno, mediado por el concilio episcopal catlico. Desde entonces, estas conversaciones han sido retomadas e interrumpidas una y otra vez.

A pesar de que los izquierdistas de todo el mundo celebraron el regreso de Ortega al poder, ya no se trata del gobierno revolucionario de los pasados ochenta. Tal vez porque desearan que lo fuera, algunos simpatizantes de Ortega en EEUU y en todas partes estn tratando los recientes alzamientos como si fueran una repeticin de la guerra de la Contra, un intento de golpe de la derecha orquestado en Washington. Yo no creo que eso sea cierto, aunque tengo algunos amigos nicaragenses que no estn de acuerdo conmigo.

Culpar de todo lo que ocurre en el pas a quienes mueven los hilos desde Washington niega a los nicaragenses su propia responsabilidad. Tal como declar la activista estudiantil Madalaine Caracas a la cadena de medios Deutsche Welle:

Somos los nicaragenses quienes estamos en la calle. No es un partido poltico, ni los liberales, ni los conservadores, ni la CIA. Es un despertar, el hartazgo de ver asesinados a nuestros hermanos.

Y ahora, qu?*

Cuando Somoza abandon el poder, el FSLN estaba esperando, dispuesto a gobernar. Que yo sepa, en estos momentos no existe en la izquierda una fuerza organizada como la de entonces que pueda llenar el vaco que eventualmente dejara Ortega, una fuerza capaz de organizar una campaa electoral exitosa. No obstante, si Ortega se negara a dejar la presidencia, las alternativas pensables son al menos tan penosas como el orteguismo: su eficaz represin de un verdadero levantamiento de ira popular con an ms muertes, palizas y encarcelamientos (y la continuacin de un gobierno autocrtico en un futuro incierto), o el paso de una resistencia defensiva mayormente desarmada y, si se armara, a una guerra civil a gran escala, con todos los horrores que eso implica.

De lo nico que estoy segura es que a los nicaragenses siempre les va mejor cuando Estados Unidos est mirando hacia otro lado. Por lo tanto, esperemos que Trump se concentre en enfurecer a sus aliados y cortejar a sus enemigos en otros lugares del mundo.

Hace muchos aos, estaba yo en la habitacin de un hotel en realidad, ms un cobertizo que otra cosa en el pequeo pueblo de San Juan de Bocay, conversando con mi compaero de viaje de Testigos de la Paz y joven soldado sandinista. La mascota del soldado, una ardilla listada esta sentada en el alfeizar de la ventana mordisqueando semillas de girasol. Conversbamos sobre qu significaban para l la revolucin y su pas, si sus esperanzas como las nuestras eran que las semillas nicaragenses de liberacin se esparcieran por todas las Amricas. En esa clida y poco iluminada habitacin, la revolucin casi pareca posible.

Quiz deb haberle prestado ms atencin al nombre de la mascota: se llamaba Napolen.

Notas:

* En castellano en la nota original. (N. del T.)

** El New Deal (literalmente, nuevo acuerdo) es la poltica econmica aplicada entre 1933 y 1940 por la administracin del presidente Franklin D. Roosevelt. (N. del T.)

Rebecca Gordon, colaboradora habitual de TomDispatch, ensea en la Universidad de San Francisco. Es la autora de American Nuremberg: The U.S. Officials Who Should Stand Trial for Post-9/11 War Crimes. Entre su anteriores libros estn Mainstreaming Torture: Ethical Approaches in the Post-9/11 United States y Letters from Nicaragua.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176440/tomgram%3A_rebecca_gordon%2C_%22we_will_always_be_confronted_by_u.s._power%22/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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