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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-07-2018

A propsito de una informacin publicada por el Peridico Granma sobre las cartas de la ciudadana
La ruta hacia la verdad

Ren Fidel Gonzlez Garca
La Joven Cuba


Es justo apreciar el ejercicio del deber de transparencia que hizo el peridico Granma en la edicin del pasado viernes 13 de julio en relacin a la explicacin de la ruta que dentro de esa publicacin sigue la correspondencia dirigida a su Direccin, al balance general que hace del funcionamiento en el primer semestre de ste ao de la seccin encargada de seleccionar, publicar y dirigir a los organismos competentes las misivas recibidas, as como de los criterios que establece a esos fines. Como sabemos, la transparencia es una de las reglas a la que debe atenerse estrictamente cualquier institucin que funcione dentro de los marcos de la esfera pblica, pero es tambin, esencialmente, uno de los valores superiores que entraa el Socialismo como idea y praxis emancipadora.

En cambio, que se hiciese pblica hace apenas unos das la carta que una intachable comunista cubana dirigi como ciudadana a la actual Directora de ese medio con la finalidad de que fuese publicada, y que esa direccin como la anterior desestim como susceptible de serlo es, en sentido estricto, y como el otro lado de una misma moneda, un sencillo y limpio ejercicio ciudadano del derecho a la transparencia que el Socialismo reivindica y exige como parte del patrimonio de justicia e igualdad que hace suyo e intenta construir en Cuba con el sacrificio annimo y sereno de ya cuatro generaciones, tambin, y en esa misma consecuencia y fines, de la libertad de palabra y prensa que concede la Constitucin patria a todos los ciudadanos.

Ahora que gracias a la amplia informacin que ofrece Granma todos sabemos cules son los criterios de seleccin pblicos que guan a su direccin periodstica para incluir o desestimar la publicacin de las cartas de los ciudadanos que a ellos se dirigen, y la manera en que asume su responsabilidad en la racionalidad y alcances de las respuestas que ofrece a sus lectores, resulta an ms incomprensible que la misiva de una madre indignada y dolida ante la impunidad de quienes se creen intocables y se escudan detrs de altos cargos y la complicidad del silencio ms denso fuese descartada para su publicacin.

Una denuncia porque ese es el contenido implcito en la carta que no fue publicada por Granma de la flagrante violacin de la letra, el espritu y de derechos que la Constitucin cubana proclama y garantiza para todos, de nuestras leyes y del funcionamiento de nuestra institucionalidad, es preciso decirlo claramente, no es en modo alguno un asunto muy especfico y personal, como respondiera el Departamento de Atencin al Lector de esa publicacin en un depurado estilo burocrtico e inaccesible al civismo. Todo lo contrario. Nos atae a todos.

Esto es y debera ser, por necesidad y urgencia cvica de nuestros tiempos, por cuestin de principios de una Revolucin cuyos cimientos se fraguaron con la sangre de los ms nobles y desprendidos de sus hijos, porque en ello le va su sobrevida, o por intrnseca decencia humana, algo de cardinal inters general para nuestra sociedad y Estado, y no cabe errar, porque se juega que el dicto martiano y guevariano de sentir la injusticia cometida sobre otro como una bofetada en el propio rostro deje de dimensionar entre nosotros el propsito de la conquista de la justicia toda que nos fue legado no como una profeca estril y desarmada, acomodaticia y circunstancial, bonita, sino como una condicin imprescindible y cotidiana para la garanta de la continuidad de la tica que sustenta la dignidad plena del hombre y la mujer cubana.

Cmo no darnos cuenta que el trabajo de Fidel Castro reproducido por Granma en la propia edicin del viernes a la que ahora hacemos referencia en el que el joven revolucionario denunciaba desde las pginas de Bohemia el asalto y destruccin del estudio del escultor Fidalgo, faltando apenas seis meses para el 26 de julio de 1953, fue escrito precisamente porque no era, ni poda ser para l, o para el fotgrafo el mrtir Fernando Chenard Pia que le colabor en la denuncia pblica del atropello y la alerta del probable asesinato del artista, o para otros tantos que muy pronto dejaran sobrada constancia de su consecuencia y valor cvico, tan solo un caso muy especfico y personal?

Nadie escribe en Cuba, se puede decir con absoluta seguridad, a los medios de prensa institucionalizados por nuestro ordenamiento jurdico tampoco a los rganos del Estado cubano en busca de notoriedad, para mentir, para pedir una prebenda, o para lacerar con malicia y encono la obra humana e imperfecta que es nuestro proyecto. A todos ellos mucho ms al Granma por ser el rgano oficial de los comunistas cubanos le escriben los ciudadanos, como sabe hasta el cubano o la cubana ms humilde, cuando sienten que se le han agotado todas las vas institucionales, legales, o polticas para solucionar su drama, cuando se ha sido vapuleado por la apata, la anomia y la mala administracin, o la malevolencia de unos pocos, y a pesar de todo ello no les desfallece y falta la vocacin y la necesidad de justicia.

Lo sabrn mejor que nadie nuestros periodistas, formados en nuestras universidades en el culto de servicio al otro, al bien comn y la honestidad profesional, pero sobre todo los que a ellos se dirigen, los que en ellos siguen confiando. Se les escribe exigiendo justicia, no se les ruega. Y no hay ingenuidad en pensar as, o en obrar as. Pero no es ese un prestigio, una responsabilidad y una coherencia que se pueda aplazar por mucho tiempo sin pagar, por lo menos en nuestro caso, costos muy altos en la reproduccin de los valores y las prcticas que hacen al Socialismo posible. Es preciso asumirlo, en Cuba, el drama del otro, su lucha por la justicia por singular y extraordinaria que sea es an un drama colectivo, y precisamente por eso, porque intentamos continuar siendo en esa palabra hermosa que es el nosotros, ms que uno y otro, ms que uno por encima del otro.

Sera realmente torpe creer que esa exigencia de justicia, solitaria y spera, la mayor de las veces amarga y desesperante, ingrata, que se hace a nuestros medios de prensa por problemas de nuestra cotidianidad, o por lo que pueda parecer imposible que ocurra, no es realmente lo que es. Hija del proceso extraordinario que es siempre una Revolucin, y de la cultura y la tica de rebelda que ella acuna, de su sensibilidad, es en realidad una autntica y contempornea defensa del Socialismo en nuestras tierras, y por filiacin y andadura, una significacin de lo que debe ser su democracia y su Derecho, es tambin una lucha por el dbil contra el fuerte, por el bien contra el mal, por la igualdad de todos contra los fueros y privilegios a que unos pocos aspiran. Es tambin la crtica til que emerge vivenciada de la profundidad de las historias de vidas de sus protagonistas y que necesitamos para corregir con premura los errores y carencias, para impedir las arbitrariedades posibles y reales que tenemos, porque esas historias son sin duda el relato de nuestros fracasos, el espejo que nos devuelve la imagen de lo que decididamente no queremos ser, de lo que no nos podemos permitir como sociedad.

A finales de la dcada de los 90 en una provincia del centro del pas un alto oficial del MININT arroll y ocasion la muerte en un accidente de trnsito a un padre y su hijo que iban en una bicicleta cargando un cake al hogar para homenajear a la madre y a la esposa. Fue sancionado severamente por un tribunal, y poco despus la mujer que sobrevivi sin consuelo a la muerte de su esposo y su hijo, pudo comprobar que aquel hombre, segua en libertad en un discreto y apartado puesto de trabajo en la propia provincia. Se entrevist entonces con todo el que pudo, escribi a Fidel. Su carta fue encausada a los rganos competentes de la jurisdiccin militar. Las comisiones fueron, entrevistaron, nada cambi.

La mujer, que sera hasta tratada despus por algunos funcionarios como contrarrevolucionaria sensibiliz en cambio a muchos en su lucha por la justicia; en su rabia, escribi otra vez a Fidel, amargada, creo recordar con exactitud, le apunt que le daba ya asco ver un uniforme militar ms. Viendo el video en el que Ral Castro indignado y colrico analiz los hechos con todos los involucrados en ese acto de encubrimiento de la verdad, y que fue tomado porque l estim era la nica forma de que aquella mujer creyera finalmente que la impunidad haba cesado, escuchando sus justificaciones, me pregunt en aquel entonces cules mecanismos mentales haban logrado que entre tantas personas nadie se hubiese puesto en el lugar de la esposa y madre, en el lugar del otro, en el lugar de la decencia. As es de banal el mal, la cobarda, y la deshonestidad cuando se le expone.

Pero los hechos son los hechos y no pueden ser disimulados. La carta que la direccin periodstica del Granma no quiso publicar a pesar de constarle ya el fracaso de la mediacin institucional que asume sin ser esa publicacin una oficina de atencin a la poblacin, a pesar de constarle por su contenido la pedregosa ruta de desidia e ilegalidad y de silencio seguida hasta su redaccin, fue finalmente publicada por quienes en diferencia hoy osan ciudadanamente, como aquel que denunciara hace ya mucho el atropello sobre el escultor Fidalgo.

En tiempos de reforma de la Constitucin cubana, en tiempos de esperanza para el Socialismo en Cuba, es ste un recordatorio demasiado elocuente de que siempre algunos se sintieron por encima de la Ley, tambin de lo que toca hacer para no justificar lo injustificable. El hecho de que un miembro del Consejo de Estado y un integrante del Consejo de Ministros sean los presuntos delincuentes denunciados ante la Fiscala de la Repblica por un ciudadano no debera paralizar a nuestras instituciones.

Ya es pblico, no hubo que esperar poltica comunicativa, ni permiso. Hago mo lo escrito por un joven abogado en 1953: () hemos sido prudentes hasta ahora en ese punto, es demasiado serio para perder el tiempo. No queremos prejuzgar, pero ya los ndices estn acusandoEl Gobierno tiene ahora la palabra.

Fuente: http://jovencuba.com/2018/07/21/la-ruta-hacia-la-verdad/



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