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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-07-2018

Fidel: la historia real de por qu el asalto al Cuartel Moncada

Wilkie Delgado Correa
Rebelin


Seores magistrados: Yo soy aquel ciudadano humilde que un da se present intilmente ante los tribunales para pedirles que castigaran a los ambiciosos que violaron las leyes e hicieron trizas nuestras instituciones


Corran los das iniciales del ao 1952 y el pueblo avizoraba las prximas elecciones con el triunfo seguro de una nueva fuerza poltica para hacer realidad el lema Vergenza contra dinero del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo. En esas circunstancias se produjo, el 10 de marzo, el golpe de estado en que participaron militares y civiles encabezados por Batista, con trayectoria anterior de traicin, nfulas de poder y gobierno dictatorial.

En ese escenario de ruptura constitucional e institucional, de luto poltico nacional, de traicin sorpresiva y de resistencia pacfica nula, emergi la figura de Fidel Castro, capaz de apelar primero a la denuncia y acusacin de aquel acto criminal, y luego, casi inmediatamente, dispuesto a organizar y ejecutar la accin de la resistencia popular frente al rgimen usurpador que se haba entronizado en la Repblica de Cuba..

Fue as como Fidel lider el asalto al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, que sent las bases, a partir del enjuiciamiento del grupo revolucionario por tal hecho, de una poca marcada por la va insurreccional para derrotar a aquel rgimen tirnico.

A 65 aos de aquel hecho que represent la rebelda nacional, y un homenaje singular a Jos Mart, autor intelectual del movimiento armado, en el centenario de su natalicio, nadie mejor que Fidel para relatarnos el cuento real de la historia poltica y judicial en el que todos los porqus de esta historia fueron develados, y en el que el acusado principal por el ataque, dej constancia en su alegato de defensa titulado luego como La historia me absolver. He aqu el cuento segn lo relatara Fidel:

Si este juicio, como habis dicho, es el ms importante que se ha ventilado ante un tribunal desde que se instaur la Repblica, lo que yo diga aqu quizs se pierda en la conjura de silencio que me ha querido imponer la dictadura, pero sobre lo que vosotros hagis, la posteridad volver muchas veces los ojos. Pensad que ahora estis juzgando a un acusado, pero vosotros, a su vez, seris juzgados no una vez, sino muchas, cuantas veces el presente sea sometido a la crtica demoledora del futuro. Entonces lo que yo diga aqu se repetir muchas veces, no porque se haya escuchado de mi boca, sino porque el problema de la justicia es eterno, y por encima de las opiniones de los jurisconsultos y tericos, el pueblo tiene de ella un profundo sentido. () Sabe que la justicia se representa con una doncella, una balanza y una espada. Si la ve postrarse cobarde ante unos y blandir furiosamente el arma sobre otros, se la imaginar entonces como una mujer prostituida esgrimiendo un pual. Mi lgica, es la lgica sencilla del pueblo.

Os voy a referir una historia. Haba una vez una repblica. Tena su Constitucin, sus leyes, sus libertades, Presidente, Congreso, tribunales; todo el mundo podra reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfaca al pueblo, pero el pueblo poda cambiarlo y ya slo faltaban unos das para hacerlo. Exista una opinin pblica respetada y acatada y todos los problemas de inters colectivo eran discutidos libremente. Haba partidos polticos, horas doctrinales de radio, programas polmicos de televisin, actos pblicos, y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo haba sufrido mucho y si no era feliz, deseaba serlo y tena derecho a ello. Lo haban engaado muchas veces y miraba el pasado con verdadero terror. Crea ciegamente que ste no podra volver; estaba orgulloso de su amor a la libertad y viva engredo de que ella sera respetada como cosa sagrada; senta una noble confianza en la seguridad de que nadie se atrevera a cometer el crimen de atentar contra sus instituciones democrticas. Deseaba un cambio, una mejora, un avance, y lo vea cerca. Toda su esperanza estaba en el futuro.

Pobre pueblo! Una maana la ciudadana se despert estremecida; a las sombras de la noche los espectros del pasado se haban conjurado mientras ella dorma, y ahora la tenan agarrada por las manos, por los pies y por el cuello. Aquellas garras eran conocidas, aquellas fauces, aquellas guadaas de muerte, aquellas botas... No; no era una pesadilla; se trataba de la triste y terrible realidad: un hombre llamado Fulgencio Batista acababa de cometer el horrible crimen que nadie esperaba.

Ocurri entonces que un humilde ciudadano de aquel pueblo, que quera creer en las leyes de la Repblica y en la integridad de sus magistrados a quienes haba visto ensaarse muchas veces contra los infelices, busc un Cdigo de Defensa Social para ver qu castigos prescriba la sociedad para el autor de semejante hecho y encontr lo siguiente:

"Incurrir en una sancin de privacin de libertad de seis a diez aos el que ejecutare cualquier hecho encaminado directamente a cambiar en todo o en parte, por medio de la violencia, la Constitucin del Estado o la forma de gobierno establecida."

"Se impondr una sancin de privacin de libertad de tres a diez aos al autor de un hecho dirigido a promover un alzamiento de gentes armadas contra los Poderes Constitucionales del Estado. La sancin ser de privacin de libertad de cinco a veinte aos si se llevare a efecto la insurreccin.

"El que ejecutare un hecho con el fin determinado de impedir, en todo o en parte, aunque fuere temporalmente al Senado, a la cmara de Representantes, a los Representantes, al Presidente de la Repblica o al Tribunal Supremo de Justicia, el ejercicio de sus funciones constitucionales, incurrir en un sancin de privacin de libertad de seis a diez aos.

"El que tratare de impedir o estorbar la celebracin de elecciones generales; [...] incurrir en una sancin de privacin de libertad de cuatro a ocho aos.

"El que introdujere, publicare, propagare o tratare de hacer cumplir en Cuba, despacho, orden o decreto que tienda [...] a provocar la inobservancia de las leyes vigentes, incurrir en una sancin de privacin de libertad de dos aos a seis aos.

"El que sin facultad legar para ello ni orden del Gobierno, tomare el mando de tropas, plazas, fortalezas, puestos militares, poblaciones o barcos o aeronaves de guerra incurrir en una sancin de privacin de libertad de cinco a diez aos.

"Igual sancin se impondr al que usurpare el ejercicio de una funcin atribuida por la Constitucin como propia de alguno de los Poderes del Estado.

Sin decir una palabra a nadie, con el Cdigo en una mano y los papeles en otra, el mencionado ciudadano se present en el viejo casern de la capital donde funcionaba el tribunal competente, que estaba en la obligacin de promover causa y castigar a los responsables de aquel hecho, y present un escrito denunciando los delitos y pidiendo para Fulgencio Batista y sus diecisiete cmplices la sancin de ciento ocho aos de crcel como ordenaba imponerle el Cdigo de Defensa Social con todas las agravantes de reincidencia, alevosa y nocturnidad.

Pasaron los das y pasaron los meses. Qu decepcin! El acusado no era molestado, se paseaba por la Repblica como un amo, lo llamaban honorable seor y general, quit y puso magistrados, y nada menos que el da de la apertura de los tribunales se vio al reo sentado en el lugar de honor, entre los augustos y venerables patriarcas de nuestra justicia.

Pasaron otra vez los das y los meses. El pueblo se cans de abusos y de burlas. Los pueblos se cansan! Vino la lucha, y entonces aquel hombre que estaba fuera de la ley, que haba ocupado el poder por la violencia, contra la voluntad del pueblo y agrediendo el orden legal, tortur, asesin, encarcel y acus ante los tribunales a los que haban ido a luchar por la ley y devolverle al pueblo su libertad.

Seores magistrados: Yo soy aquel ciudadano humilde que un da present intilmente ante los tribunales para pedirles que castigaran a los ambiciosos que violaron las leyes e hicieron trizas nuestras instituciones, y ahora, cuando es a m a quien se acusa de querer derrocar este rgimen ilegal y restablecer la Constitucin legtima de la Repblica, se me tiene setenta y seis das incomunicado en una celda, sin hablar con nadie ni ver siquiera a mi hijo; se me conduce por la ciudad entre dos ametralladoras de trpode, se me traslada a este hospital para juzgarme secretamente con toda severidad y un fiscal con el Cdigo en la mano, muy solemnemente, pide para m veintisis aos de crcel.

Me diris que aquella vez los magistrados de la Repblica no actuaron porque se lo impeda la fuerza; entonces, confesadlo: esta vez tambin la fuerza os obligar a condenarme. La primera no pudisteis castigar al culpable; la segunda, tendris que castigar al inocente. La doncella de la justicia, dos veces violada por la fuerza.

Y efectivamente, Fidel fue sancionado a quince aos de prisin por protagonizar el mayor acto de rebelda en la poca republicana.

Ha pasado el tiempo y 65 aos despus estos acontecimientos son carne de nuestra realidad poltica, social e histrica. Viven en la memoria colectiva del pueblo y deben perdurar en el futuro durante siglos, porque los pueblos en su forja y renovacin permanente tienen que salvar, para salvarse, el patrimonio heroico esencial de su historia nacional, como lo fueron los asaltos al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba y al Cuartel Carlos Manuel de Cspedes en Bayamo aquel glorioso da 26 de julio de 1953.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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