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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2018

Obama y Trump se equivocan con China

Juan Jimnez Herrera
Rebelin


No muchos aos atrs, Obama afirm, ante una congregacin de su democrtico partido, que los EE.UU ganaran, ante China, el desafo y que el siglo XXI seguir marcado por la pax americana. Cifr el empeo en preservar el liderazgo norteamericano en los nuevos sectores de las tecnologas vinculadas a las energas renovables no fsiles. No olvid, tampoco, el ex mandatario norteamericano enfatizar que, en cualquier caso, el objetivo no podra ser otro que mantener buenas relaciones con China, aunque emplazndola a abrir sus mercados, porque de ello dependera la creacin de riqueza y puestos de trabajo en EE.UU. El imperio, por otra parte, hostig a China, presionando a sus autoridades para que se avinieran a seguir financiando las necesidades de la descomunal deuda pblica y externa norteamericana. Se sucedieron, asimismo, en un escenario de tensas relaciones internacionales, varios incidentes: la venta de armas a Taiwn, los choques con Google, etc,

Y Obama se equivoc.

Como, ahora, tambin yerra su sucesor: el imprevisible Trump. El actual inquilino de la Casa Blanca ha reaccionado, de un lado, sustituyendo la apuesta por las renovables por un renovado impulso a favor de los combustibles fsiles (petrleo y carbn); y, de otro, (paradojas de la historia) dejando al Partido Comunista Chino como abanderado del libre comercio frente a las polticas proteccionistas del imperio, que ve como declina su antes indiscutido podero industrial y exportador.

Napolen, sealando China sobre un mapa, afirm: Ah yace un gigante dormido; djenlo dormir. Para cuando despierte, los destinos del mundo sern suyos. Antes Obama y, ahora, Trump se esfuerzan, adems, en ensalzar la superioridad del sistema americano.

Quien ha despertado al gigante asitico, quien ha puesto en marcha sus prodigiosas fuerzas productivas no ha sido, sin embargo, el capitalismo. Ha sido, por el contrario, el socialismo; en concreto, la construccin del socialismo en sus primeras etapas de transicin.

Desde la direccin planificada de la economa, la prevalencia de la propiedad pblica y la preservacin del carcter de clase y popular del Estado, China acord iniciar un periodo de transicin al socialismo, que no se tuvo empacho en aceptar que fuese considerablemente duradero; se acept por el marxismo chino el postulado de que, como condicin previa para alcanzar los objetivos del socialismo, las fuerzas productivas habran de ser desarrolladas, en principio, por la lgica y las relaciones del capital, no obstante, subordinadas, matizadas y reguladas desde el Estado popular y socialista. El socialismo no se puede construir sobre bases materiales subdesarrolladas; la necesidad reproduce las miserias y porqueras de siempre. La burguesa que se habra de encargar de esta tarea no sera, empero, sino una emanacin de las propias estructuras del partido comunista chino; es decir, en ningn caso, una burguesa al uso, con capacidad de direccin y vocacin de dominacin poltica. Cumplira una misin histrica especfica, ms que como sujeto, como objeto y ente instrumental dinamizador de unas estructuras y relaciones que el mercado y el beneficio se encargaran de engranar.

La burguesa china no es homologable a ninguna otra; ni cuantitativa ni cualitativamente. Desde la primera perspectiva, la parte del producto social que se apropia es incomparablemente menor que la de cualquier otra, y. desde la segunda, ya hemos avanzado que se le ha extrado la voluntad de dominacin, al asumir y asignrsele un papel secundario e instrumental en la acumulacin de capital y riqueza en China. El pas, en estas dos ltimas dcadas, abierto al mundo, en contacto con las fuerzas productivas y con las distintas formas de propiedad mundiales, ha conseguido despertar el colosal potencial productivo propio; ha hecho acopio de tecnologa, de mtodos de produccin; ha aumentado la productividad del trabajo y ha puesto a trabajar a una gran parte de su poblacin activa (superior a la europea y norteamericana juntas), antes postrada en el campo y subdesarrollo, por ms socialistas que fuesen las relaciones sociales all existentes.

Con ser importante que este modelo de crecimiento y generacin de riqueza, que bien podra denominarse socialismo en fase inicial e instrumental capitalista, haya sacado del estado de necesidad a ms de 400 millones de habitantes, no lo es menos que, al tiempo, la colosal produccin de bienes, servicios, mercancas e infraestructuras han trastocado las estructuras sociales y econmicas de los pases con quienes se relaciona China. En el centro capitalista, a ms de disolver a la aristocracia obrera, a la que condena a aceptar condiciones cada vez menos sociales en el trabajo, convierte a gran parte de la poblacin activa en innecesaria. El ingente ejrcito industrial chino es capaz de nuclear en torno a s a cada vez ms zonas del mundo; su entrada en Africa es imparable; entabla relaciones con los Estados, en un trato igual, otorgando facilidades crediticias y un intercambio igualitario de bienes y servicios (Cuba, Venezuela, Brasil, Argentina, Africa), comprometindose con el desarrollo de infraestructuras necesarias en los pases con quienes entabla relaciones. Teje, pues, cada vez ms, relaciones econmicas y monetarias en los cinco continentes, consecuencia de lo cual es la expulsin, en gran medida, de las antiguas potencias capitalistas de sus plazas tradicionales.

Y esto es solo el principio. En un par de dcadas, con crecimientos anuales de dos dgitos, los 800 millones de trabajadores chinos y sus industrias pueden, sencillamente, dejar, no slo sin empleo a los trabajadores europeos y norteamericanos, sino, tambin, sin plusvala que extraer y realizar a las burguesas europeas y norteamericana.

Obama y Trump estn profundamente equivocados, cuando fiaron, el primero, el salvamento de su pas a un expediente tecnolgico y, el segundo, al proteccionismo. El espectacular desarrollo chino se debe al socialismo y sus ventajas, y el declive americano a la senectud del capitalismo. La URSS pudo cumplir tambin ese papel, pero el abandono precipitado de la NEP esbozada por Lenin malogr la multiplicacin exponencial del desarrollo de las fuerzas productivas, que el centralismo y el socialismo pleno nunca pueden conseguir sobre bases materiales insuficientes, subdesarrolladas o pre capitalistas. China, sin embargo, ahora, ha encontrado su propio camino. Europa y EE.U U no tienen por que sucumbir junto a su caduco y senil capitalismo. Si China ha inventado una burguesa instrumental y con fecha de caducidad, a los pueblos Europa y de los Estados Unidos les corresponde, por el contrario, desprenderse de sus respectivas burguesas. Paradojas de la historia. Y, de esta forma, tendrn ante s, como China, un mundo de posibilidades, sobre las bases de la cooperacin internacional y no de la trasnochada, nociva, insalubre y peligrosa competitividad capitalista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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