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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-07-2018

Es posible atajar la guerra que nos anuncia Duque?

Horacio Duque
Rebelin


Con el nuevo gobierno de Duque abandonara Colombia la ruta de la paz, la reconciliacin y la democratizacin abierta en los aos recientes con los dilogos y acuerdos con las Farc y el Eln? Se ha configurado un potente movimiento popular contra hegemnico capaz de impedir un nuevo ciclo de guerra, masacres y limpiezas sociales?, son cuestiones que resulta prioritario plantearse a pocos das de la instalacin del nuevo rgimen de la ultraderecha fascista y criminal.

Analizar las trayectorias y configuraciones posibles del bloque dominante frente a la coyuntura y sus posibles escenarios supone un desafo primordial desde el campo popular y el pensamiento crtico.

Ahora la coyuntura, mes por mes, va a pesar. Porque un error de apreciacin en los primeros meses va a determinarse en aos. Asi, sera necesaria ya una rectificacin, o que por lo menos se diga cules podran ser las salidas, y lo que fuere para el ascendente movimiento de masas sin antecedentes en la historia de la nacin.

Las caractersticas tomadas por el modelo neoliberal extractivista, financiero y agroindustrial, y las posiciones adoptadas de cara a escenarios de crisis reflejan la unidad del rgimen y de la lite dominante frente a la potente emergencia del bloque popular expresado en la votacin de ms de 8 millones por Gustavo Petro, ms an ante un proceso de movilizacin popular que ofrece nuevas formas de expresin de masas como lo registro la Velaton por los lderes sociales asesinados, y el anuncio de nuevas concentraciones el prximo 20 de julio y el 7 de agosto en un Frente por la paz y la vida, que la ultraderecha esta impugnando.

Los ejes centrales del entrante gobierno de Ivan Duque estan claramente definidos de acuerdo con sus recientes planteamientos tanto en los Estados Unidos como en Espaa, lugares en que se ha encontrado con los ncleos, como no poda ser de otra manera, mas retardatarios de la politica mundial.

Con el cierre de filas de todas las derechas colombianas a su alrededor, que no es ms que una banda mafiosa de malhechores, el nuevo Jefe de la Casa de Nario, que es el sealado por el gran Patrn de la violenta parapoltica, el caballista del Uberrimo, ha dicho que su prioridad ser la accin contra las drogas mediante la erradicacin forzosa, la fumigacin area y la criminalizacin de los campesinos vinculados a los cultivos de coca, ante la ruina de la agricultura campesina consecuencia del incumplimiento santista con la Reforma Rural Integral; e igualmente lo ser la Seguridad retomando los parmetros del Estatuto de Seguridad turbayista (1979-1982), en la que su progenitor Ivan Duque Escobar fue protagnico ( alto funcionario de aquel rgimen) y los aspectos sustantivos de la Seguridad Democrtica uribista que a lo largo de 8 aos ocasionaron las mas execrables violaciones a los derechos humanos con masacres, asesinatos, montajes judiciales y desapariciones, como los ms de 10 mil falsos positivos que aun hoy permanecen en la impunidad.

La guerra que se define contra la coca ser la cobertura para la nueva guerra contra los campesinos, contra los pobres, los desplazados, los indgenas, los afros y los movimientos sociales regionales y urbanos de diversa ndole como ya se siente con el exterminio, desde el 2016, de ms de 300 lderes sociales, que es la herencia maldita del rgimen santista y su falsa paz de las corporaciones que con el beneplcito del anacrnico Secretariado de Timochenko, amplia, profundiza y consolida el rgimen neoliberal del extractivismo, la agroindustria y las rentas financieras de bancos e inversionistas forneos.

La guerra contra las drogas en Tumaco, Guaviare, Urab, Catatumbo, Caquet y Putumayo, financiada por Trump, no ser otra cosa diferente a la estrategia (Plan Mrida) implementada en Mxico (con la asesora del Vicepresidente Naranjo) desde el gobierno de Felipe Caldern que, con ms de 120 mil muertos y 60 mil desaparecidos, convirti esa nacin en una inmensa fosa humana.

Lo que se propone esta nueva guerra de Duque-Uribe contra los campesinos y el movimiento social es fortalecer el dominio de formas abiertamente criminales del capital y el mantenimiento de la ganancia por medio del terror. Y en esas condiciones hacer inviable la democracia ampliada que nos plantean los acuerdos y dilogos de paz. Lo que hay que entender es que esta nueva campaa blica, en las condiciones de la denominada paz imperfecta, se orienta a fracturar ms la sociedad en sus articulaciones condensadas en demandas populares concretas, y evaporar los impulsos democrticos registrados en las recientes votaciones.

En todo caso esa guerra no atacara las poderosas redes infiltradas en la sociedad colombiana y su Estado que manejan este millonario negocio. Aun no se logra identificar claramente el dispositivo que monopoliza actualmente la cadena de transformacin, comercializacin y transporte de la coca en Colombia. Los altos funcionarios policiales continuaran afirmando que los dueos de esa cadena son ncleos mafiosos mexicanos omitiendo que hay all poderes de diverso calibre que se mueven entre las sombras de la legalidad que se enriquecen con ese rentable negocio. De esa manera habr un nuevo gobierno reprimiendo a los campesinos en las regiones, pero con funcionarios policiales y gamonales polticos articulados a las rutas de comercializacin, transporte y transformacin de la coca (https://bit.ly/2JenKLt ).

La vinculacin a la OTAN; los planes de invasin a Venezuela; la narcotizacin de las relaciones con los gringos y la subordinacin a los enfoques fascistas de Trump; la sed de venganza de las nuevas camarillas mafiosas que regresan al poder; el fracaso de la paz estadocntrica de Santos y Timochenko; la ruptura de la Mesa de dilogos con el ELN en Cuba mediante la imposicin de condiciones de rendicin a la insurgencia Camilista; y la reactivacin de las extradiciones de integrantes de las Farc, como los Casos de Santrich y Gustavo Gonzales, son los factores de contexto de este nuevo escenario de terror y revancha contra el pueblo colombiano (https://bit.ly/2JenKLt ).

Los retos para el bloque popular

Para el bloque popular son grandes los desafos. Lo que importa es evitar las provocaciones y calibrar adecuadamente cada momento midiendo las correlaciones de fuerza. Hoy el dominio uribista no tiene las mismas condiciones favorables del 2002, cuando no se daba la presencia de un bloque de casi diez millones de colombianos impugnando la guerra, situacin que si se da hoy.

Estamos en una coyuntura en la que puede precipitarse una crisis poltica de enorme envergadura que llegue hasta el derrumbe del nuevo rgimen; en el que las formas de lucha utilizadas en aos anteriores, que han mostrado un claro agotamiento, habrn de ser cuestionadas a fondo. Es la realidad la que obliga a repensarlo todo.

Solo la intervencin de una voluntad de izquierda y progresista puede aprovechar la coyuntura de inestabilidad que sobrevendr en el rgimen mafioso uribista -una crisis de consenso que no de hegemona (que nunca tuvo ni se propuso tener al asumir la agenda neoliberal)- y orientar un lejano pero posible desenlace progresista. Lejano porque conllevara revertir abruptamente la inercia neoliberal santista de los ltimos aos, que requerira una modificacin substancial de la correlacin de fuerzas a partir de la irrupcin de un movimiento ms fuerte cuyas cualidades son difciles de darse, en particular en el actual escenario, despus de tantas derrotas, incluida la debilidad de la izquierda subalterna que hubiera podido ser un recurso transitorio, para una hiptesis de gobierno de transicin. Improbable pero posible, no por invocaciones utpicas sino porque, como nos demuestra el movimiento actual, la historia de la lucha de clases y del antagonismo poltico no termin y las posturas antisistmicas se mantienen vivas bajo las cenizas en tiempos de resistencia para resurgir, como aves fnix, cuando vuelven a arder las brasas y se enciende, politiza y radicaliza el conflicto social.

En este sentido, un escenario tendencialmente progresista podra ser no tanto la improbable cada del prximo gobierno y su substitucin con otro de signo opuesto, sino el desplazamiento de los equilibrios polticos generales, el arranque de un proceso de construccin de nuevas formas de organizacin sociales y polticas de la izquierda antagonista y antisistmica que opere como contrapoder, que haga contrapeso real y permanente e inaugure otro periodo, revirtiendo el de las derrotas, un periodo de acumulacin de fuerzas.

La construccin de un movimiento autnomo de masas, es el mayor reto en estos momentos y el elemento ciertamente indispensable en la transformacin que se busca.

En esta materia, lo ms preocupante es que en general la izquierda y el campo progresista han dejado de pensar la poltica en forma compleja e innovadora.

En Colombia hay hoy condiciones para una extraordinaria movilizacin nacional que logre sumar las ms diversas luchas que a lo largo y ancho del pas se han producido en aos pasados.

Hemos tenido grandes movilizaciones y heroicas acciones que pretendan frenar el saqueo y la violencia, pero que no alcanzaron las dimensiones que exige la tarea. Se han elaborado muchas buenas propuestas para configurar un esquema por completo diferente, un nuevo rumbo para el pas que favorezca a las fuerzas del trabajo, pero no ha emergido la exigencia que las rena o sintetice a todas, desde luego que el discurso de Petro en la pasada campaa alcanzo los niveles de consignas con gran capacidad de convocatoria en los temas de educacin, salud, trabajo, agua y tierra para los pobres y los campesinos.

Pero ahora es necesario ubicar el momento y el acontecimiento poltico que precipite la crisis del rgimen y rena las fuerzas dispersas.

Contra el rgimen de las mafias del poder y la impunidad criminal, contra el semi estado que impera se debe alzar la justicia y la democracia. Esos son los tiempos que se avecinan. Esos son los trminos en los que la izquierda colombiana se deber reconfigurar.

La reciente movilizacin electoral y por la paz que apoyo a Petro ha sido una gran experiencia de subjetivacin poltica que gener y revitaliz el tejido organizacional de base, volvi a conectar formas y lugares de la lucha poltica y social. Desde mi perspectiva, la oleada de masas en curso no debe ser procesada desde los espacios partidarios existentes en la izquierda, sus cuadros, sus coordenadas ideolgicas y sus culturas polticas.

La actual lucha de masas y el bloque popular constituido deben apoyarse en luchas franca y abiertamente antisistmicas que, en la configuracin sistmica colombiana actual, implica una postura anti neoliberal y contra las camarillas partidistas mafiosas es decir adversa a los dos niveles sistmicos, econmico y poltico, del esquema de la dominacin en su formato actual-, no forzosa ni plena o inmediatamente anticapitalista, aunque el anticapitalismo sea, pueda o deba ser un ingrediente necesario que opera en el trasfondo de los procesos concretos y sirve de referente y orienta como horizonte emancipatorio.

Obviamente un cambio profundo implica una intensa repolitizacin del mundo. Politizar es cuestionar lo habitual, es fracturar las certezas heredadas, es convocar a una adhesin combativa. Politizar es abrir posibilidades, es afirmar la potencia de la voluntad, es rechazar los imposibles.

Tejer la red de la resistencia a la guerra.

As la guerra que se anuncia por Duque/Uribe debe ser resistida tejiendo una poderosa red que la enfrente con la lnea y la accin cvica y de masas, eludiendo el aventurerismo provocador que manipula el aparato represor del gobierno y sus servicios de espionaje.

Solo la presencia prolongada de un actor socio-poltico plural pero articulado, surgido de este ciclo de movilizacin pero que se mantenga en el tiempo, puede evitar que esta coyuntura desemboque en un escenario conservador o en otro francamente reaccionario o, lo que es ms probable, una combinacin sangrienta de ambos, de reacomodos cupulares y dosificadas pero contundentes medidas represivas.

As como Sartre design la repblica del silencio a la resistencia popular en la poca de la ocupacin fascista de Francia, deberamos llamar tejido de resistencias a la red que se debe extender por la Colombia profunda que haga frente a las ms siniestras y violentas camarillas de la mafia del poder encarnadas en el uribismo criminal.

Esta red, tapete, telaraa debe crecer de manera subterrnea. Su elaboracin no es ni fortuita ni planeada. Como las artesanas, requiere de prctica diaria y conocimiento heredado. En su pluralidad de colores, tonos y formas est su mayor fortaleza.

Los principios de horizontalidad, democracia asamblearia, creatividad y cuidado colectivo sern fundamentales para mantenerse activa a pesar de la guerra y represin que se perfilan desde los comandos de la ultraderecha.

As, a nivel local/territorial y desde el extranjero (como lo mostro la velaton), en el territorio de las redes sociales y el periodismo independientes, los movimientos de familiares de vctimas de la guerra, de los lderes sociales asesinados, los nodos de activistas estudiantiles, agrarios, indgenas, afros, vivendistas, deben convertirse en el acervo de crtica, consciencia y conocimiento que desemboque en una oleada de participacin ciudadana sin precedentes contra la guerra, que ya camina desde el ataque contra la JEP y la paz, vociferado en el Senado por la seora Paloma Valencia, la heredera del conservadurismo esclavista y terrateniente caucano .

En un pas acostumbrado al olvido oficial y a las verdades histricas acomodadas, el relato de una memoria de abajo que busque la paz, pero que haga justicia y conmemore la dignidad, es fundamental. Esto implica que los crmenes como el exterminio reciente y presente de los lderes sociales deben tener consecuencias no slo para los perpetuadores materiales ligados al rgimen santista, sino para toda la estructura de poder que los permite que no es ms que el poder de un grupo poltico con importantes recursos econmicos, sociales y militares, el cual tiene una amplia influencia y el respaldo de redes clientelares en muchas regiones de Colombia (https://bit.ly/2JenKLt ).

Los alcances de este tejido irn de la cancelacin de los letales para el medio ambiente megaproyectos mineros e hidroelctricos, acompaar las luchas indgenas, cocaleras, promover proyectos autogestionarios en entornos urbanos, radicalizar la lucha contra la homofobia y la violencia machista, reforzar las redes de defensa de derechos humanos para que, de una vez por todas, sean desmontados los resabios del poder uribista.

Enfrentar el masivo exterminio de los lderes sociales y el regreso de la masacre uribista.

El dantesco exterminio de los lderes sociales y el regreso de la masacre, que dan cuenta de la barbarie sin sentido que se ha instalado en Colombia y del inmenso dolor que una parte de la sociedad sufre en consecuencia, obligan a pensar en otros trminos las problemticas de las fuerzas progresistas.

El exterminio de los lderes sociales y el regreso de la masacre se han convertido en un smbolo de ignominia que recorre el planeta, pero tambin en sentido de su posibilidad como punto de inflexin. Interpelan a todos y todas; interpela sobre todo al semi Estado, corrupto y autoritario que prevalece en el pas; seala al rgimen poltico que ha evitado una y otra vez que se haga realidad la aspiracin de la mayora de la sociedad de abrir cauce a una transformacin democrtica, pacfica y justa. Tragedia que pone en evidencia la lista infame de agravios que ha sufrido Colombia en las ltimas dcadas y los negocios que desnudan a la clase dominante de este pas, cada vez ms voraz, amasando sus fortunas ahora no solo al cobijo del poder pblico, sino tambin en un entramado que se cruza con el crimen organizado.

El crimen contra los lderes sociales y la masacre contra los campesinos caucanos permite ver el alcance que tiene hoy el imperio de la impunidad, la corrupcin en todos los niveles de la administracin y la alteracin de las funciones del Estado gracias a la primaca de los intereses privados, el deprecio y atropello al mbito de lo comn.

Hay que ser conscientes que la paz y la convivencia son una aspiracin de las mayoras en Colombia, y con la paz est la urgencia de alcanzar escenarios donde los derechos sean garantizados en condiciones de dignidad para todos los que han sido sometidos a la exclusin.

La vida y la paz en un amplio movimiento deben ser los elementos centrales de la respuesta social a la guerra que nos quiere imponer el rgimen que ya gobierna en contubernio de clases con el seor Santos.

Atajar la guerra de la mafia uribista es la prioridad de todos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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