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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-07-2018

Presentacin del libro Rusofobia. Hacia una nueva Guerra Fra? de Robert Charvin
Hay que odiar a Rusia o reflexionar?

Michel Collon
InvestigAction



En 1945, los franceses saban lo que acababa de acontecer. En 2015, deberan saber mucho ms. En 1945, ante la pregunta Quin fue el que ms contribuy a la derrota alemana? un 57% de los franceses responda la Unin Sovitica, solo un 20% responda Estados Unidos y un 12% Gran Bretaa. Pero cincuenta aos ms tarde, todo ha dado un vuelco: en 1994, en el marco de las celebraciones del quincuagsimo aniversario del desembarco aliado en Normanda, un 49% citaba a Estados Unidos, el 25% a la URSS y el 16% a Gran Bretaa. En 2004, esa tendencia se acentu: el 58% citaba a Estados Unidos y solo un 20% a la URSS. En 2015, el encuestador britnico ICM obtiene peores resultados an en Francia, Alemania y Gran Bretaa.

Sin embargo, los hechos son incuestionables. Hitler arriesg y perdi sus mejores tropas ante Mosc y Stalingrado. Utilizando los enormes aparatos de produccin robados en Francia y Blgica, en aquella ofensiva movilizaba a un importante nmero de fuerzas extranjeras y se beneficiaba de la extraa pasividad de Estados Unidos. Este pas, por su parte, se neg durante aos a abrir un segundo frente en Europa occidental y solo desembarc en el ltimo momento, en junio de 1944. La mayor parte de Europa ya estaba liberada o a punto de estarlo. Podemos resumir lo que pas en una frase: Volar en auxilio de la victoria.

Por cierto, en aquella guerra antifascista, la URSS perdi a 23 millones de ciudadanos, mientras que Estados Unidos a 400 mil (184 mil de ellos en el frente europeo). Los periodistas e intelectuales occidentales que actualmente minimizan o desacreditan el papel jugado por la URSS son realmente ingratos: sin aquellos horribles eslavos, quizs hoy estaran hablando alemn en alguna seccin de la Propaganda Abteilung?

El robo de la Historia

Cmo se puede plantear una misma pregunta no sobre gustos personales sino sobre hechos histricos y obtener primero un resultado ajustado a la realidad y luego otro completamente falso? En realidad, ese falso resultado no es espontneo, sino que ha sido fabricado mediante un condicionamiento de la opinin occidental: con un despliegue publicitario sobre el tema de Estados Unidos, nuestros libertadores y una diabolizacin de la URSS, cmplice de Hitler.

Esta ignorancia puede considerarse grave? O se trata de una cuestin del pasado que debe dejrsele a los historiadores? No, no se trata nicamente de nuestro pasado. Conocer la Historia es crucial. Para que en la actualidad cada ciudadano pueda responder a la pregunta Guerra o Paz?, es esencial comprender las reglas del juego entre las grandes potencias y cmo hemos llegado hasta aqu. He aqu por lo que el libro de Robert Charvin es precioso, y dira an ms: indispensable. Porque nos pone en guardia contra lo que l llama el robo de la Historia, al mostrarnos que por mucho que la deformen y manipulen al servicio de ambiciones inconfesables, nunca lograrn dejarla atrs.

El robo de la Historia!. No es demasiado fuerte esta expresin? No. Apoyndose en hechos precisos y en fuentes indiscutibles, Charvin nos hace comprender lo artificiales que son las presentaciones de algunos intelectuales y periodistas occidentales. De hecho, estos fabrican evidencias simplistas y falsas o bien se adhieren a ellas sin reflexionar.

El reto es enorme, ya que se trata de cuestiones fundamentales: Hemos comprendido en Francia y en Europa occidental las verdaderas causas de la Guerra 1914-1918? No. Hemos comprendido cmo la Primera Guerra Mundial provoc la Segunda? No. Hemos comprendido lo que se vino a llamar el Pacto Hitler-Stalin? No. Hemos comprendido la verdadera estrategia de Estados Unidos en 1940-1945? No.

Pero se trata quizs de simples olvidos, de una memoria que se difumina o de errores de juicio? No, es mucho ms grave, acusa Charvin: Los poderes pblicos occidentales trabajan con perseverancia en base a las mismas falsificaciones, con el fin de orientar la memoria conforme a las necesidades polticas del momento.

Estarn reescribiendo la Historia para manipularnos? Esta acusacin es grave. Pero hay que reconocer que se apoya en cuatro expedientes dilucidados con maestra por Charvin.

Cuatro silencios culpables

De hecho, Charvin acusa a la informacin y la historiografa occidentales de negacionismo y revisionismo.

1. La rehabilitacin del fascismo en Letonia. Por qu ningn medio de comunicacin occidental seala que en Letonia (nuestro querido y nuevo aliado de la Unin Europea), se demoniza a la resistencia antinazi y se rehabilita discretamente a los fascistas colaboradores de la Segunda Guerra mundial? El aparato judicial de ese pas se ha ensaado con un hroe de la resistencia letona, llegando incluso a encerrarle en la crcel a pesar de tener 75 aos. Pero esto ha sido completamente silenciado. Por qu?

2. La utilizacin por Occidente de pronazis antisemitas en Ucrania. Por qu nuestra nueva aliada rehabilita a los antiguos colaboradores de Hitler? Peor an: por qu los introduce en una administracin nacida de un golpe de Estado y en puestos clave? Y todo ello en medio del silencio de los medios de comunicacin, que los bautizan de nuevo como simples nacionalistas.

3. La negacin del genocidio que Hitler intent llevar a cabo contra la URSS. Sin embargo, el programa estaba claramente expresado en los textos nazis: considerando a los eslavos como infrahumanos, el Plan Ost prevea exterminar al 40% de los rusos para dejar el espacio libre al traslado de diez millones de colonos alemanes y germanizados. Aquel programa fue puesto en prctica, pero la resistencia de todo un pueblo lo hizo fracasar. Por qu actualmente se presenta la Segunda Guerra mundial como un asunto entre Hitler y los judos cuando en realidad hubo varios genocidios?

4. La desvalorizacin de los verdaderos vencedores de la Segunda Guerra mundial. Esto comienza con la falsificacin de la preguerra: se acusa a la URSS de haber sido cmplice de Hitler! Sin embargo, no haba dejado de proponerle a los occidentales que se aliaran para cortar el paso al nazismo; pero esta alianza fue rechazada por Londres y Pars, que pactaron con Hitler en Mnich, aprobaron su alianza con Polonia y le cedieron Checoslovaquia; incitndolo de esta manera para que atacara Europa del Este, y dejar las manos libres en Europa occidental. Cmo se han invertido las responsabilidades!

Y eso contina con la negacin de las vctimas: quin recuerda en Occidente que la URSS perdi a 23 millones de ciudadanos, China a 20 millones y que las prdidas britnicas representan un 1,8% del total, las prdidas francesas un 1,4% y las de Estados Unidos un 1,3%? Y esto se concluye en una valorizacin etnocntrica y engaosa del desembarco en Normanda o Da D, que se presenta como un acontecimiento decisivo, mientras que en realidad Hitler ya haba perdido la guerra en 1941, cuando fracas en la toma de Mosc y se enred en la trampa sovitica, lo que confirm su derrota en Stalingrado en el invierno de 1942-43!

Para qu sirve la diabolizacin?

A partir de estas constataciones, Charvin plantea una nueva y sacrlega pregunta: quin quiere, hoy da, diabolizar absolutamente a Rusia y por qu? Su respuesta es clara: esta diabolizacin forma parte de una estrategia que nos lleva hacia una nueva guerra fra a escala planetaria. La primera parte de su libro analiza con precisin los objetivos y mtodos de Estados Unidos. A propsito de esta guerra fra, conviene preguntarse si ser verdaderamente fra o bien muy mortfera.

La tesis de Charvin merece que reflexionemos: segn l, desacreditar la resistencia de ayer sirve para diabolizar a la Rusia actual, quizs con el propsito de atacarla maana. De hecho, es un ataque que se prepar desde la cada del Muro, y a pesar de todas las solemnes promesas de la poca : los acontecimientos en Europa del Este en estos ltimos aos deben ser comprendidos como un cerco sistemtico por una red de bases militares que se acercan cada vez ms a Mosc.

Esta propaganda diabolizadora invade los medios de comunicacin : no podemos abrir un peridico sin que nos machaquen con todos los defectos de Putin: un manipulador, deshonesto, agresivo, expansionista, etc. En resumen, no se puede en absoluto confiar en l! Por lo dems, nunca hemos podido confiar en los rusos, ya fuesen comunistas o de derecha. Charvin recorre los prejuicios y los estereotipos de toda la literatura y la sociologa occidentales de ayer y de hoy, y en ellos encuentra esta constante : No se puede confiar en los rusos, no son como nosotros.

Por supuesto, esta propaganda solo funcionar si el lector o el telespectador no reflexiona: por qu en nuestros medios de comunicacin es Europa la que siempre tiene la razn? Por qu siempre sabe ms que los rusos, los chinos, los latinos, los rabes, y, de hecho, ms que todo el resto del mundo? Por qu somos siempre infalibles dando lecciones a los dems? Cul es esa extraordinaria suerte que nos hizo nacer en el lugar correcto para tener siempre razn?

O bien, quizs sea necesario plantear el problema de otra manera y desconfiar ms de la propaganda que nos rodea. Puede ser que la propaganda no solo est presente del lado de los otros?

El miedo se fabrica

En su notable libro Manufacturing Consent (la fabricacin del consentimiento), Herman y Chomsky demostraban en 1988 cmo el aparato meditico occidental (conscientemente o no) fabrica una opinin consensual aprobando siempre las grandes opciones de sus gobernantes. Este anlisis puede y debe aplicarse en la fabricacin del miedo.

En septiembre de 1948, Paul-Henri Spaak (PS), el primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores belga, pronunci en la ONU en Pars un discurso que se hizo famoso, llamado el discurso del miedo :

La base de nuestra poltica es el miedo. La delegacin sovitica no debe buscar explicaciones complicadas sobre nuestra poltica. Voy a decirles cul es la base de nuestra poltica. Saben ustedes cul es la base de nuestra poltica? Es el miedo. El miedo a ustedes, el miedo a su gobierno, el miedo a su poltica.

Spaak quera denunciar el peligro representado por la URSS que, segn l, se preparaba para invadir Europa occidental, e incluso el mundo entero. De hecho, Spaak repeta la propaganda lanzada por Estados Unidos. Ms tarde, por cierto, sera nombrado secretario general de la OTAN como recompensa a los servicios prestados.

Un recuerdo personal. Puedo testimoniar que, durante los aos 50, siendo entonces un nio pequeo, esa propaganda funcionaba muy bien en Blgica : la poblacin viva verdaderamente bajo la angustia de aquella amenaza. El miedo reinaba, los rusos iban a invadirnos, pap y mam acumulaban en sus armarios unas cantidades impresionantes de azcar, arroz y caf; los productos que ms haban escaseado durante la guerra del 40-45.

Durante mucho tiempo, yo tambin cre que los rusos iban a atacarnos. Ahora bien, despus de la cada del Muro los dirigentes de la CIA reconocieron pblicamente que en realidad Estados Unidos saba muy bien que los rusos no tenan ni los medios ni las intenciones de atacarnos. Era propaganda. Con qu objetivo? Pues bien, gracias a esa propaganda, Estados Unidos se permiti invadir un importante nmero de pases (comenzando por Corea y luego Vietnam) y asimismo derrocar, e incluso asesinar a numerosos dirigentes de pases independientes bajo el pretexto de que formaban parte de la amenaza sovitica. Se repetir la historia? Entonces quin va invadir a quin verdaderamente?

A quin le concierne esto?

Quin necesita este libro? Es necesario ser un partidario de las polticas de Vladimir Putin para intentar ver con claridad estos problemas? No, de hecho, estoy convencido de que este libro nos concierne a todos.

El asunto no es saber si compartimos o no las opciones polticas y sociales de Putin. Tampoco saber lo que podra llegar a ser un da Rusia con Putin o despus de l. El asunto es saber si hoy, en 2017, aceptamos que el mundo entero est dirigido por Estados Unidos y sus aliados; y tambin, que la informacin internacional est dominada por su versin de la realidad. La cuestin es saber si semejante mundo unipolar constituye un verdadero peligro para todos, seamos de derechas o de izquierdas, y vivamos aqu o all.

Tenemos el derecho de no apreciar a Putin si somos de izquierdas, tenemos el derecho a pensar que el sistema econmico y social establecido en Rusia va a generar importantes problemas. Pero eso no le da a Occidente el derecho a multiplicar las guerras y las injerencias. Las contradicciones econmicas y sociales internas en un pas son una cosa, y las contradicciones entre las naciones con sistemas diferentes son otra. No se resuelven de la misma manera.

Por cierto, el derecho internacional y la Carta de Naciones Unidas prohben recurrir a la guerra. La nica poltica legal es la que deja a los pueblos decidir y elegir por s mismos sus sistemas y sus dirigentes; asimismo, es el nico fundamento posible para mantener un mundo en paz. Es por lo tanto paradjico que los amables occidentales violen constantemente el derecho internacional mientras que los malvados rusos lo respeten. Y es muy paradjico que nuestros medios de comunicacin apliquen sistemticamente a estos problemas un doble rasero de medir. De manera que Kosovo tiene derecho a hacer secesin, pero Crimea no tendra ese mismo derecho. Se aplaude un golpe de Estado en Kiev, pero las provincias del Este ucraniano no podran oponerse a un gobierno repleto de pronazis. Y, por ltimo, si Estados Unidos bombardea en Siria todo va bien, pero si Rusia (a peticin del gobierno) hace lo mismo, no est para nada bien. Qu sentido tiene esta hipocresa?

Despus de 1989, las relaciones internacionales han estado dominadas por una nica superpotencia, Estados Unidos, que se considera el gendarme del mundo. Y, por lo tanto, autorizado a hacer aicos cualquier revuelta democrtica o social, a hacer la guerra o dar golpes de Estado en casi todas partes para poner a los buenos dirigentes. En la actualidad, esto provoca prcticamente una guerra por ao, si contamos tambin las guerras no declaradas y llevadas a cabo por intermediarios de Washington.

Pero si dejamos de lado Europa y sus prejuicios, mucha gente considera que es preferible un mundo pluripolar. Es decir que las grandes potencias rivales USA, Europa, Rusia, China, incluso otras estuvieran ms o menos equilibradas. Esto les dejara ms margen de maniobra a aquellas naciones pequeas y medianas preocupadas por su independencia, un desarrollo autnomo, el respeto de su naturaleza y la justicia social.

En qu se transformar la pequea guerra?

Con esto ya tenemos una razn suficiente para escuchar atentamente a Charvin. Pero tambin podemos profundizar en la reflexin.

Qu es lo que alborot el avispero en Ucrania? Pues la negativa del presidente Yanukovich de firmar con la Unin Europea un acuerdo de libre comercio desfavorable, dado que este habra destruido una gran parte de las empresas ucranianas. Entonces prefiri acercarse a Mosc. De modo que parecera que un pas como Ucrania ya no tiene derecho a escoger libremente a sus socios, lo cual contradice el concepto de libre comercio. Este, existe realmente en la actualidad? Hay un libre intercambio entre el lobo y el cordero?

Tomemos un poco de perspectiva. No fue el desarrollo del capitalismo en Estados Unidos y Europa (primero en su versin de libre comercio, luego en su fase de monopolios conquistadores que se han hecho omnipresentes) lo que produjo una concentracin fenomenal de la riqueza y el poder entre las manos de un puado de dirigentes de multinacionales, industriales o bancarias? No fue esta concentracin la que provoc un crecimiento igualmente vertiginoso de la brecha entre ricos y pobres?

No es esta brecha la que hunde a la economa en una crisis fundamental desde hace dcadas : unos, siendo capaces de vender cada vez ms y los otros incapaces de comprar lo que producen? No es por esta razn por lo que tantos capitales inutilizados en el Norte luchan por encontrar salida en otra parte, con el propsito de conquistar el Sur y sus materias primas, sus mercados en expansin, y tambin su muy rentable mano de obra? No es esta la causa esencial de todas las guerras a las que asistimos actualmente y que son fundamentalmente guerras de recolonizacin y/o de reparticin del mundo entre las potencias?

El problema es que este engranaje podra conducirnos hacia una Tercera Guerra Mundial, por una razn muy simple que no tiene nada que ver con los sentimientos de unos o la moral de otros. Cuando usted dirige una multinacional que domina un sector de la economa mundial, cuando usted ya no logra hacer suficientes beneficios (segn los criterios de la bolsa) y sus competidores lo amenazan con hacerlo desaparecer, no har lo que sea por salvar su pellejo y sus privilegios? Por ejemplo, una pequea guerra local para controlar con toda seguridad la materia prima con la que usted trabaja: energa, mineral u otra? Pero, si usted se lanza por el camino de las pequeas guerras que solo son peligrosas para las poblaciones locales, naturalmente sus rivales tendrn la misma idea que usted. Entonces, cmo har para salirse de este peligroso camino? Imaginemos que de repente decidiera hacerlo en base a principios morales o mediante un acuerdo entre usted y sus competidoresEntonces la cuestion ser : cul de los dos se comer al otro?

Antes de la Primera Guerra Mundial, casi todos los observadores pensaban que se alcanzara un acuerdo y que podra detenerse a tiempo o que la guerra sera muy breve. Resultado: diez millones de muertos. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la situacin fue similar. Resultado: cincuenta millones de muertos.

Y usted piensa que los dirigentes de las multinacionales de hoy son mejores personas que los de ayer?

Est usted listo para asumir ese riesgo?

Rusofobia, Hacia una nueva guerra fra?

Lean el prefacio de Michel Collon al nuevo libro de Robert Charvin, Rusofobia Hacia una nueva guerra fra?

En su nuevo libro Rusofobia. Hacia una nueva Guerra Fra? el profesor emrito de derecho Robert Charvin seala cmo los poderes fcticos estn iniciando un proceso similar al de la Guerra Fra, en el que los europeos tenemos poco que ganar y mucho que perder.

Nacido en 1938, Robert Charvin es profesor emrito de Derecho (especializado en Relaciones Internacionales) en la Universidad de Niza Sophia-Antipolis. Es Decano honorario de la Facultad de Derecho y Ciencias Econmicas de Niza y Consultante en Derecho Internacional y Derecho de las Relaciones Internacionales.

Fuente: http://www.investigaction.net/es/hay-que-odiar-a-rusia-o-reflexionar/



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