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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2018

Teora crtica, debate en la izquierda
Walter Benjamin, marxista-libertario

Michael Lwy
Viento Sur


Walter Benjamin ocupa un lugar nico en la historia del pensamiento marxista moderno: es el primer partidario del materialismo histrico en romper radicalmente con la ideologa del progreso. Su marxismo posee por ello una cualidad particular, que lo distingue de las formas dominantes y oficiales y le confiere una gran superioridad metodolgica. Esta particularidad tiene relacin con su capacidad de incorporar en el seno de la teora marxista elementos de la crtica romntica de la civilizacin, de la tradicin mesinica juda y del pensamiento anarquista.

Benjamin pertenece, junto con su amigo Gershom Scholem, a esta nebulosa de pensadores juda de sensibilidad mesinica que fueron atrados, a comienzos del siglo XX, por la utopa libertaria: Martin Buber, Gustav Landauer, Ernst Toller, Hans Kohn y muchos otros. Su planteamiento se aliment de las afinidades electivas entre mesianismo judo y anarquismo: el derrocamiento de los poderosos de este mundo, la perpectiva restauradora/utpica, el cambio radical en vez de la mejora o el progreso, el catastrofismo 1/.

Y como varios de estos intelectuales judos de tendencia libertaria −Georg Lukacs, Ernst Bloch, Erich Fromm, Leo Lwenthal, Mans Sperber−, Benjamin descubri el marxismo despus de la Primera Guerra mundial. Pero, a diferencia ellos, no abandon su inicial inclinacin anarquista, que mantuvo de forma explcita hasta final de los aos 1920, y de forma ms implcita despus, articulndola, combinndola, fusionndola incluso con el comunismo marxista. Este planteamiento es una de las caractersticas ms singulares de su pensamiento.

Primeros pasos libertarios

A comienzos de 1914, en una conferencia sobre la vida de los estudiantes, Benjamin hace referencia, por primera vez, a la utopa libertaria. Benjamin opone las imgenes utpicas, revolucionarias y mesinicas, a la ideologa del progreso lineal, informe y vaco de sentido, que, confiando en la infinitud del tiempo distingue slo el ritmo ms o menos rpido con que hombres y pocas avanzan por la va del progreso. Rinde homenaje a la ciencia y al arte libres extraos al Estado y por lo general enemigos del Estado y reivindica las ideas de Tolstoi y de los anarquistas ms profundos 2/.

Pero sobre todo en su ensayo de 1921, Crtica de la violencia, se encuentran reflexiones directamente inspiradas por Georges Sorel y el anarco-sindicalismo. El autor no esconde su desprecio absoluto de las instituciones estatales, como la polica −la forma de violencia ms degenerada que se pueda concebir− o el Parlamento (deplorable espectculo). Aprueba sin reservas la crtica antiparlamentaria radical y perfectamente justificada de bolcheviques y anarcosindicalistas −dos corrientes que rene aqu explcitamente en el mismo bando− as como la idea soreliana de una huelga general que se asigna como nica y exclusiva tarea destruir la violencia del Estado.

Esta perspectiva, que l mismo nombra con el trmino anarquista, le parece digna de elogio porque es profunda, moral y autnticamente revolucionaria 3/. En un texto de esta misma poca, todava indito, El derecho al uso de la violencia Hojas para un socialismo religioso (1920-1921), es an ms explcito, denominando a su propio pensamiento como anarquista:

La exposicin de este punto de vista es una de las tareas de mi filosofa moral, para la que se puede utilizar ciertamente el trmino anarquista. Se trata de una teora que no rechaza el derecho moral a la violencia como tal, aunque la rechaza a toda institucin, comunidad o individuo que se otorgue el monopolio de la violencia 4/

Leyendo los distintos escritos de los aos 1914-1921, resulta evidente que la tendencia primera de Benjamin, la que da forma tico-poltica a su rechazo radical y categrico de las instituciones establecidas, es el anarquismo. Slo de forma tarda −en comparacin con los acontecimientos revolucionarios de 1917-1923 en Rusa y en Europa− descubri el marxismo. Estos acontecimientos sin duda le volvieron ms receptivo, pero slo en 1923-1924, leyendo Historia y conciencia de clase (1923) de Georg Lukacs, y habiendo conocido en unas vacaciones en Italia a la bolchevique letona Asja Lacis −de la que se enamor−, comenz a interesarse por el comunismo marxista, que pronto se volvi un mecanismo central en su reflexin poltica. En una carta de setiembre de 1924 a su amigo Scholem, reconoce tensiones entre lo que llama los fundamentos de mi nihilismo y la dialctica hegeliano-marxista de Lukacs; lo que ms admira en el libro de este ltimo es la articulacin entre teora y prctica que constituye el ncleo filosfico duro de la obra y le da tal superioridad que cualquier otro enfoque no es ms que fraseologa demaggica y burguesa 5/.

Comunismo y anarquismo

Dos aos ms tarde, en mayo de 1926, le escribe a Scholem que est pensando en adherirse al Partido comunista, aunque tambin afirma que eso no significa que piense abjurar de su antiguo anarquismo −trmino que sustituye, en este documento, al de nihilismo utilizado en otros documentos y en la carta de 1924. Para l, los mtodos anarquistas son seguramente inadecuados y los objetivos comunistas son un sinsentido; pero ello no quita un pice a la accin comunista, porque es el correctivo de estos objetivos y porque no hay objetivos polticos sensatos 6/. El argumento es bastante elptico, pero Benjamin parece sugerir que la praxis comunista permite alcanzar objetivos anarquistas (no polticos).

Tras muchas dudas, decide no adherirse al movimiento comunista, pero no deja de ser una especie de simpatizante cercano de un tipo sui generis, que se distingue del modelo habitual por la lucidez y la distancia crtica −como lo demuestra de forma clara su Diario de Mosc de 1926-1927, donde manifiesta su inquietud ante el intento del poder sovitico de detener la dinmica del proceso revolucionario 7/. Una critica alimentada sin duda por la refrescante fuente libertaria que contina fluyendo en su obra.

La primera obra de Benjamin en que el impacto del marxismo resulta visible es Sentido nico, un sorprendente collage de notas, comentarios y fragmentos sobre la Repblica de Weimar en los aos de la inflacin y de la crisis de la postguerra, redactado en 1923-1925 y publicado en 1928. El cambio que se produce en su pensamiento se puede contemplar comparando una primera versin del manuscrito, redactado en 1923, con la definitiva, escrita dos aos ms tarde. Por ejemplo, el captulo titulado Panorama imperial contiene en su formulacin de 1923 la siguiente observacin sobre el hombre vctima de la miseria (a causa de la crisis): Debe mantener sus sentidos despiertos, para percibir toda la humillacin que se le impone y as disciplinarlos largo tiempo, hasta que sus sufrimientos hayan abierto no ya la va cuesta abajo del odio, sino el camino ascendiente de la oracin (das aufsteigenden Pfad des Gebetes). La versin de 1925 repite esta frase palabra por palabra, excepto la conclusin, que se vuelve completamente distinta:

hasta que sus sufrimientos hayan abierto no ya la va cuesta abajo de la afliccin, sino el camino ascendiente de la revuelta (den aufsteigenden Pfad der Revolte 8/.

A pesar de su inters por el comunismo, es interesante constatar que la nica corriente poltica revolucionaria mencionada en esta obra es la anarco-sindicalista. En un fragmento, curiosamente titulado Ministerio del Interior, Benjamin examina dos tipos ideales de comportamiento poltico: a) el hombre poltico conservador, que no duda en llevar su vida privada en contradiccin con las mximas que defiende en la vida pblica; b) el anarco-sindicalista, que somete implacablemente su vida privada a las normas con las que quiere hacer las leyes de un estado social futuro 9/.

Una lectura marxista-libertaria del surrealismo

El documento marxista-libertario ms importante de Benjamin es sin duda su ensayo sobre el surrealismo, en 1929. Desde sus primeros prrafos, Benjamin se describe a s mismo como el observador alemn, situado en una posicin infinitamente peligrosa entre la fronda anarquista y la disciplina revolucionaria. La muestra ms concreta y activa de la convergencia tan ardientemente deseada entre estos dos polos fue la manifestacin organizada por comunistas y libertarios en defensa de los anarquistas Sacco y Vanzetti. No pas desapercibida para los surrealistas y Benjamin no deja de destacar el excelente pasaje (ausgezeichnete Stelle) de Nadja en que habla de las apasionantes jornadas de sublevacin que conoci Pars bajo el signo de Sacco y Vanzetti: Breton asegura que, durante esas jornadas, el Boulevard Bonne-Nouvelle vio cumplida la promesa estratgica de revuelta que desde siempre le haba hecho su nombre 10/.

Es verdad que Benjamin tiene una concepcin extremadamente amplia del anarquismo. Describiendo los orgenes lejanos/prximos del surrealismo, escribe:

Entre 1865 y 1875, algunos grandes anarquistas, sin comunicacin entre s, trabajaron en sus mquinas infernales. Lo sorprendente es que, de manera independiente, hubieran regulado sus mecanismos de relojera exactamente a la misma hora; tambin simultneamente cuarenta aos ms tarde estallaban en Europa occidental los escritos de Dostoievski, Rimbaud y Lautramont. 11/

La fecha, 40 aos despus de 1875, se refiere evidentemente al nacimiento del surrealismo con la publicacin, en 1924, del primer Manifiesto. Designa a estos tres autores como grandes anarquistas, no slo porque la obra de Lautramont, verdadero bloque errtico, perteneciera a la tradicin insurreccional, o porque Rimbaud hubiera sido communard, sino sobre todo porque sus escritos, al igual que la dinamita de Ravachol o de los nihilistas rusos, pero en otro terreno, hacen saltar por el aire el orden mural burgus, el diletantismo moralizador de los Spiesser y de los filisteos 12/.

Pero la dimensin libertaria del surrealismo se manifiesta tambin de manera ms directa: Desde Bakunin, a Europa le ha faltado una idea radical de la libertad. Los surrealistas tienen esta idea. En la inmensa literatura de los ltimos 70 aos sobre el surrealismo, es raro encontrar una frmula tan contundente, capaz de expresar tambin, con palabras sencillas y cortantes, el inquebrantable ncleo de noche del movimiento fundado por Andr Breton. Segn Benjamin, la hostilidad de la burguesa a cualquier declaracin de libertad espiritual radical empuj al surrealismo hacia la izquierda, hacia la revolucin, y desde la guerra del Rif, hacia el comunismo. Como es sabido, en 1927 Breton y otros surrealistas se adhirieron al Partido Comunista Francs 13/.

Esta tendencia a una politizacin y a un compromiso creciente no significa, para Benjamin, que el surrealismo deba abdicar de su carga mgica y libertaria. Al contrario, gracias a estas cualidades puede jugar un papel nico e irreemplazable en el movimiento revolucionario:

Procurar a la revolucin las fuerzas de la embriaguez, es a lo que tiende el surrealismo en todos sus escritos y todas sus empresas. Se puede decir que es su tarea ms caracterstica.

Para realizar esta tarea, hace falta sin embargo que el surrealismo supere una postura demasiado unilateral y acepte asociarse con el comunismo:

no basta que una componente de embriaguez est viva, como sabemos, en toda accin revolucionaria. Se confunde con la componente anarquista. Pero insistir en ello de manera exclusiva equivaldra a sacrificar por entero la preparacin metdica y disciplinaria de la revolucin a una praxis que oscila entre el ejercicio y la pre-fiesta 14/

Una borrachera libertaria

En qu consiste por tanto esta embriaguez, este Rausch que Benjamin querra procurar a las fuerzas de la revolucin? En Sentido nico (1928), Benjamin se refiere a la embriaguez como expresin de la relacin mgica del hombre antiguo con el cosmos, aunque deja entender que la experiencia (Erfahrung) del Rausch, que caracterizaba esta relacin ritual con el mundo, ha desaparecido de la sociedad moderna. Ahora bien, en el ensayo de la Literarische Welt, parece haberla reencontrado, bajo una nueva forma, en el surrealismo 15/.

Se trata de un planteamiento que atraviesa los numerosos escritos de Benjamin: la utopa revolucionaria pasa por el re-descubrimiento de una experiencia antigua, arcaica, prehistrica: el matriarcado (Bachofen), el comunismo primitivo, la comunidad sin clases ni Estado, la armona originaria con la naturaleza, el paraso perdido del que nos aleja la tempestad del progreso, la vida anterior en que la admirable primavera an no haba perdido su olor (Baudelaire). En todos esos casos, Benjamin no propugna una vuelta al pasado sino −segn la dialctica propia del romanticismo revolucionario− un desvo por el pasado hacia un futuro nuevo, integrando todas las conquistas de la modernidad desde 1789 16/.

Esta dialctica se manifiesta de forma llamativa en el ensayo −que suele ser ignorado por los comentaristas− sobre Bachofen de 1935, uno de los textos ms importantes para captar la concepcin de la historia de Benjamin. Es tanto ms interesante por el hecho de que 1933-1935 son los aos en que el filsofo berlins parece −aparentemente− ms cerca del marxismo productivista y tecno-modernista de la URSS estaliniana de los aos del Plan Quinquenal.

La obra de Bachofen, destaca Benjamin, fue inspirada por fuentes romnticas y ha llamado el inters de pensadores marxistas y anarquistas (como Elise Renclus) por su evocacin de una sociedad comunista al alba de la historia. Refutando las interpretaciones conservadoras y fascistas (Ludwig Klages, Alfred Bumler), y apoyndose en la lectura freudo-marxista de Erich Fromm, Benjamin destaca que Bachofen haba escrutado las fuentes a una profundidad inexplorada. En cuanto a Engels y Lafargue, su inters fue atrado por su estudio de las sociedades matriarcales, donde exista un grado elevado de democracia, igualdad cvica, as como formas de comunismo primitivo que significaban un verdadero cambio del concepto de autoridad 17/.

Este texto muestra la continuidad de las simpatas libertarias de Benjamin, que intenta reunir, en el mismo combate contra el principio de autoridad, al marxista Engels y al anarquista Reclus. La sensibilidad libertaria es probablemente una de las razones del progresivo alejamiento de Benjamin respecto a la URSS, durante la segunda mitad de los aos treinta, hasta la ruptura definitiva en las tesis Sobre el concepto de historia (1940), que denuncian la traicin estalinista.

Una nota, datada probablemente de 1938, entre los papeles de Benjamin descubiertos por Giorgio Agamben en la Biblioteca Nacional [de Francia], critica el alineamiento de Brecht, en algunos de sus poemas, con las prcticas del GPU, que Benjamin compara a las del nazismo, y considera peligrosas y cargadas de consecuencias para el movimiento obrero 18/. Desconfa tambin de la poltica de los dirigentes soviticos en Espaa, calificada en su correspondencia como maquiavlica, aunque no parece haber calibrado la dinmica revolucionaria espaola y el papel de los libertarios 19/.

No hay prcticamente referencia explcita al anarquismo en los ltimos escritos de Benjamin. Pero para un observador crtico tan agudo como Rolf Tiedemann −el editor de las obras completas alemanas de Benjamin− estos escritos pueden ser ledos como un palimpsesto: bajo el marxismo explcito es visible el viejo nihilismo. Su camino tiene el riesgo de llevar a la abstraccin de la prctica anarquista 20/. Tal vez el trmino palimpsesto no sea el ms adecuado: la relacin entre los dos mensajes es menos un vnculo mecnico de superposicin, que una aleacin alqumica de sustancias previamente destiladas.

Contra el evolucionismo de Habermas

A comienzos de 1940 Benjamin redacta su testamento poltico, las Tesis Sobre el concepto de historia, uno de los documentos ms importantes del pensamiento revolucionario desde las Tesis sobre Feuerbach de Marx 21/. Algunos meses despus, intenta escapar de la Francia vichysta donde la polica, en colaboracin con la Gestapo, persegua a los exiliados alemanes anti-fascistas y a los judos en general. Con un grupo de refugiados, quiere atravesar los Pirineos, pero ya en la parte espaola la polica −de Franco− les detiene y amenaza con entregarlos a la Gestapo. Es entonces, en el pueblo espaol de Port Bou, cuando Benjamin elige el suicidio.

Analizando este ltimo documento, Rolf Tiedemann comenta: la representacin de la praxis poltica en Benjamin era ms el entusiasmo del anarquismo que, ms sobrio, del marxismo 22/. El problema de esta formulacin es que opone como excluyentes planteamientos que Benjamin intenta precisamente asociar porque le parecen complementarios e igual de necesarios para la accin revolucionaria: la embriaguez libertaria y la sobriedad marxista.

Ha sido sobre todo Habermas quien ha destacado la dimensin anarquista en la filosofa de la historia del ltimo Benjamin −para someterla a una crtica radical a partir de su punto de vista evolucionista y modernista. En su conocido artculo de los aos 1970, rechaza el intento del autor de las Tesis Sobre el concepto de historia de revitalizar el materialismo histrico con la ayuda de elementos mesinicos y libertarios. Este intento est condenado al fracaso, insiste el filsofo de la razn comunicativa, porque la teora materialista de la evolucin no puede articularse, sin otra forma de proceso, con la concepcin anarquista segn la cual no-presentes, cados de alguna manera del cielo, atravesaran de forma intermitente el destino. Al materialismo histrico, que considera los progresos no slo en el terreno de las fuerzas productivas sino tambin en el de la dominacin, no se le puede dar el veneno de una concepcin anti-evolucionista de la historia 23/.

Lo que Habermas considera un error es precisamente, en mi opinin, la fuente del valor singular del marxismo de Benjamin, y de su superioridad sobre el evolucionismo progresista −su capacidad para comprender un siglo caracterizado por la imbricacin de la modernidad y de la barbarie (como en Auschwitz o Hiroshima). Una concepcin evolucionista de la historia que cree en el progreso en las formas de la dominacin, difcilmente puede dar cuenta del fascismo −salvo como un inexplicable parntesis, una regresin incomprensible en pleno siglo XX. Ahora bien, como escribe Benjamin en las Tesis Sobre el concepto de historia, no se comprende nada del fascismo si se le considera como una excepcin a la norma, que sera el progreso. 24/

Habermas volvi a la carga algunos aos ms tarde, en el Discurso filosfico de la modernidad (1985). En lo que no es ms que otra formulacin del mismo debate, trata de la concepcin no-continuista de la historia que distingue lo que denomina las extremas izquierdas, representadas por Karl Korsch y Walter Benjamin, de quienes, como Karl Kautsky y los protagonistas de la II Internacional, vean en el desarrollo de las fuerzas productivas una garanta del paso de la sociedad burguesa al socialismo. Para Benjamin, en cambio, la revolucin no poda ser ms que un salto fuera de la perpetua reiteracin de la barbarie prehistrica y, en definitiva, la destruccin del continuum de todas las historias. Es una actitud inspirada en la conciencia del tiempo tal como la conceban los surrealistas, y que se acerca al anarquismo de algunos de los continuadores de Nietzsche que, para conjurar el orden universal del poder y de la ceguera, invocan () a la vez, las resistencias locales y las revueltas espontneas que surgen de una naturaleza subjetiva sometida a la tirana 25/.

La interpretacin de Habermas es cuestionable desde varios puntos de vista, comenzando por el concepto de barbarie prehistrica: Benjamin se esfuerza en mostrar que la barbarie moderna no es simplemente la reiteracin de un salvajismo prehistrico, sino precisamente un fenmeno de la modernidad −idea difcil de aceptar para este defensor obstinado de la civilizacin moderna, como es Habermas. En cambio, comprende con mucha inteligencia todo lo que la concepcin de la historia del ltimo Benjamin debe al surrealismo y al anarquismo: la revolucin no es la coronacin de la evolucin histrica −el progreso−, sino la interrupcin radical de la continuidad histrica de la dominacin.

14/05/2018

Notas

1/

Remito a mi obra Rdemption et utopie Le judasme libertaire en Europe centrale Une tude daffinit elective, Pars, PUF, 1988.

2/ W. Benjamin, La vida de los estudiantes (1914). Mythe et violence, Pars, Denoel, 1971, pp 37, 42 y 44.

3/ W. Benjamin, Para una crtica de la violencia (1921), Mythe et violence, op.cit., pp. 133-134, 137-138 y 147.

4/ W. Benjamin, Das Recht dzur Gewaltverwerdung Bltter fr religisen Sozialismus, en Gesammelte Schriften (GS), VI, Frankfort, Suhrkamp Verlag, 1985, pp. 104-107.

5/ W. Benjamin, Correspondance, Pars, Aubier, 1979, trad. Guy Petitdemange, vol. I, p. 325.

6/ Ibid. I, p. 389.

7/ W. Benjamin, Journal de Moscou, Pars, LArche, 1983, p. 81.

8/ W. Benjamin, Sens Unique, Pars, Lettres Nouvelles, Maurice Nadeau, 1978, p. 167. Cf. W. Benjamin, GS, IV, 2, p. 391 y GS, IV, 1, p. 97.

9/ W. Benjamin, Journal de Moscou, p. 162. La traduccin francesa es imprecisa en este caso. Cf. GS, IV, 1, p. 93.

10/ -[10] W. Benjamin, El surrealismo La ltima instantnea de la inteligencia europea, en Mythe -et Violence, op. cit., pp. 297-298 y 300. La traduccin francesa del ltimo pasaje es muy defectuosa cf. Des Surrealismus Die letzte Momentaufnahme der europischen Intelligenz, en GS, II, 1, pp. 297-298.

11/ El surrealismo, op.cit., p. 308. Aunque Rimbaud y Lautramont forman parte de los precursores reconocidos por el surrealismo, no parece ser el caso de Dostoievski, salvo para Max Ernst que lo incluye en el famoso cuadro La cita de los amigos.

12/ El trmino pequeo burgus de la traduccin francesa no refleja la carga cultural de l apalabra Spiesser, que designa al individuo grosero,limitado y prosaico de la sociedad burguesa. Cf. W. Benjamin, Der Surrealismus, in GS, II, 1, p. 305.

13/ W. Benjamin, El surrealismo, op. cit., pp. 306 y 310.

14/ Ibid., p. 311. Benjamin habla tambin de conectar la revuelta con la revolucin (p. 310)

15/ Ver en este sentido las notas de Margaret Cohen, Profane Illumination Walter Benjamin and the paris of Surrealist Revolution, Berkeley, University of California Press, 1993, pp. 187-189.

16/ Sobre el romanticismo revolucionario, ver Robert Sayre y Michal Lwy, Rvolte et mlancolie, le romantisme contre-courant de la modernit, Pars, Payot, 1992.

17/ W. Benjamin, Johan Jakob Bachofen, en crits franais, Pars, Gallimard, 1991, pp. 104-108.

18/ W. Benjamin, Nota sobre Brecht (1938), crits autobiographiques, Pars, Christian Bourgois, 1990, pp. 367-368

19/ W. Benjamin, Correspondance, op.cit., II, p. 237.

20/ R. Tiedemann, Nachwort, en Benjamin, Charles Baudelaire, Frankfurt, Suhrkamp Verlag, 1980, p. 207.

21/ Para anlisis ms desarrollados, ver mis comentarios en Walter Benjamin: Avertissement dincendie Une lecture des Thses Sur le concept dhistoire, Pars, PUF, 2001.

22/ R. Tiedemann, Dialectik in Stillstand, Frankfurt, Suhrkamp Verlag, 1983, p. 130. Cf. tambin p. 132, donde constata en las Tesis la presencia de contenidos tericos del anarquismo.

23/ Habermas, La actualidad de W. Benjamin La crtica: toma de conciencia o, Revue desthtique, 1, 1981, p. 121.

24/ W. Benjamin, Thesen ber den Begriff der Geschichte, Tesis n VIII: Dessen Chance (des Faschismus) besteht nicht zuletz darin, dass die Giegner ihm im Namen des Fortschritts as einer historischen Norm begegnen (GS, I, 2, p. 697).

25/ Habermas, Le Discours philosophique de la modernit Douze leons, Pars, Gallimard, 1988, p. 70.

Texto original en francs.

Fuente:http://vientosur.info/spip.php?article13881



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